<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633</id><updated>2012-02-15T03:24:38.569-08:00</updated><category term='holocausto'/><category term='enfermedad'/><category term='pandemia'/><category term='Resistencia'/><category term='infectados'/><category term='muertos vivientes'/><category term='religión'/><category term='zombi'/><category term='zombies'/><category term='virus'/><category term='supervivencia'/><category term='apocalipsis'/><category term='Enfermedad de Fabry'/><category term='Replagal'/><category term='merodeadores'/><category term='caos'/><category term='Iglesia del fin de los tiempos'/><category term='muertos andan'/><category term='diario de la resistencia'/><category term='ataques'/><title type='text'>Diario de la resistencia</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>85</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-4571285656436050803</id><published>2011-01-12T22:49:00.000-08:00</published><updated>2011-12-13T14:03:29.912-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Enfermedad de Fabry'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 12-01-11 + Medidas desesperadas</title><content type='html'>Es increíble con la rapidez que se ha vuelto a llenar el edificio de esas cosas inmundas. A las escasas horas de nuestro intento fallido de escape, el rellano ha vuelto a estar igual de repleto o más. Lo he podido comprobar con mis propios ojos, ya que no he quitado ojo de la mirilla en estos días. Decenas de merodeadores campando de nuevo a sus anchas, agolpándose por las escaleras, restregándose sanguinolentos por las paredes del rellano... Una locura. Y ahí fuera, la cosa ha cambiado, pero para peor. Es imposible calcular el número de merodeadores que rodean el edificio, agolpándose en la puerta. Una jodida marea de seres que se pierden allá donde la vista no llega. ¿Como puede ser? ¿Qué les hace venir hasta aquí? Son estúpidos y poco inteligentes, pero la falta de inteligencia la compensan fuertemente con un extraño sexto sentido. Es como si deambulasen sin rumbo hasta que se topan con una horda de congéneres que se agolpan sobre algún lugar, y entonces piensan &lt;i&gt;"¡Anda! ¡Aquí hay comida!"&lt;/i&gt;, sumándose a la multitud. Resulta gracioso, ya que esto debe ser un remanente de sus antiguas vidas. Los seres humanos, antes de que todo esto comenzase, actuábamos de manera muy similar. ¿Quién no ha ido paseando por la calle y, al ver una muchedumbre agolpándose sobre algo, se ha unido a la turba para curiosear? Por eso digo que ese extraño sexto sentido es casi seguro un remanente de sus antiguas vidas. Suena estúpido, pero es la explicación más lógica que encuentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras nuestra frustrada incursión, los días han pasado lentos y angustiosos. El saber que tenemos tan cerca una horda todavía más numerosa, acechando, muriéndose por darnos caza y roer nuestros huesos, nos ha puesto los nervios a flor de piel. El que más ha sufrido esto ha sido Iván. Se ha pasado todos estos días andando de aquí para allá, murmurando, maldiciendo, asomándose al balcón en busca de una idea que nos sacara de esta improvisada cárcel. Intentar establecer dialogo con él ha sido prácticamente imposible. El mero hecho de ofrecerle su ración diaria de alimento era suficiente para crisparlo. En varias ocasiones casi se enzarza con Eduardo en una fuerte discusión de esas que nunca acaban bien. Todo este tiempo que he pasado junto a él me ha hecho conocerlo hasta tal punto que me resulta algo 'fácil' amainar su ira. Y menos mal que he sabido evitar las discusiones a tiempo, ya que si llega al punto álgido de su rabia, le importa tres pepinos que hayan cuantos quieran merodeadores tras la puerta, que se pone a vociferar y a dar golpes sin miramiento alguno. Antonio se las ha visto y deseado para esquivar a Iván. Desde que tuvo el breve enfrentamiento con él, en el que casi lo golpea, el estar en la misma habitación que él le ha producido un profundo pavor. A la mínima que lo veía por el pasillo o en el salón, se iba a toda prisa a otra estancia. La verdad es que me sabía mal verlo padecer de esa forma, ya que queráis que no y a pesar de todo, no hemos dejado de ser unos simples invitados, pero ahora, me es indiferente. Las cosas han cambiado mucho en apenas unos días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy ha salido un día esplendido. No sé porque, pero tenía la ligera esperanza de que llovería brindándonos una nueva oportunidad para intentar escapar. No ha sido así. He permanecido parte de la mañana en el balcón, acompañado de Belén. Juntos no hemos parado de darle vueltas al asunto en busca de la esperada solución a nuestro problema. Yo no conservaba esperanzas de que tras días y días de darle vueltas al asunto ahora se me fuese a ocurrir algo por obra divina. Ya habíamos barajado todas las opciones habidas y por haber. Susana, ayudada por Esther, estaban dividiendo las escasas raciones de víveres que quedaban. Quién iba a decir que esa efímera tranquilidad se iba a ver truncada. Días y días velando por que nadie del grupo hiciese el más ligero ruido que pudiese alertar a los merodeadores que permanecían en la escalera para que la niña lo truncase todo. No tengo derecho a culparla, es solo eso, una niña. En todo caso tengo que buscar responsables entre nosotros, que somos los que deberíamos de haber estado más pendientes de ella. Marta, ajena a la realidad, estaba jugando. No sé como, pero por lo visto ha cogido una de la sillas y la ha situado junto al mueble de salón. Se ha subido en esta para intentar coger un pequeño osito que colgaba de una figurilla y ha ocurrido lo peor. La figurilla de porcelana se ha precipitado al suelo, realizando un estrepitoso ruido a la vez que se partía en mil pedazos. Al escuchar esto no he podido evitar saltar de la silla. La sangre se me ha congelado en las venas y he girado la cabeza con la extraña sensación de que todo a mi alrededor transcurría a cámara lenta. Mis sienes retumbaban hasta tal punto que parecían que me iban a estallar. He podido ver a la niña encaramada a la silla devolviendome la mirada con su inocente rostro. Esther y Susana se tapaban la boca evitando así soltar un grito. Eduardo e Iván no han tardado en hacer aparición en el salón. Yo, sin perder tiempo, he entrado a toda prisa y me he quedado quieto, agudizando el oído. El silencio era sepulcral. ¿Era posible que semejante ruido no hubiese sido detectado por los merodeadores?. Iván ha hecho ademán de propinarle un azote a la niña, pero he sujetado su brazo con fuerza, evitándolo. Este me ha devuelto la mirada con la ira reflejada en sus ojos, pero no ha habido tiempo para más. Un fuerte golpe ha resonado en la puerta de la entrada. El corazón se me ha desbocado. Dos nuevos golpes le han seguido, dando paso a una lluvia de fuertes embistes sobre esta. Asustados, hemos corrido hasta llegar al recibidor. Estábamos perdidos. Esa puerta no iba a aguantar mucho tiempo, y aunque lo hiciese, estábamos en una ratonera. Sin comida apenas podíamos resistir mucho tiempo más encerrados. Antonio ha hecho acto de presencia y apenas ha podido articular una palabra. La puerta se tambaleaba por cada embiste recibido al tiempo que los desagradables gemidos de los ansiados merodeadores inundaban la casa. Marta ha proferido un grito y Esther se ha apresurado a taparle la boca, intentando tranquilizarla, inútilmente. Eduardo, Iván y yo nos hemos lanzado sobre los parapetos que obstaculizaban la puerta y hemos ejercido fuerza sobre estos. Aunque era algo inútil, ha sido lo único que se nos ha ocurrido. Belén, acompañada de Susana, se han dirigido a toda prisa en busca de las armas. &lt;i&gt;"¿Alguna idea?"&lt;/i&gt; ha preguntado Eduardo nerviosamente. Ninguno hemos sabido contestarle. Si en tantos días no se nos ha ocurrido algo, bajo presión, menos. Los embistes eran cada vez más y más fuertes. Los muebles temblaban cada vez más violentamente. Mientras sujetaba el aparador, he dirigido una furtiva mirada a Iván. Sus descomunales músculos de los brazos se tensaban con fuerza a la vez que su rostro dibujaba una expresión meditabunda. No ha tardado en romper su silencio: &lt;i&gt;"Eduardo, ¿crees que podrás seguir aguantado esto tu solo?"&lt;/i&gt;. Desconcertado, le ha devuelto la mirada. &lt;i&gt;"Eh... Sí. Pero si me ayuda Antonio sería mucho mejor"&lt;/i&gt;. Este, plantado inmóvil tras nosotros, ha reaccionado, captando la indirecta. &lt;i&gt;"Sigueme, Erik, ¡vamos!"&lt;/i&gt; ha exclamado Iván, soltando los muebles y dejando hueco a Antonio. Yo también he soltado y esto se ha hecho notar, ya que el mobiliario parapetado ha empezado a temblar con fuerza. He seguido a Iván bajo la atenta mirada de las chicas. Este ha buscado desesperadamente el hacha y cuando lo ha encontrado, se ha dirigido a Susana: &lt;i&gt;"¿Cuantos edificios lindan con este?"&lt;/i&gt;. La joven ha meditado la respuesta y ha contestado &lt;i&gt;"Unos tres... creo"&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;"Perfecto. Erik, coge cualquier herramienta como un martillo, destornillador... ¡Lo que sea!"&lt;/i&gt;. He buscado desesperadamente hasta encontrar una pequeña maza. No he podido evitar preguntarle que planeaba, a lo que ha contestado &lt;i&gt;"Algo que descarte por ruidoso y lo reservaba como medida desesperada"&lt;/i&gt;. Tras finalizar la frase, ha abierto de una patada la puerta de nuestra habitación y ha retirado bruscamente una de las camas. Alzando con fuerza el hacha, lo ha dirigido con todas sus fuerzas contra la pared. Un gran trozo de yeso se ha descorchado de esta a la vez que ha repetido la misma acción. Ya entendía cual era su plan. Estaba abriendo una vía de escape a través de la pared. Aunque al principio me ha parecido algo descabellado y lento, he comprendido que era la única opción en ese momento. Como he podido, he comenzado ha propinar mazazos yo también, pero con cuidado de que no me cortase la mano u otra parte de mi cuerpo con el hacha. Apenas hemos tardado en desyesar parte de la pared y dejar los ladrillos al descubierto. Llegar hasta ese punto nos había supuesto un gran esfuerzo; tan solo bastaba con mirarnos. Estábamos empapados de sudor y ni siquiera habíamos empezado. De la frente de Iván manaba sudor a borbotones, como si de una fuente se tratase. Pero a pesar de ello, no cejamos en nuestro empeño. De nuestro éxito dependían las vidas de todo el grupo. Aunque los ladrillos se desquebrajan, era una tarea ardua y costosa, pero daba sus frutos. Un pequeño agujero ya dejaba al descubierto el otro lado de la pared. Eduardo ha dado un grito. Me visto obligado a dejar lo que estaba haciendo y he acudido a toda prisa a la llamada. No ha hecho falta que me dijese nada, he comprobado con mis propios ojos el porque ha gritado. La puerta ya estaba cediendo. Gran parte de esta estaba astillada y las bisagras a punto de saltar. Era cuestión de tiempo que la derribaran.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;He vuelto a toda prisa con Iván al tiempo que Esther, Belén y Susana se sumaban a la contención de la puerta; no sin antes reforzar el parapeto con múltiples enseres que realmente poco o nada iban a hacer. Iván ya había abierto un agujero considerable en la pared, pero no lo suficiente ancho para caber uno de nosotros. Esto no se ha dado hasta el momento que he sumado fuerzas con mi mazo y hemos desquebrajado aun más la pared. El agujero ha sido lo suficientemente ancho como para pasar a duras penas. En cuanto lo hemos hecho, Iván con más dificultades que yo, nos hemos encontrado en la casa contigua. Esta olía intensamente a cerrado con un ligero matiz a moho. Una fina película de agua corrompida inundaba el suelo de la casa. Chapoteando, nos hemos dirigido a toda prisa por el salón en busca de una nueva pared que picar. Esta casa pertenecía al mismo edificio, así que era absurdo escapar por la puerta de esta. Habríamos estado en las mismas que antes. Sumergido en la penumbra de la casa y con sumo cuidado de no toparnos con algún viejo morador, hemos localizado la nueva pared a picar. Sin perder tiempo, nuestras herramientas han comenzado a abrir una nueva brecha en la pared. A causa de la humedad, el yeso se ha desprendido rápido y nos ha facilitado el trabajo. Mientras Iván picaba los ladrillos, he vuelto sobre mis pasos y he llamado a Belén. Le he pedido que cogiera todas las armas y demás enseres y los fuese trasladando por el agujero. Así lo ha hecho. Apenas ha terminado de hacerlo, cuando ha cundido la histeria. Un fuerte sonido de derrumbe se ha hecho eco cuando cogía la última mochila. Y es que los merodeadores han terminado deribando la puerta. He podido ver como Eduardo y todos los demás retrocedían hacía el salón totalmente alarmados. Debido al shock, no recuerdo bien que he hecho en ese momento, pero creo que he cogido a Belén de un zarpazo y la he arrastrado a través del agujero. A mi espalda Iván seguía picando la pared, en la cual ya había comenzado a abrir un pequeño agujero, aunque no lo suficientemente grande como para que pasáramos a través de este. Tras Belén, ha pasado Marta ayudada por Esther. En ese justo instante, a través del agujero, he podido ver como hacían aparición los primeros merodeadores arrastrándose sobre los parapetos. Eduardo los ha golpeado con una silla mientras Susana y Esther atravesaban el agujero. Eduardo, a trompicones, ha soltado la silla y huido de la cada vez más numerosa horda. Entre todos le hemos ayudado a pasar. Nos disponíamos a intentar taponar el agujero cuando nos hemos percatado de algo: faltaba Antonio. Este estaba al otro lado de la pared, siendo rodeado por gran cantidad de merodeadores. Lo hemos llamado y este no ha tardado en correr hacía el agujero. Agachándose, ha metido la cabeza y, entre nerviosos murmullos, ha intentado pasar el cuerpo. No sé como, quizá se ha enganchado la ropa o cinturón con algo, pero el caso es que no ha pasado ni más de la mitad del cuerpo. Ha sido horroroso verlo gimotear al tiempo que manoteaba violentamente. Entre todos lo hemos cogido y tirado de él con toda nuestras fuerzas, pero ha sido inútil, estaba bien clavado en algo. Antonio nos ha suplicado una y otra vez que lo sacáramos de allí, pero por más que lo hemos intentado, no hemos podido. Justo en ese momento, Susana nos ha gritado que nos quitásemos del medio. No me preguntéis porque, pero le hemos hecho caso. Tras decir &lt;i&gt;"Padre..."&lt;/i&gt; y quedarse callada, ha cogido carrerilla y ha corrido hacía él, chillando &lt;i&gt;"¡Vete al infierno!"&lt;/i&gt;. Todos nos hemos quedado perplejos al tiempo que le propinaba un fuerte empujón, devolviéndolo por el agujero de nuevo a la casa. Antonio ha rodado por el suelo un par de metros y varios merodeadores que permanecían a su alrededor se han abalanzado sobre él. No podéis ni imaginar lo horrible que ha sido contemplar esa escena. Aun puedo ver a esos merodeadores; como el cadáver de una disecada anciana le mordía el vientre y... le sacaba los intestinos, mientras un mutilado adolescente le devoraba el cuello... y sus gritos desgarradores... no me los quito de la cabeza.&lt;br /&gt;Mientras Eduardo corría un gran mueble y taponaba el agujero, le he gritado a Susana: &lt;i&gt;"¡¿Estas loca?! ¡¿Qué has hecho?! ¡Era tu padre!"&lt;/i&gt; y me he preparado para propinarle una bofetada. No lo hecho, ya que sus palabras han frenado mi mano. Entre desesperados sollozos, ha dicho &lt;i&gt;"¡¡Ese hijo de puta cobarde era mi padre y me violaba cada noche!! ¡¡Desde que yo tenía 7 años!! ¡¡Tú no sabes nada de lo que yo he sufrido, no puedes hablar!!"&lt;/i&gt;. Me he quedado muerto al escuchar esas palabras. El silencio se ha apoderado de la sala, solo roto por los hachazos de Iván y los lloros de Marta. No he sabido que contestar, solo me he quedado quieto, viéndola llorar amargamente. Justo en ese instante, Iván ha gritado &lt;i&gt;"¡Ya esta! ¡Vamonos cagando hostias!"&lt;/i&gt;. Al girarme he descubierto que había abierto un gran agujero en la pared por el cual él ya estaba pasando. No era momento de seguir con el debate, debíamos marcharnos a toda prisa, ya que los merodeadores ya estaban golpeando el mueble que taponaba el agujero. Sin tiempo que perder, nos hemos dirigido hasta el agujero y comenzado a pasar uno a uno. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hemos corrido por el nuevo salón que se extendía ante nosotros. La distribución de las paredes nos delataba que se trataba de una casa emplazada en la finca colindante. El sobresalto ha sido generalizado cuando el cadáver que permanecía tendido sobre un sofá, se ha levantado torpemente saliendo a nuestro encuentro. Iván ha sido el encargado de darle pasaporte con el astillado filo del hacha. Una luz de esperanza nos ha iluminado cuando Susana ha dicho &lt;i&gt;"¡El portal de esta finca da a la calle paralela!"&lt;/i&gt;. Aquello ha sido el empuje que necesitábamos, ya que saliendo por la calle paralela evitábamos ser vistos por la tremenda horda que se agolpaba en la finca en la que hemos estado recluidos. Hemos recorrido el iluminado pasillo hasta llegar a la puerta de la casa. Como era de esperar, estaba cerrada con llave. Pero no se trataba de una puerta robusta, sino todo lo contrario, endeble y frágil. No nos ha supuesto un gran esfuerzo desquebrajarla con el hacha como si fuese una hoja de papel de fumar. Los primeros merodeadores no han tardado en colarse por el agujero de la pared, pero para cuando lo han hecho nosotros ya estábamos bajando por las escaleras de la finca. Armas en mano, hemos llegado sin ningún contratiempo a la planta baja. Todos en fila india hemos cruzado la puerta del patio y salido al exterior. Algún que otro merodeador deambulaba por la calle, pero ni siquiera nos ha hecho falta malgastar una bala, ya que los hemos esquivado con suma facilidad. Discretamente nos hemos alejado del lugar hasta que el cansancio se ha apoderado de nosotros. No se cuantas calles y avenidas habremos atravesado, pero no han sido pocas. En nuestro camino se han cruzado alguna que otra horda considerable, pero no han supuesto un gran problema esquivarlos. Cuando la noche ha comenzado a echarsenos encima, hemos buscado el lugar más adecuado para pasar la noche. El sitio elegido ha sido un banco. La puerta estaba entreabierta, y los cristales blindados nos brindan una reconfortante seguridad. Eso sí, hemos sido precavidos para que ninguna de esas pútridas cosas nos vean entrar, ya que si por una de esas se percatan de cual es nuestro escondite, nos vamos a ver en la misma situación que nos hemos visto en casa de Antonio, con el agravante de que muy difícilmente vamos a agujerear la pared de un banco con un simple hacha. Por lo visto, este banco debió ser saqueado al poco de comenzar todo este 'fregao'. Imaginaros la cara de sorpresa que se nos ha quedado al ver todo el banco alfombrado con cientos y cientos de billetes de 500, 200 y 100 €uros. Por unos instantes he sentido deseos de comenzar a coger todos los billetes que pudiese cargar, pero no he tardado en acordarme que en esta nueva era, eso solo es papel sin valor. Pobres de aquellos incautos que malgastaron su tiempo en saquear el banco en vez de centrarse en huir lo más lejos posible. La visión de la cámara acorazada, en la cual ya estamos preparados para hacer noche, ha sido más sobrecogedora aun. Pilas y pilas de billetes se amontonan por toda la gran cámara. Al menos servirán para darnos algo de calor...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La serie de sucesos de hoy se suman al gran relato de nuestras desesperadas vidas, las cuales llevo tiempo narrando aquí. Sobre el asunto de Susana, que decir. Le he pedido disculpas a la joven y ella solo ha dicho &lt;i&gt;"No me arrepiento de haberlo hecho. Me ha causado mucho daño. Se lo merecía..."&lt;/i&gt;. En ningún momento me he imaginado que Antonio fuese de ese tipo de personas. Sabía que era un ser apático, cobardón y miedica, pero pederasta y violador, ni por asomo se me ha pasado por la cabeza. En realidad no se de que me asombro, si hoy en día nadie es quien aparenta ser. Aunque ahora que lo pienso detenidamente, habían cosas extrañas en su relación padre-hija. Sobretodo en esa última discusión que protagonizaron. Las palabras de Susana ahora las veo totalmente reveladoras.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Se que es duro decirlo, pero en cierto modo me alegro de lo que le ha ocurrido, pero también me compadezco por Susana, de que haya tenido que ser ella quién ha hecho tan terrible acto. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nadie derramara una lágrima por alguien que osa abusar de una inocente niña o una adolescente. Nadie. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ha tenido el final que se merece.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-4571285656436050803?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/4571285656436050803/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=4571285656436050803' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4571285656436050803'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4571285656436050803'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/01/12-01-11-medidas-desesperadas.html' title='+ 12-01-11 + Medidas desesperadas'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-7875359786635014985</id><published>2011-01-08T20:29:00.000-08:00</published><updated>2011-09-17T08:24:53.382-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='religión'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><title type='text'>+ 08-01-11 + Historias paralelas</title><content type='html'>Me he despertado con las primeras luces del alba. El aire fresco de la mañana se ha hecho notar mientras, desconcertado y desubicado, me he percatado de que he pasado la noche durmiendo en la terraza. Por lo visto, tras terminar de escribir la entrada anoche, apoyé la cabeza en la mesa de la terraza y me quedé 'out'. Nada más despertarme, me he levantado de la silla totalmente acartonado y me he desperezado. Mientras realizaba esto, mi atención se ha centrado en un par de gaviotas que, entre sonoros graznidos, planeaban surcando el viento. Ha sido maravilloso ver durante unos instantes la danza de esas dos aves. Una pena que los gemidos de los de ahí abajo hayan desviado mi atención de tan curioso espectáculo. Ha sido como si accionasen un interruptor en mi cabeza, permitiéndome así poder escuchar a los merodeadores que se agolpan alrededor del edificio, ya que unos segundos antes los gemidos estaban pasando desapercibidos para mis oídos. Será que ya estoy demasiado acostumbrado a escuchar los lamentos de estos seres... si se puede acostumbrar uno a esto. &lt;div&gt;Bien. Estaba observando el panorama cuando he notado que había alguien a mi espalda. Haciendo uso de ese sistema natural de defensa que hemos desarrollado en todo este tiempo, me he girado automáticamente echando mano a desenfundar la pistola. La voz de Eduardo ha resonado, diciendo &lt;i&gt;"Tranquilo, tranquilo. Soy yo"&lt;/i&gt;. He respirado aliviado. Eduardo me ha dado una palmadita en la espalda y se ha situado a mi lado, apoyándose en la barandilla. &lt;i&gt;"Quién iba a decir que el destino nos iba a juntar de nuevo, ¿eh?"&lt;/i&gt;. La verdad es que es curioso. Ha continuado diciendo &lt;i&gt;"Según he podido deducir, las cosas no acabaron muy bien con los de la 'Iglesia', ¿no?"&lt;/i&gt;. No me había percatado hasta ese preciso momento de que todavía no le habíamos contado todo lo ocurrido. Le he recomendado que tome asiento ya que la historia era larga. He comenzado desde el principio, desde el día que decidí partir en busca de Iván. No he escatimado en detalles. Teníais que haber visto la cara que se le ha quedado a Eduardo en cuanto he llegado a la parte de Miguel y de como llevó a toda su comunidad a una psicosis colectiva en la que intentaron sacrificarnos como animales. Y en cierto modo, parte de su cometido consiguieron, ya que María y Elena no han tenido tanta suerte como hemos tenido nosotros. Eduardo se ha puesto las manos en la cabeza y ha exclamado &lt;i&gt;"Y pensar que al principio vi a Miguel como un puritano inofensivo..."&lt;/i&gt;. Igual que todos. Yo creo que al principio todos tuvimos esa impresión, dejando a un lado la desconfianza habitual que le profesamos a los extraños. He continuado narrándole mis peripecias en solitario y mi estancia en el refugio de Eusebio, así como también mi descubrimiento de que Reus sigue siendo zona segura. Sus palabras &lt;i&gt;"Sí, cierto. Reus nunca ha caído, te lo puedo asegurar"&lt;/i&gt;. Me he quedado un poco sorprendido ante esta respuesta. Le he preguntado que como sabe esto. Su respuesta me ha dejado más helado aún &lt;i&gt;"Porque he estado allí"&lt;/i&gt;. ¿Qué? ¿como? Eso mismo le he dicho. Aquí es cuando a comenzado a contarme su historia:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Lo que oyes. A ver, la historia es algo larga, igual o más que la tuya, pero ya que veo que no tenemos nada mejor que hacer, te cuento. No sé si te habrá dicho algo Belén, supongo que sí, pero tras tu partida de la iglesia de Miguel, ella cayó sumida en una depresión. Andaba de allá para acá, llorando por las esquinas, sin comer, sin apenas relacionarse con nosotros... Había días en los que ni siquiera salía de su habitación y teníamos que ir nosotros a intentar que comiera algo. Bueno, viendo su estado y que tan solo había una cosa que podía hacer por ella, decidí salir en tu busca. Era algo que había estado barajando y así lo hice. Llené una mochila con provisiones, busqué un vehículo y espada en mano, salí rumbo a buscarte. Durante un tiempo estuve siguiendo tu rastro, ya que déjame que te diga, eres un descuidado, Erik. Vas dejando pistas haya por donde pasas. Pero un día, no sé si es que te volviste más precavido o yo cometí un descuido, perdí tu rastro. Y fue entonces cuando me vi vagando sin rumbo. Pensé en más de una ocasión en desistir y volver sobre mis pasos, pero imagina el mazazo que habría supuesto para Belén el verme volver sin ti. Así que no había otra opción que seguir hacía delante. Me metí en algún que otro embrollo con los merodeadores, de los cuales en dos ocasiones no salgo con vida para contarlo. Un buen día me quedé sin combustible en el vehículo y tuve que seguir a pie. Dudé si en seguir por la autovía o tomar una vía secundaría que llevaba a un pueblo, el cual no me preguntes el nombre porque ya ni me acuerdo. Tomé la segunda opción. Te lo digo, habría sido mejor tomar la primera. Tardé una hora en llegar a dicho pueblo. Se trataba de un pequeño pueblecito rural, de esos con cuatro calles y un bar en la plaza. Me sorprendí, ya que no encontré ni tan solo un merodeador por la zona. Deambulé por este, bebí agua de una fuente que había en la plaza y me dispuse a entrar al bar. No hubo problema para esto, ya que la puerta estaba abierta. Ya bien por costumbre o bien por lógica, esperaba toparme algún merodeador aquí dentro, pero la realidad fue otra. Ni uno. Esta ausencia de engendros me estaba mosqueando. Rebusqué por todo el establecimiento a ver si había algo de víveres, pero estaba más que saqueado. Estaba apunto de desistir en la búsqueda, cuando al entrar en el almacén hice un hallazgo escalofriante. Entre unas cajas, atada y amordazada, se encontraba una joven de unos 25 años. Esta, al verme, se asustó y comenzó a intentar soltarse de las ataduras. La tranquilicé como pude y lo primero que hice fue quitarle la mordaza. La joven, que apenas la entendía porque no dejaba de tartamudear, comenzó a decirme que por favor la desatará, que no tardarían en venir. Yo al principió no entendí nada y comencé a hacerle preguntas. No debí hacer eso, lo acertado habría sido desatarla y salir de allí a toda prisa. Pero no me percaté de esto hasta que el ruido de unos vehículos resonaron en la puerta. Rápidamente me asomé por la puerta del almacén y a través de los cristales de la entrada vi como acababan de aparcar dos vehículos justo en la puerta. De esté bajaron unos cinco individuos. Iban armados y, créeme, a estas alturas solo me basta una mirada para saber quienes tienen buenas o malas intenciones. Y estos no tenían pinta de llevar buenas. Empuñando la espada, corrí a esconderme tras unas cajas mientras escuché como abrían la puerta del bar. Iban riéndose a carcajadas y hablando entre ellos. La joven, al escucharlos, se puso a llorar y a gritar desesperada. En ese momento no tenía ni idea de como salir airoso de esa. Estaba bien escondido y, si la chica no se chivaba, podría esperar oculto hasta que se volvieran a ir. Pero como ya te habrás dado cuenta, Erik, las cosas no siempre salen como uno quieren. Los cinco personajes entraron al almacén. Yo los podía ver por una rendija que había entre las cajas. Estos iban completamente beodos y comenzaron a decirle a la chica cosas como '¿Nos has echado de menos, zorra?' mientras reían. Uno de ellos comenzó a derramarle sobre la cabeza una botella de whisky mientras le gritaba '¡Bebe, mala puta!'. Te puedes hacer una idea de lo que me costó aguantar mi posición y no salir a rebanarles el pescuezo. La gota que colmo el vaso fue cuando uno de ellos le dijo 'Cogerla y sujetarla sobre la mesa, que esta quiere más' o algo así. La chica se puso a gritar '¡No! ¡No, por favor! ¡Ayúdame!' y entre dos la levantaron y la tumbaron sobre la mesa mientras otro le bajaba la ropa. El otro se bajó los pantalones e imagínate lo que se sacó. Pues aquí fue cuando tuve que saltar, porque como comprenderás, no me iba a quedar quieto a esperar a que la violaran. Salí de detrás de las cajas y me lancé sobre ellos. De un mandoble le corté el miembro al jodido violador. Mientras caía al suelo gritando, dirigí mi espada al segundo, que era uno de los que sujetaban a la chica. De un tajo le corté la yugular. No tuve tiempo para más, ya que uno de ellos, una verdadera bestia de dos metros, me dio un puñetazo que me dejo inconsciente. No sé cuanto tiempo debí estar sin conocimiento, solo sé que cuando desperté estaba atado de pies y manos. Tres de estos individuos estaban de pie frente a mi, el cuarto en un rincón, gritando de dolor y sujetándose lo poco que le quedaba de miembro y el quinto muerto en el suelo sobre un charco de sangre. No me cabía duda, de esta no escapaba, me iban a despellejar como a un cerdo. Uno de ellos se agachó y cogió algo del suelo. Acto seguido me lo lanzó con fuerza y esto me impacto en el pecho. Cuando cayó al suelo y rodó pude ver que se trataba de la cabeza cercenada de la chica. Comencé a gritarles y estos me contestaron con patadas e insultos. Mi intención era cabrearlos lo suficiente para que en un arrebato de ira me dieran un tiro y así evitar que me torturaran. Una solución muy drástica, ¿verdad? Total, me iban a matar, lo suyo es que lo hicieran de la forma más rápida e indolora. Pero no fue así y decidieron mantenerme con vida un tiempo con la finalidad de hacerme pagar lo que les había hecho a sus amigotes. Así que imagina, me convirtieron en su mascota con la única diferencia de que se entretenían conmigo torturándome. Mira...". &lt;/i&gt;Eduardo se ha levantado la camiseta y me ha enseñado el pecho y la espalda. Tiene el pecho y parte del abdomen plagado de múltiples cicatrices circulares y profundas y la espalda cruzada de cicatrices rectas. Ha continuado &lt;i&gt;"...las heridas de delante me las hicieron con unas tenazas. Me arrancaron la carne hasta que se cansaron..."&lt;/i&gt;. Me he quedado horrorizado cuando me ha dicho esto. &lt;i&gt;"...las de la espalda, a latigazos con un cable de una aspiradora. Esto&lt;/i&gt; (me ha enseñado la mano toda magullada y ¡sin uñas!) &lt;i&gt;me lo hicieron también con las tenazas. Me arrancaron las uñas una a una...". &lt;/i&gt;Debe de haberse percatado de lo mal que lo estaba pasando escuchando las torturas que le infringieron, porque no ha continuado con estas y ha cambiado de tema diciendo: &lt;i&gt;"...bueno, que me voy por las ramas. Lo dicho, los desgraciados se lo estuvieron pasando bien a mi costa. No sé cuanto tiempo me tuvieron retenido, pero fue lo suficiente como para conocer su modo de vida. Todos los días realizaban incursiones de las cuales siempre volvían cargados de víveres, bienes saqueados, alcohol y drogas, y muy de vez en cuando, de algún pobre desgraciado o desgraciada. Con los primeros jugaban a un juego que solo podía nacer de una mente enferma como las suyas. Lo hacían correr por una explanada para ver quien era el primero en acertarle de un balazo. Si el rehén se trataba de una mujer, la retenían un tiempo usándola solo para desahogarse sexualmente. Cuando se cansaban, le cortaban el cuello y a por otra. Yo tuve la suerte de que cometieron el error de dejarme el suficiente tiempo con vida para ver  como obtenían su merecido. Un buen día, tras una de sus expediciones, volvieron muy nerviosos. Apuntalaron la puerta, sacaron varias cajas de munición y se apostaron en las ventanas del comercio. Desde mi posición pude ver todo lo que ocurrió. Los tres, porque ya solo eran tres, ya que al que le corte sus partes murió desangrado el mismo día que me apresaron, comenzaron a abrir fuego hacia el exterior. En un primer momento pensé que se trataba de un ataque de una horda de merodeadores. Pero no era así, ya que un disparo atravesó un ventanal y le acertó en la cabeza a uno de esos perros. Aquello parecía una guerra, las balas entraban al bar rebotando por las paredes mientras que estos devolvían los disparos. Apenas transcurrieron 10 minutos de tiroteo cuando los tres ya yacían en el suelo sin vida. Atado en el almacén pude escuchar como se abrían las puertas del bar y varios individuos entraban. Cual fue mi sorpresa al ver que se trataba de militares. Estos me soltaron y tras un breve interrogatorio, me llevaron con ellos. Me sacaron al exterior y me montaron en uno de los jeep's. Intenté recuperar mi katana, pero no me lo permitieron. Ya en el vehículo, se pusieron en marcha. De camino, tuve oportunidad de dialogar con uno de los militares. A la pregunta de que a donde me llevaban, ¿sabes que me respondió? ¡A Reus! ¡Imagina la cara que se me quedó al escuchar esto, Erik!&lt;/i&gt;&lt;i&gt; Me contó que llevaban un tiempo tras estos individuos, que les estaban siguiendo la pista desde que comenzaron a saquear zonas cercanas a Reus. Reus por aquí, Reus por allá... no podía creer que estaban escuchando mis oídos. Y mucho menos pude creer lo que estaban viendo mis ojos al llegar a dicha ciudad. Los tres jeep's que formaban el convoy se pusieron en fila frente a una gran puerta metálica, rodeada toda esta por una verja de varios metros de altura. Unos militares abrieron la puerta y pasaron los vehículos. Estos militares corrieron a abrir una segunda puerta. Realizaron este modus operandi al menos con dos puertas más, siendo la última de una especie de hangar. Al entrar a este, nos recibió un grupo de militares con trajes de protección bacteriológica los cuales se encargaron de mi. Me montaron en una camilla y me condujeron a una sala por la cual me hicieron pasar por una especie de ducha a presión. Me explicaron que se trataba de una ducha desinfectante con líquidos especiales. Tras esto, me llevaron por unos pasillos hasta llegar a una especie de hospital. Me internaron en una habitación, donde curaron mis heridas y me dejaron en observación. Parece ser que más que por mi estado de salud, esto lo hicieron para mantenerme vigilado por si acaso estaba infectado. Allí permanecí al menos durante dos semanas. Al poco recibí el alta y me obligaron a presentarme en unas oficinas del ejército, en donde llevan todo el tema de administración. Bien, tras un breve interrogatorio, en el cual tuve la oportunidad de explicarles que no tenía intención de quedarme mucho tiempo, me expidieron un permiso de residencia en Reus que me permitía estar allí durante una semana. De quedarme más tenía que renovarlo o pedir un permiso de residencia sin límite de fecha. Sí, como lo oyes. Allí las cosas funcionan prácticamente igual que como lo hacían antes. No te puedes ni imaginar como controlan todo. Y espera, que me queda por contarte lo mejor. Dentro del perímetro seguro, en donde se concentra toda la población, ¡cada persona tiene su oficio! No es nada raro ver a hombres y mujeres con maletines que van al trabajo, a personas tomando café en una terraza, a alguien leyendo un libro en un parque o a mujeres que vienen con bolsas de comida, las cuales reparten en el centro de alimentos. Se respira normalidad en todos los aspectos, es como viajar al pasado. Eso sí, los militares están presentes en cada rincón de la ciudad, en cada esquina. Y si te alejas del núcleo de la población, es fácil perderse por barriadas desiertas y deshabitadas, a pesar de que están dentro del perímetro de las vallas. Aun así, no hay peligro de toparse con merodeadores, ni dentro ni fuera de las casas. Todo ha sido concienzudamente limpiado. Y siguen trabajando en ello, ya que la ciudad esta en continua expansión. Un día antes de irme, se declaró zona segura el sector K. Según me puede enterar, en la limpieza y anexión de ese sector perdieron la vida cuatro militares..."&lt;/i&gt;. Supongo que os haréis una idea de la cara que se me ha quedado al escuchar esta parte del relato. A pesar de escucharlo, me es imposible hacerme la idea de que haya un sitio en el mundo donde impere el orden. Le he pedido que me cuente más al respecto. Ha continuado: &lt;i&gt;"Pues al parecer, la ciudad se rige por un comité de gobierno formado por algunos miembros del antiguo gobierno de España y de otros muchos de la oposición. Los peces gordos se marcharon del país al poco de comenzar esta hecatombe y los pocos políticos que quedaron en la península se establecieron en Reus, formando una variopinto grupo de gobierno que es el que gobierna en estos momentos. No sé nada más al respecto, ni siquiera te puedo decir nombres porque no tengo ni idea de quienes están al mando. Lo que si te puedo decir que el espíritu de la democracia se fue al garete en cuando comenzó todo esto y si bien se conservan bastantes cosas de este sistema, como ciertos estatutos y leyes, muchas de las cosas se hacen sin votación ni consentimiento del pueblo. Allí hay una ley, si te gusta bien, si no te gusta ya sabes donde esta la puerta. No sé, lo veo lógico en cierto modo. Hay que reconstruir la sociedad poco a poco, no se puede hacer de golpe..."&lt;/i&gt;. De todas formas, impera el orden y eso es algo preciado en estos momentos. Tampoco me preocupa mucho esto. Algo que no entiendo es porque Eduardo ha abandonado la ciudad si ya había conseguido algo que ansiamos todos nosotros. Su respuesta, contundente y razonable: &lt;i&gt;"¿Esa es la imagen que tienes de mi? ¿Un cabronazo ruin que deja atrás a sus amigos en cuanto se le presentan las cosas bien? ¿Que acaso tu lo habrías hecho en mi situación?"&lt;/i&gt;. Por supuesto que no. Esa ha sido mi respuesta. &lt;i&gt;"Pues ya esta. Después de todo lo que hemos pasado juntos no me iba a quedar tranquilo abandonando al grupo. El mismo día que caducó mi permiso, me hice con algo de comida, un arma, que fue este bate de béisbol y abandoné la ciudad. Los militares me abrieron las puertas y sin vehículo comencé a abrirme camino de vuelta a la iglesia. Ya no sabía por donde buscarte y solo me quedaba la esperanza de que hubieses vuelto tu solo a la iglesia, pues yo poco más podía hacer. A los días de partir me agencié un coche y con este me dispuse a cruzar Tarragona. Cometí el fallo de no calcular para cuanto me daba la gasolina y sucedió lo que te imaginas, que me quedé tirado en pleno centro y ya ves como esta esto de transitado, que te voy a contar. Así que no tuve más remedio de seguir a pie. Un día, justo pasaba por esta calle, cuando me vi enfrascado en una pequeña refriega con un grupo numeroso de merodeadores. Por aquel entonces no habían tantos por la zona como los hay ahora. Si hay tantos es en parte por mi culpa. Me estaban rodeando, ya que con el bate no es lo mismo que con mi antigua espada, entonces apareció Antonio. Éste, desde dentro del portal, me gritó que pasara. Si no hubiese hecho esto, quizás no estaría vivo en estos momentos. Desde entonces, han ido llegando más y más merodeadores a las puertas de la finca, todos atraídos por los merodeadores que me vieron entrar y han permanecido día y noche golpeando las puertas. La suerte que hemos tenido hasta que habéis llegado vosotros es que las puertas de ahí abajo eran de un cristal doble y muy robusto, por eso no han podido entrar hasta la fecha...". &lt;/i&gt;Le he preguntado que me cuente cosas sobre Antonio. Eduardo se ha quedado en silencio unos segundos, cavilando, y ha contestado: &lt;i&gt;"Pues es un tipo normal. Bastante cobarde, eso sí. ¿Por qué crees que me tendió ayuda? Porque vio en mi el pasaporte de salir de estas cuatro paredes. Se ve que pensó que alguien que habría sobrevivido tanto tiempo ahí fuera podría sacarlo a él y a su hija de esta cárcel de pladur. ¿Por qué crees que contactó con vosotros? Cosa que hizo sin saber yo, ya que si me llego a enterar, ya me habría encargado de haceros saber la verdadera situación de la zona. Pues bien, os hizo venir con intención de que los saquéis de aquí. Por eso os oculto como estaba la situación aquí. Es algo interesado, pero no lo culpo, ya que tiene que mirar por el bien de su hija. Sí lo culpo es por su forma de actuar. En eso sí. Pero bueno, que vamos a hacer. Tenemos que convivir y salir de aquí todos juntos. Mientras no perjudique a los demás todo ira bien...". &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De repente, una serie de gritos han resonado en la casa. Era la voz de Susana, la hija de Antonio. Entonces, Eduardo me ha dicho &lt;i&gt;"Esa es otra. Padre e hija se pelean a todas horas"&lt;/i&gt;. Bien que se hayan entretenido todo este tiempo discutiendo y vociferando con los merodeadores en la calle, pero no ahora con estos distribuidos por toda la escalera de la finca. Llamar la atención de estos iba a presuponer tener a toda la horda echando la puerta abajo. Me he levantado y en cuatro zancadas me he presentado en la habitación de Antonio y su hija. Esta estaba de pie junto a la puerta, señalando y gritándole al padre, que estaba sentado en la cama: &lt;i&gt;"¡Se acabó! ¡Te lo he dicho millones de veces, padre! ¡Basta! ¡¡Basta ya de la misma vieja canción!! ¡¡Ya me he cansado!! ¡¡Ya no soy la niña que era antes!!"&lt;/i&gt;. Me ha salido del alma decirles &lt;i&gt;"¿Pero en que coño estáis pensando, joder? Tenemos a media Tarragona en la escalera y os atrevéis a armar este escándalo. ¿Estáis locos? Hacer el favor de ser más cuidadosos y guardar vuestros problemas para cuando salgamos de aquí"&lt;/i&gt;. Ambos se han quedado atónitos mirándome. Tras esto, me he dirigido a la puerta de la casa y por la mirilla de esta he observado el panorama. Los tragaluces de la finca iluminaban el rellano entero y he podido ver con claridad la situación. El rellano estaba repleto de merodeadores. He contado al menos unos 11 diseminados por toda la estancia más los que subían y bajaban la escalera. Por suerte, ninguno se ha percatado de los gritos y no nos han ubicado. Un verdadero alivio. Pero algo me ha sobresaltado y me ha hecho apartarme de la puerta como si me hubiesen propinado un empujón, y es que el merodeador más cercano a la puerta, el cual estaba de espaldas, se ha girado de golpe y ha clavado sus ojos sin vida en el visor de la puerta. ¿Como podía ser? ¡Si no he hecho ni el más leve ruido! Temeroso, me he acercado a la puerta y acercando la cabeza he vuelto a mirar. He respirado aliviado. Dicho merodeador volvía a estar de espaldas a la puerta. Debe haber sido casualidad que se haya girado... o quizá no. No sé, la cuestión es que siguen sin saber donde nos escondemos y eso nos da tiempo para idear un plan de escape.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al poco se han levantado todos. Belén y Marta han sido los primeros acompañados de Esther. La niña, ajena a la situación y en su mundo infantil, se ha puesto a jugar con unas muñecas que le ha regalado Susana. Esta última no le ha dirigido la palabra a su padre en todo el día. Antonio, por el contrario, ha intentado acercarse a ella hablándole con normalidad. Me da la sensación que nos quiere vender una imagen de normalidad con su hija. Pero los desprecios de Susana muestran la realidad, que es que se llevan fatal. Iván ha permanecido todo el día en silencio, andando de aquí para allá, pensativo. En cuanto he tenido oportunidad, me he acercado a él y le he dicho &lt;i&gt;"Nos comportamos como verdaderos idiotas en el furgón, ¿no crees?"&lt;/i&gt;. Su respuesta &lt;i&gt;"Sin rencores, Erik. No pierdas el tiempo dándole vueltas a lo que pasó o no pasó. Céntrate en encontrar como salir de aquí"&lt;/i&gt;. Cierto. A mi pregunta de &lt;i&gt;"¿Se te ocurre algo?"&lt;/i&gt; ha respondido &lt;i&gt;"Ocurrirse se me ocurren muchas cosas, pero ninguna rápida y sin hacer el suficiente ruido para que se enteren los podridos de que estamos aquí. He ahí el problema, que en cuanto hagamos el más mínimo jaleo esos perros van a tirar la puerta abajo"&lt;/i&gt;. En ese mismo instante, un relámpago ha iluminado toda la casa seguido de un estrepitoso trueno. No hemos tardado en salir a la terraza. Por lo visto, en cuestión de minutos se ha formado una tormenta sobre nuestras cabezas. El cielo estaba negro y era cuestión de tiempo que comenzase a llover. Iván me ha dicho &lt;i&gt;"¿Sabes lo que significa eso? Nuestro pasaporte"&lt;/i&gt;. Se nos estaba presentando una oportunidad de oro. Antonio ha salido a la terraza a toda prisa y ha comenzado a descolgar por la terraza unos cubos. Los ha ido dejando uno a uno suspendidos en el vació con la intención de recoger el mayor número de litros de agua. Iván me ha mirado y me ha dicho &lt;i&gt;"Déjalo que recoja agua, la va a necesitar. Nosotros vamos a salir de aquí hoy mismo. Vamos a preparar las armas, las vamos a necesitar"&lt;/i&gt;. Al entrar de nuevo en la casa, hemos dado a conocer nuestra intención a todos. Eduardo ya se había percatado de esto. Hemos sacado todas las armas y hemos comenzado a rellenar cargadores. También hemos hecho recuento de munición. Nada más terminar con esto, hemos dejado los petates preparados y hemos salido a la terraza a esperar la señal que nos iba a permitir comenzar la operación. Sentados en la terraza, he comentado &lt;i&gt;"En el momento comencé a llover, los de ahí abajo se van a quedar como estatuas, pero los que están por toda la finca no les va a afectar la lluvia. Sois conscientes de esto, ¿verdad?"&lt;/i&gt;. Iván ha replicado &lt;i&gt;"Si no lo fuéramos no habríamos preparado las armas. Esta claro que no va a ser un camino de rosas como te gustaría, pero es la única oportunidad que nos queda"&lt;/i&gt;. Odio tener que darle la razón en este aspecto. No nos podemos permitir el lujo de quedarnos sentados a esperar una segunda oportunidad que quizá no llegue nunca. Además, esto es algo que hemos hecho innumerables veces. Ayer mismo, por ejemplo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Apenas han pasado unos 10 minutos de esta conversación cuando han comenzado a caer las primeras gotas de lluvia. Eduardo ha asomado la mano y ha dicho &lt;i&gt;"Va a ser una tormenta muy fuerte. La lluvia va a ser torrencial"&lt;/i&gt;. Tras sus palabras, un rayo ha surcado el cielo y como si le hubiesen escuchado ahí arriba, ha comenzado a caer una cortina de agua que apenas dejaba ver más allá de cinco metros. Nos hemos mirado y entrado a la casa a toda prisa. En cuanto lo hemos hecho, he informado a todos de que salíamos ya. Mientras, Eduardo le ha pedido el hacha a Iván, el cual se la ha dado sin poner peros. Antonio, al escuchar mis palabras de que nos íbamos, ha dicho &lt;i&gt;"¿Qué? ¿Como? ¿Nos vamos ahora? Si esta toda la finca llena de esas cosas"&lt;/i&gt;. Susana, en tono agresivo, le ha replicado &lt;i&gt;"Pues quédate si es lo que quieres, padre. Yo me pienso marchar con ellos. Tú haz lo que quieras"&lt;/i&gt;. Antonio se ha quedado callado durante unos segundos y luego se ha levantado a coger algunos enseres. Eduardo ha continuado &lt;i&gt;"El plan es el siguiente. Como ya sabéis, esas cosas, con la lluvia se quedan fuera de cobertura. O sea, que la parte más difícil la tenemos hecha, que es abrirnos paso entre los miles que se agolpan ahí afuera. Pero para llegar hasta ahí tenemos que abrirnos paso por la escalera. Y esto no va a ser fácil, ya que estos no estarán afectados por la lluvia. Sabemos que hay un gran número campando a sus anchas por la finca y en cuanto abramos la puerta van a venir a por nosotros. Así que tenemos que actuar rápido. Iván, Erik y yo vamos a ir en primera linea y vamos a ser la avanzadilla. Antonio y Susana, vosotros os vais a situar en el centro. Solo tenéis que encargaros de la niña y bajo ningún concepto separaros de nosotros. Esther y Belén, cubrir la retaguardia y los que nos vengan por los laterales. ¿Os ha quedado claro?"&lt;/i&gt;. Tras las palabras de Eduardo, nos hemos situado frente a la puerta de la casa y tras quitar el mueble que parapetaba la puerta, Eduardo ha contado hasta tres y ha abierto de golpe. Todos los merodeadores allí presentes se han girado rápidamente al escuchar la puerta y Eduardo ha 'saludado' al más cercano con su hacha. Le ha partido la cabeza en dos como si se tratase de un melón. Ha seguido dirigiendo mandobles mientras Iván y yo hemos sido los siguientes en salir. Hemos abierto fuego automático sobre todos los merodeadores que inundaban el rellano. Nos ha costado casi un cargador barrerlos a todos. Por precaución, hemos cambiado el cargador a pesar de que aun conservaba algo de munición. Tras salir todos y andando sobre los cadáveres allí esparramados, hemos dirigido nuestro rumbo escaleras abajo. Antonio ha cerrado la puerta de la casa y se nos ha unido de nuevo. He girado la cabeza para ver la situación de mis compañeros. En el centro estaba Susana agarrando con fuerza a Marta. Mientras, Belén y Esther mantenían a raya a los merodeadores que bajaban las escaleras procedentes del piso superior. Nosotros tres nos hemos centrado en los situados en las escaleras que bajaban al piso de abajo. Esta estaba repleta de andantes, pero los hemos eliminado prácticamente sin esfuerzo. Al llegar al rellano de abajo, nos hemos tenido que enfrentar a un nuevo reducto de merodeadores. A nuestra espalda, Belén y Esther seguían con su tarea y abrían ráfagas con los merodeadores que hacían aparición. Así hemos continuado, rellano por rellano, escalera por escalera. Íbamos ya por el tercer piso cuando Eduardo se ha asomado por el hueco de la escalera. Tras esto, se ha vuelto hacía mi y ha dicho &lt;i&gt;"El rellano de la entrada esta repleto de ellos. Y todos están subiendo. Voy a tomar una medida drástica..."&lt;/i&gt;. Ha echado mano a el bolsillo de su chaqueta y ha sacado algo. Me lo ha enseñado y ha dicho &lt;i&gt;"...la estaba reservando para una situación como esta"&lt;/i&gt;. Era una granada. Le ha quitado la anilla y la ha dejado caer por el hueco de la escalera. Hemos podido escuchar como esta ha aterrizado en el suelo y, prácticamente al momento, ha estallado. La explosión ha retumbado con fuerza, haciendo temblar el suelo y las paredes. Uno de los cristales del tragaluz se ha hecho añicos. Una pequeña nube de humo y polvo ha ascendido hasta nuestra posición. Nosotros hemos continuado descendiendo y sin cesar en la lucha. A duras penas hemos llegado a la planta baja y hemos visto el panorama. En donde ha caído la granada había un tremendo circulo negro y todas las baldosas de mármol que enlosaban la pared estaban en el suelo hechas añicos. El perímetro de la explosión estaba lleno de miembros, torsos y masas de carne sanguinolentas. A pesar de que la detonación había despejado parte de la sala, esta es muy grande y aún quedaban demasiados en pie. Eduardo ha gritado &lt;i&gt;"¡Eliminemos solo a los que se pongan en nuestro camino, los que no presupongan un peligro, dejemoslos que nos sigan hasta el exterior!"&lt;/i&gt;. Así lo hemos hecho. Hemos eliminado a los que se nos acercaban y hemos ignorado a los más alejados. Al llegar a la puerta de entrada hemos comprobado que seguía lloviendo con fuerza. A pesar de que los merodeadores estaban como habíamos previsto, 'desconectados', la visión era terrorífica. Una muchedumbre de miles y miles se extendía frente a nosotros. Eduardo e Iván han sido quienes han dado el primer paso. Entre hachazos y empujones han comenzado a abrir camino. Yo he hecho lo mismo haciendo uso de la culata de mi arma. A pesar de esto, los golpeados no respondían a estos estímulos. Todo estaba saliendo según lo previsto. Mientras tanto, la lluvia ya nos había empapado de arriba abajo. Parecía que acabábamos de salir de una piscina. He vuelto mi mirada y he comprobado que todo estaba correctamente a mi espalda. Susana seguía llevando a Marta, la cual se estaba tapando los ojos. Tras ellas, Antonio. Su cara era un poema, una mezcla de horror y pánico. Las chicas seguían en la retaguardia. Todo correcto. Quién nos iba a decir que la cosa iba a cambiar para mal de forma drástica. No sé cuantos metros habíamos transitado, pero estábamos lo suficiente alejados de la finca. Tras nosotros habíamos dejado labrado una senda entre toda la multitud. La cosa se ha puesto fea en el momento que la lluvia se ha transformado de torrencial a simple lluvia, y de lluvia a llovizna. Ha sido así, de repente, como si hubiesen disminuido la potencia cerrando un grifo. Eduardo se ha parado en seco y todos lo hemos imitado. Tras quedarse unos segundos dirigiendo la mirada al cielo, se ha girado y ha gritado &lt;i&gt;"¡Esta escampando! ¡Tenemos que volver! ¡Vamos!"&lt;/i&gt;. Se me ha encogido el corazón al escuchar esto. Iván ha replicado &lt;i&gt;"¡Y una mierda! ¡Sigamos! ¡Nos da tiempo! ¡No podemos volver ahora!"&lt;/i&gt;. Eduardo le ha gritado &lt;i&gt;"¡Iván, continua tú si quieres! ¡Yo me vuelvo! ¡Quién esté conmigo que me siga, el que se quiera suicidar que continúe!"&lt;/i&gt;. Unos gritos a mi espalda me han sobresaltado. Al girarme, he descubierto que quienes gritaban eran Susana y Marta. La mano de un merodeador estaba aprisionando el brazo de Marta. Eduardo, de un rápido movimiento, ha cercenado el brazo del merodeador con su hacha. Los merodeadores comenzaban a activarse de nuevo mientras la llovizna comenzaba a cesar. Trasladándome a la primera línea, que antes era la retaguardia, he gritado &lt;i&gt;"¡¡Rápido!! ¡¡No tenemos tiempo que perder!!" &lt;/i&gt;y he comenzado a correr. A mi paso notaba como manos y brazos se interponían en mi camino. Era cuestión de tiempo que los merodeadores estuvieran al 100% de su actividad. Y así ha sido. Apenas a unos metros de la finca, el camino se ha cerrado y me he visto obligado a lanzarme en placaje contra los que cerraban el paso. Eduardo, a mi lado, ha ordenado &lt;i&gt;"¡¡En circulo!! ¡¡Manteneros en circulo!! ¡¡Los desarmados al centro y los demás no cedáis terreno!! ¡¡Solo quedan unos metros!!"&lt;/i&gt;. Abrirse paso entre la multitud se estaba volviendo cada vez más y más difícil. Yo ya estaba esperando el fatídico y desgarrador dolor de una dentellada. El simple pensamiento de esta posibilidad me horrorizaba. Casi preferiría morir ahí mismo que ser infectado y pasar mis últimas horas de vida esperando a transformarme. Pero a Dios gracias, la cosa no fue así. Entre culatazos, disparos y hachazos, hemos hecho brecha entre la multitud de cadáveres andantes que gemían e intentaban agarrarnos, hasta conseguir llegar a las puertas de la finca. Una vez más, la suerte ha estado de nuestro lado. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al entrar en esta, hemos contemplado que el patio estaba prácticamente lleno de nuevo de merodeadores procedentes de los pisos superiores. Y ha esto hay que sumarle el embiste por retaguardia de los que estaban entrando desde el exterior. No podíamos perder tiempo. Si habíamos salido airosos de la anterior situación, de esta teníamos más posibilidades. Sin tiempo que perder, nos hemos lanzado al ataque contra los que teníamos delante. Poco a poco nos hemos abierto paso escaleras arriba. Habían merodeadores, pero nada que ver con la cantidad que había nada más salir de la casa. Esto estaba siendo un paseo. Lo malo es que el edificio se estaba llenando de nuevo. Cuando hemos llegado al noveno piso, le he dicho a Antonio que abriese la puerta. Mientras él buscaba las llaves en los bolsillos, nosotros hemos permanecido despachando a los andantes que subían o bajaban al rellano. Se me ha caído el alma a los pies cuando Antonio ha dicho que no encontraba las llaves y no sabía si las había cogido antes de salir. Su hija ha comenzado a increparle y a llamarle inútil. He visto como Iván se estaba poniendo de los nervios y temía que golpease a Antonio. Este, tras buscar en sus bolsillos, ha vaciado su mochila en el suelo y ha empezado a apartar trastos. La hija seguía diciéndole de todo y él ha replicado &lt;i&gt;"¡¡Basta ya, Susana!! ¡¡Hago lo que puedo!!"&lt;/i&gt;. Yo he intervenido diciendo &lt;i&gt;"¡Pues lo que puedes no es suficiente! ¡¿Las tienes o no las tienes?!"&lt;/i&gt;. Su respuesta &lt;i&gt;"¡Sí! ¡Por fin! ¡Aquí están!"&lt;/i&gt;. He podido ver como de entre los enseres de su mochila ha sacado las llaves y he podido respirar tranquilo. No ha tardado en abrir la puerta y al hacerlo, nos hemos asegurado de que no había ningún merodeador que nos viese entrar. Acto seguido, hemos entrado de estampida. Nervioso, he preguntado si alguien ha sido mordido. La respuesta, un unánime &lt;i&gt;"No"&lt;/i&gt;. Menos mal. Hemos parapetado la puerta y nos hemos sentado a descansar en el salón. Segundo día de emociones fuertes. Y nuevamente aquí enclaustrados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestra única oportunidad de escapar hasta el momento, y me da que no vamos a tener una mejor, se nos ha ido por el retrete. Ya no sé que podemos hacer. Quizá podemos esperar a una nueva tormenta que sea más duradera, pero a saber cuando cae una nueva. De todas formas, hoy hemos comprobado que dicho plan es arriesgado, ya que estamos a merced del tiempo. No quiero ni pensar que habría ocurrido si la lluvia hubiese tardado un poco más en escampar y nos hubiese pillado dicha situación lo suficientemente lejos como para poder volver. Nos habrían devorado a todos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Apenas tenemos tiempo, los víveres ya están prácticamente acabados. Se nos comienza a plantear una dura situación: O morir devorados intentando escapar o morir lentamente de inanición en esta casa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sinceramente, no sé que es peor...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-7875359786635014985?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/7875359786635014985/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=7875359786635014985' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/7875359786635014985'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/7875359786635014985'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/01/08-01-11-historias-paralelas.html' title='+ 08-01-11 + Historias paralelas'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-4675049323031491728</id><published>2011-01-07T23:57:00.000-08:00</published><updated>2011-07-05T17:38:55.356-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><title type='text'>+ 07-01-11 + Desbordados y encerrados</title><content type='html'>Esta mañana, recién nos hemos levantado, nos hemos puesto manos a la obra. Lo primero que hemos hecho ha sido contactar por walkie con Antonio. Este, al escuchar la llamada, se ha puesto extremadamente contento a la vez de nervioso. Iván lo ha puesto al corriente y le ha dado instrucciones de lo que debe de hacer. Ante la respuesta de que no cuenta con ningún arma de fuego, le ha pedido que permanezca en la ventana atento a nuestra llegada, que cuando vea que hemos despejado la entrada, coja a su hija y baje a toda prisa sin detenerse un segundo. Tras estas instrucciones, hemos cortado la comunicación y salido de la trastienda del comercio directos a la puerta. Una vez hemos llegado a esta y tras comprobar por los cristales de que todo estaba "despejado", hemos abierto la puerta y salido de uno en uno. Agazapados y tras los vehículos, como ya viene siendo habitual, ha comenzado nuestra nueva andadura. Sorteando coches y merodeadores, de los cuales alguno se ha percatado de nuestra presencia, hemos ido buscando un vehículo adecuado que reuniese los requisitos que buscábamos. El más parecido, una gran furgoneta de ocho plazas. El problema, estaba volcada de lateral sobre el asfalto. Imposible ponerla de pie. Iván ha planteado el problema que me rondaba la cabeza desde hacía un rato &lt;i&gt;"Lo jodido no va a ser encontrar el vehículo, sino transitar con él entre todo este desastre. Imposible. Y no podemos permitirnos el lujo de vernos atascados con el trasto, ya que en el momento lo arranquemos, seremos el centro de atención de toda esta basura andante..."&lt;/i&gt;. Cuanta razón. Pero como si el de allá arriba nos hubiese escuchado, tras andar unos cuantos metros, hemos comenzado a ver nuestro camino más espaciado, mucho más despejado. Ojo, no del todo, pero por cada paso nuestro, poco a poco íbamos saliendo de ese puñetero embotellamiento. Uno de los motivos, a parte de que ya estábamos muy alejados de la autovía, hacía donde se supone que la gente se dio de tortas por llegar, ha sido que la avenida se ha ensanchado ligeramente. Ahora sí que sí podíamos movernos con libertad con un vehículo. La contra, ahora si que no nos podíamos ocultar tan fácilmente. Eramos blanco fácil para los merodeadores. Ante la imposibilidad de ocultarnos con facilidad ha surgido el plan b, correr a paso ligero. Sin necesidad de esprintar pero sin ir andando, hemos comenzado a movernos. Como siempre, Iván se ha situado en la cabeza del grupo y yo a la retaguardia. Belén y Esther, esta última cargando en brazos con Marta, en el centro. A nuestro paso y evitando abrir fuego a menos que fuese necesario, nos hemos dedicado a esquivar ágilmente a todo merodeador que se nos ha intentado tirar encima. Yo no se si esto tendrá que ver, pero que estos cabrones hayan estado tan sumamente rápidos en sus movimientos me hace pensar que llevan bastante tiempo sin pegar bocado. Ya os digo que esto solo son tribulaciones mías que no puedo afirmar. El mantenernos alejados todo este tiempo de ellos para sobrevivir, si bien sirve para mantenernos con vida no sirve para un profundo estudio sobre su mentalidad y costumbres. Mientras corría y esquivaba, no he podido evitar pensar en si habría alguien viéndonos, desde su casa, correr por la ancha avenida. Si alguien lo ha hecho, no se si nos ha envidiado o nos ha compadecido, lo que si que se que debe de haber sido una imagen de lo más ridícula. Cuatro individuos haciendo footing en pleno apocalipsis y esquivando a muertos andantes que les intentan dar caza a su paso. No sé si es para echarse a reír o a llorar.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El sudor me empapaba la frente y el fresco viento mañanero me estaba calando los huesos, cuando Belén ha dado la señal que andábamos esperando. &lt;i&gt;"¡Allí, junto al semáforo!"&lt;/i&gt; y todos hemos girado la cabeza automáticamente. Aquello a lo que se ha referido Belén ha resultado ser un bendito furgón blindado, uno de esos que eran usados por empresas de seguridad para recaudar el dinero de los bancos. No hemos tardado en correr como posesos hacía el vehículo. He tenido un leve incidente con un merodeador, y es que este, salido de unos matorrales de un parque y vistiendo un uniforme militar, se me ha abalanzado. Menos mal que he sido lo bastante rápido como para propinarle un codazo en el pecho evitando así que me acercara sus fauces a mi cuerpo. Este ha caído derribado y restandole importancia a la preocupación de mis compañeros, hemos seguido corriendo. Lo primero que he hecho nada más llegar al furgón ha sido apoyarme y jadear fatigado. Joder, casi tiro el corazón por la boca... Mientras Belén comprobaba si la puerta del conductor estaba abierta, que si lo estaba, Iván ha comenzado a forzar los portones traseros. Sin abrir estos iba a ser imposible ir todos en el furgón. Justo cuando Iván ha podido abrir las puertas, Belén ha salido pitando de la cabina gritando &lt;i&gt;"¡No¡ ¡No abráis las...!"&lt;/i&gt;. No ha hecho falta que terminase la frase para comprender que quería decir, ya que como cuando se abre un armario y te caen todas las cajas de dentro encima, Iván ha abierto las puertas y se le han venido encima tres merodeadores ataviados con uniforme de seguridad. Al intentar esquivar a estos reculando ha terminado tropezando y ha caído de espaldas en el suelo. Esther, con la niña en brazos, se ha quedado pálida mientras que Marta se le ha abrazado al cuello gritando. La situación requería una rápida actuación o Iván iba a ser mordido, así que he hecho lo más efectivo pero menos apropiado. En ese momento no estaba empuñando mi fusil, el cual colgaba de mi hombro por la correa, e intentar hacer uso de él iba a ser perder unos segundos decisivos, por lo cual, he tirado mano a la pistola que la tenía guardada en el pantalón. De un rápido movimiento, he desenfundado y descerrajado tres disparos sobre los merodeadores. Los tres disparos han acertado en la cabeza de estos, cayendo desplomados al instante para suerte de Iván, que ya tenía encima de él a uno. He ayudado a Iván a incorporarse mientras le preguntaba si le han mordido. Este, cabreado no, cabreadísimo, me ha empujando apartándome la mano y ha dicho &lt;i&gt;"¡Joder, Erik! ¡Tus putos disparos ya habrán alertado a todos los jodidos podridos! ¡No me hacía falta ayuda, lo tenía todo controlado!"&lt;/i&gt;. La próxima vez le va a salvar la vida su madre por jodido arrogante. De un salto se ha puesto en pie y ha corrido al asiento del conductor. Por lo visto, las llaves del vehículo estaban puestas y tras unos intentos de arrancar girando el contacto, el furgón se ha puesto en marcha. He ayudado a subir a la parte trasera a las chicas y tras dar un beso a Belén, que me ha dicho que tenga cuidado ahí delante, he cerrado las puertas y he corrido a ocupar mi puesto en el asiento del copiloto. No hemos tardado en ponernos en movimiento de un brusco acelerón. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con Iván al volante, algo más tranquilo tras el pequeño incidente, me he puesto a buscar por toda la cabina cualquier cosa que nos sirviera de utilidad. No he encontrado nada, ni siquiera en la guantera. Al menos, en mi breve inspección he descubierto un pequeño ventanuco que comunicaba con la parte trasera. Me he asomado por este y he visto a las chicas sentadas en unos asientos soldados a las paredes del furgón. Marta me ha mirado y sonriéndome, me ha saludado con la mano. Yo le he devuelto la sonrisa y me he vuelto a sentar en mi asiento. Iván estaba muy concentrado en la carretera y manteniendo la velocidad sin bajar de los 80 km/h. Aunque no es una velocidad muy elevada, esta sí se notaba por cada volantazo que daba Iván para esquivar a los vehículos. Lo que no se ha esmerado en esquivar ha sido a los merodeadores. Es más, yo creo que se ha afanado en llevarse por delante a todos los que le ha sido posible. Estos, cuales insectos que se revientan contra el parabrisas de un vehículo, se han ido estampando, tintando de rojo los cristales, hasta tal punto que Iván ha tenido que accionar el limpiaparabrisas para quitar los manchurrones de sangre y los tropezones. No me he molestado en decirle nada como hice ayer, ya que este vehículo es blindado y muy difícilmente va a romper los cristales con los impactos. Lo he dejado divertirse con su juego de perturbados. Con el transcurso de los minutos me ido percatando de algo, y es que la actividad de merodeadores era cada vez más alta. Si antes, cada cinco segundos Iván atropellaba a un merodeador, ahora era cada uno o dos segundos. Me he comenzado a alarmar. Empezaban a ser muchos y por todas partes. Iván ha tenido que aminorar algo la velocidad. Allá donde mirara habían merodeadores. Mujeres, hombres, niños, militares... todos con aspecto cadavérico y abalanzándose sobre el furgón. Los golpes que propinaban al vehículo sonaban como si sobre el coche estuviese cayendo una lluvia de piedras. Belén, desde atrás, no paraba de preguntar si todo estaba bien. Yo, para no alarmarla, le he dicho que sí. Pero de nada ha servido, ya que por lo visto Esther se ha asomado por una de las ventanas de las puertas traseras y ha descubierto el panorama, ya que ha gritado un sonoro &lt;i&gt;"¡Dios mio!"&lt;/i&gt;. Pero la cosa estaba por complicarse más. Al final, nos hemos visto envueltos en el medio de una inmensa muchedumbre de merodeadores que zarandeaban el furgón a nuestro paso. Los teníamos por todas partes, ¡por todos los lados! Era como una antigua y popular manifestación. La velocidad del vehículo ya era de 20 km/h, ya que ni siquiera se podía ver el asfalto por donde transitábamos. Algunos merodeadores ya habían comenzado a trepar por la parte delantera del vehículo e Iván los quitaba de encima frenando en seco. En esos momentos, si nos llegamos a quedar sin gasolina, el furgón habría sido nuestra tumba, ya que no habríamos podido salir aunque quisiéramos. Para abrirnos paso con las armas habríamos necesitados toneladas de munición, ya que sin exagerar, ¡habían miles! Es una de las peores situaciones en las que me he visto envuelto, y como ya sabéis, no han sido pocas. Iván estaba maldiciendo a todo lo habido y por haber, mientras que conducía abriéndose paso sobre los merodeadores. El furgón avanzaba sobre estos, pasando sus ruedas sobre ellos y produciendo un crujido espantoso al triturar los huesos de los andantes. De repente, el walkie ha sonado. Era Antonio, diciendo &lt;i&gt;"¡Os veo! ¡Estáis casi debajo de nosotros! Es la finca que tenéis justo enfrente a la derecha"&lt;/i&gt;. Rápidamente la he buscado con la mirada. No he tardado en divisar un gran edificio con grandes letras injertadas en el ladrillo, en las que ponía 'Gran Torre del Sol'. Me disponía a responder a Antonio cuando Iván me ha quitado el aparato de las manos y ha comenzado a gritar&lt;i&gt; "¡¡Grandisimo hijo de puta!! ¡¡¿Donde nos has metido?!! ¡¡Te ha salido bien el callarte el número de merodeadores, ¿verdad?!! ¡¡Ojala te pudras ahí solo como la rata mentirosa que eres, bastardo!!"&lt;/i&gt;. Me he quedado alucinado ante el ataque de ira de Iván. No he sabido como actuar. La voz de Antonio ha tardado en volver a pronunciarse para hacerlo de forma cautelosa: &lt;i&gt;"Lo siento si no he sido más especifico, pero quiero que comprendas que si no llego a hacerlo de esta forma... nunca habríais accedido a ayudarnos"&lt;/i&gt;. Iván me ha mirado con los ojos desorbitados y me ha dicho &lt;i&gt;"Encima tiene la gran cara de reconocerlo. Será..."&lt;/i&gt; y ha pulsado el botón del walkie diciendo &lt;i&gt;"¡¡Maldito perro...!!"&lt;/i&gt;. No ha terminado la frase. Le he arrancado el aparato de las manos gritándole un &lt;i&gt;"¡Basta! ¡Céntrate en conducir, joder!"&lt;/i&gt;. Iván, sorprendido por mi actuación, me ha gritado &lt;i&gt;"¡¿Pero ahora tú de que coño vas?! ¡Devuélveme el walkie!"&lt;/i&gt;. Mientras le he respondido un sonoro NO me he percatado de lo violentos que se estaban volviendo los zarandeos al furgón. A este paso nos iban a hacer volcar. Iván ha repetido de nuevo &lt;i&gt;"¡Erik, no me toques los cojones! ¡No te lo voy a repetir más veces! ¡Devuélveme el jodido walkie!"&lt;/i&gt;. Mi respuesta, la misma, un sonoro NO acompañado de un CÉNTRATE EN CONDUCIR. Este ha sido el detonante de la debacle. Iván ha soltado una mano del volante y la ha dirigido sobre mi en forma de zarpazo. Agarrándome de la chaqueta me ha arrastrado e intentado quitar el walkie. De un golpe he intentado repeler su brazo, pero Iván ha perdido más aun los estribos y al ver que le he salido respondón, me ha propinado un fuerte derechazo en la mandíbula. Desde la parte trasera podía escuchar a Belén gritar &lt;i&gt;"¡Chicos, basta ya! ¡Parar! ¡Nos están desbordando los merodeadores! ¡Centraros, por favor!"&lt;/i&gt;. Pero se me ha nublado la mente hasta tal punto que solo me he centrado en devolverle el golpe a Iván. Y vaya si lo he hecho. Le he dado un buen puñetazo en el pómulo que le ha hecho temblar la cabeza. Aquí la cosa ha terminado de irse de madre, ya que este ha soltado el volante y lleno de ira ha comenzado a propinarme golpes. Apenas he recibido el primero cuando he empezado a devolvérselos mientras me cubría la cara con el antebrazo izquierdo. Tras esto y para bloquear sus golpes, me he lanzado sobre él agarrándole por el cuello. Los gritos de desesperación e impotencia de Belén y Esther eran ensordecedores mientras yo golpeaba una y otra vez, contra el cristal de la ventanilla, la cabeza de Iván. Este, con su brazo derecho me intentaba separar de él mientras que con el izquierdo me golpeaba. La cuestión es que entre tanto dar y recibir y cegado por la pelea, Iván ha apretado más de la cuenta el pedal del acelerador y sin nadie dirigiendo el volante, el furgón se ha puesto a gran velocidad sin rumbo fijo. Los golpes de los merodeadores contra el morro del vehículo y el parabrisas eran constantes, mientras el furgón circulaba a toda velocidad dando botes sobre el asfalto. Solo cuando he visto que el velocímetro marcaba 90 km/h he entrado en razón y me he apartado de Iván. Este ha tardado un poco más en percatarse y cuando ha intentado ponerse al volante ha sido demasiado tarde. El furgón ya estaba despedido y volando por los aires.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Solo nosotros somos tan estúpidos de enzarzarnos en una pelea en pleno corazón de una muchedumbre de miles de merodeadores. Tan culpable Iván por comenzar la pelea como yo por continuarla. Hemos sido unos inconscientes arriesgando la vida de todos por semejante estupidez. La cuestión es que, como iba diciendo, cuando Iván ha intentado hacerse con el volante para controlar la situación, el furgón ya iba por los aires. ¿Por qué? Ni idea. Supongo que a esa velocidad y entre tanto merodeador, hemos debido chafar algún montículo o saliente del asfalto que nos ha hecho salir despedidos. El aterrizaje ha sido brutal y el furgón ha dado varias vueltas de campana para terminar derrapando a gran velocidad. Mientras todo esto ocurría, Iván y yo parecía que estábamos dentro de una lavadora. Mientras el coche derrapaba de lateral, yo he podido ver a través del agrietado parabrisas como iban cayendo todos los merodeadores que se encontraban en la trayectoria del vehículo. Al final, hemos colisionado contra algo y el furgón se ha parado en seco. Dolorido, me he incorporado dificultosamente y me he dirigido al ventanuco que comunica con la parte trasera. Al asomarme me he tranquilizado, ya que he visto a Belén incorporarse y a Esther poner en pie a Marta. Luego me he dirigido hacía Iván. Este, hecho un ovillo bajo el volante y con una brecha en la frente, se ha levantado como ha podido. Rápidamente ha buscado su escopeta. Yo he hecho lo mismo con mi arma. Mientras buscaba el fusil, he descubierto todo mi brazo y parte de la mano en carne viva y con algo de sangre. Desde atrás, Belén ha gritado &lt;i&gt;"¿Como pensáis salir de aquí?"&lt;/i&gt;. Cuando me disponía a responder me he percatado de la gravedad de la situación. Un tumulto de merodeadores rodeaba el furgón. Estos golpeaban y empujaban la carrocería y los cristales. Iván se ha pronunciado, diciendo &lt;i&gt;"¿Como pensamos salir? ¡Por la puerta!"&lt;/i&gt;. Levantando el brazo, ha tirado de la manivela de la puerta y la ha empujado, abriendo esta de par en par. Después de esto y con la mochila cargada a su espalda, ha trepado por los asientos y ha sacado medio cuerpo fuera. Acto seguido y mientras terminaba de salir, ha comenzado a disparar la escopeta. Era una locura, pero que otra opción nos quedaba. He cargado la mochila a mi espalda y he imitado a Iván. Trepando por los asientos, he sacado medio cuerpo fuera y la visión ha sido horrenda. Los merodeadores se extendían desde nuestra posición hasta donde se perdía la vista. Y todos se concentraban hacía un punto: nuestra posición. Era imposible salir de ahí. O al menos, imposible sin un golpe de suerte. Irguiéndome sobre la carrocería de la volcada furgona, he empuñado mi fusil y he comenzado a abrir fuego sobre todos los merodeadores que intentaban trepar. Las detonaciones de la escopeta de Iván solo cesaban cuando este recargaba nuevos cartuchos en la recámara. Era inútil disparar y disparar, jamás podríamos acabar con todos los merodeadores. Iván me ha gritado &lt;i&gt;"¡Dile a las chicas que abran la puerta y vayan subiendo mientras nosotros las cubrimos!"&lt;/i&gt;. Le he contestado &lt;i&gt;"¿Subir? ¿Para qué? ¡Si no tenemos escapatoria! ¡Para eso merece la pena que continúen seguras en el interior!"&lt;/i&gt;. Él ha replicado &lt;i&gt;"¡Pues dime tú que hacemos entonces!"&lt;/i&gt;. Mientras le propinaba una patada en la cabeza a un merodeador que estaba trepando, he comenzado a buscar desesperadamente la forma de salir de ahí. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta de que apenas a unos seis metros de nosotros, estaban las puertas del edificio de Antonio. Pero, ¿como íbamos a llegar hasta allí con tantos y tantos merodeadores rodeándonos? Jugandonos el todo por el todo. Me he dirigido a Belén, diciéndole &lt;i&gt;"¡Cuando dé un golpe a la carrocería, abrir las puertas y disparar sin cesar! ¡Cuando hayáis vaciado los cargadores, recargar y mientras bajaremos nosotros manteniendo el fuego! ¡Después, seguirnos!"&lt;/i&gt;. Ella me ha respondido un fuerte &lt;i&gt;"¡Entendido!"&lt;/i&gt;. Tras esto, me he dirigido a Iván y le he explicado el plan. Este se ha puesto ansioso por llevarlo a cabo. Cuando hemos cambiado los cargadores y ya preparados, he dado un fuerte golpe sobre la carrocería del furgón y las puertas traseras de este han comenzado a chirriar para terminar abriéndose de par en par. Todos los merodeadores allí apelotonados han comenzado a intentar entrar, pero una lluvia de disparos procedente del interior ha comenzado a barrerlos y desmembrarlos. Nosotros no hemos apoyado el fuego para conservar intactos los cargadores y así mantenerlos llenos hasta la hora de entrar nosotros en acción. No ha pasado mucho tiempo hasta que Belén y Esther han vaciado sus cargadores. La brecha que han abierto ha sido considerable y más que suficiente para bajar sin peligro. Pero no podíamos tardar mucho, ya que el hueco se estaba tapando con nuevos merodeadores. Sin pensar, hemos dado un salto y aterrizado sobre una alfombra de cadáveres. Acto seguido, nuestras armas han comenzado a escupir plomo. A nuestra espalda, las chicas han recargado y comenzado a apoyar el fuego. Poco a poco, nos hemos ido abriendo paso. Los merodeadores se nos intentaban aproximar desde todos los ángulos, pero los hemos ido rechazando a plomazo limpio. Cuando Iván ha agotado los cartuchos cargados, ha colgado el arma en su hombro y ha sacado el hacha. Con esta en una mano y la pistola en la otra, ha comenzado a arremeter contra la horda. Lentamente y con el ritmo de dispara, carga y vuelve a disparar, hemos abierto pasillo hasta las puertas del edificio. Menos mal, ¡ya que solo me quedaba un cargador lleno! Iván, de un fuerte golpe con el hacha, ha roto el cristal de una de las puertas. Este se ha hecho añicos y de un salto nos hemos metido en el interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El patio era bastante grande y dividido en dos sectores: escalera izquierda y escalera derecha. He comenzado a buscar en la mochila el walkie, que momentos antes de salir del furgón había guardado aquí. Apenas lo he encontrado cuando de nuevo nos ha tocado salir corriendo. Un gran número de merodeadores ya estaba dentro y otros muchos estaban entrando ya. Sin poder contactar con Antonio para preguntarle que escalera debíamos tomar para llegar a su casa, hemos salido a toda prisa y tomado el camino más cercano, el izquierdo. Hemos comenzado a subir por las escaleras y nos hemos detenido al llegar al quinto piso. El motivo, Esther y la niña no estaban con nosotros. Belén se ha puesto a llamarla a voces, pero ella no ha contestado. He intentado volver a bajar, pero Iván me ha detenido, diciendo &lt;i&gt;"No seas ignorante. No vas a conseguir nada bajando. Si se han quedado abajo, ya estarán muertas. Es inútil"&lt;/i&gt;. Belén se ha puesto a llorar y yo no he tenido tiempo ni para lamentarme. He sacado el walkie y he dicho &lt;i&gt;"Antonio, rápido, tenemos problemas. Necesitamos saber cual es tu piso y puerta"&lt;/i&gt;. La respuesta no se ha hecho esperar: &lt;i&gt;"¡Dios bendito! Os había dado por muertos. Noveno piso, puerta 36, escalera derecha. ¿Por qué?"&lt;/i&gt;. Al escuchar 'escalera derecha' se me ha caído el mundo encima. Vuelta otra vez para abajo. Y esta vez con el agravante de todo el patio infestado de merodeadores. Estos ya habían subido hasta el segundo piso. Hemos tenido que tirar de arma nuevamente. Sin cargadores disponibles, me he visto obligado a utilizar la pistola. La horda se aglomeraba por las escaleras y esto me ha recordado a aquel fatídico día en el hospital Clínico de Valencia. Hemos podido hacer recular a la horda hasta el primer piso y una vez aquí, nos hemos descolgado por el hueco de las escaleras. A pesar de que la altura era considerable, hemos aterrizado sin problemas. No ha habido tregua, ya que el número de merodeadores aquí no era inferior, sino todo lo contrario. Solo poniendo toda la carne en el asador y haciendo de tripas corazón, nos hemos abierto camino. Yo ya ni siquiera disparaba mi arma, sino que cogiéndola del cañón la he utilizado como si de un garrote se tratara. A golpe limpio y sin perder de vista a Belén, hemos conseguido llegar a la escalera derecha. Corriendo, hemos ido subiendo los peldaños de tres en tres. Por esta escalera también habían subido bastantes merodeadores, aunque muchos menos. Golpeando y lanzando por el hueco de la escalera a todo merodeador, nos hemos ido deshaciendo de todos los que se interponían en nuestro camino. Justo cuando hemos llegado al tercer piso, he levantado la culata de mi arma y cuando me disponía a asestar un nuevo golpe contra otro merodeador, este no ha resultado ser tal y me he quedado petrificado. Estaba sorprendido ante lo que estaban viendo mis ojos. No podía ser cierto. Tenía que ser un espejismo. Me he llevado las manos a la cara y, frotándome los ojos, he vuelto a mirar. No era una visión producto de mi mente. Esto se ha confirmado cuando la persona que tenía delante ha exclamado &lt;i&gt;"¡Lo sabía! ¡Sois vosotros! ¡Lo he sabido en cuanto te he escuchado por el walkie!"&lt;/i&gt;. Era Eduardo. Sí, habéis leído bien. El mismísimo Eduardo, mi fiel amigo y por el cual me he preocupado tanto. En su mano portaba un bate de béisbol completamente ensangrentado. No he podido evitar darle un fuerte abrazo el cual me ha correspondido y le he dicho &lt;i&gt;"Me alegro de volver a verte, amigo"&lt;/i&gt;. Su respuesta &lt;i&gt;"Y yo también a vosotros, compañeros. Ya habrá tiempo de hablar, ahora debemos subir antes de que nos alcancen los merodeadores. Arriba esta Esther y la niña que le acompaña. ¡Vamos!"&lt;/i&gt;. Segunda buena noticia. Esther y la niña están sanas y salvas. A fin de cuentas, ha valido la pena tanto sufrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más llegar al noveno piso, Eduardo ha abierto la puerta y hemos entrado rápidamente a la casa. Después, ha echado el cerrojo y parapetado la puerta con un mueble. Hemos seguido a Eduardo por un largo y ancho pasillo hasta llegar al salón. Cuando hemos llegado a este, un comedor tremendamente espacioso e iluminado por la luz que entra a través de las grandes ventanas, he visto a Esther y Marta sentadas en un sofá. De pie, junto a estas, estaba un hombre de mediana edad, rechoncho y con bigote, que ha resultado ser Antonio. Junto a Antonio, una joven de unos 17 años, de larga melena rubia que he supuesto que sería la hija de este. Antonio, al vernos, se ha acercado a nosotros y justo cuando ha comenzado a decir &lt;i&gt;"Me alegro de que estéis bien..."&lt;/i&gt;, Iván le ha propinado un fuerte empujón, gritándole &lt;i&gt;"¡Nos has enviado directos al matadero, cabrón!"&lt;/i&gt;. Antonio ha caído derribado sobre el sofá. Eduardo y yo nos hemos metido por medio mientras separábamos a Iván, que intentaba encararse con Antonio. Este se ha levantado torpemente y más blanco que la pared. Casi tartamudeando ha dicho &lt;i&gt;"Yo... yo... lo siento, de verás. No era mi intención..."&lt;/i&gt;. Eduardo ha tranquilizado a Iván a duras penas, pero lo ha conseguido. Tras este incidente, me he sentado en el sofá y me he puesto a rellenar los cargadores que he vaciado en el trascurso del día. Marta se ha sentado a mi lado y me ha ido ayudando, pasándome balas sueltas. He escuchado como Esther le contaba a Belén lo siguiente: &lt;i&gt;"Me he temido lo peor, Belén. Por momentos lo he visto todo perdido. Cuando me he dado cuenta estabais subiendo por la escalera izquierda y la niña, asustada, ha salido corriendo por la escalera contraria. La he tenido que perseguir y cuando me he hecho con ella, ya era demasiado tarde para bajar y seguiros. Estaban por todas partes. Creía que íbamos a morir hasta que ha aparecido Eduardo..."&lt;/i&gt;. Le he preguntado a Antonio si tenían electricidad y agua corriente. La respuesta ha sido negativa, como me temía. Me ha llevado a la cocina y me ha mostrado varias garrafas que han llenado con agua de las escasas lluvias. Luego me ha mostrado los pocos víveres con los que cuentan: una pata de jamón prácticamente acabada. Me ha dicho &lt;i&gt;"Con esto hemos estado subsistiendo este último mes. Apenas queda ya, así que veremos como nos la ideamos para alimentar cinco bocas más. No contaba con este desenlace, así que veremos como lo hacemos..."&lt;/i&gt;. Cierto que con la carne que queda en la pata poco vamos a hacer. Lo que esta claro es que tenemos que idear un plan para salir de aquí lo antes posible. Despues y junto a Eduardo e Iván, he salido a la terraza. La visión de la ciudad desde esta altura ha sido más que aterradora. La devastación se extiende por todos los rincones y la ancha avenida esta completamente infestada de merodeadores, todos ellos dirigiéndose y agolpándose ante las puertas del edificio. Saben que dentro hay 'comida'. Viendo todo desde esta panorámica no sé como hemos sido capaces de meternos hasta aquí con el furgón, por muy blindado que fuese. Es una locura. Y doy la razón a Iván en su opinión de que Antonio ha sido un insensato al ocultarnos con su silencio la gravedad del asunto. Sea como fuere, ya estamos aquí y tenemos que dar gracias de que no hemos tenido que lamentar ninguna baja. Ahora solo debemos centrarnos en escapar de este piso. Desde la terraza, he barajado la posibilidad de trepar a pisos superiores. He calculado la distancia entre pisos, pero Eduardo me ha dicho &lt;i&gt;"Ni te molestes. Cuando el patio era seguro, subí hasta el último piso... y nada. No hay terraza por la que se pueda huir a fincas colindantes. No quiero desalentarte, pero creo que en todo el tiempo que llevo en esta casa, he barajado y probado todas las opciones posibles"&lt;/i&gt;. No ha querido desalentarme, pero lo ha conseguido. De todas formas, alguna forma de salir de aquí tiene que haber, alguna que haya pasado por alto Eduardo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;He pasado el resto del día quebrandome la cabeza buscando una forma. Mientras, Eduardo e Iván han estado conversando y la hija de Antonio, Susana se llama, junto a Esther, han estado jugando con Marta. Yo he hecho varios viajes a la puerta de la casa para mirar por la mirilla de esta. Muy a mi pesar, he podido comprobar que el rellano y, supongo, todo el edificio, esta infestado de andantes. Por lo menos todavía no saben a que puerta deben golpear, por ello, le he dicho a los demás que hablen lo más bajo posible y que no hagan ruido. También he cerrado la puerta del salón para aislar nuestras voces. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hace tan solo unas horas que ha caído la noche. A pesar que estamos en el noveno piso, se hacen insoportables los gemidos de la horda de ahí abajo. También se oyen a los que están en la escalera. Antonio me ha dicho que ellos ya están acostumbrados a esto. Este nos ha conducido a una de las habitaciones en la que hay dos camas. La casa consta de tres habitaciones. La grande la utiliza Antonio con su hija, la segunda Eduardo y ahora Iván, y la tercera es para mi, Belén, Esther y la niña.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No creo que hoy pueda pegar ojo. Lo he intentado y como no he podido conciliar el sueño (y eso que estoy cansado), me he levantado y me encuentro en la terraza, sentado y escribiendo esta entrada. Hace frío y la horda de aquí abajo me pone de los nervios, pero aparte de que no quiero despertar a Belén y compañía con la luz del pc y el sonido de las teclas, he decidido salir para que me de el aire. No sé, puede sonar estúpido, pero quiero sentirme lo menos encerrado posible. Es como si sintiera claustrofobia ante la situación que nos encontramos. También parece ser que no soy él único que no puede dormir, ya que antes, cuando he salido de la habitación y he pasado junto a la de Antonio y su hija, he podido ver que por la junta de la puerta escapa un hilo de luz de una vela. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Bueno, creo que voy a cerrar la entrada por hoy. Ha sido un día duro y quiero ahorrar la energía de las baterías del portátil. No sé cuanto tiempo vamos a estar aquí y sin poder recargar estas. Mañana tengo muchas cosas de las que hablar con Eduardo y, porque no, con Antonio. Y también quebrarme la cabeza buscando la forma de salir de aquí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-4675049323031491728?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/4675049323031491728/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=4675049323031491728' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4675049323031491728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4675049323031491728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/01/07-01-11-desbordados-y-encerrados.html' title='+ 07-01-11 + Desbordados y encerrados'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-5583009581822399627</id><published>2011-01-06T23:33:00.000-08:00</published><updated>2011-06-28T06:04:15.718-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='religión'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombies'/><title type='text'>+ 06-01-11 + Tarragona: Ciudad abierta</title><content type='html'>Ha sido sorprendente. Después de tanto tiempo esperando, sufriendo penalidades por llegar a Reus, de hundirnos tras conocer la falsa noticia de que la ciudad había caído y la esperanzadora de que seguía intacta, hemos sido testigos de algo que nos ha dado la última inyección de moral, la cual necesitábamos en esta recta final hacía nuestro destino. Anoche, acampados en plena autovía que lleva a Tarragona y a escasos kilómetros de esta ciudad, en la lejanía la cual ya no nos es tan lejana, hemos sido testigos de la casi olvidada contaminación lumínica que prácticamente habíamos borrado de nuestras mentes. Como un eco del pasado y en profundo contraste con la apagada y muerta ciudad de Tarragona, imponente, con sus potentes luces alumbrando un horizonte oscuro, allí estaba Reus. ¿Os podéis creer que, cual hombres de las cavernas que hacen un viaje al futuro, nos hemos quedado embobados y maravillados durante minutos ante la fastuosa y radiante ciudad? Ha sido como si de un sueño se tratase. Todavía no me puedo creer que ya estamos a tan solo unos días de poner pie en tan ansiada ciudad. Hipnotizados por la ciudad, hemos comenzado a hablar y plantearnos preguntas de como sera todo allí, de si la vida continuara tal y como la conocíamos. Cuantas veces hemos hablado de esto y siempre parece que tratamos el tema por primera vez. Tan solo Iván, diciendo &lt;i&gt;"Sí, no os preocupéis. Estará todo tan podrido y repugnante como lo conocíamos"&lt;/i&gt; nos ha amargado tan maravilloso momento. Después, he rebuscado en el maletero del vehículo y he sacado unos prismáticos que llevo siempre guardado entre mis pertenencias. Con estos, he oteado la ciudad, y aunque estos prismáticos no cuentan con muchos aumentos, he podido divisar las farolas, los edificios y unos potentes focos de luz que parecen ubicados a las afueras de la ciudad, por todo el perímetro de esta. La siguiente en hacer uso de estos ha sido Belén, la cual ha quedado más fascinada aun y me ha dado un abrazo sumida en una efusiva alegría. Después de ella, los binoculares han ido pasando de mano en mano y hasta Marta, la nena, ha mirado por ellos mientras Esther le decía&lt;i&gt; "Ahí nos dirigimos, cariño. Ese será nuestro hogar, donde viviremos y podrás hacer nuevos amiguitos"&lt;/i&gt;. La nena, con una mueca de alegría y sorpresa a la vez, ha contestado &lt;i&gt;"¿Habrán más niños allí que han podido escapar de los monstruos?"&lt;/i&gt;. Ha sido enternecedor ver de nuevo a la niña alegre y contenta, cargada de esperanzas, después de todo por lo que ha sufrido. No me cabe duda de que con el tiempo y esta nueva vida, logrará volver a ser feliz y retomar su infancia donde la dejo. Tras esta situación y una vez nos hemos cansado de deleitarnos con la visión de la ciudad, nos hemos metido al vehículo con la intención de descansar. A mi, personalmente, me ha costado dormirme. Sentado en el asiento del copiloto no he podido quitar ojo de ese punto lumínico que era Reus. Si bien esa ciudad significa para nosotros la esperanza, Tarragona, que se erguía frente a nosotros, silenciosa y oscura, me ha producido escalofríos y temor con solo pensar que al día siguiente teníamos que adentrarnos y cruzar toda la ciudad para poder llegar a nuestro destino. Y no estaba equivocado en mis temores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Esta mañana, con las primeras luces del alba, me he despertado ante los insistentes zarandeos de Iván. Este, con su mano, que más que mano es una zarpa, me estaba dando empujones insistentes en el hombro mientras decía entre risas &lt;i&gt;"Erik, despierta, no te pierdas esto"&lt;/i&gt;. Yo, aturdido todavía por el sueño, le he contestado un &lt;i&gt;"¿Que sucede?"&lt;/i&gt; y he abierto los ojos con dificultad. Iván, que se reía a pierna suelta, repetía una y otra vez &lt;i&gt;"Que ridículo, mira, mira..."&lt;/i&gt; y ha sido cuando el sopor que me invadía se ha esfumado de golpe. Frente al vehículo, a unos cinco metros de nosotros, se encontraba plantado un merodeador. Este, un varón adulto y que no estaba en avanzado estado de descomposición, estaba allí parado, vestido con un estúpido pijama de osos, rasgado y cubierto de sangre seca, dando bocados al aire e intentando coger algo con las manos. Lo he observado detenidamente, extrañado por este comportamiento que nunca había visto hacer a un merodeador. Os juro que la mueca que tenía dibujada en la cara era totalmente ridícula, al igual que su aspecto y movimientos. Y no he comprendido que estaba haciendo hasta que Iván me lo ha dicho entre carcajadas y casi sin poder hablar: &lt;i&gt;"Está cazando moscas"&lt;/i&gt;. No me lo podía creer. He fijado la vista y casi estallo a reír yo también. Alrededor de su cabeza había un gran número de estos insectos revoloteando, mientras el merodeador intentaba cazarlos a mordiscos y con las manos. Iván, encanado a reír, ha comenzado a dar golpes en el volante. Belén y Esther se han despertado preguntando que pasa y cuando me disponía a explicárselo, casi se me para el corazón en seco al escuchar el claxon del coche. Por lo visto, en unos de esos golpes que Iván estaba dando al volante mientras reía, ha presionado el claxon. Automáticamente he dirigido la mirada hacía el merodeador. Este había dejado de cazar moscas y tenía su mirada carente de vida fija en nosotros. No ha tardado en levantar los brazos y dirigir su paso lento hacía nosotros. Iván, que ya había dejado de reír, ha arrancado el coche a toda prisa y de un brusco acelerón, ha puesto en movimiento el vehículo. En un primer momento he pensado que la maniobra que ha hecho era para esquivar al andante, pero no, me equivocaba. Ha buscado impactarle con el angulo derecho del coche para así evitar poner en peligro el parabrisas con un atropello frontal. Tras el impacto, el cual ha hecho que el coche se tambaleé violentamente, he podido ver por el retrovisor como el merodeador ha caído desplomado con una de las piernas destrozada. Marta, que dormía hasta el momento del impacto, se ha despertado asustada y llorando. Mientras las chicas la tranquilizaban, he retado a Iván por su acción y nos hemos visto enzarzados en una pequeña refriega. Habría aprobado su acción en un momento dado, en una situación de peligro, pero como han transcurrido las cosas, era evitable. La niña se ha dado un tremendo susto, por no hablar de que con ese golpe podía haber dañado el vehículo de mil formas. Podía haber evitado esa situación tan solo con haberse limitado a esquivarlo, pero no, él ha tenido que dejar su rubrica de esquizofrénico. Pero que más puedo esperar, si estamos hablando de Iván, que tiene sus cosas buenas y sus actos de trastornado...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tras conducir durante 20 minutos aproximadamente, hemos llegado a las mismísimas puertas de Tarragona. En contraste con la vía que conduce a la ciudad, desértico y sin un coche, esta la vía de salida, con una impresionante caravana de vehículos abandonados. Parece ser que en el último momento, la gente intento marcharse de la ciudad desesperadamente. No me quiero ni imaginar que clase de infierno se desató aquí. La visión de los coches abandonados me ha recordado a cuando estábamos en mi urbanización y desde el ático pude ver como la autovía de salida de Valencia se encontraba en similares condiciones. Parece ser que en todas las ciudades ocurrió lo mismo, la gente, en un último y desesperado intento trato de huir en busca de un lugar seguro. Lo que no sabían es que fueran donde fueran, iban a encontrar el mismo caos. Circulando por este tramo de la vía no he podido de dejar de revivir en mi mente lo que debieron ver y padecer toda esa gente que intentaba huir. Me los he podido imaginar ahí, desesperados y confusos, tocando el claxon de los vehículos esperando salir de ese atasco mientras que la ciudad era un hervidero de muerte. Los coches repletos con los enseres más esenciales y de los cuales sus dueños no habían querido dejar atrás. Las madres en el interior de los vehículos consolando a sus hijos que lloraban asustados mientras que el padre gritaba e insultaba a los conductores de delante por no avanzar... mientras que por detrás y provenientes de la ciudad, una lenta pero segura horda de muertos avanzaba con paso firme sacando a los conductores y sus familias de los coches para devorarlos... Espero estar equivocado y que eso nunca haya ocurrido, que esa gente abandonara los coches y huyera campo a través. De todas formas, no creo que llegaran muy lejos si pudieron huir a pie...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más entrar a la ciudad y dejar atrás el cartel de &lt;i&gt;"¡Bienvenidos a Tarragona!"&lt;/i&gt; nos hemos percatado realmente del estado de la ciudad. &lt;i&gt;"Tarragona es un infierno"&lt;/i&gt; fueron las palabras de Eusebio. Y esas mismas han sido las que han retumbado una y otra vez en mi cerebro esta mañana mientras observábamos el panorama que se extendía ante nuestros ojos. Creo que no hay palabras para describir toda aquella desolación. Lo primero que me ha llamado la atención ha sido una finca situada a la derecha de la avenida. La fachada de esta, a partir del cuarto piso hacía arriba, estaba completamente negra por lo que debió ser un antiguo incendio que calcino el edificio. La finca de al lado estaba en similares condiciones. Mientras observaba otros edificios me he percatado de que, colgando de las ventanas de al menos seis casas, habían sábanas roídas y desvencijadas con grandes letras que pedían ayuda. "S.O.S NECESITAMOS AYUDA", "AUXILIO, NO NOS QUEDAN VÍVERES" y "AYUDA, ENCERRADO EN MI HABITACIÓN. MI FAMILIA ESTA INFECTADA, NO PUEDO SALIR" eran algunos de los textos que estaban escritos. Mucho me temo que sus autores no han conseguido mucho con sus peticiones de ayuda. Lejos de las casas, en la carretera mismo, hemos comprobado el caos que se debió vivir en los últimos días de la ciudad. Si la autovía era un vertedero de vehículos, no podéis ni imaginaros como estaba este punto. Coches volcados, otros abandonados, colisiones múltiples, otros simplemente estampados contra arboles o escaparates... Y como no, cadáveres por todos los lados. Bajo los coches, en medio de la carretera, a los pies de los edificios... Esto es algo que me ha extrañado bastante, ya que si se supone que todos los seres humanos, al morir de la forma que sea, nos reanimamos, ¿que narices hacen todos esos cadáveres esqueléticos por ahí desperdigados? Supongo que la respuesta será que se trata de merodeadores abatidos por el ejercito o por otros grupos de sobrevivientes (he visto numerosos casquillos de bala tirados por el suelo), así como de atropellados el día que se desencadeno el caos y algún que otro pobre desdichado desesperado que se suicido arrojándose desde la terraza de su casa. Sea como fuere, no importa mucho a estas alturas, solo era una simple curiosidad. Lo que si ha importado e importa son el otro tipo de cadáveres, los que se mueven. Y si de los primeros había un gran número, de estos hay el doble. Vagando por todos los lados, entre los coches, por las aceras, por en medio de la carretera... por todos los lados. Y todos con un denominador común: su ansiedad al vernos. A nuestro paso, todos los merodeadores que se han percatado de nuestra presencia en el vehículo, han dirigido su rumbo hacia nosotros. Al principio, esto ha sido sostenible, ya que eran merodeadores aislados los que se han interesado por nosotros y circulando a poca velocidad los hemos podido dejar atrás, pero solo con el transcurso de los minutos y cuando uno salido de la nada se ha abalanzado sobre nuestro parabrisas, nos hemos percatado de la gravedad de la situación. Tras nuestro vehículo y como si siguieran una estela invisible dejada por este, decenas y decenas de merodeadores nos perseguían a paso lento pero seguro. Esto nos ha metido el nerviosismo en el cuerpo e Iván ha aligerado el paso. La desesperación no nos ha asaltado hasta que nuestro avance ha sido detenido por un amasijo de coches colisionados entre si y una gigantesca palmera derribada sobre el asfalto. Iván ha intentado corregir el rumbo dando marcha atrás en busca de una vía alternativa. Ha intentado meterse por una calle, pero nada más asomarnos por esta hemos visto que era intransitable. El motivo, el derrumbamiento de la fachada de una finca, que había llenado la calle de escombros, sepultando todo a su paso. A toda velocidad ha salido de esta y ha buscado otra calle, pero entre los coches abandonados, los derrumbes y el mobiliario destrozado nos ha sido imposible. Parados en plena avenida y extendiéndose ante nosotros esa gran cantidad de merodeadores, Iván ha dicho: &lt;i&gt;"Dos opciones tenemos. Irnos por donde hemos venido o continuar a pie. Tú decides, Erik"&lt;/i&gt;. Esther ha protestado ante estas palabras, diciendo que no es justo que esta decisión la tome yo solo. Yo apenas he prestado atención a su protesta, ya que en ese momento habían cosas más importantes que enzarzarnos en una absurda discusión con tantos merodeadores dirigiendo su rumbo hacía nosotros. He contestado lo siguiente: &lt;i&gt;"Continuamos a pie"&lt;/i&gt;. La segunda réplica de Esther no ha tardado en aparecer, la cual ha dicho &lt;i&gt;"Me niego. La niña y yo no bajamos del coche. Continuar a pie es una locura"&lt;/i&gt;, pero Belén la ha convencido diciendo &lt;i&gt;"Esther, confiemos en Erik. Él sabe lo que se hace y lo ha demostrado hasta ahora. Tenemos armas y la experiencia suficiente para movernos sin llamar mucho la atención. Marta estará a salvo mientras permanezcamos unidos. No te preocupes"&lt;/i&gt;. Esther, aunque algo reticente, ha aceptado y seguidamente se ha puesto a decirle a la niña &lt;i&gt;"Cariño, pase lo que pase, no te asustes. No te separes de mi lado en ningún momento y no me sueltes del pantalón, ¿vale? Será como un juego. El juego consiste en hacer el menor ruido posible para que los monstruos no nos vean, y si lo hacen, no tengas miedo porque no te pueden hacer nada estando nosotros contigo..."&lt;/i&gt;. Mientras Esther le explicaba, Iván me ha dicho &lt;i&gt;"Bien, el plan es el siguiente. Sacáis los trastos más esenciales del maletero mientras yo me encargo de despistar a los merodeadores con un cebo que se me acaba de ocurrir. Después, saltamos la palmera, trepamos por encima los coches y continuamos a pie avenida arriba, hasta que la carretera este más despejada y podamos agenciarnos otro carro. Y todo esto sin disparar una bala, ¿seréis capaces?"&lt;/i&gt;. Mi respuesta ha sido ponerme manos a la obra. He abierto la puerta del coche y empuñando mi arma me he dirigido al maletero. Esther con la niña y Belén me han seguido. Hemos abierto el maletero y comenzado a sacar los trastos más útiles. Los mapas, las mochilas con la munición y la de los víveres, los prismáticos, el walkie... Hemos dejado todo aquello que no nos era esencial y después de cargarnos con todos los trastos, hemos cerrado el maletero. La siguiente imagen que han visto mis ojos ha sido el reguero de merodeadores que se nos acercaba. Algunos de ellos ya estaban bastante cerca. Iván estaba de rodillas en el suelo con medio cuerpo en el interior del coche, para ser exactos, en el habitáculo del conductor. Al acercarme para ver que hacía he comprendido cual era el cebo del cual hablaba. Después de enderezar el volante, ha embragado con una mano y ha puesto primera en el cambio de marchas. Acto seguido, ha tumbado una gran y pesada piedra sobre el acelerador, la cual debió cogerla en el mismo momento que nosotros estábamos sacando las cosas del maletero, y el motor del vehículo se ha revolucionado. Tras hacer esto, se ha puesto de pie con todavía la mano pulsando el embrague y de un salto, se ha alejado del coche. Este ha salido de estampida hacía los merodeadores mientras incrementaba la velocidad por momentos. Cuando ha llegado a la altura de los primeros andantes, se ha llevado a uno por delante, a dos, a tres, a cinco, a ocho... y así hasta terminar desviándose a la derecha y estrellándose a toda velocidad contra otro vehículo. El ruido ha sido colosal y el coche ha terminado volcado de lateral mientras una densa humareda salía del motor. Lo mejor de todo, que el plan de Iván ha salido a la perfección. Todos los merodeadores que nos seguían, ahora habían cambiado su rumbo dirección al vehículo. Era como si pensaran que seguíamos en el interior y no allí plantados observando la situación. Iván ha dicho &lt;i&gt;"Vamos, ahora que están distraídos es el momento. Son estúpidos pero no tardarán en darse cuenta de que allí dentro no hay nadie"&lt;/i&gt;. Nada más terminar la frase, nos hemos puesto manos a la obra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras saltar la palmera y sin parar de mirar atrás para ver si alguno nos seguía, hemos comenzado a trepar por la pequeña montaña de coches. Yo he sido el primero y he ayudado a Esther a subir a la niña. Después ha subido Belén, Esther y, por último, Iván. Se ha hecho difícil transitar por el techo de los vehículos cargados con las armas y las mochilas, pero lo hemos podido hacer sin perder el equilibrio. Hemos caminado sobre estos y cuando por fin hemos encontrado una zona despejada, hemos bajado sin dificultades. Lo hemos hecho en pleno de una rotonda con una gran estatua. Una farola de gran tamaño estaba tumbada sobre este gran monolito de arte moderno, el cual se había partido. Esquivando este destrozo, hemos bajado de nuevo a la calzada y comenzado a andar escondiéndonos entre los coches. No hemos parado a descansar hasta que no hemos llegado a una zona segura y lo suficiente escondida a los merodeadores como ha sido entre varios coches y un autobús de turistas. Mientras recobrábamos el aliento, Belén ha preguntado como pensábamos orientarnos para llegar hasta la salida Tarragona-Reus. Ha sido Iván quién ha contestado &lt;i&gt;"Por instinto, no nos queda otra. No tenemos el puto mapa de las calles de Tarragona, solo sabemos que la salida esta situada al oeste de la ciudad. A pie será imposible llegar, tendremos que buscar un coche, pero con las calles así de colapsadas, tampoco podremos circular. Así que por el momento no nos queda otra que patear y no ser vistos"&lt;/i&gt;. Esther, que estaba ubicada en un extremo del autobús, ha asomado la cabeza y se ha girado rápidamente con la cara desencajada. La niña ha intentado asomarse también, pero Esther se lo ha impedido. Esa cara solo podía significar una cosa. Nos hemos acercado rápidamente y asomado la cabeza a ver que había. Casi me quedo sin habla. En la gran avenida que se extendía y por la cual teníamos que transitar, entre un mar de más y más coches, se podían ver por todos los lados, vagando, centenares de merodeadores. Unos en grupos y otros solitarios, pero por todas partes. Me disponía a ocultarme de nuevo cuando he podido ver una pierna asomando desde detrás del autobús, tendida en el suelo. Al principio, he pensado que se trataba de un cadáver allí tirado, pero debía asegurarme y me he asomado sigilosamente. Muy equivocado estaba, ya que lo que pensaba que era un cadáver, sí, lo era, pero no de los inmóviles. Allí, sentado y apoyado en la carrocería trasera del autobús, con aspecto cadavérico y rodeado de moscas, había un merodeador. Este, moviendo ligeramente la cabeza y abriendo y cerrando la boca intermitentemente, yacía allí sin percatarse de nuestra presencia. Iván ha empuñado el hacha con intención de salir a por él, pero yo le he hecho un gesto de que no. Ha obedecido. Mientras les hacía un gesto de silencio con el dedo y otro de que me siguieran, me he tumbado en el suelo y he comenzado a reptar por debajo del autobús. Todos me han imitado. Cuando he llegado al otro lado y fuera del perímetro de visión del merodeador, he corrido hasta refugiarme entre dos vehículos. Desde ahí he vigilado empuñando mi arma que los demás no tuvieran problemas para seguirme. Tras esto hemos comenzado la ardua tarea de continuar la marcha bordeando la zona sin ser vistos. Solo hemos sido descubiertos por un merodeador, pero este no ha supuesto ningún peligro ya que estaba atrapado en un coche que permanecía con las ventanillas cerradas. Al pasar por al lado y mientras este arañaba los cristales, me ha impactado ver que en el asiento trasero habían dos cadáveres ya devorados e irreconocibles con el cinturón de seguridad todavía puesto. Lo peor, es que esos dos cadáveres debieron pertenecer... a dos niños. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La marcha ha continuado sin incidencias, ocultos entre los vehículos y ajenos a los ojos de los merodeadores. Pero la cosa se ha complicado en cuanto nos hemos desviado de la avenida para internarnos en una amplia calle. Esta, sin apenas vehículos, estaba desierta de merodeadores. Al menos, aparentemente. Tras comenzar a transitar esta y con todos los sentidos puestos en nuestro alrededor, ha tenido lugar el trágico fallo que casi nos lleva a la muerte. Ha sido cuando hemos pasado junto a un cadáver que permanecía tendido en medio de la calle. En un principio, este era uno más de tantos que hemos visto desperdigados por la ciudad. Quién iba a imaginar que solo estaba sumido en un letargo del que justo a despertado cuando hemos pasado junto a él. Este, al sentirnos cerca, ha levantado la cabeza tan rápido que ha parecido que se la ha propulsado un resorte. Emitiendo un seco gemido y con un movimiento fugaz, ha extendido el brazo y agarrado del tobillo a la persona que tenía más próxima: Marta. La niña, que en todo momento había comprendido el rol a seguir, lo ha olvidado por unos instantes y terriblemente asustada, ha emitido un grito tan sumamente estridente, que se debe de haber escuchado en toda Tarragona. Esther le ha tapado la boca a toda prisa mientras la niña luchaba por soltarse de la mano del merodeador. Iván ha sacado el hacha y ha dejado caer el filo de este sobre el brazo y la cabeza del infectado, en este mismo orden. La cabeza se le ha hecho trizas. Acto seguido, ha dedicado unas palabras sumamente esperanzadoras: &lt;i&gt;"Estamos jodidos. Ahora ya saben cual es nuestra ubicación. Más nos vale desaparecer de aquí a toda prisa"&lt;/i&gt;. Y lo peor es que ha tenido razón. No ha terminado la frase siquiera, cuando por delante nuestra, procedentes de una travesía, han aparecido varios merodeadores con paso tambaleante. Hemos intentado retroceder, pero apenas hemos transitado unos metros cuando han hecho aparición un buen número de merodeadores por este tramo también. Estábamos en una ratonera y no nos ha quedado más remedio que abandonar el plan de no disparar nuestras armas. Después de cotejar cual era el mejor camino a tomar, nos hemos decantado por retroceder rumbo a la avenida. El motivo, una diferencia de seis merodeadores y que más vale malo conocido. He ajustado el alza de mi arma y comenzado a hacer blancos. Con el arma en fuego semiautomático he derribado a la primera a tres merodeadores. El cuarto, un gordo vestido con uniforme de gasolinera, ha resistido más y ha caído al cuarto disparo. Mis compañeros se han ocupado mientras del resto. Tras esto, nos hemos lanzado a la carrera mientras Iván abría fuego contra los nuevos merodeadores que hacían aparición en la calle. Nada más salir a la avenida, nos ha golpeado la desalentadora situación. Desde todos los puntos, desde todos los rincones, habían merodeadores dirigiendo su paso hacia nosotros. Y algunos de ellos desde posiciones muy cercanas. Desesperado, he preguntado que opción teníamos. Iván, con una mueca de preocupación que nunca antes he visto en su rostro, ha exclamado &lt;i&gt;"Correr. Correr y buscar refugio cuanto antes"&lt;/i&gt;. Predicando con el ejemplo, ha salido de estampida. Belén y Esther, todavía quietas, permanecían horrorizadas contemplando la marea de merodeadores que se nos venían encima. Hasta que no he cogido a Marta en brazos y les he gritado que reaccionaran, no han emprendido la marcha. Encabezando la maratón y tan solo a unos metros de nosotros, iba Iván, mientras que yo, con la niña en brazos, me he mantenido detrás de Belén y Esther, en la retaguardia. La carrera no ha sido nada fácil, ya que no hemos parado de sortear coches y de saltar mobiliario urbano, mientras que abríamos fuego contra todo merodeador que se ha interpuesto en nuestro camino. En un abrir y cerrar de ojos nos hemos alejado de aquella zona, pero no hemos aminorado la marcha, ya que por todas partes habían nuevos merodeadores clavando sus ojos en nosotros. Y así iba a ser hasta que no desapareciéramos de la avenida. Mientras le hablaba a la niña para tranquilizarla, en mi cabeza no he parado de repetir &lt;i&gt;"Iván, por lo que más quieras, sal de esta puta avenida YA"&lt;/i&gt;. Ha sido como si me hubiese escuchado. Pero no ha hecho exactamente lo que deseaba en ese momento. De repente, ha frenado en seco y se ha ocultado agachándose tras un coche. Mientras nosotros llegábamos a su posición, nos ha comenzado a hacer gestos de que lo imitásemos. Así lo hemos hecho. Justo cuando he llegado a su lado, le he preguntado &lt;i&gt;"¿Que intentas hacer...?"&lt;/i&gt;. No me ha dejado terminar. Sin apenas hacerme caso, ha comenzado a andar de cuclillas en dirección a la fachada de la finca más próxima. Cuando ha llegado a esta, se ha dirigido a la puerta de un gran comercio allí ubicado. Un gran almacén-tienda de joyería. La puerta estaba entreabierta y solo le ha bastado empujarla levemente. Después, se ha internado en esta y se ha perdido en el umbral de la puerta. Yo he instigado a Belén y a Esther a hacer lo mismo y, tras entrar, he cerrado la puerta lentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La joyería ha resultado ser inmensa. Una gran sala repleta de mostradores, estanterías de cristal blindado y expositores. El lugar estaba oscuro e iluminado solo por la luz que entraba por el escaparate y la puerta. A pesar de esto, me he percatado de algo curioso, y es que me ha llamado la atención que gran parte de la joyería, sobretodo por la zona central, el suelo estaba lleno de billetes desperdigados. A pocos metros de mi, dos cajas registradoras reventadas contra el suelo. Debieron saquear esta joyería hace tiempo. Se nota sobretodo porque la mayoría de las estanterías y expositores blindados están abiertos y vacíos. Algunos otros seguían cerrados pero con los cristales con evidentes signos de haber sido golpeados. Con la niña todavía en brazos, he andado unos pasos junto a Belén y he visto a Iván realizar un rápido movimiento seguido de un sonido seco y acuoso. Un cuerpo ha caído derribado. Por lo visto, había un merodeador que no hemos visto y del cual Iván se ha encargado haciendo uso del hacha. La voz de Esther nos ha terminado de alarmar. Asustada y en voz baja, nos ha dicho &lt;i&gt;"Están en la puerta, ¡esconderos!"&lt;/i&gt;. Ni siquiera me he girado para comprobarlo. Con la niña a cuestas he empujado a Belén y hemos corrido tras un mostrador. Iván, empuñando el hacha, se ha ocultado tras una estantería y Esther ha permanecido agazapada tras unas cajas. Oculto tras el mostrador y fatigado, le he pasado la niña a Belén y, empuñando el arma, he asomado ligeramente la cabeza temiendo lo peor. Y en efecto, ahí estaban. En el exterior, cerca de la puerta habían unos tres, y diseminados a lo largo de los escaparates, unos cinco merodeadores. En esos instantes me he consolado pensando en que la puerta estaba cerrada y que los cristales son blindados. Han comenzado a merodear por la acera del comercio. Era como si nos buscaran, como si intentarán averiguar que rumbo habíamos tomado. Tres de ellos han desaparecido de mi campo de visión, posiblemente han desistido en la búsqueda. Otro de ellos, ha permanecido quieto y tambaleante a un metro de la puerta. Los otros han seguido rondando y uno de ellos... ay ese hijo de la gran p... Este, un viejo escuálido y de gran estatura, se ha quedado mirando al interior del comercio. Ha permanecido así durante unos segundos que se me han hecho eternos. Después, ha dado un primer paso hacía la puerta. He empuñando fuertemente el arma mientras en mi cabeza he comenzado a tranquilizarme a mi mismo diciendo &lt;i&gt;"Esta cerrada, no puede entrar. Es imposible que lo consiga"&lt;/i&gt;. El merodeador ha dado un segundo paso. &lt;i&gt;"Este va a ser quién nos descubra. Como siga, va a terminar delatando nuestra posición a todos los de la avenida"&lt;/i&gt;. Tercero. &lt;i&gt;"En el momento comience a golpear la puerta, todos los de su alrededor se interesarán y harán lo mismo"&lt;/i&gt;. Cuarto y ya ante la puerta. &lt;i&gt;"Estamos jodidos"&lt;/i&gt;. En este momento ha sido cuando ha acercado la cabeza al cristal y ha comenzado a mirar detenidamente el interior. No he podido evitar agachar ligeramente la cabeza. He aguardado oculto unos segundos, pero no he podido resistir volver a asomarme. Este continuaba en la puerta y oteando el interior como si esperase descubrir el más mínimo movimiento para intentar entrar. Casi me da algo cuando ha separado la cabeza del cristal y lentamente ha subido las manos, para después, intentar empujar la puerta torpemente. El primer intento ha sido leve, con una mano y cuanto apenas ha golpeado la puerta. El siguiente, algo más fuerte. El tercero, con ambas manos y el golpe ha resonado hasta nuestra posición. He podido ver como Iván agarraba con dos manos el hacha, preparándose para recibirlo. Cuarto golpe. Este ha sido de la misma intensidad que el anterior. El otro merodeador que permanecía quieto y de espaldas se ha girado, interesándose por el ruido. Quinto golpe, más fuerte y ha hecho temblar la puerta. El otro merodeador se ha girado y ha comenzado a dirigir su rumbo hacía la puerta. Los demás merodeadores han comenzado a interesarse por la tarea de su "compañero". El corazón se me ha desbocado ante la situación. El merodeador ha retrocedido un paso y, tambaleándose, con las manos en alto, se ha preparado para arremeter el siguiente golpe con aun más fuerza. Pero ese instante ha sido decisivo. Un sonido lejano se ha dejado oír y el merodeador se ha frenado, girando la cabeza. Dicho sonido se ha repetido un par de veces más, esta vez más claros y cercanos. Eran unos ladridos. Había un perro en el exterior. Todos los merodeadores, incluido el que golpeaba la puerta, se han girado y han dirigido su rumbo hacía el mismo punto. A paso ligero y con los brazos extendidos, han desaparecido. Al escuchar los ladridos, no he podido evitar pensar en Thor. Ha sido, por unos instantes, como si el perro que ladraba fuera él, como si él hubiese hecho aparición para salvarnos el pellejo una vez más. Y encima, el tono del ladrido. Os juro que era idéntico. Sino fuese porque yo lo vi morir ante mis ojos, afirmaría que esos ladridos eran suyos y que nos ha seguido hasta Tarragona. Pero lamentablemente eso es imposible... Sea como fuere, un perro que ha pasado casualmente por ahí o bien Thor echándonos un último cable desde el más allá, hemos salido airosos por los pelos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hemos permanecido ocultos el resto del día. Después de cerciorarnos de que la trastienda estaba despejada de indeseables y de parapetar la puerta, nos hemos resguardado en esta primera. Aquí, por lo menos, estamos a salvo de más merodeadores curiosos. Iván se ha pasado prácticamente todo el santo día forzando las cerraduras de los expositores que aun conservaban joyas. Aunque sea uno más de nosotros, no olvidemos su pasado en el "Skull korps". Por aquel entonces debió ser muy dado al saqueo. El resultado es que ha abierto dos de los expositores y ha llenado su mochila de cadenas de oro y anillos. Ha querido compartir su botín con nosotros, pero lo hemos rechazado. ¿Para que narices quiero yo eso si hoy en día tiene el mismo valor que un trozo de papel? Por lo menos, ha tenido un pequeño detalle que me ha gustado. De entre las joyas de su mochila ha sacado una y con un intento de poner voz simpática, se ha dirigido a Marta, diciéndole: &lt;i&gt;"Pequeñaja, tengo un regalo para ti. Ven". &lt;/i&gt;La niña nos ha mirado indecisa y no ha hecho caso a las palabras de Iván. Era como si le tuviese miedo. Nosotros la hemos animado a ir, diciéndole, entre risas: &lt;i&gt;"Ves, cariño, que aunque lo veas tan grande y tan malo, en el fondo es un trozo de pan"&lt;/i&gt;. Tras nuestro beneplácito, la niña se ha atrevido y ha avanzado a pequeños pasos. Iván le ha dicho &lt;i&gt;"Más deprisa o ¡saldré fuera y le daré tu regalo al primer merodeador que vea!"&lt;/i&gt;. La nena ha agilizado el paso y cuando ha llegado frente a Iván, este ha sacado de su mano una pequeña cadenita de oro con un colgante y se la ha puesto en el cuello a Marta. Esta ha cogido el colgante y después de observarlo, ha corrido a enseñárnoslo mientras sonreía. Sosteniéndolo con su pequeña manita, nos ha mostrado el colgante. Era un pequeño delfín de oro. La niña ha estado como loca con el regalo de Iván hasta que ha caído la noche y se ha dormido. Que fácil es a veces hacer olvidar por unos instantes a una niña todo lo malo que ha visto hasta el momento. ¡Quién fuese niño!&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nos hemos dormido pronto. Sobre las 22:00 y tras establecer las guardias, hemos caído rendidos. Iván ha sido el primero en realizar la primera guardia y yo he caído rendido en seguida. Estaba soñando, ¡por primera vez en mucho tiempo!, con algo normal. No habían merodeadores en mi sueño, ni muertos, ni nada semejante. En el sueño me encontraba sentado en una terraza de un bar, frente a mi querida playa de Valencia, tomándome una cerveza y viendo a la gente pasar, con sus toallas, sus sombrillas, con el sol brillando en lo alto... ¡Que bonito sueño! ¡Quién pudiera vivir en él y no en esta maldita realidad! De esto hace tan solo unas horas. Que pena que Iván, el cual me estaba llamando, me haya arrancado de este sueño. Al principio, me he despertado sobresaltado, pensando que el motivo de la llamada de Iván era que los merodeadores habían entrado a la joyería. Pero gracias a Dios, no era eso. Iván me ha puesto el walkie delante de mis morros y me ha dicho&lt;i&gt; "Escucha. Al otro lado están los de la señal que captamos hace unos días"&lt;/i&gt;. Del walkie ha salido una voz, diciendo: &lt;i&gt;"¿Hola? ¿Quién esta al otro lado?"&lt;/i&gt;. No he podido evitar incorporarme de un salto y decirle a Iván que contestará. Iván ha respondido a la llamada diciendo &lt;i&gt;"¿Me escuchas? Identificate si me oyes"&lt;/i&gt;. Una respuesta demasiado brusca a mi modo de ver. Pero que se puede esperar de Iván. A pesar de esto, la voz masculina ha contestado, identificándose. &lt;i&gt;"¡Por fin! ¡Alguien al otro lado! No sabes cuanto tiempo llevo intentando ponerme en contacto con alguien mediante este viejo trasto. Me llamo Antonio Reverte. ¿Y tú? ¿Cuantos sois? ¿O estas solo?"&lt;/i&gt;. Iván, en su linea: &lt;i&gt;"Demasiadas preguntas haces para no conocernos. Creo que eso es una información que me voy a reservar. En los tiempos que corren, no es muy recomendable ir facilitando esa clase de información. Dime que quieres"&lt;/i&gt;. El tal Antonio ha replicado &lt;i&gt;"Vaya... Nunca me imaginé que cuando estableciera contacto con alguien sería así. No sé que decir... Quizá tengas razón y yo tampoco deba facilitarte más información de la que ya te he facilitado"&lt;/i&gt;. He mirado a Iván y le he dicho &lt;i&gt;"¿Que coño haces? Deja de tener esa actitud..."&lt;/i&gt;. Este me ha hecho caso omiso y ha contestado a Antonio &lt;i&gt;"Ok. Me parece justo. Suerte"&lt;/i&gt;. Este chico, definitivamente, es tonto. Le he reprochado su actuación y Belén me ha apoyado. Su contestación: &lt;i&gt;"No nos podemos arriesgar. No sabemos quién es y que quiere. Además, en el caso que quiera ayuda, nosotros no nos encontramos en el mejor momento"&lt;/i&gt;. El walkie ha sonado de nuevo. &lt;i&gt;"Mira, quizá esto sea una locura. Tú no tienes mucha pinta de mover un dedo por nosotros y quizá tampoco seas de fiar, pero haré caso a mi hija y aprovecharé esta última oportunidad que se nos ha presentado. No nos podemos permitir el lujo de seguir intentando buscar a otra persona con la que contactar. Te comento. Nos estamos quedando sin víveres. Apenas nos queda comida, pero aun nos queda menos agua. No sé cuantos días más podemos aguantar así. Necesitamos salir de aquí cuanto antes, pero no lo podemos hacer solos. Necesitamos ayuda para hacerlo. El problema reside que ante las puertas de nuestra finca, hay un gran número de esas cosas y es imposible salir. Solo necesitaríamos que tú, con un vehículo pesado, despejes la zona. ¿Qué me dices? Te lo puedo recompensar"&lt;/i&gt;. Iván se ha dirigido el walkie a la boca y se ha preparado a soltar una sonora negativa. Pero yo le he mirado fijamente y he dicho entre dientes &lt;i&gt;"Podemos intentarlo..."&lt;/i&gt;. Ha permanecido durante unos segundos en silencio y sin quitarme la mirada. Al final, ha dicho &lt;i&gt;"Pero que mierda eres, Erik. Sor Erik te voy a llamar a partir de hoy"&lt;/i&gt; y ha respondido finalmente por walkie &lt;i&gt;"Veré que se puede hacer. Dime cual es tu posición"&lt;/i&gt;. La efusiva contestación de Antonio no se ha hecho esperar &lt;i&gt;"¡Perfecto! ¡Gracias, gracias! No sabes cuanto te lo agradezco. Mira, nos encontramos en un edificio llamado Gran Torre del Sol. Es un edificio bastante grande, el más alto de la zona. Esta situado al final de la gran avenida que hay nada más entrar a Tarragona por la autovía principal. De todas formas, aunque no sé en que posición te encuentras, voy a disparar una bengala desde la ventana. Si estas cerca, estate atento"&lt;/i&gt;. Al escuchar esto, Iván y yo nos hemos levantado rápidamente y hemos salido de la trastienda dirección a la puerta de la joyería. Primero nos hemos cerciorado de que en la puerta no había ningún merodeador. Al comprobar que no había ninguno en la puerta, nos hemos acercado a esta, la hemos abierto muy despacio y hemos salido, agachados, al exterior. El aire fresco nocturno me ha acariciado la cara. Hemos aguardado unos segundos sin parar de vigilar nuestro alrededor. La esperada bengala no ha tardado en hacer aparición. Avenida abajo, en la lejanía, se ha erguido hacia el cielo una potente luz roja. Todos lo merodeadores que teníamos cerca de nuestra posición se han quedado observando la luz, como hipnotizados. Acto seguido, han comenzado a andar en dirección a esta. Nosotros no hemos tardado en ocultarnos de nuevo en el comercio. Me he dirigido a Iván, diciéndole &lt;i&gt;"La puta bengala estará atrayendo a todos los merodeadores a la zona"&lt;/i&gt;. Su respuesta &lt;i&gt;"Es lo que hay, Sor Erik"&lt;/i&gt;. Capullo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace tan solo unas horas que hemos acordado con Antonio que mañana a primera hora iremos e intentaremos despejar la puerta principal de su edificio, que prepare todas sus pertenencias para salir pitando de la casa. Él ha recalcado que hagamos uso de un gran vehículo, que no utilicemos un utilitario común. ¿Tantos merodeadores hay en su zona? Que locura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-5583009581822399627?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/5583009581822399627/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=5583009581822399627' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5583009581822399627'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5583009581822399627'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/01/06-01-11-tarragona-ciudad-abierta.html' title='+ 06-01-11 + Tarragona: Ciudad abierta'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-1493285688446318947</id><published>2011-01-02T22:39:00.000-08:00</published><updated>2011-06-01T06:57:54.870-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='religión'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><title type='text'>+ 02-01-11 + Desolación y muerte</title><content type='html'>Hemos pasado por multitud de calamidades, pero ninguna se asemeja a esta. Este último varapalo nos ha dejado tambaleando. Con tres compañeros que nos han dejado y Eduardo en paradero desconocido, esto se esta haciendo insoportable. Después de todo lo que ha ocurrido, no me siento el mismo. Y eso que deje de ser yo mismo hace tiempo. Con el fuerte pilar a mi lado que simbolizaba Eduardo y con el pesar de ver morir, nuevamente, a unos compañeros, estoy totalmente fuera de mi, ausente, perdido. Belén no es una excepción. Esta derrumbada, hecha trizas. Esther, tres cuartos de lo mismo. Yo intento centrarme, ya que no nos podemos permitir el lujo de bajar la guardia. Pero aún así, siendo consciente de esto, me resulta imposible. Iván no para de pedirme que me centre, que vuelva a ser yo. Aun con sus reproches, no lo consigo. Ahora me estoy dando cuenta de que todo el peso del grupo ha caído sobre él. Él es quién esta decidiendo las rutas a seguir, que carreteras tomar y cuales no, donde hacer noche y, como no, dirigir el filo de su hacha en beneficio de todos. Esta mañana, si no llega a ser por él y por su rápida reacción, ahora mismo tendría la garganta arrancada por un mordisco de merodeador. La verdad, esto es un verdadero desastre. Si al menos estuviera Eduardo aquí para ayudar a Iván a llevar las riendas... todo sería más llevadero. Pero no, no esta y no me hago la idea de que posiblemente jamás volveremos a verlo. Eduardo siempre ha sido un tío sensato y precavido, por lo que aún a estas alturas de su ausencia, me cuesta pensar que su desaparición se deba a que esta muerto. Conociéndolo como lo conozco, se que allá a donde se ha dirigido, lo ha hecho tomando rutas seguras y evitando a cualquier grupo numeroso de merodeadores. Entonces, ¿en que ha podido fallar? ¿por qué no ha vuelto cuando tocaba? Creo que lo mejor es que me termine de hacer la idea de que jamás lo volveremos a ver. Es duro, sobretodo porque se trata de un buen amigo que lo hemos perdido por mi culpa y, por lo cual, me siento más hundido todavía. Pero después de perder a María, Hans y Elena, no me queda más remedio que añadir a la lista a Eduardo. Con todo el dolor de mi corazón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy mismo y por el calendario del pc, me he enterado de que hemos entrado en el 2011. Para ser exactos, día 2 de Enero. Algo que tiempo atrás no habría pasado desapercibido, ahora nos la suda por todo lo alto. Curioso. Y ahora me pregunto yo, ¿habrá algún lugar en el mundo ajeno a todo esto? ¿algún lugar donde se haya podido celebrar el fin de año como lo hacíamos en el pasado? Es una pregunta chorra, lo reconozco, pero es lo primero que me ha venido a la mente nada más ver la fecha en el calendario. He pensado en Reus, pero no creo que los que allí resistan tengan muchas ganas de celebrar nada. Yo tengo una opinión al respecto, y es que estoy casi seguro de que en algún lugar, no me preguntéis donde, toda esta mierda no ha llegado. Una isla alejada, un país que ha podido resistir y cerrar sus fronteras a cal y canto. No sé, algún sitio tiene que haber. O al menos, eso quiero pensar.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Volviendo al tema, hoy ha ocurrido algo que destacar. Y es que los problemas siempre vienen precedidos de más problemas y así sucesivamente. No sé que hora sería, las 13:00 más o menos, cuando nos encontrábamos circulando con el vehículo con Iván al volante. Este ha decidido hacer una parada para descansar y revisar la ruta en los mapas. Hemos salido del vehículo a estirar las piernas y, mientras Iván buscaba la ruta a seguir en el mapa, yo me he sentado encima del capó del vehículo y me he sumergido en pensamientos. He permanecido así unos escasos minutos, ya que cuando me he dado cuenta de en donde tenía clavada la mirada he despertado automáticamente. A varios metros de nosotros había un gran cartel de autovía en el que se señalizaba la próxima salida: &lt;span class="Apple-style-span" style="line-height: 20px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  &gt;Mont-Roig del Camp&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;. Yo ya había estado aquí. No sé si recordaréis que el refugio del fallecido Eusebio y su familia se encuentra por esta zona. Se nos estaba presentando la oportunidad de conseguir armas y algo de víveres, una oportunidad que no se presenta siempre. Cuando se lo he comentado a Iván, este casi me da un abrazo de lo contento que se ha puesto. Después de darme una palmada y felicitarme, no hemos tardado nada en subir al vehículo y ponernos en marcha por esta salida. Como la última vez que transité por esta carretera, hemos llegado a la glorieta de la estatua, donde se encontraba el merodeador atado. Este aun se encontraba allí, inmovilizado por su ataduras. A diferencia de cuando llegué yo, esta vez se encontraba despierto y atento a todo lo que estaba ocurriendo delante de sus ojos. No nos ha quitado ojo en todo el rato que hemos permanecido allí. La moto que utilicé para llegar hasta aquí todavía sigue donde yo la dejé, con la pequeña diferencia que se encuentra cubierta de polvo. Después de observar la zona desde dentro del coche, le he dicho a Iván que apagase el motor ya que la otra parte del camino la íbamos a realizar a pie. Cuando me ha hecho caso y ha parado el vehículo, hemos bajado de este. Después de sortear los parapetos que Eusebio puso en su día y dirigirnos hasta la fábrica donde me asaltaron los niños, he comenzado la ardua tarea de recordar el camino exacto al 'bunker' de la familia de Eusebio. Ha sido algo difícil, ya que él me condujo desde aquí con los ojos tapados, pero fijándome en los parajes y recordando algunas partes del camino que transité cuando me marché de allí, he conseguido ubicar el refugio. En cuanto he divisado la zona y he ubicado la casa que se encuentra junto al refugio, Iván se ha puesto en la vanguardia empuñando el hacha y a paso ligero nos hemos dirigido hacia allí. En la lejanía y dispersos por diferentes zonas del campo se encontraban algunos merodeadores. La mayoría de estos no se han percatado de nuestra presencia, por lo cual han seguido merodeando tambaleantes, sin rumbo. En cuanto hemos llegado a la puerta del refugio, he llamado tres veces a esta y he dicho&lt;i&gt; "¡Andrés! ¡Soy Erik! ¡He vuelto con mis compañeros y necesitamos que nos ayudéis!"&lt;/i&gt;. La respuesta ha sido muy clara: un rotundo silencio. He repetido la misma operación al menos dos veces más, pero la respuesta ha sido la misma. Esto me ha escamado. Iván ha abierto la puerta y una tremenda corriente de aire con olor a viciado ha salido de estampida. Ha sido entonces cuando le he dicho a Iván &lt;i&gt;"¿Qué hacemos? Esto no me huele nada bien"&lt;/i&gt;. Su respuesta, además de tajante, ha sido razonable &lt;i&gt;"¿Tú que crees? Entrar. Necesitamos armas desesperadamente. Solo necesito que me acompañe uno de vosotros para ayudarme a cargar con las armas, los otros dos pueden esperar aquí si quieren"&lt;/i&gt;. Ese 'uno de vosotros' estaba más que claro que se refería a mi y 'los otros dos' a Belén y Esther. Tan locura era entrar como dejar a Belén y Esther solas y sin armas, por lo tanto, han decidido acompañarnos. Iván ha sido el primero en descender por la puerta y yo le he seguido. Las chicas han hecho lo mismo e Iván les ha dicho que cerrasen la entrada para evitar que entraran merodeadores. Esther ha hecho esto y ha cerrado la puerta metálica, dejándonos en la más absoluta penumbra, ya que las bombillas del refugio estaban apagadas. Iván no ha tardado en encender su mechero Zippo y comenzar a bajar por la estrecha escalinata. Todos, en fila india, le hemos seguido. Empuñando fuertemente su hacha con la mano derecha, se ha detenido bruscamente y ha dicho &lt;i&gt;"Silencio. Escuchar, tenemos compañía"&lt;/i&gt;. Provenientes del oscuro pasillo que se erguía frente a nosotros, provenía una serie de múltiples gemidos agonizantes. Creo que no hace falta más descripción al respecto. Iván ha continuado andando, esta vez con paso más cauteloso. A cada paso que yo daba y rebuscando desesperadamente en la oscuridad, intentaba encontrar cualquier cosa que me pudiese servir de arma. Mientras tanto, Belén estaba pegada a mi, agarrada del brazo y Esther haciendo lo mismo con Belén. Después de transitar varios metros, la tenue llama anaranjada del mechero a alumbrado bruscamente el rostro decrépito de un merodeador. El susto ha sido generalizado y Esther ha proferido un tremendo grito el cual seguro ha alertado a todos los merodeadores allí presentes. Iván ha asestado un fuerte golpe de hacha a este merodeador destrozándole el cráneo y lo ha derribado. Una vez en el suelo, he podido reconocer de quién se trataba. Era la madre de Eusebio. La pobre anciana llevaba el cuerpo mutilado a mordiscos. En ese momento, en mi cabeza solo pensaba en los niños. &lt;i&gt;"Ojala los hayan sacado de aquí a tiempo..."&lt;/i&gt; pensaba una y otra vez, una y otra vez. Pero no, no los habían sacado de allí a tiempo. Emergiendo de la oscuridad a galope han aparecido tres de los niños. Iván, en primera línea, solo ha podido rechazar a uno de ellos de una fuerte patada, la cual ha devuelto al primer niño a la oscuridad, pero los otros dos se le han abalanzado encima derribandolo, completamente poseídos. Mientras se revolvía en el suelo intentando quitárselos de encima, yo he agarrado al más cercano y lo he levantado en el aire. Este ha girado su cabeza y, mostrándome su boca abierta, he podido ver su rostro totalmente descarnado. Hacía tiempo que había dejado de ser un niño. Mientras lo sujetaba del pelo, he golpeado fuertemente su cabeza contra la pared repetidas veces hasta que ha dejado de moverse. Sin tiempo que perder, he golpeado con el puño al segundo e Iván a conseguido zafarse y partirlo por la mitad de un hachazo. Lo he ayudado a levantarse y, conteniendo la respiración, le he preguntado si le había mordido. He respirado tranquilo cuando me ha contestado no. Hemos continuado hacía delante y hemos pasado junto al tercer niño, el cual yacía en el suelo con la cabeza prácticamente arrancada a causa de la patada que le ha propinado Iván.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Cuando hemos llegado a la sala principal, he podido ver que la puerta que protegía esta estaba hecha trizas. Y aun más me he sorprendido cuando hemos visto el interior. Campando a sus anchas y por todas partes habían varios merodeadores. Estos, al vernos, han extendido sus brazos y han dirigido su rumbo hacía nosotros. Yo he mandado recular a Belén y Esther mientras del suelo he cogido una sarten que había allí tirada. Iván me ha dicho &lt;i&gt;"Ocúpate de los que me intenten atacar por los laterales que yo me encargo de despejar la sala"&lt;/i&gt;. Como el día que hizo aparición en la iglesia, se ha abalanzado sobre la horda de merodeadores a hachazo limpio. La sangre coagulada y los miembros amputados saltaban por todas partes mientras yo me he dedicado a quitarle de encima con mi arma improvisada a todo merodeador que le intentaba atacar por los laterales o por la espalda. Ha sido una tarea peligrosa, ya que en más de una ocasión, su hacha me ha pasado rozando el cuerpo. Iván no ha tardado en hacer justicia con su hacha y hemos podido proseguir la marcha por el siguiente pasillo. Mientras pasábamos junto a las habitaciones e iluminados por la llama del mechero, la cual se apaga una y otra vez, yo he intentado recordar en que habitación se encontraban las armas. No hemos transitado ni la mitad del angosto pasillo cuando nuevos gemidos nos han alertado. Nos hemos detenido temiendo lo peor y la siguiente visión ha sido tan aterradora o más que las anteriores. Tropezando y cayéndose los unos sobre los otros han hecho aparición otra nueva y numerosa horda. Estos apenas podían circular por el estrecho pasillo. La primera reacción de Iván ha sido bloquearlos de un empujón con el mango del hacha, conteniendolos. Yo he gritado que reculáramos, pero Esther me ha respondido gritando &lt;i&gt;"¡Por detrás! ¡Vienen más por detrás!"&lt;/i&gt;. Iván ha comenzado a dar hachazos mientras reculaba y ha dicho &lt;i&gt;"¡Tenemos que abrirnos paso por aquí o nos vamos a ver taponados!"&lt;/i&gt;. Inmersos en esta situación desesperada, no nos ha quedado otra que hacer caso a Iván. Mientras el resistía el embiste de la horda, yo, como podía, golpeaba con la sartén a todo podrido que se ponía a mi alcance. Tras nosotros se podía escuchar a la horda que se nos aproximaba. Íbamos perdiendo terreno e Iván ha gritado &lt;i&gt;"¡No cedamos terreno! ¡¡Empujar!! ¡¡Empujar con todas vuestras fuerzas!!"&lt;/i&gt;. Desesperados, hemos obedecido y devuelto el embiste mientras golpeaba a la vanguardia de los merodeadores. Mientras, Iván hacía lo mismo con su hacha. Por si fuese poco, el mechero se ha apagado y hemos quedado en la más absoluta oscuridad. Decenas de manos me agarraban y yo, por instinto, golpeaba mandobles en la oscuridad. En mi espalda notaba como Belén y Esther se agarraban mientras gritaban desconcertadas. Iván ha prendido de nuevo el mechero y la luz ha iluminado el pasillo. El suelo estaba plagado de cadáveres de los merodeadores abatidos, mientras que los que aun se mantenían en pie transitaban por encima de estos. Al final hemos podido controlar la situación y despejado el camino. Nada más conseguirlo, hemos continuado a toda prisa, abriendo todas las puertas a nuestro paso. Justo cuando hemos llegado a una de las puertas, algo ha llamado nuestra atención. Frente a esta y tendido boca arriba, yacía un cadáver mutilado, al cual le faltaban las piernas. No he tardado en reconocer de quién se trataba. Era Andrés. Al lado del cadáver había un fusil de asalto. Parece ser que murió defendiendo el refugio. Mientras Iván abría la puerta, yo me he agachado a coger el arma. Casi me da un infarto cuando el cadáver de Andrés ha abierto los ojos y ha proferido un grito apagado. De forma automática, he respondido dándole varios fuertes culatazos en la cabeza hasta que ha dejado de moverse. He sentido una profunda pena tras hacer esto. Me he sentido culpable de tener que ser yo quién haya hecho esto. Y sobretodo, me apena que él y su familia hayan encontrado este terrible final que no se lo merece nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más abrir la puerta, Iván me ha dicho &lt;i&gt;"Bingo. Aquí tenemos lo que estábamos buscando"&lt;/i&gt;. Al adentrarse en la sala e iluminarse esta, he podido ver todas las armas apiladas, tal cual estaban la última vez que las vi. En cuanto hemos entrado a la sala, hemos cerrado la puerta y parapetado esta. Esto significaba meternos en una ratonera, pero comenzar a armarnos a toda prisa con la puerta abierta no era nada recomendable. Además, con semejante polvorín podíamos permitirnos el lujo de encerrarnos y, después de equiparnos tranquilamente, salir abriéndonos paso. Lo primero que hemos hecho ha sido buscar alguna linterna o algo parecido para iluminarnos. En una de las cajas hemos encontrado dos linternas que funcionaban y hemos hecho uso de ellas. Después, hemos comenzado a buscar armas adecuadas y munición. Belén y yo estábamos apartando unas cajas, ¿cuando sabéis que? Detrás de estas, acurrucada y llorando, ¡estaba la hija de Andrés! ¡un milagro entre tanta desolación! La niña, totalmente asustada, nos ha mirado uno por uno y en cuanto me ha visto, me ha reconocido. Se ha levantado y llorando, mientras se abrazaba a mi, me ha dicho &lt;i&gt;"Mi papá, mi papá... Lo han cogido los monstruos"&lt;/i&gt;. Yo la he consolado diciéndole que su papá había escapado. Que le iba a decir a la niña sino esto. Mientras lloraba abrazada a mi, he podido ver que tras su espalda portaba una pequeña mochilita rosa, la cual estaba entre abierta y dejaba al descubierto una gran cantidad de paquetes de insulina. Ahora ya entiendo porque la niña ha sobrevivido. Andrés, su padre, la trajo a toda prisa hasta aquí con su medicación y la encerró para aislarla de los merodeadores mientras él intentaba resistir el ataque. Le he preguntado que había ocurrido y cuando. La respuesta de la niña ha sido &lt;i&gt;"Los monstruos entraron y mordieron a la abuela..."&lt;/i&gt;. Ayudado por Belén y Esther, hemos consolado a la niña. Le he dicho &lt;i&gt;"Tranquila... Vamos a salir de aquí y te vamos a llevar a un sitio seguro, ¿vale?&lt;/i&gt;". Iván nos ha metido prisa diciéndonos &lt;i&gt;"Como no nos demos prisa en armarnos y salir de aquí, no vamos a llegar a ningún sitio seguro. No perdáis el tiempo"&lt;/i&gt;. He dejado a la niña con Esther y me he puesto a buscar armas junto con Iván. Mientras sacaba de una caja cuatro pistolas &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/H%26K_USP"&gt;Heckler &amp;amp; Koch USP&lt;/a&gt; y todos los cargadores repletos de munición que podíamos llevar, Iván ha seleccionado una escopeta &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Spas-12"&gt;Franchi SPAS 12&lt;/a&gt;, un subfusil &lt;a href="http://www.google.es/imgres?imgurl=http://personales.jet.es/inigo/z84_01.jpg&amp;amp;imgrefurl=http://personales.jet.es/inigo/b_star_z84.html&amp;amp;usg=__QG_fEkHrv-JscMwXMuaDAobptUA=&amp;amp;h=355&amp;amp;w=500&amp;amp;sz=26&amp;amp;hl=es&amp;amp;start=0&amp;amp;sig2=dfPgiP1S1OdMNvr96mBVTg&amp;amp;zoom=1&amp;amp;tbnid=SpWyf9kXTLRsSM:&amp;amp;tbnh=153&amp;amp;tbnw=192&amp;amp;ei=6u3kTf3NEIOq8QOpueTvBg&amp;amp;prev=/search%3Fq%3Dsubfusil%2BStar%2BModelo%2BZ-84%26um%3D1%26hl%3Des%26sa%3DN%26biw%3D1024%26bih%3D630%26tbm%3Disch&amp;amp;um=1&amp;amp;itbs=1&amp;amp;iact=hc&amp;amp;vpx=131&amp;amp;vpy=97&amp;amp;dur=2516&amp;amp;hovh=189&amp;amp;hovw=267&amp;amp;tx=192&amp;amp;ty=74&amp;amp;page=1&amp;amp;ndsp=12&amp;amp;ved=1t:429,r:0,s:0&amp;amp;biw=1024&amp;amp;bih=630"&gt;Star Modelo Z-84&lt;/a&gt; y dos fusiles de asalto &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Heckler_%26_Koch_G36"&gt;Heckler &amp;amp; Koch G36&lt;/a&gt;. Después, ha llenado dos mochilas que habían tiradas en una esquina con munición suelta y cargadores y se ha hecho con un par de cananas con cartuchos de escopeta, las cuales se ha colgado en el torso. He repartido las pistolas y él ha hecho lo mismo con las otras armas. Él se ha quedado con la escopeta, mientras que a mi y a Belén nos ha entregado los dos fusiles de asalto. El subfusil ha sido para Esther. Junto a las armas nos ha entregado unos cuantos cargadores sueltos. Ha sido entonces cuando los merodeadores han comenzado a golpear la puerta y nos hemos lanzado entre nosotros una mirada de nerviosismo. Linterna en mano, Iván se ha situado junto a la puerta y ha dicho &lt;i&gt;"A la de tres, abro. Abrir fuego en cuanto la puerta este abierta"&lt;/i&gt;. Los golpes de los podridos hacían temblar la puerta. A mi izquierda, sosteniendo a la niña en brazos y con su mano derecha el subfusil, estaba Esther, la cual le decía a la niña &lt;i&gt;"Cariño, vamos a jugar a un juego, ¿vale? Tienes que cerrar los ojos y no abrirlos hasta que yo te diga, mientras te tapas los oídos y cantas con todas tus fuerzas la canción que más te guste, ¿ok?"&lt;/i&gt;. La niña ha asentido con la cabeza y haciendo caso a Esther, ha cerrado los ojos, se ha tapado los oídos y ha empezado a cantar una canción. Mientras la niña cantaba &lt;i&gt;"La pequeña araña subió, subió, subió, vino la lluvia y se la llevó..."&lt;/i&gt;, Iván ha contado hasta tres y ha abierto la puerta de par en par. Prácticamente cayendo de bruces al interior, han irrumpido todos los merodeadores que se agolpaban en la puerta. Todos hemos abierto fuego y la lluvia de balas y postas han comenzado a caer sobre los merodeadores. Sin dejarlos ganar terreno, hemos abatido a todos y cambiado los cargadores. Iván, escopeta en mano y el primero, ha salido al pasillo y ha seguido disparando su escopeta. Seguidamente, ha salido Belén y Esther con la niña en brazos, siendo yo el último y cubriendo la retaguardia. Sorteando cadáveres hemos transitado por el pasillo mientras Iván abría paso a escopetazo limpio y yo mantenía a raya a los que intentaban atacarnos por la retaguardia. Ha sido una situación enfermiza. Mientras los tiros resonaban por el angosto pasillo iluminado por las linternas y los merodeadores caían abatidos, desmembrados, la niña cantaba a todo pulmón una y otra vez la misma canción. Cuando Iván o yo teníamos que recargar, Belén y Esther se encargaban de mantener el fuego de cobertura. La cosa se ha complicado cuando la horda que avanzaba por retaguardia ha comenzado a ganarnos terreno y nos hemos visto obligado a aligerar el paso más aun. Aunque nos ha costado, hemos conseguido llegar hasta la puerta por la cual habíamos entrado. Pero lo que aquí nos esperaba no era nada esperanzador. Agolpándose en las puertas de la entrada, las cuales no sé como han conseguido abrir, e inundando la escalinata, habían decenas de andantes. Las balas impactaban por todas partes. En los merodeadores, en las paredes, en el techo, en las puertas... Eso parecía una guerra. Mientras tanto, yo contenía desesperadamente a los que avanzaban por retaguardia. Era cuestión de tiempo que nos alcanzaran por este sector. Avanzando sobre la pila de cadáveres y perdiendo el equilibrio, hemos conseguido llegar hasta la salida. Iván ha asomado la cabeza al exterior y con medio cuerpo fuera, ha seguido disparando hacía el exterior. Esto solo significaba que las cosas no pintaban mejor fuera. Cuando he podido salir, lo he comprobado muy a mi pesar. Estaban por todas partes. Por todas. Y nos estaban desbordando. En ese mismo instante, la niña ha abierto los ojos y, al ver el panorama, ha dejado de cantar y se ha puesto a gritar y a llorar desconsoladamente. Sin poder hacer nada por consolarla, hemos seguido disparando mientras de la puerta del refugio comenzaban a emerger los merodeadores que había en el interior. Como hemos podido, nos hemos abierto paso peligrosamente, disparando y aprovechando los huecos, consiguiendo avanzar. Una locura, pero nos ha salido bien. Corriendo a toda prisa, nos hemos alejado de la horda, la cual nos ha seguido a paso lento y tambaleante. Hemos tardado unos 15 minutos en llegar a donde hemos dejado el coche. Aun no me puedo creer que hayamos escapado de ese infierno.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada más llegar al coche, lo primero que hemos hecho ha sido cargar las mochilas y las armas en el vehículo. Mientras tanto, Esther y Belén se han afanado en consolar a la nena. Esta, sin parar de llorar, repetía una y otra vez &lt;i&gt;"Mi papá, quiero que venga mi papá..."&lt;/i&gt;. Si la pobre supiera la suerte que ha corrido su papá...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Estábamos subiendo al coche cuando un sonido proveniente de la guantera nos ha alertado. Cuando he abierto esta, ha caído el walkie-talkie. Un sonido entrecortado ha sonado de nuevo. Sorprendido, he respondido a la señal diciendo un &lt;i&gt;"¿Hola? ¿hay alguien ahí?"&lt;/i&gt;. La respuesta ha tardado unos segundos en escucharse. O la señal es muy débil o este cacharro no funciona nada bien, ya que el mensaje ha sonado entrecortado. Lo que hemos podido captar ha sido lo siguiente (los asteriscos son las partes inteligibles del mensaje): &lt;i&gt;"Necesitamos ayuda, ******* Tarragona, edificio Gran *******, se nos acaba el agua y la *******, ******* por todas partes, no podemos ******* tiempo ******* ayuda"&lt;/i&gt;. He pedido que repita el mensaje, pero no ha contestado. He repetido varias veces lo mismo, pero nada. Las palabras de Iván, el cual ya estaba arrancando el motor del vehículo, han sido&lt;i&gt; "Pues lo lleva claro. Esta perdiendo el tiempo. Pobre desgraciado..."&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hace unas horas que ha caído la noche y estamos estacionados al borde de la autovía. Estoy realizando la primera guardia desde el asiento del copiloto y todo esta tranquilo, sin rastro de merodeadores por la zona. A mi izquierda, en el asiento del conductor está Iván roncando a pierna suelta. En el asiento de atrás, entre Belén y Esther, las cuales duermen o al menos eso parece, esta la niña. Entre los brazos de Esther, apoyada en su regazo y abrazada al peluche que un día ella me regaló (se lo he devuelto para ver si jugando se consigue evadir un poco), la puedo ver con los ojos abiertos. Parece que no puede conciliar el sueño, lo cual es lógico. Si para un adulto, perder a alguien cercano es un tremendo shock, no quiero ni imaginar lo que presupone perder a toda tu familia siendo un niño. Por más que lo pienso, no logro comprender que fallo han cometido Andrés y los suyos para que los merodeadores los hayan descubierto y asaltado su refugio. Tenían todos los factores a su favor: un refugio subterráneo, comida y agua, luz eléctrica, armas... ¿en que han errado? Solo sé que lo siento terriblemente por ellos. Me trataron muy bien durante la estancia que pasé allí. La verdad, considero que yo les pagué su posterior hospitalidad con creces en la ayuda que les presté durante el asalto al campamento chabolero. Andrés, a pesar de que al principio parecía un ser antipático e irascible, me demostró ser una gran persona, un hombre agradecido que cuidaba de su gente. Lamento mucho no haber podido darles sepultura a él y a su familia. Pero que podía hacer, si ya nos vino grande el poder salir de allí. Lo último que puedo hacer por él es cuidar de Marta, su hija. Me gustaría que allá donde se encuentre, sepa que su hija no ha quedado abandonada a su suerte, como pensaría momentos antes de morir, que se encuentra con nosotros, bajo nuestra custodia. Creo que hoy por hoy no puede estar en mejores manos, ya que pienso cuidar de ella como si se tratara de mi propia hija. Si bien ha sido un tremendo golpe de mala suerte el habernos metido en la ratonera que ha supuesto ser el refugio, no me arrepiento de ello, pues encontrar a la niña ha sido un verdadero milagro el cual ha compensado todo lo mal que lo hemos pasado ahí abajo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-1493285688446318947?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/1493285688446318947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=1493285688446318947' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/1493285688446318947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/1493285688446318947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/01/02-01-11-desolacion-y-muerte.html' title='+ 02-01-11 + Desolación y muerte'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-5970207451129385206</id><published>2010-12-29T20:56:00.000-08:00</published><updated>2011-04-28T07:33:24.239-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><title type='text'>+ 29-12-10 + El día del juicio final: Y la ira hizo aparición</title><content type='html'>Como os contaba ayer, la situación fue la siguiente. Belén estaba a punto de ser lanzada al foso mientras yo me encontraba maniatado e inmovilizado en el fondo del altar. La rabia e impotencia me consumía y yo solo podía gritar. Por mi cabeza pasaba todo tipo de cosas, todo tipo de recuerdos junto a Belén y, por momentos, me venía abajo. Las fuerzas me abandonaban y comenzaba a sentir que perdía el control de mis actos, los cuales no concordaban con las acciones que mandaba mi cerebro. Solo se que gritaba, chillaba con rabia, pero no sé ni que decía, ni siquiera sé de que servía hacerlo. Estaba todo perdido. Belén iba a ser asesinada y, acto seguido, nosotros seríamos los siguientes. Sinceramente, si Belén moría, yo tenía que hacerlo tras ella o mi vida se convertiría en un tormento. Fuese el desenlace que fuese, yo ya estaría condenado. Asesinado por ellos o muerto por un acto de desesperación mio. Pero lo que allí ocurrió fue algo que jamás habría imaginado. Algo lo cual ha cambiado el rumbo de lo que allí estaba sucediendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel estaba a punto de empujar a Belén al foso, cuando los cánticos de la comunidad cesaron, dando paso al sonido que producen miles de cristales aterrizando en el suelo. Miguel y Juanca levantaron la cabeza rápidamente y frenaron la acción de lanzar a Belén al pozo. Yo, sin saber a que se debía aquel sonido, hice los mismo. Allí, en medio de aquel silencio sepulcral, roto solo por los gemidos guturales de los merodeadores que rodeaban el edificio, sonó un golpe seco. Había aterrizado algo en medio de la sala, en el pasillo central que había entre las dos hileras de bancos. Algo que rebotó dos veces y rodó unos metros hasta detenerse por completo. En un primer momento, no supe identificar de que clase de objeto se trataba, ya que me encontraba bastante alejado y la anaranjada luz de las antorchas no era suficiente. Descubrí de que se trataba cuando del público allí presente, se escuchó una voz, precedida de un grito, que dijo &lt;i&gt;"¡Dios misericordioso! ¡Es la cabeza del hermano Martin!"&lt;/i&gt;. No había terminado de pronunciar la frase, cuando otra de las ventanas del mismo lado del edificio estalló en mil pedazos. Por esta también entró otro objeto, el cual era más grande. Este, que si que lo pude identificar, aterrizó sobre la tercera hilera de bancos, en medio de los que allí habían sentados. Era un torso humano, seccionado desde la cintura y sin cabeza. La gente comenzó a gritar y todos los de ese lugar se levantaron de los bancos, huyendo del torso. La gente había entrado en estado de pánico y la confusión reinaba, mientras que Miguel gritaba a su gente para tranquilizarlos. Recuerdo que decía &lt;i&gt;"¡¡Hermanos, tranquilizaos!! ¡¡Esta es la casa del señor, aquí nadie os podrá hacer daño!!"&lt;/i&gt;. Como si de un aviso de tratara, un tercer objeto entró por la misma ventana. Pero esta vez no era parte de un cadáver, sino un objeto llameante, lo que parecían varios troncos en llamas. Estos aterrizaron sobre la gente, impactando de pleno sobre individuos que todavía seguían sentados y sobre algunos otros que se habían levantado con anterioridad. Ahora si que la situación era incontrolable. Toda la comunidad estaba en pie, gritando y moviéndose por toda la iglesia. Algunos intentaban buscar seguridad debajo de los bancos, otros se movían desesperados de un lado a otro. Vi como un hombre abrazaba a una mujer en símbolo de protección, mientras esta gritaba asustada. Vi a otros, un grupo de tres individuos, como se arrodillaban y comenzaban a rezar. Todo aquello era un caos y el pánico fluía de persona a persona, contagiandolos a todos. Yo, viendo aquella escena, me dejé llevar por una especie de ataque de histeria, supongo que a causa de los nervios de la situación anterior, y comencé a reír compulsivamente. Poco a poco, me reía más y más fuerte, hasta tal punto, que mis compañeros, atados a mi lado me comenzaron a mirar y a preguntarme que me ocurría. Pero yo continué riéndome y observando a Miguel dirigirse a la gente sin poder calmarlos. Fue entonces cuando le grité &lt;i&gt;"¡Miguel! ¡Hijo de la gran puta! ¡¿Donde esta tu Dios ahora, eh?! ¡¿Donde?! ¡¡Ha llegado la hora de que te reúnas con él!!"&lt;/i&gt;. Este, al escuchar mis palabras, se giró y me lanzó una mirada la cual me habría fulminado si hubiese podido. Vio como yo me reía a carcajadas y levantó su mano señalándome con el dedo indice. Entonces, exclamó &lt;i&gt;"¡¡Hijo de Satán!! ¡¡Yo te maldigo!! ¡¡Que la ira de Dios caiga sobre ti y se torne maldito todo lo que este a tu lado!!"&lt;/i&gt;. Estaba colérico, pero yo, a pesar de sus maldiciones, me reía más. Y esto lo trastornaba más. Pero fue entonces cuando ocurrió el milagro. Aquel que tanto y tanto esperaba. La gran vidriera que había tras nosotros estalló produciendo un fuerte sonido. Acto seguido, una serie de pequeñas explosiones inundaron la sala, ensordeciendome. Eran disparos de fusil de asalto. En el transcurso que tardé en girar la cabeza para ver que estaba ocurriendo, vi como un gran bulto aterrizaba en el suelo, a pocos metros de mi, mientras los disparos dejaban de oirse. Dicho bulto era una persona, la cual se puso en pie rápidamente. Al principio, no supe de quién se trataba, pero al oír su voz y las palabras que me dirigió, que fueron &lt;i&gt;"Llego justo a tiempo, ¿verdad?"&lt;/i&gt;, no tardé en reconocerlo. Se trataba de ¡Iván!. En esos instantes, comencé a creer que todo lo que estaba sucediendo se trataba de un sueño o de algún tipo de delirio. ¡Si lo había dado por muerto! ¡Era prácticamente imposible que estuviese allí después de tanto tiempo! ¿Como podía ser que casualmente aparecía ahí, en ese justo momento? Todo ello tiene una explicación, pero yo, en ese momento, creía que todo eso no estaba sucediendo y era irreal, producto de mi mente. La visión de Iván era tan imponente como agresiva. Estaba a poca distancia de nosotros, erguido y sosteniendo un fusil de asalto con las dos manos. Tenía un aspecto algo demacrado, como más delgado, pero aun así, seguía siendo un individuo terriblemente grande. La sala estaba en silencio, salvo algunos gritos aislados. Todo el mundo, incluido Miguel, estaba observando a Iván. Miguel lo miraba con cara de sorprendido, como si no comprendiese que hacía él ahí. Entoces rompió el silencio, gritando &lt;i&gt;"¡¡Maldito!! ¡¡Has escapado!! ¡¡El pecado de la ira ha escapado!!"&lt;/i&gt;. Iván, haciendo caso omiso, sacó un machete de su cinturón y se me acercó. Mientras cortaba las cuerdas que ataban mis manos, me dijo &lt;i&gt;"Suéltalos a todos. Yo me encargo de estos. Cuando hayas terminado, coge a Belén y salir de aquí. Dirigiros a los coches y cuidado, los exteriores están llenos de podridos"&lt;/i&gt;. Entonces me entregó el cuchillo y comenzó la orgía de sangre.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras yo soltaba a mis compañeros y bajo la atónita mirada de todos, Iván alzó su fusil y gritó &lt;i&gt;"¡¡Hijos de la gran puta!! ¡¡Aquí esta la ira, el enviado de Satán, quién os va a joder a todos, sectarios!!"&lt;/i&gt;. El cañón de su arma comenzó a escupir fuego mientras Iván gritaba como un loco. Las balas atravesaron la sala y comenzaron a impactar por todas partes. Pude ver como Miguel corrió y se lanzó al suelo, cubriéndose tras unos de los bancos. Juanca hizo lo mismo y Belén quedó expuesta y abandonada al borde del foso. En esos momentos temí que alguna de las balas alcanzaran a Belén, pero Iván sabía a donde disparaba. Lo estaba haciendo sobre el tumulto de sectarios que se aglomeraban al fondo de la sala. Pude ver como los disparos alcanzaban a la gente, mientras estos intentaban huir y ponerse a cubierto. La sangre saltaba tintando las paredes y los trozos de carne volaban de un lado a otro. Mientras, yo solté al último de mis compañeros. En ese mismo instante, Iván vació el cargador y los disparos cesaron, dejando al descubierto los gritos de los sectarios. Había abatido a un gran número de ellos, los cuales yacían en el suelo, pisoteados por la muchedumbre asustada, pero aun quedaban más de la mitad. Iván lanzó al suelo el arma descargada y de su chaqueta sacó un hacha. Yo me quedé atónito cuando lo vi empuñar este arma y correr hacía la muchedumbre, lanzándose sobre ellos mientras profería un colosal grito. Estaba fuera de si, se había convertido en una bestia. Hacha en mano, se encontraba en medio de la gente, dando golpes certeros. Era una escena digna de cualquier película gore: la sangre saltaba a chorros y los miembros amputados caían al suelo mientras la gente gritaba despavorida, intentando huir de Iván. Yo corrí hasta llegar a Belén y comencé a cortarle las cuerdas que ataban sus manos. Cometí un error, que fue confiarme. Como salido de la nada, apareció alguien que se lanzó sobre mi y me derribo. Tumbado en el suelo y con esa persona encima mía, descubrí de quién se trataba. Era Miguel. Me tenía inmovilizado y al borde del foso. Mi cabeza estaba suspendida sobre este y pude ver como los merodeadores del interior alzaban sus brazos para atraparme. En el golpe que me había propinado, había perdido el puñal y con este, mi única posibilidad de librarme de Miguel. Recuerdo que intenté forcejear, pero era inútil, tenía sobre mi todo su peso y no podía escapar. Fue entonces cuando Miguel me rodeó el cuello con sus manos y comenzó a estrangularme. Cuando cierro los ojos, aun veo su mirada inyectada en sangre clavada en mi y diciendome &lt;i&gt;"¡Tú eres el culpable de todo esto, hijo de Satanás! ¡Tú! ¡Yo soy el mesías y voy a acabar contigo!"&lt;/i&gt;. Sus manos me apretaban con una fuerza sobrehumana y ya comenzaba a faltarme la respiración. A mi izquierda pude ver a Belén, llorando y gritándole que me soltara. Pensé que sería la última imagen que iba a ver antes de morir, pero de repente, las manos de Miguel dejaron de apretar y este se giró. Antes de caer a un lado y dejarme libre, profirió un &lt;i&gt;"Maldita traidora"&lt;/i&gt;. Tras él y con el puñal ensangrentado en la mano, estaba Eugenia, la chica muda, aquella que conocimos poco antes de llegar a la maldita iglesia de Miguel. Esta me miró y soltó el puñal. Acto seguido, salió corriendo. Yo miré a Miguel y lo vi arrastrándose como un gusano, con la túnica por la parte de la espalda empapada en sangre. No me lo pensé dos veces y ande hacía él. Este siguió arrastrándose mientras me dijo &lt;i&gt;"Atrás Satanás"&lt;/i&gt;. Yo le contesté &lt;i&gt;"Dije que acabaría contigo. Reúnete con tu creador, mesías"&lt;/i&gt; y le propiné una patada, la cual lo hizo precipitarse al interior del foso. Los merodeadores, al verlo caer, centraron su atención en él. Pero como era habitual, estos no le atacaron, solo se dedicaron a husmearlo. Miguel se puso en pie y me gritó &lt;i&gt;"¡Soy invisible para sus ojos, inepto! ¡Soy el enviado de Dios, ellos no me atacaran!"&lt;/i&gt;. Habló demasiado pronto, ya que si bien es cierto que debido a su enfermedad los merodeadores no lo veían como "comida", la sangre que brotaba de su espalda lo delató como a un humano más. Como tiburones al olor de la sangre, todos los merodeadores allí hacinados se abalanzaron sobre él, mordiéndole por todo el cuerpo y descarnandolo a mordiscos. Todavía tengo clavados en el cerebro sus gritos de dolor y sus palabras: &lt;i&gt;"¡¡Dios todopoderoso, detenlos!! ¡¡Soy tú mesías!!"&lt;/i&gt;. Debo reconoceros algo, y es que disfruté viendo como lo devoraban vivo, tal cual él había matado a María y Elena. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras soltaba a Belén, con la mirada busqué por la sala a mis compañeros. Me resultaba muy extraño que ninguno de ellos acudiera en mi ayuda cuando Miguel me estaba estrangulando. Los encontré y pronto lo comprendí. Si bien Iván estaba demasiado atareado encargandose de los demás miembros de la comunidad, Hans y Esther estaban intentando bloquear la ventana de la gran vidriera con uno de los bancos, ya que había un gran número de merodeadores intentando entrar. Nada más liberé a Belén y después de darme un fuerte abrazo, esta salió corriendo dirección a Hans y Esther para ayudarles. Yo iba a hacer lo mismo cuando un grito de Iván se elevó por encima de los gritos de espanto de la muchedumbre y me hizo detenerme. Iván gritó &lt;i&gt;"¡No! ¡Mierda!"&lt;/i&gt;. Al girarme, vi la situación. Iván, empapado en sangre y con el hacha en la mano, estaba intentando detener a un grupo de individuos que estaban abriendo las puertas de la iglesia. La gente, al ver que se estaban abriendo las puertas, se agolparon para salir, haciendo un embudo en la puerta. Iván se intentaba abrir paso a golpe de hacha, pero no lo consiguió. Consiguieron abrir las puertas y ya os podéis imaginar lo que ocurrió. Toda la horda de merodeadores que se concentraban en la puerta recibieron a lo sectarios que intentaban salir. Al ser recibidos por estos, los de las filas más avanzadas intentaron retroceder, mientras que la gente de dentro de la iglesia, ajena a todo, empujaba para salir, formando un tapón. Yo rodeé el foso y me dirigí hasta Iván, el cual seguía intentando llegar hasta la puerta para cerrarla. Cuando llegué a su altura y rodeado por sectarios, le dije que desistiera, que no podíamos hacer nada más que huir de aquí a toda prisa. Iván me obedeció y ambos nos dirigimos al fondo de la iglesia donde se encontraban los demás. De camino a esta posición, vi algo en el suelo me perturbo. Y es que allí, tendida boca arriba, con los ojos abiertos y un profundo tajo en el pecho, estaba Eugenia. Sentí lástima por ella, sobretodo porque me había salvado la vida y yo no pude hacer nada por ella. Por unos momentos sentí profundas ganas de gritar a Iván y reprocharle lo que había hecho, de decirle que había matado a quien me había salvado la vida. Pero no lo hice por lo siguiente, y es que a parte de que no era el momento más adecuado de enzarzarme en una discusión, gracias a él no estábamos muertos. Además, él no tenía ni idea de lo que esta chica había hecho por mi. Mientras estaba compadeciéndome por Eugenia, escuché a Iván decir &lt;i&gt;"Vaya vaya... Mira a quién tenemos aquí"&lt;/i&gt;. Levanté la cabeza y descubrí a Iván apartando un banco y dejando al descubierto a Juanca. Este, acurrucado y asustado, pedía que no le hiciese nada. Rápidamente me dirigí allí y le quité a Iván el hacha de las manos. Juanca, al ver esto, comenzó a suplicarme que no le matara. Yo le contesté &lt;i&gt;"Tranquilo, no te voy a matar"&lt;/i&gt;. Al escuchar esto, comenzó a darme las gracias. Yo, sin escucharle, levanté el hacha y lo dejé caer sobre uno de sus pies, cortandoselo. El grito que profirió fue sobrehumano. Después hice lo mismo con su otro pie y el resultado fue el mismo. Entonces terminé diciéndole &lt;i&gt;"Yo no te voy a matar. Lo van a hacer los merodeadores"&lt;/i&gt;. Después, le devolví el hacha a Iván y seguimos corriendo hasta llegar a los demás. A nuestra espalda, los merodeadores ya se habían abierto paso entre la multitud y estaban dentro de la iglesia. La gente ya se había percatado de esto e intentaban huir en dirección opuesta. La iglesia se había convertido en una ratonera y el tiempo corría en nuestra contra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Hans, Esther y Belén sostenían los bancos taponando el gran ventanal para que no entraran los merodeadores, Iván y yo comenzamos a buscar una salida segura. Ninguna lo era, ya que el edificio estaba rodeado. Hans me gritó que nos diéramos prisa, que no podían aguantar más. En ese mismo instante, vi como por un hueco entre la ventana y el parapeto se coló la cabeza de un merodeador. Intenté avisar a Hans, el cual estaba más cerca de él, pero no me dio tiempo. Este acercó su boca a la pierna de Hans y... le mordió. Este gritó y soltó el parapeto para intentar soltarse de las fauces del merodeador. Cuando lo consiguió, reculó hasta dejarse caer en el suelo. Iván, que vio esto tarde, acudió rápido y golpeó con el filo de su hacha la cabeza del merodeador, el cual estaba masticando el trozo de carne que le había arrancado. En ese mismo momento, a falta de Hans en el parapeto, este cedió y Esther y Belén lo soltaron. Fue entonces cuando comenzaron a entrar los merodeadores por la ventana. Los merodeadores que habían entrado por las puertas ya estaban a la mitad de la sala. Teníamos que hacer algo desesperadamente. Iván corrió hasta una pequeña ventana, la rompió y nos dijo que lo siguiéramos. Mientras él saltaba al exterior, levanté a Hans y lo cargué sobre mis hombros. Cuando llegamos a la ventana, Belén, Esther y yo ayudamos a Hans a salir por la ventana y después comenzó a salir Belén. Los merodeadores que habían entrado por la ventana ya estaban prácticamente encima nuestra, así que empuñe el machete y ataqué al más cercano. Le lancé un corte en el cuello, el cual apenas lo frenó. De un golpe lo derribé y me centré en el siguiente, haciéndole la misma operación. Aunque con derribarlos al suelo no conseguí acabar con ellos, al menos pude retrasarlos. No tenéis ni idea, o quizá sí, de lo difícil que es matar a un merodeador con un simple cuchillo. Si no diriges el arma a la cabeza es imposible acabar con ellos. Bien, había conseguido retrasarlos cuando Esther saltó al exterior por la ventana. Entonces me dispuse a hacer lo mismo. No había salido del todo, cuando algo me agarró fuertemente del pie. En un primer momento, pensé que se trataba de un merodeador y después, que era Juanca. Pero no, se trataba de un hombre de mediana edad. Este no me soltaba y con un ataque de pánico me decía que no lo dejáramos allí, que lo lleváramos con él. Yo intenté zafarme de él, golpeándolo con el pie, pero no me soltó. Al menos no lo hizo hasta que dos merodeadores se abalanzaron sobre su cuello, fue entonces cuando me soltó y yo caí al exterior. Aterricé junto a los cadáveres de tres merodeadores. El exterior estaba completamente iluminado por las hogueras que allí ardían. Los merodeadores estaban por todas partes e Iván nos abría paso a golpe de hacha. Entre Belén y yo cargamos con Hans, el cual no paraba de lamentarse. Todo aquello era un hervidero, pero gracias a Iván que, a todo aquel merodeador que se nos acercaba lo eliminaba, pudimos salir de allí sanos y salvos. Ya nos encontrábamos lo suficiente alejados del edificio y desde esta nueva posición podíamos escuchar los gritos de los sectarios que allí habían quedado. Os aseguro que no sentí pena por ninguno de ellos. Fueron cómplices de la locura de Miguel, apoyándole, y por su culpa hemos perdido a parte de nuestro grupo. Me alegro de todo su sufrimiento, el cual espero que continué en la otra vida. En especial, para Miguel.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cargando con Hans y con el camino despejado, nos dirigimos lo más rápido que pudimos  por el camino de tierra, en busca de los coches. Hasta aquí ya no llegaba la luz de las hogueras, pero la noche era muy clara, por lo que no tuvimos problemas. Tardamos un poco en llegar a los coches, pero cuando lo hicimos, nos llevamos una ingrata sorpresa. Nuestras pertenencias estaban diseminadas por los alrededores. Mi mochila vacía junto a los pc's por un lado, la ropa esparcida por otro, un petate vaciado sobre el capó de uno de los coches, ni rastro de las armas ni de la munición... No cabía duda. Nos habían saqueado los enseres de los vehículos. Pero, ¿quién?. Pensé en los miembros de la comunidad, pero si hubiesen sido ellos, a santo de que se llevaron las armas para no utilizarlas. Y ¿por qué no se llevaron los pc's, por los cuales Juanca tenía mucho interés?. Me inclino más por pensar que nos saquearon un grupo de errantes. Sea como sea, nos han desgraciado, ya que estamos sin armas, salvo el hacha de Iván y mi puñal. Como nos veamos sumergidos en un gran apuro, estamos vendidos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de recoger nuestras pertenencias, nos metimos todos en un mismo coche e Iván se puso al volante. Yo me situé en la zona de atrás, junto a Hans y agarrando fuerte el machete. Le habían mordido y temía que pudiese transformarse en cualquier momento. Entre Esther y yo le quitamos la camisa y la utilizamos para taponarle la herida. Hans me miró y me dijo &lt;i&gt;"Me queda poco, ¿Verdad, Erik?"&lt;/i&gt;. Yo no supe que contestarle, solo pude decirle que se tranquilizara. Luego se sumergió en una serie de lamentos. Nada más pudimos hacer para calmarlo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Iván no había conducido ni una hora, cuando Hans pidió que detuviese el coche. Se lo comuniqué a Iván y este me hizo caso. Acto seguido, nos pidió que lo sacásemos al exterior. Entre Iván y yo lo hicimos, sentándolo apoyado en un pino. Esther se puso a inspeccionarle la herida, pero Hans le dijo que no se molestase, que ya tenía asumido su final. Fueron verdaderamente tristes a la vez que valientes sus palabras. Luego se dirigió a mi. Sus palabras me encogieron el alma. Sacando de su bolsillo su cartera y buscando algo en ella, me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Quiero agradeceros todo lo que habéis hecho por mi todo este tiempo. Sobre todo a ti, Erik. Eres una gran persona, algo que solo se ve eclipsado por tu valentía. Se que si no hubiese sido por vosotros, sobretodo por ti, que me sacaste de aquella jaula, yo habría muerto hace mucho tiempo. Os confieso que con vosotros volví a tener esperanzas de comenzar de nuevo. Lo de Reus y la esperanza de encontrar allí a mi mujer y a mis dos hijos fue una inyección de moral que me ayudo a seguir hacía delante. Pero ahora... ahora ya nunca más sabre si están vivos o si están muertos...&lt;/i&gt; (Aquí a pronunciado unas palabras en alemán que no tengo ni idea que quieren decir)&lt;i&gt;. Quiero que hagas una última cosa por mi, Erik..."&lt;/i&gt;. De su cartera sacó una foto y con un bolígrafo escribió algo detrás. Me entregó la foto y vi que en ella aparecía su mujer y sus dos hijos. Luego continuó &lt;i&gt;"Es mi esposa y mis dos hijos. Atrás te he escrito los nombres y apellidos de cada uno. Quiero que cuando lleguéis a Reus, los busquéis. Si están allí, quiero que tú, Erik, les cuentes todo. Todo lo que ha ocurrido. Y que hagas mención especial de lo que vistes en el baño aquel día. Quiero que le pidas perdón de mi parte a mi mujer y que si no me lo concede, lo comprenderé, ya que ni yo soy capaz de perdonarme a mi mismo. Pero merece saberlo. En lo que respecta a mi, no quiero que esperéis a que me transforme para matarme. Quiero que os marchéis y me dejéis aquí"&lt;/i&gt;. Al escuchar esto, todos los allí presentes nos alarmamos. Le dijimos que no podía hacer eso, que era un final que no merecía. Su respuesta fue tajante: &lt;i&gt;"No. No quiero que me intentéis convencer. La decisión esta tomada y no podéis conseguir que cambie de opinión. Si mi mujer y mis hijos no están en Reus, seguro que están muertos y convertidos en una de esas cosas, por lo cual, yo quiero correr el mismo final. Quién sabe, quizás convertido en una de esas cosas pueda reunirme con ellos de nuevo. Además, no es un final tan terrible. Antes que estar en una repugnante fosa, prefiero 'vivir' convertido en una de esas cosas. Es como una segunda vida, en la cual podré seguir caminando por esta preciosa España, la cual siempre he amado y admirado. Es un último regalo. Marcharos, no perdáis tiempo. Ha sido un honor haber sido miembro de vuestro grupo. Hasta siempre, compañeros"&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al escuchar sus últimas palabras, no he podido evitar emocionarme. Al igual le ha ocurrido a Belén y Esther. Iván, aunque impasible como siempre, le ha estrechado la mano. Yo he hecho lo mismo no sin antes darle un fuerte abrazo, el cual me ha correspondido. Belén y Esther también se han despedido entre lágrimas. Después de esto, nos hemos montado en el coche y puesto en marcha. Hasta que no nos hemos alejado bastante y no ha quedado sumergido por la oscuridad, he podido ver a Hans sentado allí, diciéndonos adiós con la mano. He sentido una profunda tristeza, la cual aun me emociona al pensar. Él ha sido el tercer y último compañero que hemos dejado atrás por culpa de la locura de Miguel. De nada sirve lamentarme, no cambiaran las cosas por mucho que lo haga. Ahora debemos centrarnos en llegar a Reus y en la difícil tarea de cruzar Tarragona. Es una locura hacerlo sin armas de fuego, por lo cual hemos llegado a la conclusión de que debemos conseguir unas con máxima urgencia. Pero, ¿como? ¿de donde las sacamos?. Tendremos que improvisar sobre la marcha. También tengo que cargar las baterías de los pc's portátiles, ya que si os estoy escribiendo es gracias a un empalme que he logrado hacer con el cargador en la batería del vehículo, el cual me permite utilizar el aparato pero no me quiero arriesgar a cargarlo completamente por si esto agota la batería del coche. Aunque no creo, no me quiero arriesgar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por cierto, una última cosa, que lo olvidaba. Aquella noche, Iván nos contó que había sido de él todo aquel tiempo que estuvo desaparecido. Al parecer, no ha estado perdido ni nada semejante, por lo que mi viaje de busqueda fue en vano. Él llego a la comunidad al poco tiempo de marcharse, un par de meses después. Lo que ocurrió fue que nada más llegar a los alrededores de la iglesia, fue interceptado por hombres de Miguel. Por lo visto, Miguel lo tenía todo más que planeado. Lo reducieron a traición y lo han mantenido todo este tiempo aislado en uno de los cobertizos, al igual que hicieron con nosotros. Según ha contado, pudo escapar cuando fueron a por él para llevarlo a la iglesia. Lo iban a sacrificar junto a nosotros. Tuvimos una gran suerte de que pudiese escapar, sino, hoy no estaríamos aquí. Aunque hubiese sido mucho mejor que lo hubiese hecho al menos 15 minutos antes, ya que así las cosas habrían cambiado y María, Elena y Hans estarían vivos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por lo visto, hay otra mala noticia, la cual me comunicó también esa noche. El Skull Korps sigue en activo e Iván conoce donde acampan. Esto es una mala noticia, aunque no me pilla por sorpresa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos encontramos a pocos kilómetros de Tarragona, así que desearnos suerte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-5970207451129385206?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/5970207451129385206/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=5970207451129385206' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5970207451129385206'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5970207451129385206'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/12/29-12-10-el-dia-del-juicio-final-y-la.html' title='+ 29-12-10 + El día del juicio final: Y la ira hizo aparición'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-2035788328750922965</id><published>2010-12-28T16:05:00.000-08:00</published><updated>2011-04-26T13:28:23.973-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='religión'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 28-12-10 + El día del juicio final: Los 7 pecados capitales</title><content type='html'>Continuo relatándoos: &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de haberme enfrentado con toda esa cantidad de sectarios, agotado, acorralado y desesperado, no pude hacer más. Como ya os he contado, prácticamente toda la comunidad nos llevó a la fuerza, atados, a uno de los cobertizos. Mientras nos llevaban de camino, la muchedumbre nos insultó y hasta nos intentó agredir. Pese a todo esto, Esther no cesó de intentar mediar con ellos, pidiéndoles que no escucharan a Miguel, que todo era una mentira. Yo ni lo intente. Estaban cegados por el fanatismo y solo escuchaban a su líder, que gritaba &lt;i&gt;"¡No la escuchéis! ¡Es Satán quién habla por su boca!"&lt;/i&gt;. Una vez nos llevaron al cobertizo, nos ataron con gruesas cuerdas y cerraron el cobertizo con llave. A partir de ese instante, comencé una desesperada batalla por soltarme de las ataduras. Mis compañeros hicieron lo mismo. Fue inútil. Las cuerdas eran resistentes y estaban bien ligadas. No fue hasta la semana cuando perdimos toda esperanza de escapar. Cada hora venía alguien de la comunidad a echarnos un vistazo, para ver si seguíamos atados o si habíamos escapado. Y lo que es peor, una vez al día hacía aparición Miguel con un séquito de tres sectarios y este comenzaba a leernos la biblia mientras que sus acompañantes rezaban. Esto era lo peor de todo, más aun que estar atados. No sé a santo de que hacían esto. Supongo que tendría algo que ver con lo que pensaban que éramos enviados del maligno. Nos trataron como animales, como a bestias salvajes. Nos daban de comer dos veces al día. Para esto, nos desataban las manos y nos vigilaban en gran número. Si veían que intentábamos aprovechar la oportunidad para desatarnos los pies, nos volvían a atar y nos dejaban todo el día sin comida ni agua. Fueron varios días los que no comimos, sobretodo por mi culpa. También, una vez cada dos días, nos desataban por turnos y nos sacaban literalmente a pasear, totalmente custodiados. Así durante dos meses. Esto ha sido el peor infierno que he padecido en toda mi vida. Os lo aseguro. Jamás he experimentado algo similar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Recuerdo en una de las ocasiones que vino Miguel a soltarnos el sermón que, ante mis constantes gritos de que hablase conmigo por unos minutos, accedió. La conversación no fue demasiado fructífera, por no decir nada. Lo primero fue pedirle que nos dejaran en libertad y nos iríamos sin causar problemas. Su respuesta fue un no rotundo acompañado de una de sus habituales monsergas. No recuerdo que fue lo que dijo, aunque os lo podéis imaginar, algo como &lt;i&gt;"Sois los enviados del maligno, el juicio final, bla bla bla...". &lt;/i&gt;Esther y Elena se lo llegaron hasta suplicar, pero fue en vano. Intente negociar lo siguiente con él. Mis palabras fueron&lt;i&gt; "Perfecto. Si no lo quieres así, te mejoro la oferta. Tú dices que Dios te ha dicho que somos enviados de Satán. Yo he sido quién ha traído al grupo aquí. Ellos no querían venir y yo los convencí. Por lo tanto, yo soy ese enviado. Yo soy el títere de quién tú llamas el maligno, por lo tanto, suelta a mis compañeros y quédate conmigo si quieres, pero a ellos déjalos, que no tienen nada que ver con mi decisión..."&lt;/i&gt;. Esta respuesta si que la recuerdo. Más que nada, por el odio que sentí en mi interior. Con su odiosa sonrisa dibujada en su rostro, me contestó &lt;i&gt;"Buen truco, Erik. Pero es inútil. No me vas a engañar con tu lengua de serpiente. No a mi, el enviado de Dios"&lt;/i&gt;. Mi réplica fue &lt;i&gt;"Tremendo hijo de la gran puta... Acuérdate, en el momento que tenga ocasión, te voy a enviar con tu Dios"&lt;/i&gt;. En aquellos momentos, no tenía ni idea para que nos querían retener. Si querían acabar con nosotros, ¿por qué nos seguían alimentando y complicándose la vida vigilandonos? Pasaban los días y nuestra única esperanza era que apareciera Eduardo y nos sacase de allí. Pero eso no ocurría. Es más, no ocurrió. Yo estaba atado en un viejo arado situado en la esquina del cobertizo de madera. Desde allí y sin poder moverme mucho, miraba al exterior desde un agujero que había en la pared de madera. Desde allí, vigilaba todo lo que ocurría en la comunidad. Todos los días veía a la comunidad realizar las tareas del campo, también veía como llevaban a la iglesia materiales de construcción y sacaban los escombros. Así, día tras día, semana tras semana. Hasta que llegó el gran día.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El día 25, o sea, hace tres días, amaneció lluvioso. Los truenos sonaban con fuerza y un torrente de agua caía con fuerza, golpeando el techo de la caseta. Seguíamos tal cual hacía unos meses, retenidos en el dichoso cobertizo. A estas alturas y con el tiempo que había transcurrido, estábamos exhaustos en todos los aspectos. Yo apenas tenía fuerzas para moverme y era notable el cambio que había experimentado mi cuerpo. Prácticamente estaba en los huesos. Observando, como siempre, desde el agujero de la pared, pude ver algo que llamó mi atención. Una gran cantidad de sectarios de la comunidad, acompañados por Miguel, salieron del edificio principal. Iban todos armados con los lazos de perrera. Por unos instantes pensé que se dirigían a por nosotros, pero no, me equivocaba. Se dirigieron hacía la granja de los merodeadores. Esta estaba fuera de mi perímetro de visión, pero no tardé en adivinar cuales eran sus intenciones. Minutos más tarde hicieron aparición en grupos de cuatro, portando atrapados en sus lazos a un merodeador cada uno. Los merodeadores fueron conduciendo hasta la iglesia. Esto solo significaba una cosa: estaban llenando el foso. Así se pasaron gran parte del día, trayendo merodeadores de uno en uno. Yo se lo comuniqué a mis compañeros, les dije lo que estaban haciendo y que muy posiblemente, fuese lo que fuese por lo que nos estaban reteniendo, iba a ser hoy cuando lo íbamos a descubrir. Aproveché y les dí ordenes de que hacer en cuanto vinieran a desatarnos. A Belén, Elena y Esther les dije que, en cuanto tuviesen ocasión, salieran huyendo e intentasen dirigirse a los coches. A María y Hans les pedí que, en cuanto les soltasen, intentasen montar un tumulto en el cual yo también participaría. Busqué por el suelo cualquier cosa que me fuera útil para atacarlos. Solo encontré un clavo oxidado. Aunque no era muy grande, de algo me podría servir. Con el pie lo acerqué hasta mi posición. Como tenía las manos atadas, situé el clavo entre mis piernas, para que en cuanto me liberasen las manos, pudiese cogerlo. Pasaron las horas. La tormenta seguía azotando el lugar con casi más fuerza que antes. No sé que hora sería, solo se que estaba anocheciendo, cuando pude ver que del edificio salía un grupo entre los cuales se encontraba Juanca. Iban todos ataviados con túnicas y portaban los lazos. Venían hacía nuestra posición. Avisé de esto a Belén y los demás para que estuvieran preparados. Cuando llegaron al cobertizo, abrieron la puerta y entraron dentro. Sentí un escalofrió cuando oí que estaban cantando. Más que cantando, estaban orando en voz baja. Juanca, al verme, sonrió y me dijo &lt;i&gt;"Ya ha llegado el gran día y vais a pagar por todos vuestros pecados"&lt;/i&gt;. No le contesté y esperé a que empezaran a desatarnos. Uno de los sectarios se me acercó y clavó sus ojos en los míos mientras recitaba su oración. Comenzó a desatarme las manos. Cuando terminó y antes de levantarme, cogí disimuladamente el clavo y lo sujete con fuerza con mi mano derecha. Fue entonces cuando Hans le propinó un puñetazo a uno de los sectarios, derribandolo en el suelo. Juanca y los demás se giraron para ver que ocurría y fue entonces cuando yo entré en acción. De un rápido movimiento, dirigí el clavo con un golpe seco a la cabeza del que me había soltado. Se lo clavé en la sien y este no tuvo tiempo de reacción. Cayó abatido al instante. Nuestros captores se vieron inmersos en la confusión mientras Hans y María les atacaban. Entonces les grité a Belén, Esther y Elena &lt;i&gt;"¡¡Ahora!! ¡¡Corred!!"&lt;/i&gt;. Mientras cogía de la chaqueta a unos de los sectarios y lo golpeaba, pude ver como Belén y Esther, ya con los pies desatados, salían corriendo por la puerta, mientras Elena era arrinconada y retenida por dos individuos. En ese mismo instante, por el rabillo del ojo vi a Juanca. Estaba al lado mio y cuando intente reaccionar, me propinó un fuerte golpe con algo en la cabeza. Fue cuestión de segundos lo que tarde en caer derribado al suelo y perder el conocimiento. Ya en el suelo y antes de perder totalmente el conocimiento, con la visión desenfocada, pude ver como reducían a Hans y María. Esa fue la última imagen que pude ver antes de desvanecerme por completo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé cuanto tiempo estuve desmayado. Si no me equivoco, unos cuantos minutos, ya que cuando desperté, nos estaban sacando del cobertizo. Si desperté fue gracias a los estridentes gritos de Elena y por la fuerte lluvia que golpeaba mi cara. Aturdido, observé mi alrededor. No tardé en percatarme de que estaba atado de pies y manos,  siendo transportado en alto por la muchedumbre. Decenas de manos me agarraban. Comencé a gritar e insultar, pero era como si no me escucharan, estaban absortos en sus cánticos. A pocos metros de mi, a mi derecha, pude ver a Belén siendo transportada igual que yo. En su rostro pude ver una mueca de terror. Busqué a los demás y no tardé en encontrarlos. Hans y Elena estaban delante nuestra, siendo transportados también en volandas. A mi izquierda y luchando desesperadamente por escapar, María. Nos conducían a la iglesia. Las cosas pintaban horriblemente feas y solo nos quedaba esperar un milagro que nos sacara de esa situación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando llegamos a la puerta de la iglesia, Juanca abrió los portones y una potente luz escapó de dentro. Cuando nos metieron en el interior, pude ver todo con más lujo de detalle. Colgando de la pared habían decenas de potentes antorchas que ardían emitiendo una fuerte luz. El ambiente estaba cargado con un fuerte olor a incienso, el cual creo que provenía de una especie de lámpara que ardía en vivo fuego, la cual descendía del techo y quedaba a pocos metros del altar. Sentados en los bancos, se encontraba todos los miembros de la iglesia que no habían participado en nuestro transporte. Todos vestían las túnicas y entonaban el mismo cántico siniestro que los que nos transportaban. Ahora, el canto era más fuerte y resonaba por toda la iglesia. Al fondo de la sala y subido al altar, se encontraba Miguel. Este nos miraba con expresión de odio mientras aguardaba nuestra llegada. Cuando nos transportaban hacía el altar, pasamos junto al foso. Fue entonces cuando miré al interior y se me estremeció el alma de espanto. Allí dentro, hacinados a decenas, se encontraban los merodeadores. Estos, sin la posibilidad de poder escapar, alzaban sus brazos hacía nosotros y nos miraban mientras proferían gemidos que eran ahogados por los cánticos de la multitud. Estaban ansiosos y algunos parecían que expulsaban espumarajos por la boca. Al parecer, el estar tan cerca de tanta gente los alteraba. Me llamó la atención uno de los merodeadores, ya que llevaba túnica. Tenía la cara hinchada a causa de la putrefacción y parecía que sus ojos blanquecinos se salían de las cuencas. He deducido que este sería uno de los sectarios que fue muerto en los ataques que sufrimos tiempo atrás por parte de los merodeadores. No tardaron en subirnos al altar, situándonos detrás de Miguel. Este, con una sonrisa casi maquiavélica, nos miró uno a uno mientras que con un gesto con los dedos indice y corazón nos dibujaba una cruz en la frente. Cuando llegó mi turno, le escupí a los pies en símbolo de desprecio. Después, volvió a la posición inicial, cara a la comunidad. Desde nuestra posición podíamos ver parte del foso y a toda la comunidad sentada en los bancos. Tras nosotros, como custodiandonos para que no intentáramos escapar, se situaron varios individuos ensotanados, entre los que se encontraba Juanca. Miguel, con un gesto de mano, hizo callar a toda la multitud, la cual cantaba. Transcurrieron unos largos segundos de silencio, en los cuales solo se oía a Elena llorar y a mi insultar a Miguel. Haciendo caso omiso, Miguel comenzó a soltar un discurso. No lo recuerdo bien, ya que en esos momentos tenía preocupaciones más grandes que captar y recordar sus palabras. Pero si no recuerdo mal, venía a decir esto:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"¡Hermanos! ¡Hermanas! ¡El gran día ha llegado! ¡El fin de los tiempos están aquí! Sentiros felices de esto, pues somos los elegidos. Pero antes de abandonar este mundo terrenal, nos queda una última misión, que es acabar con los últimos impuros sobre la tierra. Dios nos pide su sangre y estamos obligados a dársela. Cuando hayamos terminado esto, será entonces cuando estaremos preparados para acudir a su llamada y presentarnos ante él. No debemos flaquear en este momento, no debemos temer nada, pues Dios es misericordioso y nos premiara con la vida eterna. No temáis, hermanos, ¡Ser fuertes y rezar! ¡Aclamaros a Dios pidiendo misericordia por vuestras almas y castigo para la de estos impuros!"&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En ese instante, los cánticos se alzaron inundando toda la sala. Fue entonces cuando Miguel se giró hacía nosotros. A paso lento, se acercó y situó frente a nosotros. Desfiló delante de nosotros, parándose frente a cada uno y observándonos detenidamente. Cuando llegó frente a Elena, la señaló con el dedo y dirigió la mirada a los que estaban tras de nosotros. Juanca y otro individuo se dirigieron rápidamente a por Elena y la agarraron, levantándola, mientras esta pasaba de dibujar en su rostro una mueca de que no comprendía nada a gritar y patalear. Mientras Juanca y el otro se la llevaban, Miguel se dirigió a los tres que quedaban tras de nosotros, diciéndole: &lt;i&gt;"Hermanos, traer el séptimo pecado y abrir las puertas de la granja. Ha llegado el momento de que dejéis libres a los reanimados que allí quedan. Antes de todo, no olvidéis encender las piras de madera que rodean el edificio para atraerlos"&lt;/i&gt;. ¿El séptimo pecado? ¿Soltar a los merodeadores? Si bien no comprendía que quería decir con el séptimo pecado, entendía perfectamente lo de abrir las puertas de la granja. Ya sabía que estaban planeando. Querían matarnos uno a uno y culminar su orgía de locura suicidándose soltando a los merodeadores. Mientras estos tres personajes se dirigían al exterior, yo comencé a intentar soltar las ataduras de mis muñecas. Vi como Belén, a mi lado, intentaba hacer lo mismo. El tiempo corría en nuestra contra, pero más aun lo hacía en la contra de Elena. A esta la habían conducido al borde del foso y Miguel ya estaba a su lado. Sosteniéndola del pelo, levantó su voz por encima de los cánticos, diciendo &lt;i&gt;"¡Dios todopoderoso! ¡Aquí va el primer impuro! ¡El que representa a la lujuria! ¡No tengas piedad con su alma!"&lt;/i&gt;. De un rápido movimiento, Miguel empujó a Elena hacía el foso y esta se precipitó al interior. Fue horroroso contemplar esto y sentí un tremendo vuelco al corazón al escuchar sus últimas palabras. Justo en el mismo momento que Elena era empujada, gritó entre sollozos &lt;i&gt;"¡No! ¡Por favor, no! ¡Erik! ¡Ayudame, Erik!"&lt;/i&gt;. Yo, atado, no pude hacer nada. Aunque Elena nunca fue santa de mi devoción, la habría ayudado sin pensar. Pero no pude. Allí, atado e inmovilizado, solo pude escuchar los gritos de dolor de Elena mientras la devoraban. Fue terrible. Y más aun lo fue ver como la sangre y trozos de carne saltaban del interior del foso... Espantoso... Vi como mis compañeros me miraban horrorizados, como Esther lloraba desconsoladamente, como María gritaba como una poseída maldiciéndolos a todos. Eran gritos de impotencia. Mientras tanto, la comunidad seguía sumida en sus cánticos, como si ignoraran el horror que allí estaba aconteciendo y Miguel, impasible ante lo que acababa de hacer, se volvía a dirigir a nosotros. Los gritos de Elena ya no se escuchaban. Le había ocurrido lo mejor que le podía pasar en esa situación: morir lo antes posible y dejar de sufrir el dolor que presupone que la devoraran viva. Miguel acompañado de sus dos secuaces ya estaba frente a nosotros y buscando quien sería el siguiente. Yo no podía parar de insultarle, pero él, ignorándome, señaló a su nueva victima y se me cayó el mundo a los pies cuando vi de quien se trataba. Había escogido a María. Fue entonces cuando me terminé de trastornar y comencé a gritar con todas mis fuerzas que la dejaran. Mientras arrastraban a María hacía el foso, esta se revolvía con una fuerza sobre humana, creándole serios problemas a sus captores. Mientras, iba profiriendo insultos. Pero de nada sirvió. La situaron al borde del foso, sujetada porJuanca y el otro, y Miguel alzó la voz: &lt;i&gt;¡Señor! ¡Aquí te enviamos al segundo de los hijos del maligno! ¡Representa a la soberbia! ¡Envía su alma las profundidades del infierno y que se ahogue en azufre!"&lt;/i&gt;. El instante en el que Miguel empujaba a María se hizo eterno. Fue como si este transcurriera a cámara lenta. Vi como María se precipitaba al foso y, junto a ella, también caía uno de sus captores. Por desgracia, ese no era Juanca. No sé como fue, pero ese individuo cayó al interior casi al mismo tiempo que ella. Quizás, María pudo agarrarle de alguna forma en el último instante o se cayó por un descuido, no lo sé. Solo sé que en ese mismo instante grité desesperado mientras los gritos de María emergían del foso. Entré en una especie de shock, en el cual dejé de percibir la realidad tal como era. Mi visión se volvió distorsionada, mis oídos percibían los sonidos alterados y distorsionados, mezclando los cánticos y los gritos de María en un mismo sonido. No sé que me ocurrió. Lo que si sé que acababa de morir una buena amiga que me había acompañado todo este tiempo, desde el principio. Ella era la única que había sobrevivido de mi grupo original. Primero murió Alicia en la urbanización, los primeros días que todo esto empezó. Después José, en el hospital, seguido de Raúl, que murió camino del puerto. Y ahora María. Los he perdido a todos y ya nunca jamás volverán a mi lado. Me siento destrozado por esta última perdida y no levanto cabeza desde entonces... La echaré de menos, a ella como amiga y a ella como valiente superviviente...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como os decía, dejé de percibir la realidad tal cual era. Solo desperté del shock cuando tenía a Miguel frente a nosotros de nuevo y escogió a su nueva victima: Belén. Belén comenzó a llorar y yo a gritar que la dejara y que me cogiese a mi primero. Miguel no me hizo caso y, ayudado por Juanca, se llevaron a Belén. Mientras se la llevaban, ella me miró con el rostro lleno de lágrimas y me dijo &lt;i&gt;"Te amo, Erik"&lt;/i&gt;. Me sentía tan bloqueado que no le pude contestar,  solo me centre en gritar que la soltaran. La habían arrastrado hasta mitad de camino cuando un grito sonó en la sala. Los cánticos cesaron y yo tuve la esperanza de que fuese el milagro que esperaba. Miguel se detuvo y dirigió la mirada hacía donde procedía el grito. Había gritado una señora, la cual estaba en un extremo de los bancos de la izquierda. Esta tenía la mirada clavada en una de las ventanas. Miguel se pronunció, diciendo &lt;i&gt;"¿Que ocurre, hermana?"&lt;/i&gt;. Ella contestó &lt;i&gt;"¡Hay reanimados en la ventana, hermano Miguel!"&lt;/i&gt;. De repente, toda la sala dirigieron las miradas a las ventanas más cercanas y varias voces se pronunciaron diciendo &lt;i&gt;"¡Aquí también!"&lt;/i&gt;. Miguel contestó &lt;i&gt;"Sí, hermana. No temas, todo esta en los planes del altísimo. Seguir rezando, no podemos perder tiempo"&lt;/i&gt;. Fue entonces cuando unos golpes insistentes comenzaron a sonar en el portón de entrada. Eran más merodeadores. La gente se giró. La gente se estaba empezando a percatar de que iba la cosa y se estaban asustando. Esa era nuestra única esperanza, una rebelión en masa contra toda esta locura. Pero Miguel alzó de nuevo la voz, esta vez con tono autoritario, diciendo &lt;i&gt;"¡No podemos abandonar ahora! ¡No podemos dejarnos llevar por el miedo o Satán habrá triunfado! ¡Tener fe! ¡Esa es la llave del reino de los cielos! ¡¡Continuar rezando, que Dios oiga de que lado estamos!!"&lt;/i&gt;. Para mi asombro, ¡la gente le hizo caso y volvieron a entonar sus rezos! Se me cayó el mundo a los pies. Ya no había nada que hacer, esa gente estaba tan loca como su líder. Impotente, vi como llevaron a Belén hasta el borde del foso y Miguel se pronunció: &lt;i&gt;"¡Yahveh! ¡Aquí te enviamos al tercer impuro! ¡La esposa del líder de los enviados de aquel que renegó de ti! ¡Guardale un puesto entre las brasas más ardientes del infierno! ¡Representa a la avaricia!"&lt;/i&gt;. Mi mundo se detuvo en ese instante. En ese mismo en el que el único lazo que me ataba a esta tierra iba a ser sacrificado. Y yo, allí, atado y sin poder hacer nada más que ver morir a Belén. Mi Belén... Mi pobre Belén...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Necesito juntar fuerzas para continuar con la última parte del relato. Lo siento. Darme solo un día más. Espero que lo comprendáis, todo esto no es fácil para mi.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-2035788328750922965?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/2035788328750922965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=2035788328750922965' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2035788328750922965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2035788328750922965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/12/28-12-10-el-dia-del-juicio-final-los-7.html' title='+ 28-12-10 + El día del juicio final: Los 7 pecados capitales'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-3143212566586647534</id><published>2010-12-27T21:44:00.000-08:00</published><updated>2011-03-30T19:16:35.784-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombies'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><title type='text'>+ 27-12-10 + El día del juicio final: Enviados por el maligno</title><content type='html'>Antes de nada, quiero decir que los hechos que os voy a relatar van a estar divididos. Es decir, os lo voy a relatar en al menos dos entradas, ya que os tengo que contar muchas cosas y con una entrada no será suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta ocasión, no hemos pecado de confiados, ni de ignorantes, ni de poco precavidos... Nos la han clavado porque así estaba escrito, porque así tenía que pasar... Quizás se podía haber evitado si hubiéramos salido de aquí al poco de acabar la entrada anterior, pero si no lo hemos hecho no ha sido por capricho, sino por necesidad. Movernos significa planificar las rutas, recoger nuestras pertenencias, encontrar vehículos para movernos más seguros... Son muchas cosas que nos han impedido ser más rápidos de lo que hemos sido y por lo cual nos hemos visto en esta situación. Es tontería buscar culpables o errores. Como ya he dicho, lo que ha ocurrido a ocurrido porque tenía que pasar y nada más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día 19 nos levantamos temprano. Más que de costumbre. Desde que ocurrieron los últimos acontecimientos, dejamos de consumir alimentos manipulados por los miembros de la comunidad. De todas formas, no creo que nos hubieran servido nada. Ya habíamos dejado de ser bienvenidos y los feligreses pasaron de ignorarnos a mirarnos mal, hasta nos insultaban en nuestra cara. Si dejamos de comer de sus alimentos no fue por esto, sino porque no nos fiábamos de que estos envenenarán nuestra comida para acabar con nosotros. Por lo cual, todas las mañanas, un grupo de dos de nosotros salíamos a los campos cercanos a recoger alimentos para ese día. Frutas, verduras, algún animal de la comunidad... Sí, hemos estado robando a la comunidad y ellos conocían esto. Que se jodan. Dicho día, después de realizar esta tarea y de desayunar unas cuantas naranjas y manzanas, nos pusimos a terminar de recoger nuestros enseres y prepararlos para nuestra partida. Ese día era nuestro último día en la comunidad de tarados. No sabéis el tremendo pesar que llevaba en mi interior. El pensar que teníamos que dejar a Eduardo atrás me estaba comiendo la conciencia. Pero que podíamos hacer si él no había vuelto. Mi única esperanza en ese momento era consolarme pensando que de camino a Reus tendríamos la oportunidad de seguir su rastro.&lt;br /&gt;Bien, después de desayunar, marché con María para buscar dos vehículos. Teníamos la oportunidad de coger uno de los del aparcamiento, pero hacer esto significaba llamar la atención de la comunidad y, por lo tanto, darles a conocer nuestra intención de marcharnos ese mismo día. Y eso no era prudente. Debíamos marcharnos sin que se enteraran de que lo habíamos hecho. Así no tendrían oportunidad de intentar impedírnoslo. No recuerdo a que hora salí con María, pero lo que si que recuerdo es que la tarea de encontrar dos vehículos adecuados nos llevó horas. No nos fue fácil por diversos motivos. Los coches que encontrábamos en la autovía, o bien estaban muy destrozados o bien no arrancaban. Y no hablemos de los problemas que nos dieron lo merodeadores. Mira que he transitado esta autovía veces en los últimos meses y os puedo decir que nunca la había visto tan plagada de merodeadores. No supe a que se debía, aunque supongo que es cuestión de azar, ya que esos seres no tienen otra faena que deambular y, quieras que no, siempre se terminar juntando en manada en un mismo punto en concreto. La verdad, nuestra tarea fue muy entorpecida por estos. Teníamos menos de cinco minutos por cada coche. Es decir, si en cinco minutos no habíamos puenteado el coche con éxito, teníamos que salir por piernas porque los merodeadores estaban alcanzando nuestra posición. También cabe destacar un pequeño percance. María se metió en un vehículo para intentar arrancarlo mientras yo me quedé fuera. Estaba vigilando la posición cuando me alertaron los gritos de María. Miré al interior del vehículo y me vi a María forcejeando con un merodeador. Este, totalmente escuálido y con la cabeza totalmente despellejada, la cual era toda hueso, había salido del asiento trasero del coche y estaba agarrando a María, sentada en el asiento del piloto, e intentandole morder, mientras ella lo sujetaba del huesudo cuello y me gritaba que se lo quitara de encima. Rápidamente, dejé mi rifle en el suelo y cogí la escopeta de María. Con sumo cuidado pero sin perder tiempo, le acerqué el cañón a la cabeza y apreté el gatillo. La cabeza de este explotó en mil pedazos y la masa pútrida de su cabeza nos embadurno por completo. Después de esto, nos marchamos corriendo a toda prisa ya que los merodeadores ya habían llegado a nuestra posición. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al final, nos hicimos con dos vehículos. Nos costó pero por fin teníamos dos utilitarios en perfectas condiciones. Lo siguiente fue dirigirnos a la comunidad pero sin entrar al aparcamiento con los vehículos. Estos los dejamos en el borde del camino y realizamos la parte del otro trayecto a pie. Cuando llegamos a la comunidad fue como llegar a esta por primera vez. Al ver el edificio ante nosotros, me invadieron los recuerdos de cuando llegamos aquí aquel 4 de Junio. Sentí nostalgia, ya que las cosas habían cambiado tanto...&lt;br /&gt;Lo primero que hicimos fue buscar a los demás y avisarles de que teníamos los coches y había llegado la hora de marcharnos. Tuvimos suerte, ya que todos los miembros de la comunidad estaban en una de sus tediosas y enfermizas misas, así que era cuestión de recoger nuestras cosas, llevarlas a los coches y marcharnos de aquí pitando. Yo propuse lo siguiente: me quedaría en las inmediaciones de la iglesia con la intención de avisar a todos si los sectarios terminaban la misa mientras los demás llevaban los trastos a los coches. Recalco que nuestra intención era marcharnos del lugar sin que se enterara la comunidad. Pues bien, me dirigí a la iglesia y me situé cerca de la puerta. Desde aquí podía oír a Miguel soltar su sermón. Este era muy diferente a todos los que habíamos oído tiempo atrás. Su voz, siempre tranquila y pacifica, se había convertido en agresiva y cargada de odio. No estaba hablando en voz alta como siempre lo hacía, estaba gritando, vociferando. Y sus palabras... me pusieron los pelos de punta. Hablaba de nosotros:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"...Ellos, ellos son el maligno encarnado. Por culpa de gente como ellos Dios nos ha enviado a su ejercito divino. Su ejercito ha arrasado la tierra y ha acabado con todos los impuros de este mundo. Dios los ha aplastado aunque muchos se escondieran. Se escondieron pero no les sirvió de nada, ¡porque nadie se puede esconder de Dios todopoderoso! Sin embargo, este grupo de infieles, que han escupido sobre nuestra fe, ¡sobre nuestro Dios!, han logrado escapar de su destino. ¿Y por qué? ¡Porque el mismísimo Satán esta de su parte! Sí, hermanos, el ángel caído, la bestia, el repudiado de Dios... ¡Él esta ayudándolos! Él les guía, los maneja a su antojo. Por ello vinieron aquí, ¡el maligno los envió con la misión de corrompernos! Lo ha hecho porque nosotros somos el único bastión puro del mundo, ¡somos los únicos supervivientes! ¡y él quiere sacarnos de nuestra senda! Por ello este grupo de malditos a los ojos de Dios ha sobrevivido tanto tiempo vagando por la tierra... ¡Porque Satán les ayuda! Dios me avisó de ello, él me dijo 'Vendrá un grupo de sobrevivientes liderados por un chico joven. Ellos te pedirán hospitalidad, os intentarán engañar con buenas palabras y se harán pasar por uno más entre vosotros. Pero ellos no serán quienes dicen ser. Ellos son enviados por aquel que renegó de mi y fue expulsado de mi reino. Su misión será corromper vuestra pureza, desviaros del camino que yo os he marcado. Pero no los repudiéis. Darles vuestra mejor hospitalidad, acogerlos en el terreno sagrado que yo os he dado y compartir vuestros alimentos con ellos, tratarlos como a hermanos, pero manteneros firmes en vuestra fe y no escuchéis sus palabras. Cuando vean que es imposible quebrantar vuestras almas, ellos intentarán escapar. Lo harán una y otra vez, pero yo se lo impediré, haciéndoles volver siempre que intenten escapar. Entonces vosotros, hijos míos, habréis conseguido frustrar los planes del maligno. Sus enviados estarán a la merced divina. Solo tendréis que esperar al gran día y será entonces cuando me tendréis que enviar las últimas almas impuras sobre la tierra. Entonces, todo acabará, el día del juicio final habrá llegado'. Ese fue su mensaje y yo he llevado a cabo su voluntad. Les he ofrecido nuestro techo, nuestra hospitalidad, nuestros alimentos... y ellos, tras varios intentos de acabar con nuestra fe, han intentado huir. Pero Dios se lo ha impedido. Entonces, muchos de vosotros comenzasteis a dudar y a dejaros seducir por ellos. ¿Recordáis que fuimos atacados por hordas del ejercito divino? ¡Eso fue un castigo de Dios! ¡El todopoderoso estaba enojado porque muchos de vosotros estabais comenzando a perder vuestra fe por este grupo de infieles! ¡Os estabais dejando engañar por sus palabras que hablaban de una ciudad segura! ¡Por ello nos envió ese castigo y dejó de hacerme revelaciones! ¡Pero conseguimos enmendar el error y ahora más que nunca debemos demostrarle a nuestro Señor que seguimos su palabra sagrada! ¡Él quiere que le entreguemos las almas de esos impuros en el gran día y así lo haremos!". &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;/i&gt;En este punto, la gente enfervorizó y comenzó a gritar &lt;i&gt;"¡Eterna gloria a nuestro Señor todopoderoso"&lt;/i&gt; y lanzar otras alabanzas a su Dios mientras otros muchos gritaban &lt;i&gt;"¡Abajo los infieles!"&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;"¡Que la ira divina caiga sobre los enemigos de nuestro Señor!"&lt;/i&gt;. Me sentía horrorizado y me estaban invadiendo unas tremendas ganas de salir corriendo para avisar a los demás. Lo que temíamos se había iniciado. Miguel estaba pidiendo nuestra cabeza y la gente encolerizada lo aclamaba. Miguel continuó con unas breves palabras, las cuales me hicieron salir de estampida de allí: &lt;i&gt;"¡Hermanos! ¡Vayamos a por ellos ahora mismo! ¡Cumplamos la orden divina!"&lt;/i&gt;. Automáticamente después de oír esto, salí corriendo hacía el edificio principal mientras desenfundaba mi pistola. Corrí todo lo aprisa que pude y no tardé en llegar a la puerta principal. Allí me encontré a Hans, cargado con varios enseres. Prácticamente sin aliento, le dije &lt;i&gt;"¡¿Donde están todos?¡ ¡¿Donde esta Belén?!"&lt;/i&gt;. Hans, sin entender nada, me dijo &lt;i&gt;"Pues supongo que dentro, recogiendo. ¿Que ocurre?"&lt;/i&gt;. Mientras abría la puerta principal, le dije &lt;i&gt;"¡Vienen a por nosotros! ¡Corre y pon en marcha los vehículos! ¡Rápido!"&lt;/i&gt;. A mis espaldas pude oír a la muchedumbre y cuando giré la cabeza, pude ver a varios de ellos con Miguel a la cabeza. Este, al vernos, gritó &lt;i&gt;"¡Ahí están! ¡A por ellos!"&lt;/i&gt;. Hans lanzó las cosas al suelo y salió corriendo mientras yo me metí en el interior del edificio. Corrí en busca de Belén mientras todos los sectarios entraban en el edificio. Mientras corría por los pasillos, iba llamando a Belén a gritos. Esta no me contestaba. Nadie lo hacía. Nada más llegar a la habitación la abrí prácticamente de un golpe esperando encontrarla allí. Pero no, no estaba. Intenté salir de esta y huir, pero por el pasillo pude ver a la turba de gente, corriendo y gritando &lt;i&gt;"¡Infiel!"&lt;/i&gt;. Estos me vieron y yo cerré la puerta de la habitación y la bloqueé como pude con la cama. Desesperadamente busqué alguna de las armas que dejamos en la habitación días anteriores, pero no estaban. Es más, no había nada de nuestras pertenencias. Al parecer, Belén ya las había recogido y llevado al coche. No me quedaba otra opción que defenderme con la pistola, pero con un cargador de 17 balas no sería suficiente para disuadir a la turba. Los primeros golpes a la puerta sonaron. Poco a poco, estos se hicieron más insistentes y violentos, mientras la frágil puerta temblaba por cada enviste. No tenía escapatoria. Permanecí quieto apuntando mi arma mientras les gritaba que estaba armado. Pero ellos ni siquiera me escuchaban y mi voz era eclipsada por sus gritos y golpes. Al final, la puerta cedió y una gran brecha se abrió en el centro. La cama se desplazó y la puerta quedó abierta. Comenzaron entrar. Los primeros fueron dos individuos ataviados con túnicas. Estos me lanzaron una mirada de odio y comenzaron a acercarse a mi. Yo les grité &lt;i&gt;"¡No deis ni un paso más o disparo!"&lt;/i&gt;, pero no me hicieron caso. Intentaron lanzarse sobre mi pero les disparé antes. Efectué tres disparos. Al primero le alcancé en la cabeza y al segundo en hombro y pecho. Estos cayeron abatidos pero cuando me di cuenta ya habían entrado cuatro más. Y seguían entrando. La voz de Miguel sonó de entre la turba que había en el pasillo, diciéndome &lt;i&gt;"¡Es inútil, Erik! ¡¿Cuantas balas puedes utilizar contra nosotros?¡ ¡Somos más y tus balas no nos frenarán! ¡Rindete, hijo del maligno!"&lt;/i&gt;. Disparé nuevamente y acabé con los que se me intentaron acercar. La situación me desbordaba y solo podía recular disparando. A pesar de que veían que les apuntaba y no dudaba en disparar, ellos no se amedrentaban y seguían intentando atraparme. Estaban poseídos por una fe fanática que los lanzaba a la muerte sin pensarlo. De repente, Juanca apareció de entre la multitud. Este iba vestido con túnica y me miró mientras me sonreía. Lo encañoné y apreté el gatillo. Pero el arma martilleó en vació. Había vaciado el cargador. Y este era el único que tenía. Los otros estaban en mi mochila la cual no llevaba encima. Juanca y varios más comenzaron a acercarse. Yo, arrinconado en la pared, desenfundé el machete y me puse en guardia. El primero que se lanzó sobre mi recibió por mi parte una estocada en el abdomen que lo hizo desplomarse. Al segundo le alcancé en el cuello antes de que se me acercara. Fue desagradable ver como caía de rodillas profiriendo un grito ahogado y la sangre brotando de su cuello como una fuente...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La habitación estaba llena de sectarios y era imposible abrirme paso entre ellos con un simple machete. Era cuestión de tiempo que me redujeran. Por eso tomé la solución más drástica y de la única que disponía en ese momento. Salté por la ventana. No era la primera vez que hacía esto. No se cuanta distancia habría, solo puedo decir que no era pequeña. Atravesé el cristal de la ventana y caí en picado hasta aterrizar en el suelo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El golpe fue violento e intente amortiguarlo lo mejor que pude. Un terrible dolor me recorrió desde los pies hasta la columna vertebral, pero no podía pararme a esperar a que este desapareciera. Encorvado, me puse en pie y levanté la cabeza para mirar a la ventana. Allí habían varias cabezas asomadas, entre ellas, la de Juanca. Acto seguido, un individuo saltó por esta y cayó a mi lado. Todos comenzaron a hacer lo mismo y yo solo pude salir corriendo. Corrí y corrí hasta bordear el edificio y llegar al aparcamiento. Mi sorpresa fue que, al llegar a este punto, vi a un grupo de sectarios en el centro del aparcamiento. Estaban en circulo. Intenté evitarlos hasta que vi que en el centro, atados, tenían a Belén, Esther, Hans y Elena. Un sentimiento de rabia y odio me recorrió el cuerpo y, cegado por estos sentimientos, corrí hacía sus captores con el puñal en mi mano. Belén, al verme, gritó &lt;i&gt;"¡No! ¡Huye!"&lt;/i&gt; y los cinco captores se giraron, descubriéndome. Estos llevaban lazos de perrera y uno de ellos, una horca de granero. Cuando llegué hasta su posición, salté sobre el primero y comencé a clavarle el machete una y otra vez. No podía parar de hacerlo y la sangre me salpicaba empapándome. Uno de ellos intentó golpearme con el lazo, pero yo esquivé el golpe y le lancé un tajo a su pierna. Le corté a la altura del muslo superior. Podía oír de fondo los gritos de Belén, pero en ese momento, mi mente estaba cegada y solo deseaba matarlos a todos. Una chica de mediana edad que no vestía túnica, me golpeó con el palo de su lazo en el hombro. Me recuperé del golpe y dirigí mi machete hacía su pecho. Le asesté una estocada en el centro de su caja torácica y esta cayó desplomada en el acto. Fue entonces cuando acabó la batalla. A mi espalda, uno de los individuos consiguió atraparme con el lazo. Me capturó del cuello como hacían con los merodeadores y me inmovilizó. Yo, machete en mano intenté soltarme, pero era imposible. Este comenzó a zarandearme hasta que me hizo perder el equilibrio y caí al suelo. Tumbado sobre el asfalto y fatigado, pude ver a Belén, Esther, Hans y Elena, que me miraban con cara de horrorizados. Volví a intentar rehacerme, pero fue imposible. Me tenían bien cogido. Uno de ellos me pisó la mano y me quitó el machete. Yo, derrumbado, me dirigí a Belén. Le dije &lt;i&gt;"Lo siento... Os he fallado... Os he fallado..."&lt;/i&gt;. Al poco, vinieron cuatro individuos más. Traían a María, también del cuello con uno de esos lazos. Nos retuvieron hasta que vino Miguel seguido de toda la comunidad. Este, al verme, gritó &lt;i&gt;"¡Oh, hermanos! ¡Miradlo! ¡Observar como es la bestia encarnada! ¡Esta cubierto de la sangre de nuestros hermanos!"&lt;/i&gt;. Yo miré mi cuerpo y vi, asombrado, que estaba empapado de sangre. Parecía que me había lanzado en una bañera llena de fluido vital. Al ver esto, no pude evitar ponerme a vomitar. Fue entonces cuando, como salido de la nada, hizo aparición Thor. Nadie lo vio correr hacia nosotros y se percataron cuando este se lanzó sobre uno de lo sectarios. Lo agarró del cuello e hizo presa con sus mandíbulas. Todos los allí presentes recularon horrorizados y solo Miguel se quedó quieto e impasible. Thor asfixio a su victima y Miguel gritó &lt;i&gt;"¡No tengáis miedo! ¡Dios nos protege ante esa bestia de los infiernos!"&lt;/i&gt;. Al pronunciar estas palabras, Thor levantó la cabeza y centró su atención en Miguel. De un rápido movimiento comenzó a correr y brincó en dirección a su cuello. Pero... pero... ocurrió lo que nunca debió ocurrir. El individuo de la horca atravesó a Thor con esta y lo derribó antes de que llegara a Miguel. Hijos de puta... No os podéis ni imaginar lo que le he llorado todo este tiempo. No puedo borrar de mi mente la imagen de Thor en el suelo con la horca clavada en su costado. Aun puedo verlo allí tirado, respirando dificultosamente y sus ojos clavados en mi. Malditos. Yo, ante esa escena, solo pude gritar de rabia. Nada más pude hacer. Nada más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todos nosotros allí inmovilizados, estábamos a su merced. Esperaba que nos ejecutaran allí mismo, pero no. Miguel dio orden de que me ataran de pies y manos y nos llevaran a uno de los cobertizos. Así lo hicieron. Nos arrastraron hasta uno de los cobertizos y allí, en la más absoluta oscuridad, nos ataron a cada uno en una esquina. Allí hemos permanecido poco más de dos meses. Dos meses de tormento y cautiverio en los cuales llegamos a ansiar que nos ejecutaran lo antes posible. Pero no lo hicieron. No. Nos tenían preparados otro destino...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy no tengo más fuerzas para seguir escribiendo. Mañana continuaré. Os pido disculpas por ello.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-3143212566586647534?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/3143212566586647534/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=3143212566586647534' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3143212566586647534'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3143212566586647534'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2011/03/27-12-10-el-dia-del-juicio-final.html' title='+ 27-12-10 + El día del juicio final: Enviados por el maligno'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-5161888953124937755</id><published>2010-10-17T23:28:00.000-07:00</published><updated>2011-03-23T21:27:02.169-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombies'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><title type='text'>+ 17-10-10 + La bestia que hay en mi</title><content type='html'>Maldita incertidumbre... Esto es un jodido sin vivir. Pero en todos los aspectos. Eduardo no ha vuelto. Y hace un tiempo que se fue. Más tiempo hace que Iván se marchó. Hace meses. Pero por lo que a él respecta, lo doy por muerto. Todos los damos por muerto. Es algo que ya tenemos asumido. Pero Eduardo, yo se que sigue vivo. No hace tanto tiempo de que se marchó. Y algo me dice que esta rumbo hacía aquí. Pero no lo podemos esperar más. No sé cuanto podemos aguantar bajo este techo. Desde que me enteré de las últimas noticias, las cosas no pintan nada bien. Han ido a peor. Al día siguiente de esto, lo primero que hice fue, discretamente, informar a María. Ella se sorprendió tanto como nosotros. Sus palabras fueron el sentimiento que corre en mi interior: &lt;i&gt;"Tenemos que irnos cuanto antes. Este lugar no es seguro, estos individuos son peligrosos"&lt;/i&gt;. Sí, pero como irnos. Como hacerlo sin Eduardo. Esto es un verdadero dilema. Mi corazón dice &lt;i&gt;"Tenemos que esperarlo, no podemos irnos sin él"&lt;/i&gt;, pero mi cerebro dice &lt;i&gt;"Vámonos esta misma noche. Más vale llorar por una persona que no llorar por todo el grupo"&lt;/i&gt;. Pero yo se que Eduardo me esperaría. Yo lo sé. Y como hacerle esto después de que él esté en esta situación por mi culpa. Pero la situación se ha vuelto insostenible. En cuanto cae la noche, bloqueo siempre la puerta de la habitación con el armario y duermo con la pistola debajo de la almohada. Cada noche, entro en un estado de alerta que apenas duermo. Cada ruido que oigo, por muy leve que sea, me sobresalta y me hace empuñar el arma esperando que alguien intente entrar por la puerta. Todas las noches el mismo cantar. Y cuando no es un ruido, es mi mente el que produce este para sobresaltarme y avisarme de que no baje la guardia. Belén me pide que me relaje, pero no puedo. No me fío de Miguel y de su gente después de todo lo que me he enterado y visto. Traman algo contra nosotros. Saben que Esther me ha contado todo, se que saben que nos queremos ir de aquí pero no lo hacemos por no abandonar a Eduardo. Y esto me acojona. Me siento entre la espada y la pared. Le he pedido a María que no baje la guardia, que en los momentos que yo no esté presente, que no se separé de Belén y de los demás. Ella es una chica valiente y sé que con ella, el grupo esta seguro. También le he pedido a Belén que no se separé de su pistola en todo momento. Que a la mínima señal de peligro, le meta una bala en la cabeza a quién le intente hacer algo. Quizás me estoy volviendo paranoico, pero prefiero volverme esto antes que un confiado. Con todo lo que he y hemos vivido me avala, así que esta vez no me va a pillar nada por sorpresa. Estoy dispuesto a vender cara mi vida. Ya lo creo que sí...&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y más, después de todo lo de hoy.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sobre hoy, que decir. Es un ambiente muy raro el que fluye aquí. Durante la comida, Miguel ha notificado que la misa se iba a hacer nada más acabar esta. Yo, como siempre, he ignorado esto. Nunca voy a estas misas y menos lo iba a hacer ahora. Pero he recordado que Esther si acude a estas. Aunque ahora lo haga por guardar las apariencias. Esto me ha hecho recapacitar en algo que hasta ahora no había recapacitado. He pensado en mi plan de no mantenernos separados y que las misas no eran una excepción. Por precaución, tenía que evitar que Esther acudiese a esta misa y a todas las siguientes, o por el contrario, acudir todo el grupo. Nada más acabar la comida, toda la gente se ha levantado de sus asientos y se ha dirigido hacía la puerta de salida con la intención de ir a la iglesia. Yo he seguido a Esther y esta se ha percatado de esto, entonces se ha metido en uno de los baños. Yo, disimuladamente, me he metido tras ella. Ella estaba junto a un lavamanos y me ha dicho &lt;i&gt;"Que te ronda la cabeza, Erik"&lt;/i&gt;. He sido contundente y le he dicho &lt;i&gt;"No debes ir a esa misa. Ni a esta ni a ninguna más. No sabemos hasta donde son capaces de llegar, por eso, no debemos mantenernos separados"&lt;/i&gt;. Ella me ha dicho rotundamente &lt;i&gt;"No. Tengo que ir. Si no voy, sospecharan aun más. Tengo que guardar las apariencias hasta que llegue el momento de marcharnos de aquí. Además, no hay ningún peligro en estos actos. No va a pasar nada, no padezcas"&lt;/i&gt;. Mi contestación ha sido &lt;i&gt;"Ok. Pues si tienes que ir, acudiremos nosotros también. Tú dices que no hay ningún peligro y puede que tengas razón. Pero no me voy a arriesgar. No nos tenemos que separar bajo ningún concepto. No tenemos que cometer errores que si hemos cometido en el pasado. Ves a la misa, yo voy a avisar a todos. Nos vemos allí. Estaremos sentados en la última fila"&lt;/i&gt;. He salido del baño y he corrido a buscar a los demás para comunicarles la noticia. Primero he encontrado a Belén y le he dicho &lt;i&gt;"Vamos a asistir a la misa. Ya sabes que Esther sigue acudiendo y comienzo a pensar que estas pueden ser peligrosas. No me fío. Ves a la habitación y coge las pistolas. Cárgalas y guárdate una en la chaqueta. La otra guárdala y dámela antes de entrar a la iglesia.  Seamos discretos, no se como pueden reaccionar si ven que acudimos armados a su templo"&lt;/i&gt;. Belén me ha dicho &lt;i&gt;"Ok"&lt;/i&gt;, me ha dado un beso y ha salido a toda prisa a hacer lo que le he pedido. Mi siguiente objetivo ha sido buscar a los demás para avisarles de el plan. No he tardado en encontrar a María. Le he expuesto brevemente el plan y me ha dado la razón. En cuanto le he dicho que no podemos bajar la guardia, ella ha levantado su camiseta y me ha enseñado un cuchillo que llevaba guardado entre el pantalón y ha dicho &lt;i&gt;"¿Quién dice que la he bajado?"&lt;/i&gt;. Ya solo me quedaba avisar a dos: a Hans y a Elena. Esto se me planteaba difícil, ya que cuanto apenas conocen que esta ocurriendo. Después de todo lo que ha ocurrido, a ellos solo les he dicho que algo estaba ocurriendo, que permanecieran con mil ojos y sin fiarse de nadie de aquí. Hans me hizo muchas preguntas al respecto, las cuales no conteste. El motivo, a Hans no lo conozco lo suficiente y no se hasta que punto sabe mantener la boca cerrada y Elena, que con su cerebro de mosquito seguro que se le escapaba algo de la información y se terminaban enterando los sectarios. Bueno, eso es lo que yo les había dicho hasta el día de hoy y ahora tenía que ingeniármelas para que acudieran a la misa sin saber más de lo que saben. Los he buscado por todas partes: en sus habitaciones, en las salas comunes, en los exteriores... nada. Nada hasta que me ha dado por buscar en uno de los baños. Y en que mala hora. Al entrar a este, he ido abriendo las puertas de los retretes hasta que.. he dado con ellos. Debía de haber llamado antes. Al abrir la puerta, me he encontrado un panorama algo incomodo. A Hans, con los pantalones bajados y a Elena... bueno, de rodillas... ya me entendéis. Hans ha puesto una cara de sorpresa mezclada con vergüenza, pero antes de que dijese nada, he cerrado la puerta a toda prisa. Me disponía a irme cuando Hans ha salido diciéndome &lt;i&gt;"¡Erik! ¡Erik! ¡Espera! ¡No es lo que parece!"&lt;/i&gt; mientras se subía los pantalones. Yo me he girado y le he dicho&lt;i&gt; "Ah, ¿no? Vaya, que mal pensado soy. Ha tropezado y se ha caído al suelo, dando la casualidad que ha caído de morros en tu paquete...&lt;/i&gt; (Elena ha salido del retrete en ese momento con la cabeza agachada y Hans, al oír mi contestación, se ha quedado con la boca abierta) &lt;i&gt;Vamos a ver, Hans, que ni soy idiota ni me importa lo que hagáis. Pero tendríais que tener un poco de vergüenza y centraros. Sobretodo tú, Elena, que solo piensas en lo mismo&lt;/i&gt; (esta me ha mirado tímidamente con la cabeza agachada) &lt;i&gt;Ese es el respeto que le guardas a Iván. Que poca vergüenza..."&lt;/i&gt;. Lo que me ha contestado Elena ha sido el colmo: &lt;i&gt;"Tengo derecho a rehacer mi vida. Tengo asumido que Iván esta muerto. Soy libre de hacer lo que quiera"&lt;/i&gt;. Ni siquiera le he contestado. Creo que la mirada de asco que le he lanzado ha sido más que suficiente. He dado media vuelta y me he salido de los lavabos. Pero Hans ha salido corriendo tras de mi y me ha dicho &lt;i&gt;"Yo... lo siento... tienes razón. Esto ha estado muy mal y desubicado de lugar. No tenía que haber pasado. Pero es que ella lleva un tiempo insinuándose y no soy de piedra... Ahora me siento culpable... mi mujer... como he podido hacer esto. No sé ni siquiera si estará viva y yo haciendo esto..."&lt;/i&gt;. No le he dejado acabar: &lt;i&gt;"Te creía hecho de otra pasta, Hans. No me esperaba que te traicionases a ti mismo tan fácilmente. Pero es tú problema, te has fallado a ti mismo. Y a tú familia. A mi no me des explicaciones, Elena no es nada mio. Dale las explicaciones a tú mujer cuando la encuentres. Solo te digo que acudáis ahora a la misa. Vamos a ir todos y quiero que estemos unidos en estos momentos. Pronto comprenderás esto"&lt;/i&gt;. De Elena no me sorprende esto. Es una chica muy ligera que, hasta día de hoy, se ha tirado a casi todo el grupo y su cerebro no da para más. Pero Hans, un hombre hecho y derecho, entrado en años y con una familia a la que se suponía que quería, haciendo esto... Me ha decepcionado. Pero como ya le he dicho, es su problema. Allá su consciencia. Si él puede dormir tranquilo a partir de hoy, que lo dudo, es problema suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He acudido a la iglesia y cuando he llegado a la puerta, he descubierto que aun estaba entrando gente. En la puerta, dando la bienvenida a cada feligrés, estaba Miguel. Al final de la cola, Belén y María. Me he acercado a ellas y Belén me ha abrazado. Mientras hacía esto, he notado como metía mi pistola en la parte trasera de mi pantalón. Yo le he dado un beso y le he guiñado el ojo en símbolo de complicidad. Hemos esperado nuestro turno para entrar a la iglesia, tiempo en el que se nos han unido Hans y Elena. Cuando ha llegado nuestro turno para entrar, Miguel nos ha dicho: &lt;i&gt;"¡Que alegría, hermanos! ¡Acudís a esta misa! El altísimo me avisó de esto en su última revelación. Él me dijo que acudiríais a esta misa tan importante. Él os ha dado el empujón para que vengáis. Pasad, pasad y coger asiento"&lt;/i&gt;. Le he dedicado mi mejor sonrisa falsa y no he dicho nada. Hemos pasado y tomado asiento en la última fila, donde siempre. Con todos sentados, Miguel ha transitado por el pasillo central, ha bordeado el foso todavía en obras y ha llegado hasta el altar. Allí ha comenzado a hablar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Hermanos... Hermanas... Bienvenidos todos de nuevo a la casa del Señor. Gracias por acudir todos y cada uno a la cita que os ha marcado Dios. Como sabéis, corren tiempos oscuros. Tiempos de dolor, de violencia, de horror... Pero nosotros nos mantenemos firmes y seguimos las palabras de nuestro Señor. Y por ello, él nos protege y nos ayuda. Él nos ha brindado una segunda oportunidad, mientras que a todos aquellos que desobedecieron sus enseñanzas y mandatos, les ha mandado a su ejercito divino para acabar con sus vidas de desenfreno y lujuria, les ha mandado a su ejercito de malditos para acabar con todos ellos y unirlos como nuevos soldados de su ejercito hasta el día del juicio final. Ese día, todas las almas sobre la tierra serán llamadas ante él y ante su tribunal de ángeles. Cada alma será pesada en la balanza divina. Los actos a lo largo de la vida pasada de cada alma determinaran el veredicto. Las almas que han llevado una vida de pecado y desenfreno, almas negras como el carbón y pestilentes como el estiércol, sus pecados hundirán la balanza y pesarán más que sus pocos actos puros. Esa almas serán inmediatamente capturadas por ángeles caídos, ángeles de alas de fuego y cuerpo de ceniza, y arrastrarán a esos desdichados al infierno por los siglos de los siglos, hasta que el fuego despoje y limpié toda la inmundicia de esas almas corrompidas. Por el contrario, todas aquellas almas libres de pecado, de vidas de sacrificio, limpias como el agua pura y cristalina, sus actos buenos pesarán mucho más que sus actos negativos. Benditas esas almas, que sobre blancos y puros corceles alados serán conducidos ante las puertas del paraíso, allí donde corren torrentes de agua clara, allí donde los pájaros cantan y juegan día y noche, allí donde no existe el dolor y solo hay que bondad y gozo. Ese será el premio a vuestro sacrificio, la vida eterna, mientras que para todos aquellos pecadores, su premio será fuego y azufre. ¿Por qué os hablo de todo esto, hermanos? Porque el día del juicio esta cerca. Dios empieza a llamarnos. Él quiere que comencemos a tomar consciencia y preparemos todo para ese gran día. Y por ello, él me ha encomendado, entre otras cosas, que realicemos esta obra&lt;/i&gt; (ha señalado el foso en construcción). &lt;i&gt;Él quiere que terminemos esto para el gran día. El día que todo acabara y marcharemos de vuelta a su seno. Porque en su última revelación, él me ha dado a conocer la fecha del fin de este mundo terrenal&lt;/i&gt;..." Todos los sectarios han soltado prácticamente al unisono una exclamación de sorpresa y han comenzado a murmurar. Nosotros nos hemos quedado un poco sorprendidos de esto y hemos intercambiado miradas entre nosotros. Miguel ha continuado &lt;i&gt;"...No, hermanos, no... No os asustéis. Que no os invada el miedo. No tenéis nada que temer. Nosotros estamos en la senda correcta. Nosotros seguimos su palabra. Relegar el miedo para aquellos que, a pesar de conocer la palabra del altísimo, siguen haciendo caso omiso a sus deseos. Aquellos que giran la cabeza ante las palabras de nuestro señor todopoderoso. Aquellos que parecen tener un velo sobre sus ojos. Esos deben temer, porque la ira de Dios no conoce limites&lt;/i&gt; (no se porque, pero esta serie de lindezas me da que nos la ha dedicado a nosotros...)&lt;i&gt;. Nosotros hemos escuchado su llamada y llevamos tiempo transitando la senda verdadera que él nos ha marcado. Por ello, en vez de miedo debemos sentir ansia, ansia de que ese día llegue lo antes posible y dejemos este infierno terrenal para entrar en el jardín eterno donde viviremos para siempre. Hermanos... Él no me ha permitido que os de a conocer la fecha del gran día. Tampoco os puedo decir que ocurrirá. Pero si quiere que sepáis que las obras que estamos llevando a cabo aquí hay tienen que ser terminadas lo antes posible. El motivo, ya lo conocéis. El día en que esta pesadilla acabara, daremos una última misa. Y el todopoderoso quiere que en esa misa también estén presentes cierto número de sus huestes divinas. 66 reanimados para ser exactos. El por qué es sencillo. Si bien son pobres pecadores pagando parte de su castigo, también son tan hijos de Dios como lo somos nosotros. Y tienen el mismo derecho que nosotros a estar presentes en la misa del gran día..."&lt;/i&gt;. El silencio se ha hecho en la sala en ese momento y yo, ante tanta tontería y sin darme cuenta, he pensado en voz alta diciendo &lt;i&gt;"Locos... Esto es un nido de locos... 66 merodeadores compartiendo techo con tantas personas... Un suicidio"&lt;/i&gt;. A pesar de la distancia que nos separaba con Miguel, él me ha escuchado. Ha sido mala suerte que haya hablado justo cuando se ha hecho el silencio. La cuestión es que él se ha dirigido a mi, diciéndome delante de toda la gente, la cual se ha girado a mirarme &lt;i&gt;"¿Algún problema, hermano Erik?"&lt;/i&gt;. He estallado perdiendo los papeles, lo confieso. En voz alta, casi gritando, he contestado &lt;i&gt;"Pues sí. ¿Donde te has dejado la cordura, Miguel? Tanto merodeador aquí dentro, aunque estén dentro de un foso, es un suicidio. ¿Que no piensas en toda esta gente? Me parece muy bien vuestra fe y toda la parafernalia que habéis montado aquí en todo este tiempo. No lo niego, la mayoría de esta gente esta viva gracias a tu iniciativa, pero ¿por qué llevarlo todo hasta este limite?"&lt;/i&gt;. Miguel, con voz serena, me ha respondido &lt;i&gt;"Yo no dicto las normas, hermano. Solo hacemos lo que Dios nos dice que hagamos. Yo solo soy el portavoz"&lt;/i&gt;. Justo ha acabado de decir eso cuando toda la gente que había girada en sus asientos ha empezado a murmurar y a gritar &lt;i&gt;"¡Infiel!"&lt;/i&gt; e &lt;i&gt;"¡Infieles!"&lt;/i&gt;. Yo no me he dejado acogotar y he replicado &lt;i&gt;"¿Dios dice que hagáis esto? ¡Mentira! Todo esto es producto de tu fantasía, Miguel. Y ya es hora de que se lo hagas saber a toda esta pobre gente que te sigue incondicionalmente. ¡Háblales de tu mal! ¡Diles que el motivo de que no te ataquen los merodeadores es porque no sudas a causa de la enfermedad que padeces! ¡¿Y tus revelaciones celestiales?! ¡Simples delirios febriles! Venga ya... Ya de paso, ¡cuéntales que Reus sigue en pie y que tú lo has estado encubriendo, diciendo lo contrario para que tus fieles no te abandonen!"&lt;/i&gt;. La he cagado y lo reconozco. Ahora ya si que tenemos que tener cuidado. Miguel ya sabe que conocemos su secreto. Y todo por perder los papeles y dejarme llevar por mi carácter. Varias filas delante nuestra, pude ver a Esther, mirándome fijamente con la boca abierta y completamente sorprendida. Si en ese momento pudiese haberle leído la mente, se que ella estaría pensando &lt;i&gt;"Maldito insensato, ¿que haces? ¿así guardas el secreto?"&lt;/i&gt;. Rodeado de todas esas personas mirándome, con Miguel callado en el altar y envuelto de un denso silencio, he temido que diese la orden de que nos atraparan y por ello he dirigido mi mano a la parte trasera de mi pantalón y me he preparado para desenfundar la pistola y liarme a tiros con todo aquel que nos quisiera hacer daño. Pero no. Miguel ha dicho &lt;i&gt;"Erik, no sabes lo que dices. Te invade la ira. Solo te diré una cosa. Te compadezco... Tú jamás entraras en el reino de los cielos. Esta noche rezaré por tu alma"&lt;/i&gt;. He dado media vuelta y me he dirigido hacía la puerta. No quería escuchar más mamarrachadas. Cuando he abierto la puerta de la iglesia y he salido, he comenzado a maldecir y patear un cubo de basura. Acababa de delatarnos ante Miguel. Soy un completo idiota. Lo acababa de informar y era justo lo que tanto quería evitar. Y lo peor de todo, que he delatado a Miguel y nadie se ha sorprendido ni me ha hecho caso. Están completamente hipnotizados. Me dirigía al edificio cuando Esther ha salido de la iglesia y ha corrido hasta mi. Entonces, me ha dicho &lt;i&gt;"¡Estas capullo! ¡Ahora si que corremos peligro! ¡Ni si quiera hace falta que siga fingiendo, ya saben que he sido yo quién te lo ha dicho!"&lt;/i&gt;. No le he hecho caso y me he dirigido a toda prisa hacía la habitación. Tenía que meterme allí, sentarme en la silla, tranquilizarme y aclarar mi cabeza. Pensar que hacer. El problema ha sido cuando he llegado a esta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más llegar a la habitación ha sido cuando me he llevado la sorpresa inesperada. La puerta, la cual siempre cerramos al irnos, estaba entreabierta. Con sumo cuidado, la he abierto despacio y he descubierto a un individuo rebuscando en los cajones. Al grito de &lt;i&gt;"¡Eh, tú! ¡Que haces aquí!"&lt;/i&gt; se ha girado y he descubierto de quien se trataba. Era Juanca. Este, con cara de sorprendido, me ha dicho &lt;i&gt;"Nada. No busco nada"&lt;/i&gt;. Yo, mirando la habitación, la cual estaba revuelta y con signos de que había estado buscando algo, le he contestado &lt;i&gt;"Claro, claro. Y estas aquí porque la has confundido con tu habitación, ¿no?"&lt;/i&gt;. Juanca ha dicho &lt;i&gt;"No te tengo que dar explicaciones, infiel"&lt;/i&gt;. Mientras yo cerraba la puerta, le he dicho &lt;i&gt;"Claro. No tienes porque dármelas... pero me las vas a dar"&lt;/i&gt;. Este ha reculado hacia una esquina, diciendo &lt;i&gt;"¿Qué... qué vas ha hacer?"&lt;/i&gt;. Mi respuesta no han sido palabras, sino abalanzarme sobre él. Juanca, de un rápido movimiento, me ha esquivado al tiempo que me ha lanzado una silla sobre mi. Esta me ha impactado, pero he conseguido cogerlo de la camisa antes de que abriese la puerta. Le he propinado un fuerte puñetazo en la mandíbula seguido de dos más. Juanca se ha tambaleado y casi pierde el equilibrio. Le iba a propinar un cuarto golpe cuando él me ha respondido con una patada en mis partes. No os puedo describir con palabras el dolor que he sentido. Pero aun así, le he devuelto el golpe en forma de patada a la altura de la barriga. Ha caído derribado y le he seguido golpeando. No se como lo ha hecho, pero se ha rehecho y se ha lanzado sobre mi, derribandome en el suelo y cayendo sobre mi. Acto seguido, me ha cogido con ambas manos del cuello y ha comenzado a estrangularme. Os confieso que por unos momentos he pensado que me iba a matar. Me estaba ahogando y no me podía soltar. Como he podido, he estirado mis brazos y he agarrado con fuerza su cabeza. Entonces, he dirigido mis dedos pulgares sobre sus ojos y he apretado con fuerza. Este, a toda prisa, me ha soltado el cuello y ha dirigido sus manos sobre las mías. Si hubiese querido, le habría hundido los ojos lo suficiente como para destrozarlo, pero por humanidad, no lo he hecho. Su pago ha sido levantarse y coger mi machete, que estaba sobre un montón de ropa procedente de un cajón. Lo ha sacado de la funda y, empuñándolo en alto, ha corrido hacía mi con la intención de apuñalarme. No me daba tiempo a levantarme ni tampoco a intentar repeler el ataque. En ese mismo instante, estaba vendido. Pero si que he podido desenfundar mi pistola del pantalón y encañonarle. He estado a nada de apretar el gatillo, pero Juanca se ha frenado en seco antes de que lo hiciera. Aun así, he dudado en si disparar. Algo dentro de mi me estaba gritando que lo matase. Pero no lo he hecho. Todavía no me he convertido en un monstruo. Aunque comienzo a plantearme que quizás me queda poco... Juanca, al ver el arma apuntándole, me ha pedido que no dispare. Mientras me levantaba del suelo, le he ordenado que tirara el machete al suelo, cosa que ha hecho, entonces le he apoyado el cañón de la pistola sobre la frente y le he dicho &lt;i&gt;"Si no quieres que te haga un agujero en la cabeza, habla. ¿Que buscabas y quién te ha mandado que lo hagas?"&lt;/i&gt;. Me ha respondido &lt;i&gt;"Matame. No te voy a decir nada. Así que hazlo. No vivo en pecado como tú, por lo tanto, no temo a la muerte"&lt;/i&gt;. En ese mismo instante, la puerta se ha abierto y Belén ha hecho aparición. Al ver el panorama, ha gritado &lt;i&gt;"¡Erik! ¡No lo hagas!"&lt;/i&gt;. Han transcurrido unos largos segundos en que ninguno de los presentes ha hecho nada. Nuevamente he estado a nada de disparar. Entonces, le he dicho &lt;i&gt;"Eres un jodido traidor y un sucio chivato. Así nos pagas todo lo que hemos hecho por ti. En que mala hora te saqué de aquella jaula. Te tenía que haber dejado allí metido para que te hubieran comido esa panda de caníbales. En que mala hora... Se que te ha mandado Miguel. Dile de mi parte que, como siga con esto, se las va a ver conmigo. Que no se preocupe, que nos vamos a ir de aquí cuanto antes, pero que en el transcurso de tiempo que permanezcamos aquí, por su bien y por el de todos, ni se os ocurra hacernos algo a mi o a los míos, porque seré yo mismo en persona quien os despelleje uno por uno. ¡Corre! ¡ves y diselo, chivato traidor!"&lt;/i&gt;. He bajado el arma y Juanca ha dado media vuelta y se ha dirigido hacia la puerta. Mientras iba camino de esta, ha cogido del suelo una mochila y se la ha colgado del hombro. Belén, de un rápido movimiento, le ha dado un estirón y se la ha arrebatado. Tras esto, Juanca ha corrido y ha desaparecido por el pasillo. Belén ha abierto la mochila y ha sacado de esta lo siguiente: mis dos pc's portátiles, el libro de notas de Belén y los mapas con los cuales nos hemos estado valiendo todo este tiempo. Este hijo de la gran puta estaba buscando información de lo que estamos planeando hacer. Él conoce que escribo en este blog, por eso quería robarme los pc's. María y los demás han aparecido en ese instante. María ha preguntado que ha ocurrido, pero le he dicho &lt;i&gt;"Ves al trastero donde guardan nuestras armas. Esto es algo que debimos hacer hace mucho tiempo. Tráelas aquí, junto con la munición. Coge la que quieras y dales una a Esther, Hans y a Elena. Las demás se quedarán aquí. Y asegurar las puertas esta noche. Darme tiempo y nos iremos de aquí en cuanto podamos"&lt;/i&gt;. Belén me ha mirado y me ha dicho &lt;i&gt;"Erik... No eras tú mismo... Creía que lo matabas... ¿Que te esta pasando?"&lt;/i&gt;. Solo he podido responder con un &lt;i&gt;"No lo sé... no lo sé ni yo"&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y esa es la verdad. No sé que me ha pasado. He logrado controlar la situación, pero he estado a punto de dispararle aún teniéndolo reducido. Y lo peor de todo es, que si lo hubiera hecho, creo que no habría tenido remordimientos. No es la primera vez que mato a alguien que no es un merodeador, pero no es por esto por lo que no habría tenido remordimientos. Es extraño. Es como si esta situación me estuviese desbordando, como si el saber que pendemos de un hilo y la incertidumbre de este peligro latente que nos acecha, estuviese despertando en mi un instinto de supervivencia el cual me lleva a hacer cosas horribles para defender a los míos. Y se que si me obligan a hacerlo, cumpliré mis amenazas y acabaré con todos y cada uno de los de esta comunidad. Sin remordimientos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-5161888953124937755?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/5161888953124937755/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=5161888953124937755' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5161888953124937755'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5161888953124937755'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/10/17-10-10-la-bestia-que-hay-en-mi.html' title='+ 17-10-10 + La bestia que hay en mi'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-6695295288359205961</id><published>2010-10-06T19:22:00.000-07:00</published><updated>2011-03-15T09:00:25.832-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Replagal'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Enfermedad de Fabry'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 06-10-10 + La revelación</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Como ya es bien sabido, nunca dejamos de sorprendernos. Es asombroso la capacidad que tiene el ser humano de pasar de un estado de tranquilidad o alerta a otro de preocupación y nerviosismo en tan solo apenas unos segundos. Y es que a veces se comete el error de bajar la guardia y olvidar el peligro latente que acecha en cualquier metro cuadrado del mundo que nos ha tocado vivir. Nunca aprendemos que, tras las palabras dulces y amables de muchas personas, se puede esconder un encantador de serpientes en potencia, alguien que con sus palabras melosas hipnotiza, ocultando sus verdaderas intenciones. Y he ahí el otro problema, cuando se descubre a un individuo de estos y uno no sabe averiguar que se esconde tras sus palabras, que oscuras intenciones oculta. En estas situaciones, cuando descubrimos al criminal pero no descubrimos el crimen, nos vemos arrinconados entre la espada y la pared, ya que no sabemos como actuar, no sabemos si atacar o esperar a ser atacados. Si atacamos primero, nos exponemos a rebajarnos a la altura de nuestro rival y de dar un paso en falso, si esperamos a ser atacados para defendernos, corremos el riesgo de que sea demasiado tarde para hacer nada. Es un dilema. Y en ese dilema nos encontramos nosotros ahora mismo. Con caballo de Troya incluido.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;He pasado estos días dándole vueltas y más vueltas a las palabras de Esther. He intentado hablar varias veces con ella, pero me ha rehuido y alegado &lt;i&gt;"Este no es el momento para hablar, ya te avisaré"&lt;/i&gt;. Por más que lo he intentado, no he logrado comprender porque tanto secretismo y, si es un tema tan urgente, que hacía que no me lo decía cuanto antes. No he entendido nada hasta esta noche pasada. Eran sobre las 23:00 horas y me encontraba con Belén en nuestra habitación. Yo estaba escribiendo una entrada, la cual he tenido que borrar para escribir esta, cuando Belén me ha dicho &lt;i&gt;"¿Que es eso?"&lt;/i&gt;. Al girarme, Belén estaba recogiendo un papel del suelo, el cual se encontraba junto a la puerta. Me he levantado al mismo tiempo que Belén me ha dicho &lt;i&gt;"Lo acaban de colar por bajo de la puerta"&lt;/i&gt; y le he pedido que me lo dé. Nada más cogerlo he supuesto de que se trataba y mi suposición se ha confirmado al abrirlo. Escrito a lápiz, ponía&lt;i&gt;"Acude al tercer cobertizo. Sal sin que te vea nadie. Esther"&lt;/i&gt;. A pesar de la advertencia de Esther sobre que no contará nada a nadie, sí lo he hecho y ha sido a Belén. La puse al corriente de todo esto nada más hablar con Esther en el primer encuentro que tuve con ella nada más volver aquí. Belén ha permanecido estos días igual que yo, sin entender nada de lo que me ha dicho Esther, pero sin embargo, me ha contado que desde que yo me marché, Esther ha permanecido muy rara, separada de todos los demás miembros de la comunidad. No sé si os acordaréis que desde que discutió conmigo, se unió al colectivo de sectarios como una más. Pues bien, con Belén al corriente de todo esto no me ha hecho falta dar explicaciones sobre la nota y he podido salir sin demora de la habitación camino al cobertizo. Por cada paso que he dado, me he asegurado de que nadie me ha visto y, mucho menos, me ha seguido. Cuando he salido al exterior del edificio, la brisa nocturna me ha dejado helado prácticamente al instante. Viendo la oscuridad de la noche y yo sin una linterna para poder alumbrar el camino, lo que he hecho ha sido sacar la pistola del cinturón y, con los cinco sentidos en alerta, transitar los huertos hasta llegar a dicho cobertizo. De camino a este no he parado de sentir escalofríos y no del frío precisamente. Resaltando por encima del sonido del ulular del viento, el tétrico sonido que desde hace más de un año y medio viene siendo habitual: los quejidos y lamentos apagados de los merodeadores. Al principio he pensado instintivamente que estos eran producidos por una horda de merodeadores que se acercaba, pero he conseguido tranquilizarme en cuanto me he acordado que estos provenían de la granja de Miguel. Nada más llegar al cobertizo, he mirado a todos lados. No estaba Esther. De repente y sobresaltándome, se ha abierto la puerta del cobertizo y ha aparecido ella, invitándome a pasar. No había cruzado ni la puerta cuando en seguida me ha dicho &lt;i&gt;"No te ha visto nadie, ¿verdad?"&lt;/i&gt;. Le he dicho que no y le he preguntado que qué ocurre, que por qué todo esto. Ella ha respondido:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;"Son muchas cosas y no se por donde empezar. Cuan engañada he estado, Erik... y cuanta razón tenías en tus palabras. Siento mucho como me puse contigo, siento mucho todos los insultos que te dije y el haceros de lado a todos... He permanecido todo este tiempo con una venda en los ojos. Ahora entiendo que me entregué tan pronto a esta creencia por desesperación, por miedo al mundo en que vivimos. Como tú me dijiste, ha sido por necesidad de creer en algo, por dar explicación a todo lo que esta ocurriendo. Y Miguel, con sus palabras de salvación y sus trucos me ha engañado. Sí, has oído bien, sus trucos, en mayúsculas. En primer lugar, quiero que sepas que Miguel y la mayoría de su camarilla de confianza, esos que llevan el cubrecabezas de tela, no son trigo limpio. O al menos, son un atajo de locos que se creen sus propias mentiras. Lo que esta claro es que desde que me ido separando de ellos y descubriendo cosas por mi cuenta, están ejerciendome un seguimiento a todas horas. Cada paso que doy, están ellos detrás para vigilarme. Si hablo contigo, ellos están presentes. Si voy a mear, siempre hay alguno merodeando para ver si es verdad que ido a hacer mis necesidades. Ya no se que hacer..."&lt;/i&gt;. Le he preguntado que si sabía por qué estaban haciendo esto y su pregunta ha sido tan contundente como reveladora. Ha desvelado la prueba del millón, la que tantas veces me he preguntado y dolores de cabeza me ha dado. &lt;i&gt;"Todo comenzó desde que te marchaste. No se que día exactamente. Yo, por aquellos días, no sospechaba nada ni tenía este problema con ellos. Al contrario. Acudía a las misas, ayudaba en las tareas, rezaba con ellos... una más, vamos. Pero un buen día me percaté de algo. A Miguel le ocurría algo. Vi las manchas rojas que tenía en los brazos y en seguida recordé el inyectable de medicamento que cogiste de su habitación, aquel por el cual discutimos. Al ver esto le pregunté y me contestó hablándome sobre Dios, que él lo castigo por su vida de excesos y tal y tal. Vamos, que no me respondió a la pregunta. A sabiendas de esto, me dediqué a observarle. Quería saber que dolencia padecía y saber si tenía tratamiento. Entonces fui descubriendo más cosas. Vi que siempre se tomaba unas pastillas después de cada comida, vi que siempre se quejaba de dolores de cabeza, de mareos, de que tan solo estar unos minutos al sol se sentía indispuesto y se tenía que poner a la sombra rápidamente, de que se fatigaba con mucha facilidad... Pero la mayoría de estos síntomas entran en gran cantidad de enfermedades, así que necesitaba saber más. ¿Y sabes que hice para averiguar más? Lo mismo que tú. Rebuscar en su habitación. Aquí la curiosidad ya era más grande que mi fe. Un día de misa, me escapé unos minutos antes de que acabara esta y me dirigí a su habitación. Después de asegurarme de que nadie me había visto, comencé a mirar en los armarios, en los papeles de su escritorio, en los cajones... Quería encontrar una caja de ese medicamento que conservase el prospecto. Pero encontré algo mucho mejor. Un fardo de papeles médicos a nombre de Miguel&lt;/i&gt; (por lo visto, Esther ha encontrado los papeles que yo tuve en mi mano y no tuve tiempo para leerlos) &lt;i&gt;Comencé a leerlos y, ¿sabes qué? ¡Bingo! Ahí estaba la dolencia que sufre Miguel. &lt;b&gt;Enfermedad de Fabry&lt;/b&gt;. Ahí ha sido cuando he comprendido todo y el mito se me ha caído a los pies. Miguel no es un elegido y nunca lo ha sido. Es una persona enferma de una extraña enfermedad que no tiene cura y la cual explica todo. Por eso el &lt;b&gt;Replagal &lt;/b&gt;que me enseñaste, este es un medicamento para tratar esta enfermedad. ¿Recuerdas las veces que ha entrado en trance y lo llevan a la habitación donde Dios le habla? Pues bien, ese trance son simples desmayos por su enfermedad. ¿Sus dolores de cabeza? La enfermedad. ¿Las manchas de sus brazos? La enfermedad. ¿Los mareos? La enfermedad. ¿Que no pueda soportar ni dos minutos al sol? La enfermedad. ¿Que camine entre los merodeadores? La enfermedad...".&lt;/i&gt; Cuando ha dicho esto no he comprendido que relación puede tener la enfermedad con caminar entre los merodeadores. Pero lo he comprendido rápidamente con su explicación. &lt;i&gt;"...no pongas esa cara, Erik. Todo encaja. Supongo que no conocerás la enfermedad de &lt;b&gt;Fabry&lt;/b&gt;. El síntoma más característico de esta enfermedad es que los enfermos... ¡no sudan! Y si lo hacen, lo hacen en cantidades ínfimas. Por eso Miguel no tolera el calor, sufre anhidrosis, o sea, que su cuerpo no genera sudor. Y de ahí que los merodeadores no lo detecten. Esto solo es una teoría, ya que no tengo ni idea de si esas cosas captan los olores o si nos detectan por alguna sustancia que genera el cuerpo humano, pero más lógico que hablar con Dios y ser el elegido es. Por lo visto, Miguel es invisible a los merodeadores, ya que al no sudar, no libera sustancias por las cuales ellos nos deben detectar e identificar como 'comida'. Y ahí, que pueda andar entre ellos. También le he encontrado lógica a su supuesta comunicación con Dios. Bien. Sabrás que siempre, antes de que su Dios le hable, entra en un trance, ¿no?. Pues ese trance no es más que un desmayo. Y aquí vuelve a un primer plano su anhidrosis. Como no suda, su cuerpo no regula la temperatura, principal motivo por el cual todo ser vivo suda, entonces se sobrecalienta y sufre un colapso. Eso le conlleva a un desmayo mientras su temperatura corporal aumenta. Con una temperatura anormal en su cuerpo y por lo tanto, fiebre, aquí entra Dios, o mejor dicho, delirios causados por la fiebre..."&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ante esta serie de explicaciones lógicas de Esther, la cual tiene conocimientos médicos y sabe de lo que habla, me he quedado sorprendido. Normal que no encontrase una explicación a todo ello, desconozco por completo el campo de la medicina. Hasta ahora, nunca había oído hablar de esa enfermedad, la desconocía por completo. Y ahora que Esther ha dado con la solución, todo encaja. Por eso él puede caminar con los muertos, por eso él habla con 'Dios'. Me gustaría reunir a todos sus fieles y decirles la verdad sobre su líder. Pero no sé hasta que punto esto sería lo correcto. Primero, estoy seguro de que la inmensa mayoría, por no decir todos, no me creerían o no le darían importancia. Seguirían creyendo a Miguel a pies juntillas y siguiendo sus enseñanzas. Es el colmo de toda religión, el fanatismo. Personas que, están tan entregadas a una fe o a una creencia que a pesar de mostrarles la verdad ante sus ojos, no son capaces de verla. Es como si sus ojos estén tapados con una venda. Y eso es lo que creo que ocurre aquí. Segundo, en el caso que me creyeran, ¿hasta que punto sería beneficioso?. No nos engañemos, están viviendo una farsa, pero en esta comunidad se mantienen unidos y seguros del mundo, más de lo que estarían separados. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esther ha continuado hablándome, entonces le he interrumpido para preguntarle porque todo este secretismo y en que se basa para decirme que la estén vigilando si Miguel y los suyos se supone que no saben nada de esto. La respuesta ha sido esta: &lt;i&gt;"Te equivocas. Miguel se ha enterado de que estuve en su habitación y creo que sospecha que he abandonado la fe. El día que estuve en su habitación, fui descubierta infraganti por Juanca&lt;/i&gt; (sabía que este tipo era un cantamañanas, pero no tanto)&lt;i&gt;. Como ya sabes, Juanca esta igual o más absorbido por esta creencia que yo lo he estado. Y adora y cree a Miguel como el mesías que dice él ser. Por lo visto, Juanca abandonó antes la misa por indicación de Miguel. Este le pidió que le trajera sus pastillas de la habitación, y en que mala hora, ya que si no fuera por esto, nadie se habría percatado de que había estado ahí. Juanca se quedó sorprendido al verme dentro de la habitación con los cajones abiertos y los papeles en la mano. Me dijo que qué hacia ahí y que estaba buscando. Le dije la primera escusa que se me pasó por la cabeza, ya que estaba muy nerviosa, pero no coló. Entonces comenzó a llamarme infiel, desagradecida, traidora y se marchó a toda prisa por el pasillo. Yo ya sabía que Juanca era el perrito faldero y chivato de Miguel, pero como yo formaba parte de la comunidad, nunca me había importado. Que sepas que él fue quién le informaba de todos vuestros pasos. Él fue quién se chivó de que fue Iván quién mató a aquel merodeador a pesar de la prohibición de Miguel y también se chivó de que tú habías entrado a su habitación y robado un vial de &lt;b&gt;Replagal&lt;/b&gt; &lt;/i&gt;(ahora todo encaja. Él era el chivato que me delató)&lt;b style="font-style: italic; "&gt;. &lt;/b&gt;&lt;i&gt;Pues bien, en tan solo 20 minutos, Miguel ya estaba informado y me llamó para hablar con él. Estaba muy cabreado y parecía que le iba a estallar la vena de la sien. Nunca lo había visto así. No me gritó, pero si que me levantó la voz. Yo me defendí diciendo que eso era mentira, que quién le había dicho eso le había mentido sin saber con que fin. Él no reconoció que se lo había dicho alguien, en este caso, Juanca. Obviamente, no me creyó y me dijo que si volvía a hacer eso, me tiraría de la comunidad. No tuve más elección que callarme y marcharme con la cabeza agachada. Desde entonces, toda la comunidad me ha hecho de lado, me esta marginando. Yo, por guardar las apariencias, visto la túnica, rezo y acudo a las misas, pero esto lo hago para no levantar sospechas ante los ojos de Miguel. No se de que puede ser capaz si descubre que conozco su secreto. Lo que si se es que me están vigilando porque él lo ha mandado. Quiere descubrir si he abandonado la fe, si soy de fiar. Por eso no me quitan ojo. En que mala hora, Erik... me arrepiento de todo, de haberos dejado de lado, de haber entrado a formar parte de esta comunidad de fanáticos, de haber creído en esta farsa... Me siento estúpida. Lo siento, siento todo el daño que os he hecho..."&lt;/i&gt;. Aquí ha comenzado a llorar desconsoladamente. Yo solo me he limitado a abrazarla y a consolarla, diciéndole que ya no importaba el pasado, que lo único que importaba era que se había dado cuenta de su error. En ese instante, un fuerte ruido ha sonado en el exterior del pequeño cobertizo. Esther ha parado de llorar al instante y se ha quedado en silencio. Prácticamente susurrando, ha dicho &lt;i&gt;"¿Has escuchado eso?"&lt;/i&gt; pero no he respondido. Estaba demasiado concentrado en escuchar más ruidos procedentes del exterior. Nos hemos terminado de alarmar cuando una luz de linterna se ha colado por las juntas de los tablones de madera que forman la pared. Rápidamente y entre las penumbras, he comenzado a buscar un sitio donde escondernos. No he tardado en encontrarlo, aunque he dudado en si sería el más adecuado. Este sitio era debajo de una larga mesa que había en un rincón, junto a una estantería de metal. Esta mesa estaba tapada por un mugriento mantel que llegaba al suelo. Sin tiempo que perder, he levantado el mantel de tela y le he dicho a Esther que se metiese debajo. En ese momento, se han caído al suelo varios papeles que habían encima de la mesa. Después de que pasará Esther, me he metido dentro y he dejado caer el mantel, el cual nos ha terminado de ocultar. Nada más decirle que no hiciera ningún ruido ni dijera nada, se ha abierto la puerta y un haz de luz ha alumbrado todos los rincones de la habitación. Moviéndome cuanto apenas, he acercado el ojo a un pequeño agujero que había en la tela del mantel, pero solo he podido ver unas piernas de dos personas. Estos han comenzado a husmear por la habitación y a alumbrar a todas partes. De repente, una voz ha sonado, diciendo &lt;i&gt;"Aquí tampoco hay nadie. ¿Estas seguro de haberlo visto salir del edificio y dirigirse a esta zona?"&lt;/i&gt;. La voz de Juanca ha contestado. No sé porque, pero no me he extrañado nada de que él estuviese detrás de todo esto. Ha dicho &lt;i&gt;"Tan seguro como de que estoy aquí. Vincent, entra al reanimado para que busqué"&lt;/i&gt;. Al escuchar esto, se me han erizado todos los pelos del cuerpo. ¿Un reanimado? ¿Para qué?. He podido ver como los dos se han apartado a un rincón y ha hecho aparición en la sala un merodeador. Lo he reconocido por su paso tambaleante. Tras él, un tercer individuo, el cual, parece ser, ya que no he podido verlo más que de cintura para abajo, llevaba al merodeador lazado del cuello con un palo de perrera. El silencio se ha hecho en la sala y he mirado a Esther. Esta estaba temblando como un flan. He podido ver como el merodeador ha comenzado a andar por toda la sala y, de repente, se ha plantado en medio de esta. Lo segundos se han hecho eternos, pero han pasado volando en cuanto el merodeador ha empezado a dirigirse a nuestra posición. Se ha plantado justo delante de nuestro escondite y un fuerte olor a carne podrida nos ha invadido. Podía escuchar hasta sus débiles gemidos apagados. Su roído zapato asomaba por debajo del mantel, pisando un gran papel que se había caído de la mesa momentos antes de que ellos entraran. He suspirado de alivio cuando este se ha separado de nuestro escondrijo y se ha dirigido a un armario que había a unos metros de nosotros. Nada más llegar junto a este, se ha puesto a arañar las puertas y a gemir como un loco, entonces Juanca ha dicho &lt;i&gt;"Apártalo. Esta ahí escondido, en el armario"&lt;/i&gt;. Nada más abrir este, han caído al suelo dos grandes ratas gordas que se han alejado corriendo por la puerta del cobertizo. Al parecer, el merodeador se ha dirigido el armario atraído por el ruido de esas dos ratas. Al menos, eso parece y creo. Después de esto, Juanca ha dicho &lt;i&gt;"No esta aquí. Vámonos&lt;/i&gt;" y se han marchado con el merodeador, cerrando la puerta tras ellos. Por poco nos pillan. Por muy poco. Esther y yo hemos permanecido escondidos durante al menos unos 15 minutos más. Ha sido una medida de seguridad por si volvían. Después, hemos salido de debajo de la mesa, pero no sin antes interesarme por uno de los papeles que habían en el suelo y el cual había estado pisando el merodeador. Al cogerlo, he visto que se trataba de un mapa lleno de signos y cruces a lápiz. ¿Sabéis cual ha sido mi sorpresa? Que era un mapa de carreteras de la zona y que todos los signos que había hechos a lápiz marcaban ¡las carreteras que habían sido explosionadas! ¡Todo esto ha sido obra de Miguel y de su comunidad! ¿El motivo? Lo desconozco, aunque creo que me lo imagino. Miguel ha mandado hacer esto con el fin de evitar deserciones a Reus y también con la intención de desviar a viajantes que se dirijan allí. No olvidemos que al poco de llegar, él nos mintió diciéndonos que Reus había caído, cosa que he conseguido descubrir que es mentira. La cuestión es que todo esto ha sido obra suya y se le ha visto el plumero. Es inútil que siga vendiéndonos esa imagen de salvador que nunca ha roto un plato. Después de esta noche, las cosas han cambiado y mucho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegado el momento de salir para volver al edificio, lo hemos hecho de la siguiente forma. Primero nos hemos cerciorado de que Juanca y sus acompañantes no estuvieran por la zona. Después de esto, le he dicho a Esther que saldría yo primero, que contara hasta 30 y entonces saliera ella, siguiéndome desde lejos. De esta forma, si me descubrían, ella tendría tiempo de esconderse. Así lo hemos hecho y después de que me diera un abrazo, he salido corriendo campo a través, en dirección al edificio. Cuando llevaba suficiente ventaja, he girado la cabeza y la he podido ver entre la oscuridad, siguiéndome de lejos. Nada más llegar a la puerta del edificio, me he metido dentro y he esperado en el recibidor a ver aparecer a Esther. En cuanto la he visto hacer aparición ante las puertas de cristal de la entrada, he corrido por el pasillo hasta llegar a mi habitación. Sin tiempo que perder y mirando a todos los lados, he abierto la puerta y entrado. Belén estaba allí, tumbada en la cama y con cara de haber estado preocupada todo este tiempo. Apenas podía hablar, me faltaba el aliento, pero como he podido, he comenzado a contarle todo a Belén. Como no, se ha quedado tan boquiabierta como yo me he quedado cuando me he enterado de todo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hoy, en cuanto he visto a los demás, he actuado como si nunca hubiese pasado nada. No era prudente contar nada. Al único que le habría contado algo habría sido a Eduardo, y por desgracia, no esta. Esther también ha actuado como si nada, tal cual como siempre. Ha seguido sin acercarse a nosotros, pero esta vez, para no levantar sospechas. He podido comprobar como esta en lo cierto. No le quitan ojo ni se separan de ella. Pero por lo visto, no es la única. A nosotros también nos vigilan, sobretodo, Juanca. Siempre que lo veo, nos esta mirando, se encuentre donde se encuentre. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de saber esto, me siento nervioso, como si algo malo estuviese a punto de pasar. Si antes ya sentía la necesidad de irme, ahora la siento más. Miguel ha construido un palacio a mentiras, las cuales no se si el mismo se las creerá, y como descubra que sabemos más de la cuenta y le peligra su mundo, no creo que se lo tomé con mucha filosofía e intentará mantener lo que ha conseguido todos estos años cueste lo que cueste. Como bien ha dicho Esther, no es trigo limpio. Ni él ni la mayoría de su circulo cercano. Sino, ¿como se explica que anoche nos buscaran como si fuésemos unos convictos que acaban de escapar de una cárcel? Quizás todo esto sea producto de nuestras paranoias y no sea para tanto, que solo están buscando una simple excusa para tirarnos de la comunidad y nada más, pero nunca se sabe. No sabemos hasta donde es capaz de llegar Miguel para defender a su comunidad. Lo que si sé es que nos tenemos que ir pitando cuanto antes, ya que estamos en el punto de mira. Dos opciones tenemos: o irnos sin Eduardo y alejarnos de un peligro latente o quedarnos a esperar y que ocurra lo peor. No lo sé... No sé hasta que punto es rentable arriesgar seis vidas por una solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-6695295288359205961?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/6695295288359205961/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=6695295288359205961' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/6695295288359205961'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/6695295288359205961'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/10/06-10-10-la-revelacion.html' title='+ 06-10-10 + La revelación'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-4946654991757950947</id><published>2010-10-02T20:06:00.000-07:00</published><updated>2011-03-08T09:31:10.641-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><title type='text'>+ 02-10-10 + Reencuentro</title><content type='html'>Después de días esperando para partir, fue ayer cuando me puse en marcha. Con mis heridas más que cicatrizadas y con prácticamente toda la movilidad de mi brazo, ya estaba dispuesto para volver a la 'Iglesia'. De buena mañana, hablé con Andrés y le dije que había llegado la hora de mi partida. Él no tardó en ayudarme en los preparativos. Lo primero que hizo fue, junto a su tía, apartar víveres y agua para aprovisionarme en mi viaje. Yo les dije que no hacía falta que me dieran muchos víveres, que el viaje no era muy largo, pero que si les sobraba bastante agua, que me llenaran todas las botellas que pudiese cargar. Así lo hicieron. Me llenaron tres botellas de litro y medio y varias pequeñas. De comida me dieron varios botes de conserva de alubias y lentejas y varios trozos de embutido. Luego, Andrés me llevó al almacén de armas y comenzó a llenarme cajas con munición. Acto seguido, me dijo &lt;i&gt;"Creo que será mejor que dejes aquí tu viejo rifle y aceptes este regalo. Tómalo en agradecimiento por todo lo que has hecho por nosotros y por las molestias que has sufrido. Se que no es mucho, pero te puede sacar de un apuro que tu viejo rifle Benelli quizás no resuelva"&lt;/i&gt;. Entonces me hizo entrega del Dragunov que empuñe el día del asalto al campamento chabolero. La verdad, tenía razón. Este rifle era mucho mejor y superior en todos los aspectos que mi otro rifle. Le agradecí el regalo no sin antes intentar rechazarlo por educación. Andrés insistió, alegando que tenían muchos más de los que iban a necesitar. Ya había terminado prácticamente mi petate cuando le dije a Andrés que tenía que hacer algo antes de marcharme. Quería visitar la tumba de Eusebio y su hijo. Quería despedirme. Se que no los conocí tanto como para tener un estrecho lazo de afecto, pero sentía en mi interior que debía despedirme antes de marchar. Aunque solo fuera por agradecimiento a su hospitalidad. Desde que todo empezó, no he encontrado a mucha gente que me haya abierto las puertas de su casa sin intentar degollarme después. Andrés, con una mirada que expresaba agradecimiento, me contestó que por supuesto que me llevaría. Y así lo hizo. Cuando terminé de preparar mis pertenencias, Andrés me condujo por los pasillos del refugio hasta una de las salidas de este. Andamos por un pequeño huerto hasta llegar a las tumbas. Ante dos bultos de tierra removida, se alzaban dos cruces de madera con una pequeña chapa del mismo material en el que ponía el nombre y apellidos de ambos. Permanecí frente a estas, en silencio. Andrés tampoco pronunció ni una palabra. Después de unos minutos de silencio, en el que solo se escuchaba ulular al viento, busque a mi alrededor. Miré el suelo, de aquí allá, hasta que encontré lo que buscaba. En este mar de tierra donde no había ni siquiera arbustos, encontré un par de amapolas que crecían juntas y solitarias. Las arranqué y puse una en cada tumba. Luego dije a Andrés &lt;i&gt;"Me hubiera gustado haberles dejado un ramo o una corona de flores, pero ya entiendes..."&lt;/i&gt;. Él me contestó algo que apenas escuché. En ese momento, estaban pasando miles de cosas por mi cabeza. Por unos instantes, pensé que con mucha probabilidad, yo jamás tendré un entierro. Que Eusebio y Manuel eran afortunados, ya que yo, cualquier día muero en un cruce de caminos lleno de merodeadores y mi funeral se verá reducido a vagar como un podrido más. Eso era algo que hasta la fecha no había comenzado a atormentarme y ahora me doy cuenta de lo horrible y triste que debe de ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando volvimos al refugio, cargué el petate a mi espalda y en el hombro el rifle. El refugio estaba desierto y Andrés me acompaño hacía la otra salida. Mientras andaba por el estrecho pasillo camino de la salida, iba pensando que me habría gustado despedirme de la mujer de Eusebio y de todos los demás. Mi sorpresa fue que, al salir del refugio, esperándome en el exterior estaban todos, incluidos los niños. Estaban allí para darme la despedida. No pude evitar que se me saltaran las lágrimas. La mujer de Eusebio se me acercó y me dio un fuerte abrazo, el cual respondí. Cuando se separó, sacó de su delantal un bulto de tela, el cual empezó a abrir. Era un bonito y gran machete, de empuñadura de hueso de animal, reluciente hoja y funda de cuero. Me lo entregó, diciendo &lt;i&gt;"Era de Eusebio. Siempre lo llevaba con él y le tenía un gran cariño. Se que él, allá donde este, estará contento que seas tú quién lo lleves a partir de ahora. Llevatelo como una recompensa a toda la ayuda que nos has prestado"&lt;/i&gt;. Intente no aceptarlo, pero me insistió &lt;i&gt;"Por favor, acéptalo o me enfadaré. Yo tengo todas las demás pertenencias de Eusebio y esto te hará más falta a ti que a mi"&lt;/i&gt;. No pude seguir rechazándolo y lo acepté. Lo até a mi cinturón. Después, con lágrimas en los ojos, se me acercó la mujer más anciana, la suegra de Eusebio. Esta me dio dos besos y me dijo &lt;i&gt;"Cuídate, hijo"&lt;/i&gt;. La mujer del difunto Manuel me miró y me dijo adiós tímidamente con la mano. Su rostro no había variado ni un ápice desde que se había enterado de la noticia de que su esposo había muerto. Andrés dijo a los niños &lt;i&gt;"Chicos, ¿que se dice?"&lt;/i&gt;. Los niños dejaron de juguetear y me dijeron &lt;i&gt;"¡Adiós, Erik!"&lt;/i&gt;. El más pequeño me sacó la lengua en símbolo de burla. Entonces pronuncié unas palabras antes de partir. Fueron breves y concisas: &lt;i&gt;"Gracias por todo a vosotros. Nunca os podré agradecer suficiente lo que habéis hecho por mi. Es algo difícil de encontrar en los tiempos que corren. Cuidaros mucho, por favor. Espero que algún día nos volvamos a ver, y espero que ese día haya acabado todo esto. Adiós". &lt;/i&gt;Andrés de me acercó y me abrazó, mientras decía &lt;i&gt;"Suerte, hermano. Y cuídate mucho. Aquí tienes las llaves de tu nuevo coche. Lo tienes en el borde de aquél camino. Hasta la próxima"&lt;/i&gt;. Con las llaves en la mano, los ojos empapados de lágrimas y sin girar la cabeza hacía atrás, caminé en dirección al vehículo. Había transitado más de la mitad del camino, cuando escuché unos gritos a mi espalda. Me giré rápidamente y vi a alguien correr hacía mi. En un primer momento, me costó reconocer de quién se trataba, pero no tardé en distinguir que era la hija de Andrés, la niña de la insulina. Esta corría hacía mi mientras gritaba mi nombre. No entendí que ocurría hasta que llegó a mi altura y se lanzó a mis brazos, abrazándome. Yo me agaché y la abracé también. Me dijo &lt;i&gt;"¿Por qué te vas? ¡No te vayas, porfa! Quédate con nosotros"&lt;/i&gt;. Yo, impresionado por esta situación que no esperaba, le expliqué a la niña &lt;i&gt;"Lo siento, pero no puedo. Me gustaría mucho quedarme con vosotros, pero debo de irme. Hay alguien esperándome no muy lejos de aquí y tengo que ir junto a esa persona. No te enfades, ya veras como algún día vuelvo a visitaros, ¿vale?"&lt;/i&gt;. La niña me miró a los ojos y me puso algo en la mano mientras dijo &lt;i&gt;"Cuídalo mucho, porfa"&lt;/i&gt; y me dio un beso en la mejilla. Después, salió corriendo de vuelta al refugio. Miré lo que me había dado. Era un pequeño osito de peluche desgastado y con remiendos. No pude evitar sonreír y mirar como la niña se alejaba corriendo. Los demás seguían en la puerta del refugio y yo les alcé el brazo diciéndoles adiós. Ellos me devolvieron el gesto. Guarde el osito en la mochila y seguí mi camino hacía el coche. Este era un todo-terreno azul. Me subí y emprendí mi camino sin parar de pensar en la niña y el regalo que me había hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche me sorprendió a pocos kilómetros de mi destino. Aunque en mi camino no encontré a muchos merodeadores, decidí pasar la noche en el coche y esperar a que amaneciera para seguir mi camino. Fue una medida de seguridad para no tener sorpresas inesperadas en plena noche. Aparqué en el arcén y no tardé en dormirme. No se que hora era exactamente, creo que las 23:30, cuando me desperté sobresaltado. Una potente luz cegadora me deslumbraba. Me sentí desubicado y desenfundé mi pistola del pantalón, pero la puerta del vehículo se abrió y una mano me sacó al exterior, derribandome en el suelo. Ante mi se erguía un individuo que no podía ver bien por culpa de la luz. Este le dio una patada a mi pistola, alejándola. Cubriendo la luz con mis manos, pude ver algo mejor al individuo. Este llevaba un rifle con el que me estaba apuntando. Su cabeza estaba cubierta por un casco y su rostro por una máscara antigas. Llevaba un uniforme... ¡del ejército español! Este, con voz grave, dijo &lt;i&gt;"No intentes nada o dispararé. Ponte de pie muy lentamente"&lt;/i&gt;. Obedecí y apareció otro individuo más, que sin dejar de apuntarme se dirigió a mi coche y comenzó a rebuscar entre mis pertenencias. El primero dijo&lt;i&gt;"Quién eres, de donde vienes y a donde vas"&lt;/i&gt;. Contesté una verdad a medias: &lt;i&gt;"Me llamo Erik y solo busco un lugar seguro y alimentos, nada más"&lt;/i&gt;. Contestó &lt;i&gt;"Sí, claro, y has permanecido todo este tiempo vagando. ¿Pretendes que nos creamos eso? Eres un saqueador, ¿verdad? Pon las manos sobre el capó del coche y no te muevas"&lt;/i&gt;. No contesté y puse las manos sobre el coche. Mientras me cacheaba y quitaba el machete, comencé a pensar una historia más convincente. No sabía quienes eran, si realmente eran militares o no, por lo tanto, no iba a descubrir la ubicación de Belén y los demás ni la del refugio de Andrés. Mientras me cacheaba, pregunté &lt;i&gt;"¿Y quienes sois vosotros y que queréis exactamente?"&lt;/i&gt;. Su contestación fue esperanzadora &lt;i&gt;"Somos soldados del ejercito de resistencia, campeón"&lt;/i&gt;. El individuo que husmeaba mi coche salió diciendo &lt;i&gt;"Solo lleva un rifle, todo lo demás, objetos sin importancia. No parece saqueador. José, agacha un poco el foco, que nos deslumbras"&lt;/i&gt;. Ese tal José era un tercero que no había visto. Bajo el foco y entonces pude ver con más claridad a mis captores. Subido en un jeep militar y dirigiendo el foco, estaba el tercer individuo. Los tres llevaban atuendo militar. El que me había cacheado dijo &lt;i&gt;"Mira, te vamos a dar la última oportunidad. Si nos cuentas la verdad de quién eres, te dejaremos marchar. Si nos mientes otra vez, te vamos a juzgar como saqueador y/o maleante, y eso esta penalizado con la muerte, así que te daremos un tiro en la cabeza en el borde de la carretera para que te coman los perros salvajes hasta que te reanimes. Tú decides"&lt;/i&gt;. Parecían militares de verdad, así que decidí contarles la verdad. Comencé desde mi marcha de la Iglesia para buscar a Iván, pasando por mi estancia en el refugio, hasta el día de hoy. Los supuestos militares se miraron entre ellos y uno se pronunció: &lt;i&gt;"Cuentas una historia bastante convincente y te vamos a creer. La verdad, no hemos encontrado nada en tu coche que te incrimine como saqueador o maleante, así que puedes estar tranquilo. A todo esto... ¿Como son esos individuos de ese tal Skull Korps?"&lt;/i&gt;. Les di una descripción bastante detallada y se miraron entre ellos. Entonces, mientras dejaba sobre el capó del coche el machete y algunas pertenencias mías, dijo &lt;i&gt;"Tenemos constancia de esos individuos. Llevamos un tiempo siguiendo sus pasos para conocer que traman. Se mueven por Tarragona y alrededores. También se han dejado ver por Salou y el parque de atracciones PortAventura. Cuando lleguemos a Reus informaremos a nuestros superiores de que son peligrosos y tomaremos medidas"&lt;/i&gt;. Aproveché para preguntarles sobre Iván, les di una descripción detallada y les pregunté si lo habían visto. La respuesta fue negativa: &lt;i&gt;"No. Al menos, no tenemos constancia sobre la persona que nos describes. De todas formas, nosotros no hemos realizado el seguimiento a ese grupo. Solo he leído los informes y por ello estamos al tanto. Aunque no lo creas, son muchos los grupos de individuos que merodean por los alrededores de Reus. Muchos de ellos merodean y se marchan, por lo tanto, los ignoramos. Pero los que intentan interferir en la paz de la ciudad o aquellos que tenemos constancia de que realizan actos delictivos, de esos tenemos orden de encargarnos y acabar con ellos. Daremos informe de lo que nos has relatado y si el superior da el visto bueno, una unidad se encargara de esos tipos"&lt;/i&gt;. Asombrado por la organización que parece haber en Reus, les pedí que me informaran sobre la situación de la ciudad. Me contestaron sin ponerme trabas. &lt;i&gt;"¿La situación? Hmm... Pues como siempre. Hace unos días que las tareas de limpieza y desinfección del perímetro oeste terminaron y ya ha sido habilitado para nuevos evacuados, pero el ensanchamiento de la ciudad continua. Las tareas de reparación de la valla norte siguen en proceso, la limpieza semanal de infectados en las vallas se han tenido que posponer... No sé que más quieres saber, esta todo prácticamente como siempre"&lt;/i&gt;. Le hablé de nuestra intención de llegar a Reus y entrar a formar parte de la comunidad, a lo que me respondió &lt;i&gt;"Claro que podéis. Pero la cosa no es tan simple. Si bien esta ciudad fue establecida para la evacuación de civiles, no todos pueden entrar. Eso ya lo conoceréis cuando lleguéis, pero tranquilos, son unos requisitos muy básicos y no tenéis nada que temer. Te informo que para llegar a Reus desde esta zona, solo es posible hacerlo desde la carretera de Tarragona. Alguien se entretuvo volando todos los accesos que llevan a la ciudad desde esta zona"&lt;/i&gt;. La teoría que barajó Eusebio de que pudieron ser los militares de Reus los que volaron las carreteras que llevan a la ciudad se descarta después de esta revelación. Pero entonces, ¿quién puede haber hecho esto? Sigo sin entenderlo. Que clase de intereses pueden haber creados para realizar esto. Después de esto, los militares me explicaron que se encontraban por esa zona ya que venían de cierta misión de reconocimiento de la cual se negaron a darme más detalles. Me sorprendió que no se quitaran las máscaras antigas en ningún momento de la conversación. ¿Por qué llevaban estas? ¿Era un método para evitar el contagio de lo que coño sea que transforma a las personas en muertos andantes? Ni idea. Tampoco tuve tiempo de preguntárselo, ya que no tardaron en marcharse al poco de recibir un mensaje por los walkies. Diciéndome un &lt;i&gt;"Nos tenemos que marchar. Ten cuidado, esta zona no es segura. Y esperamos que tú y los tuyos lleguéis sin problemas a Reus"&lt;/i&gt; se subieron al vehículo y se marcharon en la oscuridad. Ya solo y pensando en todo lo que me habían hablado, me metí al coche hasta que conseguí dormirme. Esto no me fue fácil. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me desperté con las primeras luces del alba. Los cantos de los pájaros resonaban por todas partes y esto me trajo viejos recuerdos. Recuerdos de un pasado no muy lejano en el que se podía vivir más o menos tranquilo. Hacia tiempo que no me percataba de pequeños detalles como este. Arranqué el vehículo y me puse en marcha. Tardé tan solo un par de horas en llegar a mi destino. 'La iglesia del fin de los tiempos'. Conforme me iba acercando al vehículo, dentro de mi crecían las ansias de volver a abrazar a Belén. La zona esta tal cual la había dejado hace unos meses, sin ningún cambio significativo. Nada más llegar al aparcamiento del edificio, aparqué justo en frente de la puerta del edificio y paré el motor. Un par de personas que estaban en la puerta se me quedaron mirando y no tardaron en meterse en el edificio, cuchicheando. Cargué todas mis pertenencias y salí del coche prácticamente corriendo. Debía encontrar a Belén cuanto antes. Entré al edificio y ande rápidamente por los pasillos camino a la habitación. De repente, ha aparecido Esther, vestida con la estúpida túnica. Esta, al verme, ha reaccionado de manera que no podía haber imaginado. Mientras exclamaba mi nombre, a comenzado a correr hacía mi. Le iba a preguntar por Belén, pero no me ha dado tiempo, ya que ha dicho &lt;i&gt;"¡Has vuelto! ¡No me lo puedo creer! ¡Tengo que hablar contigo sobre un asunto! Y ya de paso, quiero pedirte disculpas por todo lo ocurrido entre nosotros..."&lt;/i&gt;. He tenido que interrumpirla, preguntándole sobre Belén. Ella me me ha contestado que se encontraba en la habitación. Sin perder tiempo, he dejado atrás a Esther y me he dirigido a la habitación. A mis espaldas escuchaba a Esther decir que luego la buscase sin falta. Cuando he llegado a la puerta de la habitación, he cogido el pomo y antes de girarlo, he respirado hondo. Belén iba a sufrir un shock en cuanto me viera. Conté hasta tres y giré el pomo, abriendo la puerta. La habitación estaba iluminada. Al fondo de esta, sentada en la cama, estaba Belén. Ella levantó la mirada y se quedó petrificada al verme. Parecía que estaba viendo a un fantasma. Entonces, de un salto se ha puesto en pie y ha exclamado &lt;i&gt;"¡Dios mio! ¡Erik!"&lt;/i&gt;. Corriendo hacia mi, se ha lanzado a mis brazos. Se ha puesto a llorar desconsoladamente, diciendo &lt;i&gt;"Pensaba que estabas muerto... Lo pensaba... Dios... Había perdido toda esperanza..."&lt;/i&gt;. Abrazándola fuerte le he dicho que ya estaba de vuelta, que no tenía que preocuparse por nada. Belén me ha mirado a los ojos y me ha soltado una bofetada. Sabía que lo haría. Entonces me ha dicho &lt;i&gt;"No lo vuelvas a hacer. Jamás me vuelvas a abandonar. Por nada en el mundo"&lt;/i&gt; y me ha besado en los labios. Todo lo que ha ocurrido después, el reencuentro en más profundidad y demás, no se puede contar y queda entre Belén y yo, ya me entendéis... jeje.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tumbados en la cama, le he relatado todo mi periplo. Desde mi estancia en la casa de los ancianos pasando por el refugio. Cada palabra mía era escuchada por Belén con mucha atención. Cuando he llegado a la parte de Reus, Belén se ha quedado muda. No daba crédito. Me pidió que se lo repitiera y así lo he hecho. Entonces, ha dicho &lt;i&gt;"Es la mejor noticia que me has podido dar, cariño. La mejor. ¿Sabes lo que significa eso? ¡Que aun hay esperanzas de dejar todo esto atrás! Podemos construir una nueva vida..."&lt;/i&gt;. Verla de nuevo con esa alegría ha sido una nueva inyección de ánimo. Hemos estado un buen rato hablando sobre ello y entonces le pregunté como había transcurrido todo en mi ausencia y si había vuelto Iván. La respuesta fue un mazazo. &lt;i&gt;"Las cosas han transcurrido con normalidad, dentro de lo que cabe. La buena noticia es que desde que te marchaste, no han habido más ataques de merodeadores. Pero Iván... no ha vuelto. Y si me dices que no lo has encontrado, creo que los dos ya sabemos que quiere decir esto. No te tortures, Erik, has hecho lo que has podido. Más de lo que deberías. Ahora tenemos otro problema..."&lt;/i&gt;. He mirado a Belén, temiendo lo peor. &lt;i&gt;"...hace unos días que Eduardo salió a buscarte"&lt;/i&gt;. El mundo se me ha caído a los pies al oír esto.&lt;i&gt; "Me encontraba muy mal desde tu partida. Y con el paso del tiempo, al ver que no aparecías, fui a peor. Eduardo cuido mucho de mi, hizo todo lo posible para que no lo estuviera pasando tan mal. No paró de darme ánimos, diciéndome que seguro que estabas vivo, que solo habías sufrido un contratiempo y nada más... Todos me ayudaron, pero Eduardo fue el que más. Él tambien se sentía muy mal por tu ausencia y decidió salir a buscarte, igual que tú habías hecho por Iván. Yo le dí el visto bueno y le pedí por favor que te encontrara. Ahora que se que tenía razón y me siento tan culpable de haberle permitido marchar..."&lt;/i&gt;. No he podido decir nada al respecto. Yo hice exactamente lo mismo. Ahora me siento terriblemente mal por todo lo que ha desencadenado el haberme marchado. Hice todo esto por encontrar a Iván, misión en la que he fracasado, y solo he conseguido que ahora sean dos amigos los que están desaparecidos. Se que Eduardo sabe cuidar muy bien de si mismo y se que no le va a ocurrir nada, pero no sé. Iván también sabe cuidar muy bien de si mismo y mirar, hace meses que no ha vuelto. No sé... Supongo que solo nos queda esperar. El inconveniente es que hasta que no aparezca Eduardo, no podemos marcharnos camino a Reus. Otro contratiempo más.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;He permanecido en la habitación un buen rato hasta que hemos decidido levantarnos. Me picaba la curiosidad lo que me había dicho Esther y en ese momento he pensado en ir a buscarla. Se lo he comentado a Belén y me he ido a dar una vuelta a ver si veía a Esther. No he tardado en encontrarla. Estaba sentada en la escalinata de la entrada. Al verme, ha comenzado a mirar a todos los lados y se me ha acercado a toda prisa. Ni siquiera me ha dado tiempo a preguntarle que quería, ha comenzado a hablar a toda prisa: &lt;i&gt;"Erik, gracias a Dios que has vuelto. Hay muchas cosas que debes saber. Y no son nada buenas. Estabas en lo cierto y comienzo a pensar que corremos peligro..."&lt;/i&gt;. En ese momento, Esther se ha callado en seco y ha fijado su mirada a mi espalda. No entendía que pasaba y ella a continuado: &lt;i&gt;"...ahora no te puedo contar nada. Me vigilan muy de cerca. Nos vigilan a todos. Tenemos que vernos de noche. Te dejaré una nota por bajo de la puerta de tu habitación, ahí te diré donde quedar para hablar. Y es importantisimo que no le digas nada a nadie de todo esto, sobretodo, no hables de nada con Juanca"&lt;/i&gt;. Sin entender nada, le he dicho un &lt;i&gt;"Pero..."&lt;/i&gt; que no ha escuchado, ya que ha dado media vuelta y se ha marchado. Entonces me he girado y he visto de quien se había asustado. Era Miguel. Venía hacía mi, sonriendo. Todavía sigo sin entender nada. ¡Esther era seguidor de Miguel! ¿A que se debe todo esto? Miguel ha llegado a mi posición y ha exclamado &lt;i&gt;"¡Erik! ¡Hermano! ¡Estas de vuelta! No sabes cuanto me alegro de ello. Dios te ha traído sano y salvo. ¿Que tal tu periplo? ¿Encontraste lo que buscabas?"&lt;/i&gt;. Ante mi respuesta negativa, ha continuado &lt;i&gt;"Si no has encontrado lo que buscabas es porque el altísimo no ha querido. No te preocupes por ello, lo importante es que estas de vuelta en la comunidad. Hay muchas novedades desde que te fuiste. Deja que te las muestre"&lt;/i&gt;. Me ha pedido que lo acompañara y lo he seguido hasta la capilla. Al entrar, he descubierto toda esta zona llena de sacos de obra, ladrillos y un gran agujero en el suelo. Miguel ha comenzado a decirme &lt;i&gt;"Te preguntaras que es esto. Te explicó. Al poco de irte, Dios se puso de nuevo en contacto conmigo. De nuevo me hizo nuevas revelaciones. Te confieso que estaba muy preocupado por ello, ya que como bien sabes, Dios dejo de comunicarse conmigo. Y el motivo de esto era el que yo me temía. Estaba enfadado con nosotros. Por ello nos mandó a sus huestes para que nos atacaran. No estaba conforme con como estaban marchando las cosas aquí. Yo le he pedido perdón en mi nombre y en el de todos vosotros. Él a aceptado nuestro arrepentimiento y me ha pedido varias cosas. Una de esas cosas es esto. Quiere una gran remodelacion de la capilla. Quiere que en el centro de esta haya un pequeño foso, una pequeña estancia para que el gran día, SU gran día, demos una misa en su honor y allí dentro puedan asistir a la susodicha un gran número de sus huestes..."&lt;/i&gt;. No se que cara ha visto en mi al decir eso, pero en seguida ha dicho &lt;i&gt;"Tranquilo, hermano, tranquilo... Esto no debe de preocuparte. Solo debes comprender que ellos son también sus hijos. Solo quiere que estén presentes en el gran día. Yo estaré oficiando la gran misa y no tenéis nada que temer. Yo velaré por la seguridad de todos y ellos solo estarán allí dentro, sin poder salir. Dios lo quiere así, hermano, y debemos obedecer su palabra. Ahora, lo más importante es tener acabadas las obras para dicho día. Cuando este esté cerca, os lo comunicaré. Mientras tanto, puedes participar en las obras, hermano Erik. Nos serás de gran ayuda"&lt;/i&gt;. ¡Y un cuerno voy a participar! ¿Que cojones es eso de construir un foso para llenarlo de merodeadores y dar una misa? Este hombre pierde la cordura a pasos agigantados. Solo espero que cuando llegué su gran día, nosotros ya estemos en Reus. Aunque no sé cuando será ese día, pero las obras del foso están prácticamente acabadas, al menos, a simple vista. Es un foso bastante grande, ubicado entre el altar de Miguel y los bancos de los fieles. No sabría deciros de cuentos metros es de largo ni de profundo, pero ocupa bastante. A simple ojo, ahí pueden caber más de cien merodeadores apelotonados. Que locura...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya ha llegado la noche y no paro de pensar en todas las novedades que me han asaltado nada más llegar. Hace unas horas que María, Hans, Elena y hasta Thor han venido a darme la bienvenida y apenas les he podido hacer caso, ya que permanezco ausente, sumergido en pensamientos. La noticia de que Eduardo se ha marchado a buscarme, las palabras y el rostro de miedo de Esther, la obra esquizofrénica de Miguel... No se que se ha trastocado el día que yo me marché de aquí, pero las cosas no están funcionando como siempre. Por ello, me arrepiento mucho de haberme marchado. Quizás, si no me hubiese marchado, ahora comprendería muchas de las cosas que están pasando y no llego a comprender. Solo nos queda esperar a que Eduardo llegué pronto, sano y salvo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuanto antes nos vayamos y lleguemos a Reus, mejor para todos. Este no es nuestro sitio. Ni nunca lo fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-4946654991757950947?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/4946654991757950947/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=4946654991757950947' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4946654991757950947'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4946654991757950947'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/10/02-10-10-reencuentro.html' title='+ 02-10-10 + Reencuentro'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-3458882438676083318</id><published>2010-09-22T16:57:00.000-07:00</published><updated>2011-02-09T07:38:24.354-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 22-09-10 + Una verdadera tragedia</title><content type='html'>Ha pasado un tiempo desde mi última entrada, más de dos meses para ser exactos. Ha sido mucho tiempo. Muchos de vosotros habréis pensado que mi ausencia estaba debida a que había muerto. Lo comprendo. Es lógico, ya que después de mi última entrada, las cosas no pintaban demasiado bien. Os voy a relatar que ocurrió tras la entrada del 17 de julio, entonces lo comprenderéis todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día 18 fui despertado por Eusebio algo temprano. No recuerdo bien la hora exacta. Este cuanto apenas me dirigió la palabra y solo me dijo que el desayuno estaba en la mesa, que en cuanto acabase, fuera a buscarlo. Así lo hice. Me tomé el dichoso café con sabor a rayos y fui en su busca. Busqué por los pasillos del refugio y hasta en los exteriores, pero ni rastro. No di con él hasta que encontré a su mujer, ya que fue su ella quién me condujo hasta la habitación donde él se encontraba. Al abrir la puerta, me lo encontré sentado ante una pequeña mesa, realizando algo sobre esta. La luz aquí era muy tenue, pero no tardé en ver todo lo que guardaba esa habitación. Era un verdadero arsenal de armas. Prácticamente amontonadas, habían armas de todas clases. Escopetas, rifles, ametralladoras... de todo tipo. También habían varías cajas de madera cerradas y apiladas. Eusebio me invitó a pasar y yo entré observando detalladamente la sala, entonces le dije &lt;i&gt;"Vaya, no sabía que estabais tan bien equipados. Sois una caja de sorpresas"&lt;/i&gt;. Esperaba al menos una sonrisa por su parte, pero no, totalmente serio, me contestó &lt;i&gt;"Gran parte del arsenal proviene de un cargamento que iba para Reus. Lo encontramos en una furgona militar, en plena autovía. Al parecer, los lentos se interpusieron entre Reus y los militares que llevaban el cargamento. Al menos, eso deducimos, ya que los militares estaban en la furgona con las tripas fuera, ya me entiendes... Necesito que me ayudes a hacer unas cosas"&lt;/i&gt;. Cuando dijo que le ayudara, me fijé en que estaba haciendo en esa pequeña mesa. Encima de esta, había una extraña máquina con una palanca, la cual estaba manipulando. Le pregunté &lt;i&gt;"¿En que quieres que te ayude? A todo esto, ¿que es esa máquina y que haces con ella?"&lt;/i&gt;. Su respuesta fue &lt;i&gt;"Esta máquina que tú llamas sirve para recargar munición, y es lo que estoy haciendo. Necesito que mientras yo hago esto, rellenes aquellas botellas de vidrio con gasolina y les pongas un trapo en la boca. Cócteles molotov, vamos..."&lt;/i&gt;. Lo miré extrañado, pero no sé de que me extrañaba, ya que sabía de que iba el tema y para que quería que hiciera eso. Me puse manos a la obra y, mientras Eusebio recargaba munición, yo me dediqué a llenar botellas de cristal con gasolina. Cuando preparé la séptima botella, me dijo que no hacía falta que llenara más, que eran más que suficientes. Dudé en preguntar, ya que se notaba que no era su mejor día, pero quería saber cual era el plan a seguir, así que le pregunté &lt;i&gt;"¿Cual es el plan a seguir? ¿Lo habéis pensado?"&lt;/i&gt;. Como si yo no hubiese hablado, rellenó una bala con pólvora, la preparó y la ensambló con la máquina, entonces me contestó &lt;i&gt;"¿Cual es el plan? Fácil y sencillo. Vamos a darles caza como a jabalís. Los vamos a sacar de su madriguera y los vamos a abatir uno a uno. Ese es el plan"&lt;/i&gt;. Yo me quedé un poco sorprendido por su contestación. Era un plan muy poco elaborado y, por lo tanto, peligroso. Le pregunté si estaba seguro de hacerlo así. En que mala hora pregunté. Eusebio me lanzó una mirada que casi me fulmina y entonces me gritó&lt;i&gt;"¡¿Que si estoy seguro?! ¡¿Me preguntas que si estoy seguro?! ¡Mi nieta esta agonizando en la habitación de al lado y te atreves a preguntarme eso! ¡Por supuesto que lo estoy! ¡Que no te quepa la menor duda de ello!"&lt;/i&gt;. No sé que cara se me quedo en ese momento, pero Eusebio se quedo callado unos segundos y en seguida se disculpo. Me dijo que lo perdonara, que estaba muy alterado por la situación y que yo no tenía culpa. Le acepté las disculpas. Se como se siente uno en su pellejo.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pasaron las horas y Eusebio paso todo el día en la habitación. Yo le estuve ayudando en todo lo que pude. Entonces apareció Andrés. Este venía con las armas en la mano y por lo visto había estado vigilando desde la lejanía el campamento de los traficantes. Andrés comenzó a decirle a Eusebio "&lt;i&gt;No ha habido ningún movimiento extraño en el campamento, tío. Están todos allí, incluido Josué. &lt;/i&gt;(según me explicó Eusebio, Josué fue quién nos trató en nuestra visita al campamento) &lt;i&gt;No han salido del campamento para nada, salvo los críos, que han estado correteando por el exterior. Ni siquiera han salido a cazar ni a hacer incursiones a Tarragona. Quizás hoy no hagan nada, aunque queda mucho día por delante. El primo se ha quedado allí, vigilando. Si hay algún movimiento raro, me lo comunicará por walkie"&lt;/i&gt;. Eusebio le preguntó&lt;i&gt;"¿Habéis mirado lo que te dije?"&lt;/i&gt;, a lo que contestó &lt;i&gt;"Sí, es tal cual pensábamos. El material lo tienen en una de las chabolas de la entrada, junto donde cierran los negocios. Tendremos que iniciar el fuego por la zona oeste, ya que es la zona más alejada y el fuego tardará en llegar hasta donde guardan la mercancía. Nos dará tiempo a encontrar y sacar las cajas sin problemas"&lt;/i&gt;. A partir de aquí, no logro recordar mucho más. No se que hice durante el mediodía ni a principios de la tarde. Lo siguiente que recuerdo es durante bien entrada la tarde, a pocas horas del ocaso. Había llenado mi petate con la munición y preparado el rifle, cuando Eusebio entró a mi habitación y me dijo &lt;i&gt;"No pensaras utilizar ese rifle para esto, ¿verdad? Espera, te voy a traer algo mejor"&lt;/i&gt;. No comprendí que tenía de malo mi rifle. Cuando volvió, me lanzó otro rifle, algo más largo y con mira telescópica. Me dijo &lt;i&gt;"Este te vendrá mejor, sobretodo, para el papel que vas a jugar en todo esto. Cuando lleguemos al campamento, te explicaré. Además, tiene más capacidad de munición que el que tú llevas. Venga, coge lo que tengas que coger, que nos vamos"&lt;/i&gt;. Cuando salió de la habitación, observé detenidamente el rifle y no tardé en reconocerlo. Era un fusil &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fusil_de_francotirador_Dragunov"&gt;Dragunov&lt;/a&gt;. Lo sé porque, hace unos años, leí artículos sobre este rifle, pero jamás pensé que tendría oportunidad de tener uno entre mis manos. Quién me lo iba a decir a mi por aquellos años... Trasteé durante unos minutos el arma para familiarizarme con el fusil y su mecanismo y, cuando comprendí más o menos el funcionamiento, me lo colgué del hombro y salí de la habitación. Cuando llegué al salón, me encontré con un panorama muy desolador, el cual me entristeció. Andrés, su primo y Eusebio estaban con las mujeres y los niños. Las mujeres lloraban y los abrazaban, mientras que los niños hacían preguntas sin comprender nada. Vi como Andrés besaba a uno de los niños mientras este preguntaba que a donde iba. El niño más mayor dijo &lt;i&gt;"Se van y no volverán. Morirán como todos mueren, como murió mi papá"&lt;/i&gt;. El silencio se hizo en la sala y nadie se atrevió a replicar. El corazón se me encogió al ver a ese niño pronunciar esas palabras. Eusebio contestó &lt;i&gt;"Claro que volveremos. No nos va a pasar nada, ya verás, enano"&lt;/i&gt;. Yo me alejé del salón rumbo al exterior, pensando en las palabras de Eusebio y en que desearía que Belén hubiese estado ahí para que se despidiera de mi y me pidiese que volviera sano y salvo. Vaya... que nostalgia sentí... Indescriptible.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esperé en el exterior, junto a los coches, hasta que los tres salieron. Vi que en sus rostros habían lágrimas. No me atreví a pronunciar ni una palabra, solo me metí en uno de los coches y permanecí en silencio. Eran momentos muy duros para ellos, así que me mantuve al margen. Como el día anterior, yo subí en el utilitario, pero esta vez fue Eusebio quién subió en mi coche, poniéndose él al volante. Andrés y el primo subieron a la ranchera. Mientras nos poníamos en marcha, Eusebio sacó de su bandolera algo y me lo dio. Cuando miré que era descubrí que eran dos granadas de piña. Me dijo &lt;i&gt;"No se si sabrás utilizarlas. Es tan fácil como quitar la anilla y lanzar. Eso sí, date aire para lanzarlas o no lo contarás"&lt;/i&gt;. Fue una explicación que no me hacía falta. Quién no conoce el mecanismo de una granada de mano. Transitamos con los coches por la vía que transitamos el día anterior. De vez en cuando observaba a Eusebio. Estaba muy nervioso. Su labio superior temblaba ligeramente cada cierto tiempo. Llevábamos un poco conduciendo, cuando la ranchera se paró delante nuestra. Pensé que estábamos cerca del campamento, pero no lo divisé por ningún lado. Al parecer, habíamos parado muy alejados del campamento con la intención de no ser divisados por estos. Bajamos del coche y Eusebio habló: &lt;i&gt;"Bien. Lo que vamos a hacer es simple. Erik, tú iras junto a mi hijo a aquella pequeña colina. Quiero que os apostéis allí con los rifles y en cuanto comiencen a salir, los elimináis. Indiferentemente quienes sean. Andrés y yo bordearemos el poblado y con los cócteles los haremos salir. Esa sera la señal para que comencéis a disparar. Después y bajo vuestra cobertura, cuando todo este más o menos limpio, entraremos a por el material. Se que mi hijo tiene buena puntería con el rifle, solo espero que tú también la tengas, Erik. Vamos, cada uno a sus puestos"&lt;/i&gt;. Entonces, Andrés se nos acercó rápidamente y nos dijo antes de que nos alejásemos &lt;i&gt;"Josué es mio. No lo matéis si lo tenéis a tiro"&lt;/i&gt;. Asentí con la cabeza y el hijo de Eusebio y yo corrimos en dirección a la colina. Estaba un poco alejada y ya estaba comenzando a anochecer. Mientras corríamos, le pregunté &lt;i&gt;"Por cierto, ¿como te llamas? Se que no es un buen momento para este tipo de preguntas, pero es que todavía no sé tú nombre"&lt;/i&gt;. Este me contestó &lt;i&gt;"Manuel. Me llamo Manuel"&lt;/i&gt;. Yo dije prácticamente en voz baja &lt;i&gt;"Como un viejo amigo..."&lt;/i&gt;. Tardamos un poco en llegar a la colina, pero cuando lo hicimos, nos movimos ocultos en el follaje de los arboles y buscamos un buen puesto de tiro. Yo me situé tumbado frente a un reborde de piedra. Este me serviría de parapeto si desde el campamento nos descubrían y nos disparaban. Manuel se situó a un par de metros de mi, también tumbado y con su rifle de precisión a punto. Desde esta posición divisábamos todo el poblado chabolero. Preparé la mira de mi rifle con el aumento adecuado y comencé a husmear todo el poblado. Lo que vi fue lo siguiente. A pocos metros de la entrada del poblado había un individuo sentado sobre  una vieja nevera. Este estaba fumando y con un fusil de asalto a su lado. En la puerta de una de las chabolas que tiraba humo por la chimenea, habían tres viejas gordas pelando lo que parecían patatas. Más adentro del poblado, paseaban unos tres individuos, los cuales, con sus armas colgadas del hombro, conversaban y reían. Luego busqué la posición de Eusebio y Andrés. Me costó encontrarlos. Los pude ver corriendo, ocultándose tras los matorrales y un ribazo. Estaban algo alejados del poblado, pero lo suficiente cerca para atacar. Manuel me habló &lt;i&gt;"¿Nervioso, Erik?"&lt;/i&gt;, a lo que contesté &lt;i&gt;"Un poco. Pero no es la primera vez que hago esto, así que estoy un poco inmunizado en lo que se refiere a nervios"&lt;/i&gt;. Manuél, sin dejar de mirar por la mira de su rifle, me dijo &lt;i&gt;"Te envidio. Yo estoy acojonado. Nunca he disparado contra un hombre vivo, pero espero que sea tan fácil como disparar a un jabalí o a un lento"&lt;/i&gt;. Permanecí en silencio, pero repliqué &lt;i&gt;"Bueno, es algo más complicado. Pero más difícil es conllevarlo en la conciencia durante el resto de nuestros días"&lt;/i&gt;. Su respuesta me sorprendió por la crudeza: &lt;i&gt;"Para mi, en este caso, eso es lo de menos. No voy a tener ningún remordimiento en acabar con todos los que pueda. Y no voy a tener compasión ni miramiento en si disparo a una mujer o a un niño. No espero que lo comprendas, pero si estuvieras en nuestro lugar, lo entenderías. Los de ese poblado no son humanos, son alimañas, bestias salvajes. Ellos con nosotros harían lo mismo. De hecho, ya nos han hecho mucho daño y les voy a hacer pagar por ello"&lt;/i&gt;. En ese mismo instante fuimos alertados por gritos que provenían del campamento. Cuando miré, descubrí la zona oeste en llamas. Varías chabolas estaban ardiendo y la gente salía de las casas para ver que ocurría. Pude divisar a Andrés y a Eusebio como lanzaban un par de cócteles más y retrocedían. Era la señal. Lo primero que hice fue abrir fuego contra el individuo que tenía más a tiro, el que hace unos minutos estaba sentado encima de la nevera desguazada. Este ya estaba en pie, con su arma en mano y observando que ocurría. Situé la cruceta de mi mira sobre su cabeza y apreté el gatillo. El retroceso del arma hizo que la culata del rifle golpeara mi hombro violentamente, pero pude ver como mi bala impactaba en el blanco. Le acerté justo en la cabeza y vi como su cabeza estallaba. Manuel me dijo &lt;i&gt;"Buen disparo"&lt;/i&gt;, pero yo sentí un profundo asco hacia mi persona. Tuve que mentalizarme que esa gente era como es el Skull Korps. Gente sin escrúpulos, gente que hacía daño a otra gente, personas que sobraban en este mundo. Solo así reuní fuerzas para seguir disparando. Manuel efectuó varios disparos que creo que acertaron en el blanco. Busqué un nuevo objetivo y lo encontré en varios individuos que corrían hacía el fuego. Efectué varios disparos, de los cuales, solo dos acertaron en el blanco. Uno de estos individuos cayó malherido al suelo, pero no lo rematé. Mi punto de mira pasó por encima de mujeres y niños, pero no disparé. No pude. Manuel si lo hizo. Él disparaba a todo lo que se cruzaba por su mira telescópica. Vacié mi cargador y me dispuse a cargar este. Mientras introducía las balas una a una, desde el poblado sonaron disparos. Mis temores se confirmaron cuando Manuel me gritó &lt;i&gt;"¡Mierda! ¡Los han descubierto y están disparando! ¡Date aire en cargar, joder!"&lt;/i&gt;. Cargué lo más rápido que pude y volví a apuntar con mi arma. Vi como los hombres se apostaban en parapetos en la zona norte y disparaban. Sus disparos iban dirigidos a Eusebio y Andrés, los cuales corrían entre los matorrales, ocultándose y devolviendo el fuego. Dirigí mis disparos hacía aquellos hombres apostados y Manuel hizo lo mismo. Los que estaban a la vista fueran abatidos, pero nos fue imposible acertar a aquellos que se escondían en las casas. Entonces fue cuando desde la posición de Eusebio y su sobrino salió un fogonazo seguido de un proyectil que impactó en una de las chabolas, la cual explosionó y salto a trozos. Acababan de utilizar un lanzacohetes de mano. Manuel gritó de alegría y en ese mismo instante, una ráfaga de balas alcanzó nuestra posición. Yo agaché la cabeza mientras las balas impactaban en las piedras y me saltaban trozos de estas. Le grité a Manuel que nos habían descubierto, pero cuando lo miré... cuando lo miré estaba tumbado bocabajo y con media cabeza destrozada por un impacto de bala. Los maldecí todo lo que pude y más, mientras que una nueva ráfaga de balas llegaba hasta mi posición. Si no cambiaba de posición era hombre muerto, así que retrocedí arrastrándome entre los matorrales y busqué nueva posición de tiro. Mi nueva posición fue en un ribazo, entre unos arbustos y bajo un pino, en el lateral de la colina. Desde aquí busqué a quienes nos habían descubierto y disparado. No tardé en encontrar a quienes eran. Desde el techo de varias chabolas se encontraban apostados varios hombres con ametralladoras pesadas de posición. Estos hijos de puta se habían estado preparando bien para un asalto de este tipo. Uno de estos individuos seguía disparando con la ametralladora a mi antigua posición. Le apunté y disparé, pero mi disparo no le alcanzó y este descubrió mi nueva posición. Mientras lo encañonaba de nuevo, él me disparó una ráfaga que no me dio de milagro e impactó por mi alrededor. Una o unas de estas balas impactaron en el tronco del pino donde yo me resguardaba, partiendolo y cayéndome el árbol prácticamente encima. Menos mal que este pino era un árbol joven y no pesaba lo suficiente como para aplastarme. Disparé de nuevo y esta vez si que alcancé a mi objetivo. El individuo cayó derribado y se quedó colgando de la ametralladora. Otra nueva explosión hizo saltar por los aires otra chabola. Mientras los individuos de las ametralladoras centraban su fuego en Andrés y Eusebio, yo los fui eliminando uno a uno con disparos certeros. Cuando acabé con ellos, los disparos en el campamento cesaron. Ahora reinaba la calma entre el fuego y los escombros. Dudé en si seguir ahí agazapado o bajar. De repente, escuché algo que provenía de mi antigua posición. Era como una voz. Pensé que era imposible que Manuel siguiera vivo, ese tiro había sido mortal de necesidad. Subí la colina silenciosamente, entonces descubrí que la voz provenía del walkie de Manuel. Con cuidado, di la vuelta al cuerpo y le desenganché el walkie del cinturón. Volvió a sonar la voz. Era Eusebio, diciendo &lt;i&gt;"¿Manuel? ¿Estáis por ahí?"&lt;/i&gt;. Contesté un &lt;i&gt;"Sí"&lt;/i&gt; y me dijo &lt;i&gt;"Bajar al poblado con cuidado. Parece que hemos acabado con todos, pero no nos podemos fiar. Nos encontraremos en la chabola donde guardan el material"&lt;/i&gt;. No tuve valor a decirle que Manuel estaba muerto. Me guardé el walkie y comencé a bajar colina abajo. Cuando llegué abajo, dejé el rifle entre unos matojos y saqué mi pistola. Para esta ocasión era más cómodo y ligero utilizar la pistola. Poco a poco me fui acercando al poblado. Parecía una fosa común. Los cadáveres estaban desperdigados por todas partes y tenía que ir sorteándolos a mi paso. Cuando llegué al punto de reunión, me sobresalté al ver que de esa chabola salía alguien. En seguida apunté mi arma, pero era Andrés, el cual me dijo &lt;i&gt;"Eeeh, baja el arma, forajido. ¿Donde esta Manuel?"&lt;/i&gt;. No supe que contestar, pero mi silencio habló más que si lo hubiese dicho claramente. Su cara se transformó por momentos. Me dijo &lt;i&gt;"No le digas nada a mi tío. No todavía"&lt;/i&gt;. De la chabola salió Eusebio y se me quedó mirando. En ese instante pensé que había escuchado todo, pero no. Dijo &lt;i&gt;"¿Y mi hijo, Erik?"&lt;/i&gt;. No sabía que decir. Andrés se me adelantó, diciendo &lt;i&gt;"Se ha quedado en la colina. Nos esta cubriendo"&lt;/i&gt;. No sé hasta que punto es bueno mentir en estos asuntos, ya que tarde o temprano hay que decir la verdad y entonces el golpe es más fuerte. Andrés dijo &lt;i&gt;"Voy a por la ranchera. La cargamos y nos vamos pitando de aquí"&lt;/i&gt; y se alejó. Eusebio me pidió que le ayudara a sacar las cajas de la chabola. Al entrar, vi allí tendido en el suelo el cadáver de aquel gordo que se reía a carcajadas de nosotros en nuestra anterior visita. Este tenía un tiro en la cabeza. Comencé a ayudar a Eusebio a bajar cajas y mirar el interior de estas. Al final dimos con las que buscábamos. Dos grandes cajas repletas de cajetillas de insulina. Seguimos buscando y encontramos una más. Cogimos las cajas y las sacamos al exterior. Estábamos dejándolas en el suelo, cuando un ruido nos sorprendió. Miramos rápidamente al frente, pero no nos dio tiempo a nada. Absolutamente a nada. Del techo de la chabola más cercana a nosotros había una ametralladora apuntándonos, la cual soltó una ráfaga de plomo. Pude ver como la mayor parte de los disparos impactaron en el cuerpo de Eusebio, el cual salió volando hacía atrás envuelto en sangre. Las últimas balas de la ráfaga fueron para mi. Sentí como el plomo candente me atravesaba el hombro, parte del brazo y el muslo derecho. Caí derribado al suelo. Desde aquí y aguantando como podía el intenso dolor, levanté el brazo para apuntar mi pistola, pero era imposible. Sentía un tremendo peso en el brazo que me impedía levantarlo y apuntar. En la ametralladora pude ver a Josué. Su mirada era una mirada cargada de odio. Por su frente brotaba un reguero de sangre que había empapado su camiseta. Me dedicó estas palabras &lt;i&gt;"Mardito hijo de una hiena"&lt;/i&gt; y movió la ametralladora, encañonándome. No tuvo tiempo a más. Antes que él disparara, una bala atravesó su cabeza, seguido del sonido de un disparo lejano. Su cadáver cayó de lo alto de la chabola al suelo. En ese momento, me retorcí de dolor en el suelo mientras me apretaba con fuerza la herida del hombro. Por si fuera poco, un par de cadáveres que había a mi alrededor comenzaron a reanimarse. Me arrastré hasta la pared de una de las chabolas y empuñando la pistola con mi mano izquierda, les disparé. Necesité nueve disparos para acabar con los dos merodeadores. La ranchera con Andrés al volante hizo aparición. Este bajo con un Dragunov en sus manos y corrió hacía mi. Me preguntó que si estaba bien y me dijo que él había abatido a Josué. Cuando descubrió el cadáver de su tío, estalló a llorar. Tardo en calmarse, pero cuando lo hizo, me subió a la parte trasera de la ranchera y cargó las cajas. Después se subió al vehículo y comenzó a conducir rumbo al refugio. Yo pasé todo el camino retorciéndome de dolor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando llegamos al refugio, me sacó de la parte trasera del vehículo y cargó conmigo a hombros. Pude ver el tremendo charco de sangre que había dejado en la ranchera. Mientras me llevaba por los pasillos del refugio, vi a las mujeres al fondo de este. Estas comenzaron a chillar y Andrés les gritó que escondieran a los niños. Llegamos al salón y Andrés me tumbó sobre la mesa. Las tres mujeres comenzaron a preguntar por Eusebio y Manuel, y Andrés gritó &lt;i&gt;"¡Muertos! ¡Todos muertos!"&lt;/i&gt;. Ellas estallaron a llorar y la mujer de Eusebio se apoyó en una esquina de la habitación, dejándose caer. Continuó en un tono más relajado &lt;i&gt;"Y si no hacemos algo por este chico, también estará muerto en breves. Traerme agua limpia, pólvora del almacén y gasas, muchas gasas"&lt;/i&gt;. Ninguna se movió, era como si no lo hubieran escuchado. Lo siguiente que recuerdo es a Andrés lavándome las heridas y diciéndome &lt;i&gt;"Tienes suerte, la bala del brazo y el muslo te han dado de refilón. Sin embargo, la del hombro te ha impactado de lleno, pero aún así, has seguido teniendo suerte. La bala te ha atravesado y ha hecho orificio de salida. Muerde este trapo, esto te va a doler"&lt;/i&gt;. Me metió un trapo en la boca y con una navaja abrió una bala. Vertió la pólvora en la herida del hombro y la prendió con un mechero. No me dio tiempo a nada, solo a pegar un berrido y a retorcerme, mientras el me sujetaba con fuerza y me decía &lt;i&gt;"Aguanta. Esto ha sido para cauterizarla. Cortará la hemorragia"&lt;/i&gt;. El dolor fue tan intenso que me desmayé. Lo siguiente que recuerdo es despertarme en una cama que no era la mía. Una habitación mucho más decente. Al abrir los ojos, descubrí junto a mi cama a una niña de cabellos rubios, observándome. Me asusté e intenté moverme, pero un punzante dolor recorrió mis heridas. Esta niña, al ver mi reacción, cogió una muletas y se fue a toda prisa por la puerta. En seguida apareció Andrés, el cual me dijo &lt;i&gt;"Vaya, ya estas despierto"&lt;/i&gt;. Le pregunté cuanto tiempo había estado dormido, Su contestación me dejo boquiabierto: &lt;i&gt;"Casi dos días. Los has pasado delirando, pero al final, conseguimos que te bajara la fiebre. Por cierto, esa niña era mi hija"&lt;/i&gt;. Le dije que me alegraba que su hija estuviese bien por fin y el se sentó a los pies de mi cama. Comenzó a hablarme: &lt;i&gt;"Si, ha mejorado bastante desde que tiene su insulina. Pero aún no esta bien del todo. Quiero agradecerte todo lo que has hecho por nosotros y siento haberte tratado tan mal desde que llegaste. Se que no tengo escusa, pero espero que al menos comprendas la situación por la que estaba pasando. Mi hija se moría y yo no podía remediarlo. Al final, hemos podido solucionarlo, pero a que precio..."&lt;/i&gt;. Aquí agachó la cabeza y derramó varias lágrimas. Le pregunté que tal lo estaban llevando los demás. Me miró y me dijo &lt;i&gt;"¿Tú como crees? Pues fatal. Mi tía intento suicidarse ayer. Le quité el cuchillo de las manos cuando se iba a cortar las venas. La mujer de Manuel no ha salido de la habitación desde entonces, ni siquiera para atender a sus hijos. Me toca vigilarla para que no haga ninguna locura. Mi abuela no habla con nadie. Los niños no paran de preguntar por el abuelo y los hijos de Manuel, por su padre. Se ha roto la familia. Es el segundo golpe que nos llevamos desde que mi otro primo murió en Tarragona. No se si superaremos esto. Y yo tengo que sacar fuerzas de donde no las tengo, porque ahora yo soy el líder de la familia y si me desmorono yo, todo se ira a la mierda. Espero que no pases nunca por mi situación. Ayer tuve que volver al campamento de nuevo para acabar con el cadáver reanimado de mi tío, coger el cadáver de Manuel y darles sepultura a ambos. ¿Como crees que me siento yo después de hacer todo esto? Como una puta mierda. Y encima me siento culpable. No paro de pensar que era yo y solo yo quién debió solucionar el tema de mi hija. Así, al menos, ellos estarían vivos y mi familia solo habría tenido que soportar una perdida en el peor de los casos. Si no fuera el pilar de la familia, ahora mismo me volaría los sesos. Pero no puedo. Ni puedo ni debo"&lt;/i&gt;. Después de esta pequeña charla, en la que lo intenté consolar, Andrés se marchó de la habitación y yo me quedé a solas con mis dolores.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los días han pasado muuuuy lentos. Demasiado. He pasado varias semanas encamado, sin apenas moverme y con fuertes dolores. Después, comencé a hacer pequeñas salidas para comer en el salón. Luego comencé a pasear por el refugio. Hace unas pocas semanas que he salido a los exteriores del refugio. Tras tantas semanas aquí encerrado sin ver la luz del sol, cuando por fin salí, apenas podía abrir los ojos. Me dolían horrores, ya que estaban acostumbrados a la oscuridad. Mis heridas ya han mejorado bastante, sobretodo la herida del hombro. No hace mucho, Andrés me quitó los puntos. Me esta quedando una cicatriz horrenda, pero eso es lo de menos. Con respecto a los ánimos de todos, la cosa no ha mejorado mucho. La mujer de Eusebio es prácticamente un alma en pena y su madre, más de lo mismo. Normal, se ha desquebrajado la familia. La mujer de Manuel tampoco es una excepción, pero ella ha canalizado su dolor centrándose en sus hijos. Hace todo lo posible para que estos no tengan tiempo en lamentar la perdida de su padre. Ella carga con las penas de todos ellos. Y Andrés... Andrés se mantiene muy ocupado en velar por todos. Lo noto aliviado por ver a su hija bien, pero hundido por la perdida de su tío y su primo. Por otro lado, es espectacular el cambio que ha realizado este chico desde que lo conocí. Ha pasado de ser una persona irascible a alguien que se preocupa por todos. Ahora, su trato conmigo es exquisito. En todo este tiempo que he estado aquí, no ha parado de preocuparse por mis heridas y cambiarme las gasas periódicamente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Desde que me levanté de la cama y comencé a volver a la normalidad, he estado meditando algo. Voy a abandonar la búsqueda de Iván. En cuanto salga de aquí, me voy directo de vuelta al lado de Belén y los demás. Es mucho tiempo que no saben nada de mi, algo que no entraba en mis planes, y Belén lo estará pasando mal. Es posible que me haya dado por muerto. Lo siento mucho por Iván, pero he hecho todo lo que ha estado en mi mano. Además, con el tiempo que ha pasado, si no ha vuelto a la 'Iglesia' es que le ha ocurrido algo. Me duele pensarlo, pero es lo que hay. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal cual veo mi estado y como he mejorado, creo que esta semana o la siguiente podré retomar mi rumbo. No ansío otra cosa que volver junto a Belén y poder besarla. Paciencia... Es cuestión de unos pocos días.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-3458882438676083318?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/3458882438676083318/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=3458882438676083318' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3458882438676083318'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3458882438676083318'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/09/22-09-10-una-verdadera-tragedia.html' title='+ 22-09-10 + Una verdadera tragedia'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-2644206987576508452</id><published>2010-07-17T23:34:00.000-07:00</published><updated>2011-06-05T08:37:15.287-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombies'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><title type='text'>+ 17-07-10 + Seres sin escrúpulos</title><content type='html'>He pasado una noche terrible. No os lo podéis ni imaginar. Este colchón mugriento me ha dejado la espalda hecha un verdadero asco. Encima, las ratas que deambulan por esta habitación se lo han pasado de miedo molestándome. En una de las pocas ocasiones que me he podido dormir, me he despertado con uno de estos roedores encima de mi pecho, olisqueandome la ropa, mientras otras dos ratas me mordisqueaban los zapatos. Yo no se quién se ha asustado más, si yo al descubrir al roedor encima mía o ella, que la he lanzado contra la pared mientras yo soltaba un grito de sobresalto. Después de esto, me ha costado volver a conciliar el sueño y mientras daba pequeñas cabezadas, no he quitado ojo del rincón donde se han ido corriendo estos animalitos. Estos asomaban el hocico de vez en cuando. Cuando al final he podido volver a dormirme, he tenido una pesadilla, para rematar la noche. No recuerdo muy bien que he soñado, pero se que no era algo bueno. En mi sueño aparecía Miguel y su sequito de hermanos, Belén también, la cual lloraba desconsoladamente y Eduardo, el cual estaba tendido en el suelo, bocabajo. No recuerdo más, ni siquiera que pasaba en el sueño. Como siempre, quiero pensar que solo se trata de un sueño, nada más. La cuestión es que cuando me he despertado de la pesadilla, me he descubierto de pie en medio de la habitación. Por unos largos segundos me he sentido desubicado a la vez que desesperado. Hasta que me he conseguido ubicar, no he sabido donde me encontraba y he intentado abrir la puerta una y otra vez mientras en mi mente repetía &lt;i&gt;"Belén, Belén..."&lt;/i&gt;. Por lo demás, nada que destacar. No ha entrado Eusebio a despellejarme y cocinarme como he temido en algún momento. De todas formas, no he bajado la guardia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eusebio ha venido a abrirme la puerta a las 8, tal como dijo. Un hombre puntual y, lo más importante, un hombre de palabra. Cuando me ha abierto me ha saludado con un &lt;i&gt;"Buenos días, Erik. ¿Qué tal has dormido?"&lt;/i&gt;. Yo, sentado en mi camastro como un preso en un calabozo, le he respondido que mejor no preguntara. No me ha sentado muy bien que se haya reído y me haya dicho &lt;i&gt;"Espero que las ratas no te hayan molestado mucho"&lt;/i&gt;. No es que me haya dicho algo ofensivo, pero cuando paso una mala noche me molesta hasta que me den los buenos días, así que imaginaros que me suelten comentarios jocosos. No he tardado en levantarme y salir de mi pequeño calabozo. Al salir al pasillo esperaba ver algún rayo de luz, pero no ha sido así. No estoy acostumbrado a vivir en un refugio subterráneo de estos. He seguido a Eusebio hasta el salón principal, donde estaba la mujer de Eusebio y su suegra. Estas estaban sirviendo unas tazas de café en la mesa. Cuanto apenas me han mirado de reojo. Mientras daba el primer sorbo de café, el cual sabía a rayos, Eusebio me ha asaltado diciendo &lt;i&gt;"Luego te acompañaré a por un vehículo, ya que lo necesitaras para seguir con tu camino. Tenemos varios agenciados, así que puedes elegir el que más te guste"&lt;/i&gt;. Esto no ha sido una indirecta para que me marche, sino una directa en toda regla. No me ha quedado otra que darle las gracias. Después de esto, hemos comenzado a conversar de varios temas, en los cuales le he preguntado más cosas sobre Reus. La verdad, no me ha contado nada relevante salvo una cosa. Me ha dicho que si quiero ir allí, solo hay un camino que llega hasta Reus. Y es la carretera que comunica Tarragona con Reus. Me ha dicho que todas las demás carreteras que no son esta han sido dinamitadas. Esto no me coge por sorpresa, ya lo descubrimos cuando intentamos ir hacía allí. A mi pregunta de si sabe quién ha dinamitado todos los accesos que llevan a Reus, me ha contestado &lt;i&gt;"Ni idea. Tal vez fue el ejército que tiene la base en Reus. ¿El motivo? Pues quizás con intención de frenar a los lentos y que no se acerquen a la ciudad, o lo mismo para evitar que lleguen nuevos refugiados. Quién sabe, a lo mejor ya han excedido el cupo de refugiados y no quieren más personas. Sea quién haya sido, ha hecho esto con el fin de incomunicar a Reus, al menos, desde esta zona. Yo solo sé que cuando dinamitaron las carreteras, escuchamos las explosiones desde el refugio. Esto ocurrió hace unos meses, en plena noche y las explosiones se produjeron en intervalos de una hora. Al día siguiente, nos encontramos varias carreteras destrozadas. Con el tiempo, descubrimos que todas las destruidas son las que llevan a la ciudad. Si te sirve de algo, aún queda un acceso, que sepamos, que lleva Reus y que por lo que sé, no esta destruido, al menos, hasta donde yo lo he transitado. Es la carretera que comunica Tarragona con Reus. Pero como ya te dije ayer, pisar Tarragona es una locura. Esta infestada"&lt;/i&gt;. Si es el único camino transitable, creo que nos arriesgaremos. Hemos pasado por cosas peores. Además, con precaución no tenemos nada que temer. Cuando zanjamos la conversación de Reus, le pregunté si conocía a los de 'La iglesia del fin de los tiempos'. Su respuesta fue que no, así que me tocó hablarle de ellos y de Miguel. Eusebio no tardó en llegar a una clara conclusión, la cual, cada día que pasa, la creo más: Miguel oculta algo. Y eso significa que no es de fiar. También siento miedo por una cosa, y es que Eusebio me ha dicho &lt;i&gt;"Yo de ti no estaría tranquilo de haber dejado a mi mujer y mis amigos con ese tipo"&lt;/i&gt;. Esto me ha hecho recapacitar y comienzo a pensar que buscaré a Iván unos días más y si mi tarea no da frutos y no lo encuentro, abandonaré la búsqueda y volveré a por los demás.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mi conversación con Eusebio ha finalizado cuando por el pasillo de entrada han aparecido toda la caterva de niños, corriendo y gritando. Mientras estos saludaban a su abuelo, ha entrado Andrés y el hijo de Eusebio. Estos iban cargados con bidones y varias bolsas, en las que destacaba una pequeña bolsa de tela, la cual llevaba Andrés. Estos han dejado los trastos en el suelo y Eusebio les ha preguntado &lt;i&gt;"¿Como ha ido la cosa?"&lt;/i&gt;. Andrés, con su habitual tono de mala hostia, ha contestado &lt;i&gt;"Mal. Fatal. Solo hemos conseguido dos bidones y esto. No será suficiente. No lo van a aceptar"&lt;/i&gt;. Este ha lanzado sobre la mesa el pequeño saco y Eusebio lo ha cogido y ha mirado el interior, diciendo &lt;i&gt;"Quizás sí. Se optimista. Si no nos sirve, optaremos por el otro plan. Ese es nuestro último recurso. Saldrá bien, no te preocupes"&lt;/i&gt;. En ese momento no he entendido nada de nada. ¿De que hablaban? ¿A que se referían con 'no lo van a aceptar'? ¿Que había en ese saco? Muchas preguntas y no podía formular ninguna. No era prudente, y menos, con Andrés delante. Cuando han terminado de hablar, Andrés se ha ido a ver a su hija y Eusebio se ha guardado el pequeño saco en la chaqueta, este me ha dicho &lt;i&gt;"Bueno, chico, ¿preparado para seguir tú camino? Vamos, coge tus cosas y te llevaré a por tu nuevo vehículo"&lt;/i&gt;. Él me estaba echando y yo no he podido aguantar la tentación de saber de que habían estado hablando, así que le he preguntado. Ante mi pregunta, Eusebio, que se acababa de poner en pie, se ha quedado quieto durante unos segundos y después se ha vuelto a dejar caer sobre la silla, diciendo &lt;i&gt;"Ay, Erik, eres un tipo muy preguntón. A ver, que veo que te corroe el no saber que hay en el saco. Mira..."&lt;/i&gt; Cuando ha volcado sobre la mesa el pequeño saco, de este han caído varias pulseras y collares de oro, junto a un par de anillos del mismo metal, un reloj y un fardo de billetes atados con una goma elástica. Cuando he visto esto solo he podido exclamar &lt;i&gt;"¿Para que queréis esto? Esto ya no tiene valor. ¿Sois saqueadores?"&lt;/i&gt;. Él me ha contestado con una sonora carcajada y me ha dicho &lt;i&gt;"¿Saqueadores? Te aseguro que no. Hoy por hoy, a esto le damos el mismo valor que tú le acabas de dar, o sea, ninguno. Pero lo necesitamos. Al igual que necesitamos esos bidones de gasolina que ha traído mi hijo y mi sobrino. Verás, hay algo de lo que no te he hablado. Y si no lo he hecho no ha sido por ocultártelo, sino que es un tema espinoso que nos esta haciendo mucho daño. Pero visto que quieres saberlo, hago el esfuerzo. Te cuento. A varios kilómetros de aquí, cerca de Mont-Roig, hay un pequeño campamento. Sí, has oído bien, un campamento, si así se le puede llamar. Más que campamento, la palabra más acertada es asentamiento chabolero. Aquí viven varias familias hacinadas desde mucho antes de que comenzara todo esto. Estas familias nunca tuvieron buena fama en el pueblo, ya que se dedicaban a ciertas actividades ilegales, como venta de droga y armas. Allí no se acercaba ni la policía. Cuando todo esto comenzó, estas personas no tuvieron problemas en repeler a todos los lentos que se acercaban, ya que en sus chabolas tenían y tienen un verdadero arsenal de armas. Con todo este desorden y sin ley, todo este tiempo se han estado dedicando al saqueo y al pillaje. En poco tiempo consiguieron saquear todos los comercios, farmacias y el ambulatorio de Mont-Roig. Hasta se han atrevido con Tarragona. Todo lo que tenga valor y pueden llevárselo a su campamento, se lo llevan. ¿Y sabes lo peor de todo? Que con todo lo que han saqueado este tiempo, ahora lo están utilizando para hacer negocio. Sí, sí, para hacer negocio. Quieren asegurarse un buen patrimonio para cuando todo esto acabe. ¿Y sabes con que hacen negocio? Con todo tipo de cosas de primera necesidad, sobretodo, con medicinas y armas. Curioso, ¿verdad?, A pesar de todo, siguen viviendo como antes. Pues bien, ¿y sabes quienes, desde hace un tiempo, son sus principales compradores? Reus. No los culpes de hacer negocios con esta basura, es simple necesidad. Les es más fácil obtener medicinas y demás útiles comprándole a esta gente que haciendo nuevas incursiones en Tarragona. Mejor pagar con dinero que ya no sirve que con la vida de hombres en una peligrosa incursión. Bueno, aquí es donde entramos nosotros. Al igual que Reus, nos vemos obligados a hacer negocio con ellos. Estas joyas y gasolina son para realizar una compra a los individuos de este campamento. Como te dije ayer, mi nieta esta enferma y necesita insulina. Una insulina que no encontramos en ningún lado, ya que esta basura ha saqueado todas las farmacias del pueblo. Así que por desgracia y desde no hace mucho, hemos tenido que recurrir a hacer negocio con ellos. Las joyas las sacamos de donde podemos, normalmente, desvalijando a los lentos. Ellos ya no necesitan esto, nosotros sí. Hay muchos de ellos que van cargados de joyas y con dinero en los bolsillos. Solo basta con abatirlos y quitarles todo lo que lleven encima. De eso se trata y eso es lo que han hecho esta mañana mi hijo y mi sobrino. Pero hace unos días que nos ha surgido un problema. La última vez que fuimos a comprarles insulina, no les pareció suficiente el pago que teníamos acordado y, a parte de quitarnos las joyas y el dinero que les llevábamos, no nos dieron la medicina. Nos dijeron que, a partir de ese día, el pago tenía que ser el doble o no nos darían las dosis de insulina. Y aquí estamos, con mi nieta muriéndose en una cama por culpa de esa basura sin escrúpulos. Ya hemos reunido el pago que nos piden y hoy vamos a ir allí para intentar que nos vendan el medicamento"&lt;/i&gt;. Cuando me ha contado esta historia, me he quedado muy sorprendido. Había visto muchas cosas desde que todo acabo, como caníbales, saqueadores, psicópatas... pero esto ya es demasiado. Gente que se dedica a hacer negocio con material de primera necesidad... muy fuerte. No se como la gente tiene esta facilidad para entregarse tan fácilmente a lo malo. Todavía no he visto un grupo de gente que se dedique a limpiar las calles de podridos o a salvar personas que están aisladas en refugios. Lo que le he dicho a Eusebio ha sido lo siguiente &lt;i&gt;"Todavía no puedo comprender como hay gente que se comporta así. Mi grupo y yo nos hemos encontrado con individuos de este tipo, muy similares. Ojalá me equivoque, pero creo que estos individuos os van a dar problemas. Así que quiero que aceptes mi oferta: os voy a acompañar. En caso de que las cosas se pongan feas, os vendrá bien un arma más de vuestro lado. Es lo menos que puedo hacer en agradecimiento por vuestra hospitalidad"&lt;/i&gt;. Eusebio se ha quedado pensativo durante unos segundos y ha hecho el amago de rechazar mi oferta, pero he insistido. Entonces ha aceptado y ha dicho &lt;i&gt;"Gracias. Saldremos en seguida. Ahora mismo te entrego tu arma para que la tengas lista"&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No ha tardado en entregarme mi rifle y mi pistola. En seguida he cargado de munición las dos armas y he estado listo para salir. Eusebio me ha llamado a los pocos minutos para irnos y lo he seguido por los pasillos del refugio hasta la salida. Cuando hemos salido por la portezuela al exterior, el sol me ha deslumbrado, cegandome. Allí he visto a Andrés y al hijo de Eusebio, el primero con un rifle de caza y el segundo con una escopeta. También llevaban los bidones de combustible, los cuales han comenzado a cargar en la parte trasera de una ranchera. Andrés, al verme, se ha acercado a mi y me ha dicho &lt;i&gt;"Que sepas que desapruebo que vengas con nosotros, forastero. Si por mi fuese, tú nunca habrías pisado nuestro refugio. Así que dedícate a cerrar el pico y a no hacer nada, salvo que te ordenemos lo contrario. Esto no es un juego, así que no te hagas el duro"&lt;/i&gt;. Yo le he respondido con un ligero movimiento de cabeza. Una vez han cargado los trastos en la ranchera, el hijo de Eusebio y yo hemos subido a un Ford que había aparcado detrás de la ranchera, mientras Andrés y su tío se han montado en la ranchera. No hemos tardado en ponernos en marcha. Hemos permanecido todo el camino siguiendo a la ranchera sin ni siquiera dirigirnos una palabra. Hemos transitado por un camino de tierra durante una media hora más o menos. Pasado este tiempo, he divisado el dicho campamento. En el borde del camino se extendían una serie de chabolas, pegadas las unas con las otras. Estas estaban fabricadas de infinidad de elementos: trozos de madera, láminas de metal, trozos de tejado de fibra de vidrio, plásticos, sabanas, vallas... era un asentamiento chabolero en toda regla. Conforme nos íbamos acercando, teníamos que ir sorteando la basura que había desperdigada por el camino. Había hasta una lavadora despiezada ahí en medio. De repente, la ranchera paró delante de nosotros e hicimos lo mismo con nuestro vehículo. Cuando bajamos del coche, pude observar todo con más detalle. Casi me pongo las manos en la cabeza al ver que de la chimenea de una de las chabolas salía humo. ¿Como se atrevían a hacer esto? ¡Esto es un reclamo para los merodeadores! Por los alrededores de las chabolas habían varias gallinas y perros correteando. Entonces ha sido cuando he notado como se apoyaba en mi cabeza el cañón de un arma. No me he girado, he permanecido inmóvil. Entonces ha sonado una voz, diciendo &lt;i&gt;"¿Pero tú quie' ere'? Tú ere' nuevo"&lt;/i&gt; (os escribo tal cual nos ha hablado y habla este individuo). He seguido sin girarme, entonces Eusebio ha hablado por mi &lt;i&gt;"Tranquilo, es un amigo. Venimos a zanjar el negocio, ¿recuerdas?"&lt;/i&gt;. El otro, mientras apartaba el arma de mi cabeza, ha contestado &lt;i&gt;"No nos guzta la gente nueva. Debería' zaberlo"&lt;/i&gt;. Aquí ha sido cuando he podido girarme y ver quién era el que me había encañonado. Este hombre, de tez muy morena, pelo largo, mal vestido y desaliñado, me ha devuelto la mirada, sonriéndome. Su sonrisa ha dejado al descubierto su sucia dentadura, en la cual faltaban varias piezas dentales. De su cuello colgaban varios cordones gordos de oro y una gran medalla. Ha guardado su pistola en el pantalón y ha dicho &lt;i&gt;"A ve' que noz traei'"&lt;/i&gt;. Los cuatro lo hemos seguido en dirección a las chabolas. Entonces me he percatado de que en la puerta de las chabolas había un montón de gente observándonos. Hombres armados, mujeres con bebés en brazos, niños... y todos conel mismo patrón de estética que el primero que he visto. Este nos ha conducido hasta el interior de una de las chabolas. Al pasar entre la multitud, varios niños se han lanzado sobre mi arma y me la han intentado quitar de las manos. Han parado de hacer esto cuando un hombre mayor que había junto a ellos ha golpeado a uno de los niños, gritándoles &lt;i&gt;"¡¡ 'taros quietos!!"&lt;/i&gt;. Cuando hemos entrado en la chabola, casi me tapo la nariz a causa del olor que hacía aquí. Era una mezcla de olores horrible, como de suciedad y humedad. Al fondo de la chabola se alzaba una pila de cajas y en medio de la habitación, una pequeña mesa con una balanza romana. Junto a esta, había un hombre bastante gordo sentado. Este nos miraba y se reía con una sonrisa repugnante. El individuo al que habíamos seguido ha comenzado a decir &lt;i&gt;"A ve', tres bidone' de gazolina y que maz traei'..."&lt;/i&gt;. Eusebio ha sacado de su bolsillo la bolsa de tela y se la ha entregado. Este ha volcado el contenido sobre la balanza, quitando el reloj y los billetes. Ha mirado el peso del oro, ha contado los billetes y ha observado el reloj. Acto seguido, ha tirado el reloj al suelo y lo ha pisado, diciendo &lt;i&gt;"E'te relo' no vale. E' una mierda. ¿Me dai' 70 euro', tre' bidone', un relo' de mierda y cuatro colgante' que cazi no pezan? ¿Me tomái' por tonto? ¡E'to no e' suficiente! ¡Trae'me mas! ¡Mas! ¡O no o' damo' la medicina!"&lt;/i&gt;. El gordo de la silla ha comenzado a reír más fuerte, prácticamente a gritos. Eusebio ha comenzado a pedirle por favor que aceptara eso por las medicinas, pero solo ha conseguido que este chillará más. Andrés ha intentado intervenir, pero su primo lo ha detenido. He podido ver como Andrés cogía con fuerza su arma y los miraba con cara de odio. Entonces, el individuo ha gritado &lt;i&gt;"¡¡Llevaro'lo de aquí!!"&lt;/i&gt; y las cortinas de la chabola se han abierto, entrando varios hombres, los cuales nos han cogido por los brazos y, a la fuerza, nos han sacado. Todos los que habían fuera han comenzado a reír y otros a insultarnos. Los niños hasta nos han golpeado y tirado piedras. Los que nos han cogido a la fuerza nos han arrastrado y nos han empujado. Yo he caído al suelo. Entonces, el otro ha salido de la chabola y nos ha gritado &lt;i&gt;"¡¡Fuera!! ¡¡Y no volvai' sin el pago completo!!"&lt;/i&gt;. Entre Eusebio, su sobrino y yo, hemos conseguido frenar a Andrés, que estaba insultando y quería ir a por él. Como hemos podido, lo hemos metido en el coche y nos hemos montado en los vehículos, emprendiendo la marcha de vuelta al refugio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En cuanto hemos llegado al refugio y hemos bajado de los coches, Andrés se ha dejado caer al suelo y ha estallado a llorar. Eusebio y el sobrino han intentado consolarlo, mientras Andrés, entre sollozos, decía &lt;i&gt;"Mi hija... mi hija... se me muere y no puedo hacer nada..."&lt;/i&gt;. Eusebio le ha dicho &lt;i&gt;"Sobrino, te juro que tu niña va a tener su insulina, solo tiene que aguantar un día más, solo un día más. Te lo prometo..."&lt;/i&gt;. Cuando me he percatado, en la puerta del refugio estaba toda la familia, incluido los niños. Las mujeres estaban llorando. Como hemos podido, hemos cargado con Andrés y lo hemos llevado a su habitación. Este ha intentado zafarse de nosotros, pero no se lo hemos permitido. Cuando lo hemos metido en la cama, su primo y la esposa de este, su tía y su abuela se han quedado con él, consolándolo, mientras Eusebio ha salido de la habitación. Yo sobraba en ese momento, así que he salido también de la habitación. Aquí ha sido cuando Eusebio, con lágrimas en los ojos, me ha dicho &lt;i&gt;"Erik, si sigues queriendo ayudarnos, quédate una noche más. Mañana te vamos a necesitar. Si por el contrario te quieres ir ahora, tienes la puerta abierta. Pero necesito saberlo ahora mismo"&lt;/i&gt;. Le he contestado que cuenten conmigo para lo que necesiten. Me ha dicho &lt;i&gt;"Gracias. Eres un buen tipo. Te lo recompensaré"&lt;/i&gt;. Después de decir esto, se ha alejado pasillo abajo. Le he dicho &lt;i&gt;"¿Que tengo que hacer?"&lt;/i&gt;. Él, sin darse la vuelta, ha contestado &lt;i&gt;"Mañana a primera hora lo sabrás. Solo te digo que mañana mi nieta va a tener la insulina. Hasta entonces, descansa y guarda fuerzas"&lt;/i&gt;. No me hace falta saber más. Ya se de que va el tema.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El día ha pasado rápido y sombrío. Y no ha sido sombrío por la oscuridad del refugio, sino por los ánimos de todos los miembros de esta familia. Me he sentido como un fantasma deambulando por el refugio, invisible a ojos de todo el mundo. Eusebio ha permanecido todo el día encerrado en su habitación. Lo único que ha dado un toque de vida al refugio han sido los niños, correteando de una lado a otro, ajenos a todo. Cuando ha llegado la hora de la cena, solo han aparecido las mujeres, los niños y el sobrino de Eusebio. Pero yo he sido el único, junto a los niños, que se ha atrevido a pegar bocado. He dejado el plato a mitad porque me he sentido avergonzado por ser el único adulto que conservaba el apetito en ese momento. Al final, Eusebio se ha dejado ver a las 22:30 y el motivo ha sido para acompañarme a la habitación. Tenía muy mala cara. Como si hubiese estado llorando. Y lo comprendo. Cuando me ha conducido hasta a mi habitación, me ha dado las buenas noches y yo le he ido a entregar mis armas. Me ha contestado &lt;i&gt;"No hace falta. Ya no. Sé que podemos confiar en ti. Hasta mañana, hijo"&lt;/i&gt; y ha cerrado la puerta. Ni siquiera ha echado el cerrojo. Desde esto, aquí me encuentro, con mis amigas las ratas, las cuales parecen estar esperando a que me duerma, y dándole vueltas a la cabeza.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A pesar de que Eusebio no me ha dicho que pretende que hagamos mañana, me lo imagino. Y tengo una sensación muy extraña dentro de mi. Nunca antes he sentido esta sensación. Y esto me preocupa. Es como si algo malo fuese a ocurrir mañana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-2644206987576508452?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/2644206987576508452/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=2644206987576508452' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2644206987576508452'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2644206987576508452'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/07/17-7-10-el-negocio-de-la-necesidad.html' title='+ 17-07-10 + Seres sin escrúpulos'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-4313315598082595866</id><published>2010-07-16T23:09:00.000-07:00</published><updated>2011-01-21T10:26:20.971-08:00</updated><title type='text'>+ 16-07-10 + Cazador cazado</title><content type='html'>Hoy, después de repostar combustible en la única gasolinera que me he encontrado en el camino, he descubierto algo bastante interesante. Llevo varios días en los que no he encontrado signos de vida en mi camino, pero mientras extraía combustible del surtidor, he escuchado el ruido de un motor. El sonido era de una moto. Me he quedado atónito durante unos segundos, intentando averiguar la procedencia del sonido. Por más que he mirado en las carreteras colindantes no he visto el vehículo. No he perdido tiempo, he llenado el depósito a mitad, me he montado en la moto y he tomado rumbo a la autovía. Cuando he llegado a la siguiente salida, la cual llevaba a un pueblo llamado "Mont-Roig del Camp", me he desviado por esta carretera comarcal. El motivo es que el vehículo que oído no transitaba por la autovía, si no por una carretera próxima a la gasolinera y esta salida era la más cercana. He conducido por aquí durante unos minutos, esquivando a unos pocos merodeadores que me ido encontrando. Al final, he llegado a una rotonda. Mi sorpresa ha sido que la entrada a esta estaba parapetada con tierra y escombros. La entrada y todas las salidas de la rotonda. He dejado la moto con el caballete puesto, he apagado el motor y he bajado a inspeccionar. Era imposible que el vehículo que he escuchado haya transitado por aquí. Me he equivocado. Viendo el montón de tierra y escombros que bloqueaba la carretera me he dado cuenta de que se trataba de una barricada. De entre los cascotes y tierra también habían sacos amontonados. ¿Quién y con que fin había hecho esto? He bordeado la barricada y he inspeccionado los siguientes parapetos. Habían dos que hasta tenían alambre de espino. Esta claro que esto no lo han hecho para frenar a los merodeadores, ya que sería inútil porque estos no tienen problemas para bordearlo como yo he hecho saliendo de la carretera. Esto esta hecho para frenar a viajantes. Ha sido entonces cuando me he percatado de lo que había en el centro de la glorieta. Bajo una pequeña estatua ornamental de unos toros, había un cadáver, el cual parecía de un merodeador, atado en la base de mármol de la estatua. De su cuello colgaba un cartón que parecía escrito. Mientras me he ido acercando, he podido ir viendo más detalles. Atadas con finas cuerdas y colgando de todos los extremos y salientes de las dos estatuas, habían al menos una decena de cabeza cercenadas. Parecían de merodeador, pero esto es imposible saberlo. Era muy tétrico ver como se mecían con el viento. Me produjo escalofríos. Cuando llegué frente a la estatua, observe el cadáver del cartel. En este ponía: "Forasteros, no sois bienvenidos. Marcharos por donde habéis venido". El cadáver se reanimó momentos antes de que acabara de leer la frase. Este abrió los ojos, los cuales clavó en mi, y comenzó a gemir agonizantemente. Rápidamente lo encañone con mi arma, pero no disparé, ya que estaba bien atado y no podía soltarse de sus ataduras. Ahora, en frío, me alegro de no haber disparado, ya que estoy casi seguro de que en la casa de los ancianos me asaltó esa horda de merodeadores porque fueron atraídos por mis disparos. Di media vuelta y me dirigí hacía mi moto. Para mi sorpresa, había alguien junto a mi moto. Estaba agachado junto a esta y de espaldas. He empuñado el rifle y lo encañonado mientras avanzaba hacía él. Cuando he estado lo suficientemente cerca, le he gritado &lt;i&gt;"¡Eh! ¡tú! ¡¿que haces en mi moto?!"&lt;/i&gt;. Al oír mi grito, este individuo se ha girado. Y mi sorpresa ha sido el descubrir que ese individuo era un niño de apenas 12 años. Cuando me ha visto apuntándole a puesto una cara de pena que me ha conmovido el alma. Entonces he bajado el rifle y le he dicho que se tranquilizase, que no le iba a hacer daño. El niño, de pelo castaño y la cara sucia, me ha mirado a los ojos y ha transformado su cara de pena en una cara de diablillo, con una picara sonrisa en la boca. Ha abierto su mano derecha y me ha enseñado algo. En sus manos tenía una pequeña navaja y acto seguido ha dirigido la mirada a la parte baja de mi moto. Yo no entendía nada, entonces he mirado a donde él miraba y lo he comprendido todo. Las ruedas de mi moto estaban rajadas. El puto niño me acababa de pinchar las ruedas. Le he gritado&lt;i&gt; "¡¡Niño de los cojones!! ¡¿Por qué has hecho eso?!"&lt;/i&gt;. Este, soltando una sonora carcajada, ha echado a correr en dirección campo a través. Le he gritado que no corriera, que no le iba a hacer nada. Pero el niño me ha hecho caso omiso y ha seguido corriendo. Entonces he salido corriendo detrás de él.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El niño me sacaba una distancia increíble y era rapidísimo y muy ágil. Saltaba los matojos y demás obstáculos con mucha facilidad, mientras que a mi me costaba una barbaridad. Mientras corría, tuve un traspiés que casi me hace caer al suelo, pero por suerte he podido mantener el equilibrio y seguir con la marcha. Este se interno en una pequeña arboleda. Me costó llegar aquí una eternidad. Como pude, atravesé todos los matojos y me libré de las ramas de un rosal que me han dejado los brazos y las piernas hechos un asco. Cuando crucé la arboleda, divisé al niño. Este estaba bastante lejos y se encontraba saltando un muro de hormigón. El muro que saltaba parecía que era de una fábrica. En menos de dos segundos se encaramó al muro y se perdió tras de él. Fatigado y exhausto, emprendí de nuevo la carrera. En realidad, no sé muy bien porque me he encabezonado tanto en perseguir a este niño. Esta claro que no iba a conseguir una explicación convincente de porque había hecho lo que ha hecho, pero quizás ha sido porque es un niño y he sentido compasión por él al mismo tiempo que también quería averiguar si estaba solo o acompañado. Cuando he llegado al muro, he trepado por él como he podido, costandome el triple de lo que le ha costado al niño. Una vez encaramado a este, he saltado al otro lado y he buscando la ruta que había podido seguir el niño. Me encontraba en un gran patio de una fábrica de neumáticos. Delante de mi se alzaban dos inmensas naves de trabajo. Seguí mi instinto y me dirigí hacía el edificio más grande. Cuando llegué y crucé la puerta, me encontré en una inmensa sala polvorienta, con maquinaria pesada. Anduve por la sala vigilando todos los rincones. Al fondo de la sala, sobre una cinta transportadora, vi al niño de marras. Estaba gateando y metiéndose en el interior de la gran máquina. Le grité que se detuviera, que podía ser peligroso y acudí rápidamente para impedirlo. Cuando llegué, el niño ya se había metido en el interior y, cautelosamente, me asomé por la abertura de la maquinaria. Allí dentro, acurrucado y con la navaja en la mano, estaba el crío. Le alenté a salir, pero este me contestó sacándome la lengua en tono burlón. Me dispusé a entrar a sacarlo cuando desde mi espalda, una voz infantil me chilló &lt;i&gt;"¡Ni lo intentes, capullo!"&lt;/i&gt;. Me giré y vi a dos niños. Uno de ellos me estaba apuntando con una escopeta que era casi más grande que él. El otro sostenía un gran palo macizo. El de la escopeta me ordenó que tirara el arma. Hice caso omiso e intenté negociar. Les dije que no quería hacerle nada malo a su amigo, que solo estaba de paso e intentaba ayudar. El niño de la escopeta, de unos 13 años, le ordenó al otro que me quitara el arma. Me sentí ridículo viendo como un crío de 11 años me desarmaba. Pero no me podía arriesgar a hacer nada, un niño con un arma es tan peligroso o más que un adulto. Otra voz sonó. Provenía del piso superior, de una pasarela flotante. Cuando miré, vi a dos niños más, ambos apuntándome, uno con un fusil automático y otro con un tirachinas. El del fusil parecía de unos 15 años, pero el otro, el canijo del tirachinas, no sobrepasaría los 11. El más pequeño dijo &lt;i&gt;"Borja, mira esto"&lt;/i&gt; y acto seguido descargó su tirachinas. Pude ver como la piedra surcaba el espacio aéreo de la fábrica y me impactaba en el hombro. El dolor me recorrió la zona y me dejé caer al suelo con la mano en la zona del impacto. Mientras yo casi me retorcía de dolor, toda la turba de críos se reían a carcajadas, hasta el que hace un momento lo había estado persiguiendo, el cual ya había salido de su escondite. Dos proyectiles de tirachinas más me impactaron nuevamente, esta vez en el abdomen y cabeza. El impacto de la cabeza me hizo una brecha y no tardó en brotar la sangre y correr por mi cara. Pero lo niños siguieron riéndose. Ahora comprendo el dicho de que los niños pueden llegar a ser muy crueles. El niño del fusil gritó &lt;i&gt;"¡Basta! ¡Rober, átalo de pies y manos!"&lt;/i&gt;. Este saco de su bolsillo varias bridas y me las puso en las manos y en los pies. Mientras él hacía eso, yo intenté hacerles comprender a los niños que no era un enemigo, que me dejaran marchar. Solo conseguí que el niño del palo me "acariciara" con este. Por suerte, un niño de 11 años no tiene ni la fuerza ni la destreza con una palo que puede tener un adulto. Aun así, los golpes fueron dolorosos. Una vez inmovilizado, los niños de la pasarela superior bajaron y se reunieron con los demás. Entonces, comenzaron a preguntarme que hacía aquí, que quién era. Yo me expliqué, pero como niños que son, aunque jugasen a ser adultos, ni me comprendieron ni me prestaron atención. El niño de la navaja se dedicó a hacerme burla y a hacer bailes absurdos mientras yo hablaba. Esto desvió la atención de todos y no me escucharon. Entonces comenzaron a hablar de que hacer conmigo. Esto me heló la sangre. El niño del palo dijo &lt;i&gt;"Eh, eh, chicos, esto es mejor. Podíamos chafarle la cabeza con una piedra grande. ¿Nunca habéis visto lo que hay dentro de la cabeza? Yo sí, una vez, ¡y es asqueroso!"&lt;/i&gt;. Otro dijo &lt;i&gt;"No, no, mejor lo abrimos con la navaja de Charly. Yo podría hacerlo, lo he visto hacer a mi padre con los cerdos"&lt;/i&gt;. Otro &lt;i&gt;"Podíamos decírselo a los demás...&lt;/i&gt; (esto me dio una ligera esperanza, la cual se desvaneció con lo siguiente) &lt;i&gt;O no, mejor, lo atamos a un palo y hacemos puntería con las armas, disparandole". &lt;/i&gt;Entonces&lt;i&gt; &lt;/i&gt;el más mayor habló &lt;i&gt;"No, yo decidiré lo que haremos. Traer un merodeador"&lt;/i&gt;. Todos los niños menos este se alejaron corriendo entre risas. No podía ser que estuvieran planeando lo que me temía. En ese momento pensé que iba a morir de la misma forma que dejé morir a aquel caníbal que me capturó en Valencia. Le pregunté al niño que pretendían hacer con un merodeador y él me contestó &lt;i&gt;"Divertirnos"&lt;/i&gt;. Le rogué que no lo hicieran, que me soltaran. Hasta le pedí que si querían diversión, que me soltaran las ataduras para poder luchar con el merodeador, que de esta forma sería más divertido para ellos. Él me contestó &lt;i&gt;"No, queremos que te coma. Si te defiendes no tiene gracia. Nuestros padres siempre nos han impedido que veamos como comen los 'lentos'. Ahora lo vamos a poder ver"&lt;/i&gt;. Entonces le dije que si sus padres estaban vivos, que si había adultos con ellos. No me contestó. No tardó en oírse los gritos de los demás niños. Decían &lt;i&gt;"¡Por aquí, 'lento' cara de culo!", "¡A que no me pillas, tonto!" y "¡Aquí tienes comida, feo!"&lt;/i&gt;. Los niños entraron y pude ver como lanzaban piedras al exterior. Rápidamente, todos los niños incluyendo el que me custodiaba subieron escaleras arriba y tomaron posiciones en la barandilla para observar bien la escena. Por la puerta no tardó en entrar un merodeador. Este, de movimientos torpes y consumido por la putrefacción, comenzó a observar la sala. En seguida fijo sus ojos en mi. Yo, tendido en el suelo, me mantuve quieto como una piedra con la esperanza de que no me distinguiera. Pero de nada sirvió. Con un sonoro gemido y con un paso torpe hacía mi indicó que ya sabía donde ir. Por cada paso que daba, sus roídos ropajes de chaqueta y pantalón de vestir a cuadros le bailaban en su escuálido cuerpo. Yo empecé a chillarle a los niños que por favor lo evitaran, pero estos se reían y hasta animaban a gritos al merodeador. Era como quién ve una pelea de boxeo y anima a su favorito. Cada paso lento que daba comprendía que estaba condenado, pero aun así, seguí gritando e intentando soltarme de las bridas. Estaban muy fuertes y era imposible soltarse, pero yo seguí hasta que comencé a notar que me estaban haciendo sangre en las muñecas. Ya estaba a apenas dos metros de mi y los niños estaban más ansiosos, gritando vítores. El merodeador dejo caer sus rodillas al suelo y puso sus zarpas sobre mi espalda. Poco a poco, empezó a acercar su cabeza con la boca abierta hacia mi cuello. Por cada movimiento que hacia acercándose, podía oír todas las articulaciones de su cuerpo crujir violentamente. Yo intenté propinarle un rodillazo, pero me era imposible, las ataduras me tenían limitado. Intenté rodar por el suelo, pero el merodeador me tenía fuertemente agarrado. En ese instante ya podía oler su pútrido aliento. Tenía su boca a centímetros de mi cara. Era imposible escapar. Entonces fue cuando ocurrió el milagro. Una voz resonó diciendo &lt;i&gt;"¡Me cago en dios!"&lt;/i&gt; y sonó un disparo. La bala impacto al merodeador en la cabeza y me salpicó toda la cara de mejunje sanguinolento. Este cayó desplomado encima mía. Reptando, me lo quité de encima y vi en la puerta a mi salvador. Un hombre adulto que empuñaba un rifle de caza. Acto seguido, este le gritó a los niños &lt;i&gt;"¡Que cojones habéis hecho, hijos de puta!"&lt;/i&gt; y corrió por las escaleras en dirección a los críos. Estos empezaron a colarse por un agujero de una puerta, pero el hombre pudo atrapar a dos de ellos, entre los cuales estaba el mayor de todos. Les quitó las armas mientras estos decían &lt;i&gt;"¡No hemos hecho nada! ¡Abuelo, no nos pegues!"&lt;/i&gt;. El adulto se quitó la correa y comenzó a azotarlos. Mientras los niños lloraban e intentaban esquivar los correazos, a mi me invadió una risa nerviosa. No me podía creer que estuviera vivo. Si hubiese tardado unos segundos más, estaría muerto y vagando sin rumbo como un merodeador más. Cuando el hombre acabó de azotarlos, los cogió de la oreja y bajo hasta mi posición.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando llegó a mi lado, le expresé mi agradecimiento y le conté lo sucedido, lo que habían hecho los niños y lo que pretendían. Luego le pedí que me soltara de las ataduras. Él me contestó &lt;i&gt;"Tranquilo, cada cosa a su debido tiempo. Sobre lo que han hecho estos niños, obtendrán su castigo. Y uno doble además por adentrarse a zona prohibida para ellos. Desde que les dejamos ir armados se creen vaqueros, así que tendremos que empezar a pensar si es buena idea que tengan armas o no. Bueno, a lo que íbamos, ¿quién eres, que haces aquí, que buscas...?"&lt;/i&gt;. Le expliqué todo, desde a donde voy hasta de donde vengo. Este hombre de aspecto de pueblo me escuchó sentado en un cascote de piedra y me interrumpió innumerables veces para hacerme más preguntas. Cuando acabé, sacó una navaja de su bolsillo y me cortó las bridas. Entonces me comentó &lt;i&gt;"Mira, vamos a hacer una cosa. Te voy a llevar a nuestro refugio. Obviamente, tu arma estará a mi recaudo y ahora mismo voy a inspeccionar todos tus enseres en busca de más armas. Cuando esté seguro de que no eres peligroso aparentemente, te vendaré los ojos y yo te guiaré hasta nuestro escondite. Por motivos de seguridad, no quiero que veas el camino. Cuando lleguemos, te prestaremos una habitación y te daremos de comer y beber. Cuando llegué la hora de dormir, dormirás bajo llave. Espero que comprendas porque hago esto así. Seguridad. Por el contrario, puedes marcharte por donde has venido. Eso sí, tu arma me la quedaré yo. Tú decides"&lt;/i&gt;. Lo estudié lo más rápido que pude. Era una opción muy arriesgada, pero este hombre parecía de fiar. Ya estaba en sus manos, pero con los ojos vendados o encerrado en una habitación lo estaría más. Por el contrario, podía obtener mucha información valiosa de él. Además, mi moto estaba inservible y en varias horas caería la noche, así que accedí. Cuando registró mi mochila, encontró mi pistola, la cual se guardó en el pantalón. Después de asegurarse de que no llevaba más armas, sacó una venda y me vendó los ojos. Me llevó al exterior y, una vez allí, me dio varias vueltas para desorientarme. La verdad es que lo consiguió. Entonces, ordenó a los dos niños sádicos que me cogieran de la mano y me guiaran junto a él. Por el camino, comencé a formularle preguntas. La primera fue si habían visto a Iván, del cual le di una breve descripción. Su respuesta me asombró y me llenó de esperanza: &lt;i&gt;"Vimos a un chico que entra en la descripción que dices. Grandote, con pañuelo en la cabeza, con una Harley... Sí. Hace poco menos de un mes. Lo vimos husmeando en una gasolinera que hay a unos pocos kilómetros de aquí. Él no nos vio. Nosotros íbamos a coger combustible cuando lo vimos. Repostó, rebuscó en el área de servicio y se marchó. Fue hacía el norte, en dirección a Tarragona. Por su bien espero que no vaya hacía allí. Es un hervidero de muertos"&lt;/i&gt;. O sea, pasó por aquí y estuvo en la gasolinera que yo he estado hoy. ¡Voy en buen camino!. Después le pregunté que me contará como iban las cosas por los alrededores y por qué Reus había caído. Su respuesta me lleno más aun de esperanza y sorpresa a partes iguales: &lt;i&gt;"Pues bien, como te dicho, Tarragona es un hervidero. Al menos, la zona Este. Ya intentamos entrar para conseguir alimentos y nos fue imposible. Conforme te vas adentrando al interior de la ciudad, los infectados van doblándose en número. Allí cayó mi hijo hace meses"&lt;/i&gt; Aquí ha habido unos segundos de silencio. Le he dado mis condolencias pero él ha seguido hablando. &lt;i&gt;"Sobre lo que dices de Reus, no se de donde te has sacado que ha caído. Sigue en pie y conservando a todos los refugiados"&lt;/i&gt;. ¿Comprendéis porque digo que me he llenado de esperanza y sorpresa? Me muero por contárselo a Belén y los demás. Sabía que Miguel nos había mentido. Después de oír lo de Reus, exclamé un fuerte &lt;i&gt;"¡¿Qué?! ¡No puede ser! ¡Nos dijeron que había caído!"&lt;/i&gt; a lo que respondió &lt;i&gt;"Pues quién te lo ha dicho os ha mentido. No ha caído y sigue como el primer día. Si no me equivoco, con más terreno que cuando nosotros nos marchamos. Cuando nos fuimos, habían comenzado una expansión, limpiando calle por calle la zona no segura y ensanchando el perímetro seguro de las vallas..."&lt;/i&gt;. Lo interrumpí diciendo &lt;i&gt;"¿Como? A ver si he entendido bien... ¿Tú y los tuyos habéis estado en la ciudad segura de Reus? ¿Y que hacéis que no seguís viviendo allí?"&lt;/i&gt;. Su respuesta fue contundente: &lt;i&gt;"Pues mira, cosas que pasan. Yo he nacido en el pueblo de 'Mont-Roig'. Mi mujer e hijos también. Toda mi familia. Al principio de todo, con la confusión que había nos dejamos llevar por el pánico mediático y acudimos a Reus como miles de personas más. Nos enteramos de que estaban evacuando allí a la gente por un mensaje de radio. Entramos allí a la semana de que Reus se estableciera como zona segura y los militares tomarán el control total de la ciudad. Nos trataron muy bien. Nada más llegar, nos pusieron en cuarentena y nos hicieron pasar controles médicos para asegurarse de que no estábamos infectados. ¿Sabes? Allí no entra nadie sin pasar esos controles. Cuando se aseguraron de que estábamos limpios, nos hicieron firmar una pila de papeles y nos adjudicaron unos pisos. Allí todo funciona como funcionaba antes de todo esto. Hay leyes, oficios, comercios... todo supervisado por el ejercito. A parte, no he visto zona más segura que esa. Y ahora viene porque nos marchamos. ¿Sabes por qué? Porque somos gente de pueblo, no de ciudad. Siempre lo fuimos y siempre lo seremos. Añorábamos nuestro pueblo, el monte, todo. Y la vida de la ciudad nos estresaba. También tuvimos otras muchas discrepancias que nos llevaron a desertar de la ciudad, pero la principal fue esa, que no cambiábamos nuestra tierra y forma de vida por estar más seguros. Nosotros hemos sido cazadores toda la vida, así que no tenemos problemas en generarnos la seguridad nosotros mismos. Te aseguro que es más peligroso y difícil matar un jabalí que a un merodeador. Ya estamos llegando. En seguida te quito la venda"&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esto es algo que no he comprendido. Se van de la, posiblemente, única ciudad segura de España porque ¿les gusta vivir en el campo? ¿como se come eso? No lo entiendo. Absurdo totalmente. Y tampoco he entendido a que se refería con las discrepancias. No he podido hacerle más preguntas al respecto en ese momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hemos tardado en llegar a su famoso refugio. Los niños me han soltado y este hombre me ha quitado la venda mientras me decía &lt;i&gt;"Por cierto, me llamo Eusebio. ¿Tú?"&lt;/i&gt;. Le he contestado y me ha dicho que le siguiera. He observado a mi alrededor. Estábamos frente a un pequeño caserón rodeado de campo. A lo lejos he podido divisar un pueblo, el cual he podido suponer que era el famoso pueblo de 'Mont-Roig'. Cuando Eusebio me ha dado la espalda, uno de los críos, el más pequeño, me ha sacado la lengua y me ha dado una patada en la espinilla, después, ha salido corriendo. Os juro que si pudiera, a ese niño le iba a dar unos cuantos azotes. A ese y a los otros cuatro. He seguido a Eusebio hasta las proximidades de la casa. Entonces ha comenzado a apartar unos matojos del suelo y ha dejado al descubierto una portezuela metálica incrustada en el suelo. La ha abierto y a comenzado a descender por unas estrechas escalinatas. Le he seguido y le he preguntado que si esto era un sótano. Él me ha dicho &lt;i&gt;"No. Es un antiguo refugio antiaéreo de la guerra civil. El último propietario de la casa lo reformó en los años 60-70 y lo hizo más habitable y confortable. Era un antiguo ex-legionario obsesionado con el tema de la guerra fría y un posible ataque nuclear contra España. Estaba loco. Quien se iba a molestar en tirar una bomba nuclear contra este poblacho... Al menos nos ha venido bien este sitio para refugiarnos. Sígueme"&lt;/i&gt;. Caminamos por un angosto pasillo. Este estaba iluminado por bombillas que colgaban del techo de tierra. El pasillo se adentraba descendiendo ligeramente. Al final, llegamos a una pequeña sala iluminada con una tenue luz. El techo estaba apuntalado por grandes maderos. En el centro de la sala había una mesa y varias sillas. Al fondo de la habitación había una puerta metálica. Eusebio se acercó a esta y la abrió. Yo le seguí por otro largo y estrecho pasillo. Cuando llegamos al final de este, Eusebio dijo &lt;i&gt;"Traigo visita"&lt;/i&gt;. Me situé junto a él y observé donde me encontraba. Ante mi se extendía una gran sala de unos 10x10 metros, reforzada por varias vigas de obra metálicas. En la sala habían varios sillones y hasta un aparador. Sobre este había una radio. En el centro de la sala, frente a una gran mesa, habían cinco personas, las cuales tenían clavados sus ojos en mi. En un extremo de la mesa, una mujer mayor que estaba pelando patatas sobre un bol, a su lado, una mujer de unos 45 años. En el otro extremo, un chico de unos 30 años junto a una chica de edad similar. De pie junto a ellos, otro chico de la misma edad. Este último preguntó &lt;i&gt;"¿Quién es?"&lt;/i&gt;. Eusebio comenzó a explicar todo lo ocurrido, pero él no le dejo terminar. En un tono de voz elevado, comenzó a vociferar &lt;i&gt;"¡Esto es una locura! ¡¿Ahora alojamos a forasteros?! ¡¿Entonces para que nos arriesgamos en montar toda la parafernalia de la rotonda?!&lt;/i&gt; (al oír esto, miré a Eusebio. Me sigue sorprendiendo que hayan sido ellos los que montaron todo eso en la rotonda) &lt;i&gt;Con todos mis respetos, tío... ¡eres un maldito ignorante! ¡No me extraña que el primo muriese en Tarragona!"&lt;/i&gt;. Después de esto, cogió su escopeta, que estaba en la mesa, y se marchó por un oscuro pasillo no sin antes lanzarme una mirada asesina. Eusebio me miró y después miró a todos los presentes. La mujer de unos 45 años se pronunció:&lt;i&gt; "No es prudente lo que has hecho. Siento reconocer que en eso mi sobrino tiene razón. Pero lo hecho hecho esta. Que cené con nosotros y después llévalo al almacén. Allí hay un colchón donde podrá dormir. Enséñale el refugio mientras nosotras preparamos la cena"&lt;/i&gt;. Eusebio me invitó a acompañarle. Le pude ver afectado después de todo lo que le había dicho ese individuo. Entonces le pregunté si habían sido ellos los que habían puesto todo aquello en la rotonda. Me contestó en tono apagado. &lt;i&gt;"Sí. Lo hicimos entre mi sobrino, hijos y yo. El motivo fue para alejar a los forasteros de aquí. No nos fiamos de nadie. A ti también te incluyo en el bote, así que no te engañes por nuestra hospitalidad. Por cierto, espero que disculpes a mi sobrino Andrés. Tiene muy mala leche y no se corta ni un pelo. Dos de los niños que te han asaltado hoy son hijos suyos. Los otros dos son hijos de mi hijo, el que estaba en la sala. El más mayor, de mi hijo el que murió..."&lt;/i&gt;. Eusebio me enseño todo el refugio. Este era laberíntico, lleno de pasillos, salas y pequeñas habitaciones improvisadas. Hasta hay una segunda salida. El lugar es muy oscuro, ya que no entra nada de luz del exterior. El sitio parece muy seguro y oculto. Me llamó la atención algo. Estaba hablando con él junto a una puerta de una habitación cuando esta se abrió y apareció Andrés. Este nos miró con desprecio y cerró la puerta. Mientras cerraba esta, me pude fijar en el interior. Era una pequeña habitación alumbrada por una tenue luz. Al fondo había un pequeño camastro donde me pareció ver a alguien tapado. No me dio tiempo a ver más. Andrés terminó de cerrar la puerta y se marchó. No pude resistir la curiosidad y le pregunté a Eusebio &lt;i&gt;"¿Esto es otra habitación? ¿De quién es?"&lt;/i&gt;. Él me miró y contestó: &lt;i&gt;"Sí, pero no te la puedo enseñar. Esta mi nieta, la hija de Andrés. Esta bastante enferma... Es diabética y se nos ha acabado la insulina. Va a peor cada día... y no podemos darle su insulina porque no encontramos. Hasta hace unas semanas no teníamos problemas para conseguir, pero ahora, imposible. El tiempo corre en nuestra contra"&lt;/i&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La tarde pasó rápido. Esta la pasé junto a Eusebio y su otro hijo, ayudandoles a poner combustible al generador de electricidad del refugio. No me quitaron ojo ni me dieron la espalda en ningún momento. Cuando llegó la hora de cenar, nos sentamos en la mesa mientras la mujer de Eusebio y su suegra servían la mesa. Nos sirvieron un cocido de conejo con patatas, el cual estaba riquísimo. El momento de la cena ha sido muy incomodo. Salvó unas pocas preguntas que me ha hecho la mujer de Eusebio y el griterío de los niños, nadie más habló. Andrés ni siquiera apareció a cenar. Por lo visto, esta muy molesto con mi aparición y que haya decidido quedarme esta noche. No se fía de mi. Ni él ni nadie. Y no les culpo. Al terminar la cena, Eusebio me llevó hasta la que sería mi habitación. Cuando abrió esta y encendió la bombilla, pude ver como unas ratas corrieron a esconderse entre unos sacos de patatas. Era una sala grande, repleta de sacos, latas de comida, garrafas de agua y enseres varios. De detrás de los sacos sacó un sucio colchón con una manta y lo dejo caer en el suelo. Antes de irse me dijo: &lt;i&gt;"Como te dije, voy a cerrarte con llave hasta mañana a las 8. Te agradecería que no comas nada de la comida que aquí hay. Tenemos los víveres racionados. Por el agua, no te preocupes. Bebe toda la que quieras. La de las garrafas esta limpia y ha sido hervida, así que puedes beber tranquilo. Y si necesitas hacer tus necesidades, haz uso de aquel cubo. Eso si, mañana a primera hora no olvides vaciarlo. Que descanses"&lt;/i&gt;. Tras de él ha cerrado la puerta y he podido oír como ha echado los cerrojos exteriores. De esto hace unas horas y aquí estoy, sentado sobre un polvoriento colchón, con una mugrienta manta y viendo como las ratas corren de un lado a otro. He estado husmeando entre los trastos y he encontrado un pequeño cuchillo. Me lo he guardado en el pantalón. Ellos no son los únicos que no se fían. Yo tampoco me termino de fiar de ellos, así que mejor guardar una carta en la manga por si acaso. Parecen buena gente, pero los he conocido más hospitalarios que han resultado ser psicópatas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todavía me duelen los golpes y heridas de esta tarde. Al menos, la brecha de mi cabeza ha cerrado bien, aunque también me duele. Putos niños...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Voy a intentar dormir. Si nada me lo impide, mañana retomaré mi marcha. Este descanso no me va a hacer daño, al contrario. Además, sabiendo que Reus sigue en pie, voy a dormir más feliz que nunca. Aunque ese sentimiento de felicidad es contrarrestado por el pensar que Miguel nos mintió y no sé con que fin. Eso me preocupa, ya que Belén y los demás siguen allí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Buenas noches.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-4313315598082595866?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/4313315598082595866/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=4313315598082595866' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4313315598082595866'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/4313315598082595866'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/07/16-07-10-cazador-cazado.html' title='+ 16-07-10 + Cazador cazado'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-5877879489520325940</id><published>2010-07-12T15:58:00.000-07:00</published><updated>2011-01-17T18:40:46.811-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 12-07-10 + Tras la pista</title><content type='html'>El día 5, tras acabar la entrada y comenzar mi viaje hacía la casa de los abuelos, el tiempo dio un cambio brusco. El cielo se encapotó de nubes en cuestión de minutos y comenzó a caer una lluvia torrencial que parecía un diluvio. Por una parte, esto me vino muy bien, ya que como siempre, los merodeadores se quedaron inactivos bajo la cortina de agua y deshice mi camino sin problemas, sin correr ningún peligro. En ese momento, el peligro residía en la calzada, la cual parecía una pista de patinaje cuando yo tocaba el freno de la moto. Para evitar riesgos innecesarios, moderé bastante la velocidad. Salvo porque yo me estaba empapando y parecía una sopa, no tenía ningún tipo de prisa. Recuerdo el paisaje. Era espectacular, digno de sacarle una fotografía. El cielo cubierto de nubes negras como el carbón, descargando cada diez segundos luminosos relámpagos que eran acompañados de rayos que surcaban el cielo envueltos en un atronador trueno. Y todo esto, rodeado de montañas y naturaleza. Impactante, creerme. También tenía un toque siniestro que me erizaba los pelos de la nuca cuando los cegadores relámpagos iluminaban la carretera y, con este aporte de luz extra, podía ver la inmensidad de autovía plagada con miles de cadáveres vivientes allí plantados, inmóviles bajo la lluvia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como iba diciendo, estos permanecieron como simples adornos del paisaje hasta que ceso de llover. Cuando cayó la última gota, todos los merodeadores comenzaron a reactivarse lentamente y a intentar atrapar a esa cosa comestible motorizada que era yo. Solo basto con arriesgarse sobre el suelo mojado y darle caña a la moto. Solo que tuve mala suerte cuando pasé junto a un grupo de seis andantes. Nada más pasar junto a estos, noté un fuerte golpe en la espalda. Al principio pensé que alguno consiguió tocarme cuando pase a toda velocidad junto a ellos, pero me comencé a preocupar cuando noté que me tiraban de la mochila. Por unos instantes, quité la mirada de la carretera y giré la cabeza para ver que ocurría a mi espalda. Mi sorpresa fue ver a un jodido merodeador, una vieja demacrada, huesuda y consumida por la putrefacción para ser exactos, agarrada a mi mochila con una mano y el resto del cuerpo ondeando en el aire como una bandera. Luchaba contra el viento, intentando acercarse para morderme, pero le era imposible. Alarmado por esta situación, en ese momento lo único que se me ocurrió hacer fue eses con la moto con la esperanza de que se soltara. Hice esto mirando una y otra vez hasta que conseguí que se desprendiera de mi espalda. Por uno de los retrovisores pude ver como la deje atrás y se hizo pedazos al chocar y rebotar contra el suelo. Ese fue el único percance del viaje y todo transcurrió dentro de la normalidad hasta que llegué a la casa de los viejos. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando llegué a esta zona, comprobé que estaba tal cual como siempre: limpia de merodeadores.  ¿Que narices tiene esta zona que parece que los repele? A pesar de esto, no me pareció prudente dejar la moto en el arcén de la autovía, ya que si iba a pasar la noche en la casa, la cual esta alejada de la autovía, prefería tener esta en la puerta de la casa por si tenía que salir de allí pitando. Como pude, baje la moto por el terraplén que hay entre el arcén y el campo, y una vez aquí, conduje muy despacio. Cuando por fin llegué hasta el porche de la casa, paré la moto y observé todo a mi alrededor. Me resultó muy extraño que Joaquin no saliese escopeta en mano alarmado por el rugir de la moto. Pensé que estaría en el granero, aunque estaba anocheciendo. Llamé a la puerta con tres sonoros golpes. Mientras esperaba que él o Mercedes me abriera la puerta, me percaté que a varios metros de la casa habían seis tumbas. Rápidamente comprendí de quienes se trataban. Eran de la familia reanimada que Joaquín y Mercedes guardaban con celo bajo llave en una habitación y por culpa de la imprudencia de Iván y Elena tuvimos que acabar con ellos. Volví a llamar a la puerta mientras intentaba recordar si matamos a todos o quedó alguno en la habitación. No estaba seguro, pero me sonaba que no matamos a todos. Si no fue así, ¿por qué son seis tumbas las que hay? ¿a caso Joaquin terminó el trabajo? Llamé una vez más y salí de mis pensamientos. Viendo que nadie me abría, empuñé mi arma y giré el pomo. La puerta se abrió y entré con cautela, temiendo lo peor. Pero vi el comedor intacto, tal cual estaba cuando nos fuimos, sin signos de lucha, tan solo los agujeros de bala que dejamos en las paredes. Pero la pareja de ancianos no estaban en el salón y tampoco en la cocina. Los llamé en voz alta por sus nombres, pero no obtuve respuesta. Solo silencio. Pensé que quizás, con todo lo que había ocurrido, decidieron marcharse al poco de irnos nosotros. Pero, ¿a donde se podían haber dirigido una pareja de ancianos, solos y con todo lo que había fuera? Lentamente, subí las escaleras dirección al piso superior. Mi primer destino fue la habitación de Joaquín y Mercedes. Al abrir esta, comprendí todo. Nada más abrir esta puerta, el fuerte olor casi me tumba. Si algo he aprendido es que siempre que mi nariz huele este hedor a muerte, tengo que apuntar mi arma y prepararme para lo peor. Pero en esta ocasión no hacía falta que me pusiese en guardia. Tendida sobre la cama, bocarriba y con un impacto de escopeta en la cabeza, estaba Mercedes. La anciana yacía sobre las sábanas empapadas de sangre seca y parecía que en el momento de la muerte, estaba durmiendo o, en su defecto, esperando el tiro en la posición más digna posible. El resto de la habitación estaba impoluto y sin ningún destrozo. Salí de la habitación preguntándome que había pasado aquí y donde estaba Joaquín. Lo busqué por todas las habitaciones y no dí con él hasta que no llegué a la última habitación del piso superior, la habitación donde ocurrió el pequeño incidente con la familia reanimada de los ancianos. Nada más abrir la puerta, vi que la sala estaba envuelta en penumbra, tan solo iluminada por unos rayos de sol del ocaso que se colaban por las rendijas de la persiana. Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, pude vislumbrar en la oscuridad una silueta en una esquina de la habitación. Aun así, no distinguí más, así que busqué en mi mochila mi linterna y cuando la encontré, hice uso de ella. Nada más alumbrar la habitación, me pegué un tremendo susto. Esa silueta de la esquina era Joaquín. Más bien, lo que quedaba de él. Sentado en una esquina, tenía la escopeta enganchada de una mano y su rostro... el rostro del anciano era irreconocible. Se había suicidado pegándose un tiro en la cabeza y el impacto le había arrancado medio rostro. El lado izquierdo de su cabeza era un mejunje de sangre seca y trozos de hueso, con la mandíbula colgando tan solo por un trozo de carne. El olor era inaguantable. Habría salido de la habitación si no fuera porque junto a su cadáver había un folio de papel que me llamó la atención y el cual me acerque a inspeccionar. Cuando lo tuve en mis manos confirme mis sospechas. Era una nota escrita del puño y letra de Joaquin. La nota de reglones torcidos y temblorosa escritura, decía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"No hay motivo para seguir viviendo. Satán vino con aquellos forasteros, ellos destrozaron nuestro pequeño santuario, ellos lo mancillaron, nos arrebataron a nuestra familia. Ya no hay motivo para seguir en este mundo y solo espero que Dios perdone lo que he hecho y voy a hacer. Mercedes no lo aprobaría, por eso he acabado con su sufrimiento mientras dormía. Para ella ya ha terminado esta agonía terrenal y se ha ganado la entrada al reino de los cielos, pero yo, con ese acto y el siguiente que voy a realizar, me he ganado el tormento eterno. Me voy a quitar la vida. Oh, Dios misericordioso, ten compasión de mi alma y perdona estos dos pecados"&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nada más terminé de leer la nota, miré el cadáver de Joaquín. Me invadió la pena y el sentimiento de culpa en ese instante. Pero esté desapareció en cuanto el cadáver de Joaquín abrió su único ojo y lo clavó en mi. Me sobresalté y la linterna cayó de mis manos, rodando por el suelo. Reculé rápidamente mientras oía como se levantaba el cadáver de Joaquín. Descolgué el rifle de mi hombro y apunté hacía donde supuse que se encontraba Joaquín. El disparo ilumino la habitación. Ese destello me permitió ver la posición de este, pero no hizo falta un segundo disparo. Un golpe seco en el suelo me confirmo que había acertado en el blanco y se había desplomado en el suelo. Cogí la linterna y alumbré para ver que estaba en lo cierto. Tendido en el suelo yacía Joaquín. El disparo le había impactado en el cuello y prácticamente le había cercenado la cabeza. Aparté la mirada horrorizado. En ese instante, tuve mi segunda sorpresa. Unos pasos a mi espalda me alertaron de que no estaba solo. Me giré y descubrí que tras de mi estaba Mercedes, con los brazos extendidos hacía mi y la boca desencajada. De un rápido movimiento, le propiné un culatazo con el rifle en la cara y conseguí tumbarla. No le dí tiempo a levantarse y le disparé en la cabeza. La bala atravesó su frente y se clavó en el suelo de madera. Después de esto, salí a toda prisa de la habitación, cerré la puerta y me baje al salón. Allí me senté en un sillón y me quedé en silencio durante una hora. Me sentía fatal, fatal porque le arruinamos la vida a esa pareja de ancianos que vivía apaciblemente antes de nuestra llegada, fatal porque acababa de dispararles... Me sentí destrozado, pero de mis ojos no brotó ni una lágrima. Quizás es porque ya he derramado tantas desde que esto empezó que ya no me quedan. No se ni como ni cuando, pero me quedé profundamente dormido. Tampoco se cuanto dormí, 3 o 4 horas quizás, pero lo que si que sé es porque me desperté. El sonido de cientos de cristales rompiéndose me alarmaron. Por unos instantes, aturdido por el sopor, no supe donde me encontraba. Cuando me ubique, encendí la linterna, ya que ya había anochecido y estaba rodeado de oscuridad. Los ruidos de cristales seguían sonando y al primer lugar donde enfoqué fue a las ventanas. Lo primero que vi fueron varios brazos que habían atravesado el cristal de la ventana y se agitaban violentamente. Las otras dos ventanas de la izquierda estaban igual. El sonido de otro cristal rompiéndose me volvió a sobresaltar. Enfoqué a mi derecha y vi que en la ventana del fondo del salón asomaba la cabeza de un merodeador, junto a varios brazos más. De un rápido movimiento, este merodeador descolgó el cuerpo por la ventana y se dejó caer al interior del salón. Empuñe mi rifle y le disparé, impactándole el proyectil en el pecho. Solo conseguí frenarlo y ganar tiempo. Corrí en dirección a la puerta de la casa, pero tras ella pude oír como la estaban golpeando. Viendo que escapar por la única salida de la casa era imposible y que los merodeadores estaban comenzando a entrar en la casa por las ventanas, solo se me ocurrió correr en dirección a las escaleras y subir al piso superior. Una vez allí y escuchando los gemidos de los merodeadores, cogí un aparador y lo lancé escaleras abajo, con el fin de entorpecer y retrasar a los merodeadores que no tardarían en subir. Hice lo mismo con otro aparador de una de las habitaciones. Cuando alumbré hacia el piso inferior, descubrí que el salón estaba repleto de merodeadores que caminaban hacía las escaleras y por las ventanas no paraban de entrar más y más. De nada iba a servir que siguiera tirando muebles por las escaleras. Nada los iba a frenar. Ascendí al último piso y entré a la habitación donde estaban los cadáveres de Joaquín y Mercedes. Cerré la puerta y la bloqueé con un armario. Acto seguido, corrí al fondo de la habitación, tomé posición tras una cama y, fatigado, recargué el rifle. Permanecí apuntando hacía la puerta mientras la luz de la linterna enfocaba hacía esta. Iluso de mi, tuve esperanza de que cuando subieran y no me encontrarán, se marcharían. No fue así. No tardaron en comenzar a golpear la puerta. Primero, golpes que poco a poco fueron aumentando en número, hasta convertirse en terribles embestidas que hacían temblar el armario. Este, por cada embestida, se iba separando de la puerta y esta no tardó en abrirse, haciendo que el armario cayese volcado, chafando el cadáver de Mercedes. Disparé hasta agotar el limitado cargador. Abatí a unos cuantos, pero habían muchisimos. Solo me quedaba una escapatoria y la aproveché. Me levanté y corrí hacia la ventana, rompí el cristal, rompí la persiana y enfoqué la linterna al vació. Era una considerable caída, pero no tenía otra opción. Eso o ser devorado por los merodeadores. Enfoqué nuevamente a mi espalda y pude ver que todavía estaban al fondo de la habitación. Busqué en mi bolsillo el mechero y, lo más rápido que pude, prendí una de las cortinas. El fuego avanzó rápido por estas y, acto seguido, lancé mis pertenencias al vació y salté. No se ni como sobreviví a esa caída. Quizás, el suelo embarrado amortiguo mi caída. Fuese como fuese, tuve suerte y ni siquiera me rompí un hueso, solo me hice daño en los pies y en las costillas al rodar por el suelo. Nada más. Cogí mis cosas y me asusté al ver la gran cantidad de merodeadores que había agolpados en las ventanas de la casa. Pero estos estaban tan concentrados en entrar que no repararon en mi. Corriendo, busqué mi moto, monté, arranqué, y me marché campo a través. De camino hacía la autovía me encontré a varios merodeadores que iban rumbo hacía la casa. Como pude, los esquivé. Cuando llegué a la autovía, miré hacía la casa. En la oscuridad de la noche, se alzaban las anaranjadas llamas que estaban consumiendo la casa. Estas se habían propagado por parte del piso superior, pero no tardarían en consumir la casa entera. Permanecí durante unos minutos observando las llamas y me marché. Ese fuego alertaría a todo el que lo viese a kilómetros a la redonda y no era de extrañar que algún grupo de indeseables acudiese a husmear, en el cual incluyo al Skull Korps, así que me marché en seguida. Me marché con la pena de no poder dar un entierro digno a la pareja de ancianos. A ellos les habría gustado descansar junto a su familia, la cual descansa enterrada cerca del porche...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como me indicó Iván en su mensaje, me he dirigido hacia el norte. Estoy a varios kilómetros de donde se encuentra Belén y los demás, para ser más exactos, bastante cerca de Tarragona. He permanecido estos días buscando pistas que me ayuden a encontrar a Iván y he encontrado restos de actividad humana. Hace unos días, en el arcén de la carretera, encontré cenizas de una hoguera junto a unas latas de cerveza vacías y restos de comida. Al poco de esto, encontré en plena autovía varios casquillos de bala y dos merodeadores abatidos no hace mucho. Mi último hallazgo ha sido hoy. He encontrado las marcas de un frenazo de moto. El diámetro del neumático es el mismo que el de mi Harley, por lo cual, estoy casi seguro de que se trata de la moto de Iván.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento que estoy cada vez más cerca de él...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-5877879489520325940?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/5877879489520325940/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=5877879489520325940' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5877879489520325940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/5877879489520325940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/07/12-07-10-tras-la-pista.html' title='+ 12-07-10 + Tras la pista'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-2303477392433325981</id><published>2010-07-05T16:55:00.000-07:00</published><updated>2010-12-20T19:06:35.559-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 05-07-10 + Partiendo en silencio</title><content type='html'>Solo hace unos días de que hice saber a todo el grupo mi intención de ir a buscar a Iván. Como era de esperar, la noticia fue aceptada con desacuerdo. Solo Elena apoyo mi idea. Los demás me lo intentaron quitar de la cabeza prácticamente al momento de exponer mi idea. Belén me dijo que ni se me ocurriera, que por nada del mundo iba a permitir que me marchase a buscar a Iván, ni solo ni acompañado. Remató su opinión diciendo que Iván, si no había vuelto, es porque casi seguro había muerto y que su vida no merecía poner en peligro las nuestras saliendo en su busca. Eduardo, la siempre voz madura y razonable del grupo, le dio la razón a Belén, matizando que mi intención era buena solo si tuviésemos la certeza de que Iván esta vivo, pero que no es así, no sabemos si esta vivo o muerto. María, moviendo la cabeza de lado a lado en forma de negativa, pronuncio tan solo un &lt;i&gt;"Quitatelo de la cabeza, Erik. No merece la pena"&lt;/i&gt;. Hans, clavando sus ojos azules en los míos, con expresión de impotencia, dijo &lt;i&gt;"Yo empiezo a estar demasiado mayor para estos trotes..."&lt;/i&gt;. Solo Elena dijo que estaba dispuesta a acompañarme con tal de que la misión se realizase. Por lo visto, echa más de menos a Iván de lo que yo pensaba. Cuando esta se ofreció a acompañarme, Belén le lanzó una mirada de odio y le dijo en tono amenazante &lt;i&gt;"Ni lo sueñes. Tu no te vas con mi chico a ninguna parte"&lt;/i&gt;. Antes de que la niña tuviera tiempo de replicar, les dije que lo olvidaran, que me lo quitaba de la cabeza. Belén me sonrió al oír esto. Después de esta conversación y sintiéndome mal por decir algo que no pensaba hacer, y, sobretodo, por mentir a Belén, me aleje para sentarme en las escaleras de la entrada. Allí permanecí un buen rato, dándole vueltas al asunto. Había estado estudiando los mapas y trazando rutas a escondidas los días anteriores. Más o menos, me había hecho una idea de hacía que lugares podía haberse dirigido Iván. En ese momento, vi a Eduardo caminando hacía mi posición. Cuando llegó a donde yo me encontraba, se sentó a mi lado y me dijo &lt;i&gt;"¿Sabes una cosa? En todo este tiempo que llevamos juntos, he llegado a conocerte mejor que si te hubiera parido. Antes de que des un paso, ya se a donde te vas a dirigir, antes de que hables, ya se lo que vas a decir, antes de que pienses algo, ya se que vas a pensar. Y no es que seas predecible, créeme. Por ello, ya se que estas tramando, ya se que te ronda la cabeza. Cual asno testarudo que eres, se que te quieres marchar solo en busca de Iván. ¿A que he dado en el clavo?"&lt;/i&gt;. Sorprendido y con miedo de que se lo dijera a los demás, le contesté que no, que en ningún momento se me había pasado por la cabeza marcharme solo. Segunda mentira. Era mi idea desde un primer momento. Eduardo soltó una carcajada y me dijo &lt;i&gt;"Eso no te lo crees ni tú. Ahora me dirás que nunca lo has hecho. No vengo a recriminarte que tengas pensado eso y mucho menos a sonsacarte para decírselo a los demás. Se que eres un gran tío, muy noble, y te reconcome pensar que hay un compañero que puede estar en apuros y tú estas aquí sin hacer nada. Esa es una de tus virtudes. Por eso quiero que, antes de hacer eso, sepas que yo te acompaño. Sabes que opino igual que los demás, pero por ello no voy a dejar a un amigo en la estacada y a su suerte. Necesitaras a alguien que te cubra la espalda, ¿no?. Pues ante eso no hay nada. Así que, antes de hacer la locura de irte solo, cuenta conmigo, ¿vale?"&lt;/i&gt;. Contesté un &lt;i&gt;"Claro"&lt;/i&gt; sonriendo y le di una palmada en la espalda, la cual me devolvió antes de levantarse y marcharse. Tercera mentira. Aunque le agradezco su ofrecimiento, ya dije en la entrada anterior que no pensaba poner en peligro la vida de nadie por una decisión mía. En ese momento, decidí cuando poner en marcha mi plan. Lo haría el día 5 y antes de que amaneciese. Y así lo he hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy, día 5, no he pegado ojo en todo la madrugada. El día anterior, durante la cena junto a mis compañeros, sentí un fuerte pesar. Mientras Belén me hablaba como si nada, cuando me besaba, cuando Eduardo me decía de ir hoy a darnos un baño al río situado a 2 kilómetros de aquí, cuando todos reían, yo no paraba de pensar en que hoy tenía planeado marcharme sin decir nada. No me quería ni imaginar sus caras de asombro cuando descubriesen de que me había ido y lo que me parte más aun el alma, saber el tremendo disgusto de Belén y las lágrimas que iba a derramar por mi. Por ello, ayer por la mañana, en un descanso de las tareas del campo, me alejé para sentarme bajo un pino y allí le escribí la carta que hoy le he dejado a Belén en la mesita de noche. El contenido de la carta es este:&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Estimada Belén:&lt;/i&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Te preguntarás el porque hoy no he amanecido en la cama junto a ti como todas las mañanas. Quizás hayas pensado que me he levantado más temprano y estoy en el salón comedor. Pero al leer esta carta, te habrás dado cuenta de que no es así. Antes de nada, quiero decirte que no quiero ni que derrames una lágrima, ya que no hay motivo para que lo hagas. No me he muerto ni me he marchado para siempre. No se si recordaras que hace unos días os hable de mi intención de ir a buscar Iván. Bueno, nadie mejor que tú sabe la de vueltas que le he dado a esto desde que terminó el plazo en el que Iván tenía que estar de vuelta. Bien. Me he marchado en su busca. Cuando os hable de esto, no era para organizar un equipo de búsqueda. He tenido muy claro desde un primer momento que a esta misión tenía que marchar solo. ¿Por qué? Pues porque estoy harto de ver como no paran de morir compañeros, personas que poco a poco se han ido convirtiendo en nuestra única familia y de la noche nos han sido arrebatadas. No me acostumbro, cariño. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;No me acostumbro al mundo que vivimos, al hilo tan fino que separa la vida de la muerte. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;Siempre que ocurre esto, siento como si me golpearan el alma con una maza. Siento que, tal cual caen estas personas, puedes ser tú la siguiente que me abandones. Todo esto me atormenta. Por el mismo motivo que marcho a buscar a Iván, no os dejo participar en la búsqueda. &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;Se que ahora estarás diciéndome de todo por haberte hecho esto. Y te comprendo. Yo haría lo mismo. Pero ya sabes como soy. Me pierden mis principios. Pero no te preocupes. No me va a pasar nada y en cuanto zanje este asunto, para bien o para mal, vuelvo junto a ti (se que me recibirás con un buen sopapo, el cual me merezco :P) y no me vuelvo a separar de tu lado jamás.&lt;br /&gt;No se cuantos días me llevará esto. Es posible que unas semanas, todo depende de como transcurran los días y me duren las provisiones. Por lo demás, estate tranquila. Voy armado y con suficiente munición, por lo cual, no hay nada que temer. Ya sabes que en todo este tiempo, todos hemos aprendido lo suficiente como para salir airosos de situaciones difíciles. Así que no padezcas. Y... si en el peor de los casos, sucede lo que NO va a ocurrir, o sea, que yo no vuelva, cosa que, repito, NO va a ocurrir, quiero que sepas algo. Lo eres todo para mi. Si del apocalipsis dependiese que nos volviéramos a conocer, no dudes que firmaría porque ocurriese de nuevo. Eres lo que siempre he buscado, el equilibrio que ha faltado en mi vida desde que existo. Ese equilibrio que me ha devuelto las ganas de vivir, las ganas de ver un nuevo amanecer, de respirar un día más, de EXISTIR. Ese algo que nunca tuve y que no pienso renunciar ahora que por fin lo he encontrado. No hay día que no recuerde la primera vez que te vi. Tu hermoso pelo, tus preciosos ojos, tus labios, me enamoraron desde un primer momento. Eras un ángel en medio del infierno. Lo último que esperaba encontrar entre tanto horror. Y mucho menos esperaba que ese ángel fuese para mi. Quien me lo iba a decir... Por todo eso, no pienso permitir que me arrebaten de tu lado. No ahora. Así que solo te pido que me esperes y que no pierdas la esperanza, ya que volveré en cuanto menos te lo esperas. Te lo prometo, cariño. Tú solo espérame.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Te amo, cielo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erik&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. Explícales a todos porque me he marchado sin avisar. Sobretodo a Eduardo, y pídele perdón de mi parte, por faltar a mi palabra. ¡Ah! ¡Lo olvidaba! Ni se os ocurra salir en mi busca. No lo hagáis, por favor. Se lo que me hago.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La carta la he dejado en la mesita de noche, junto a la lámpara, lo suficientemente a la vista para que Belén la vea. En el momento de marcharme, he sido lo más silencioso posible para evitar despertarla. Antes de salir por la puerta, he mirado a Belén. Ella estaba tan bonita como siempre, durmiendo y ajena a todo lo que yo me disponía a hacer. He sentido una tremenda nostalgia y las lágrimas han saltado de mis ojos. No he podido contenerme y me he acercado a ella, le he acariciado el pelo suavemente y le he besado la mejilla muy despacio. Quizás sería la última vez que la viera. En ese momento, le he susurrado que volvería antes de que empezara a echarme en falta, que se lo prometía. En ese mismo instante, Belén, entre sueños, ha empezado a hablar. Era como si estuviera asustada y repetía mi nombre una y otra vez. Con mucha delicadeza, me he alejado de la cama y he salido por la puerta. Entre la oscuridad del pasillo, he andado en dirección al cuarto trastero donde guardamos parte de nuestras armas. Este esta ubicado al fondo del pasillo, cerca de la puerta de la habitación de Miguel. Mientras me iba acercando a esta habitación, he comenzado ha distinguir una serie de ruidos y voces que me ha llamado la atención. Al principio, me hicieron dudar de si seguir o abortar la misión, pero decidí continuar. Parecía que se trataba de una discusión en alguna de las habitaciones, nada más. Mi sorpresa ha sido cuando he averiguado de que habitación se trataba: los ruidos provenían de la habitación de Miguel.  He sentido tanta curiosidad por lo que estaba pasando que no he podido resistirme a pegar la oreja en la puerta. Era como si allí dentro hubiese una batalla campal. Pude distinguir como si alguien estuviese rompiendo todo el mobiliario de la habitación. De repente, los ruidos cesaron y unos lamentos se hicieron oír. Era Miguel. Este comenzó a decir: &lt;i&gt;"Señor, ¿por qué? ¿por qué me has abandonado cuando más te necesito? ¿por qué ya no te revelas ante mi, tu humilde siervo? ¿que estamos haciendo mal? ¿por qué hemos despertado tu cólera hacia nosotros? Dímelo, hazme una revelación y yo enmendaré el error..."&lt;/i&gt;. Después de esto, Miguel ha estallado a llorar desconsoladamente. Ahora ya no me cabe duda de que hasta él mismo se creé su propia historia. Al menos, si es así y la cosa no cambia, seguirá siendo un simple inofensivo beato. No he querido arriesgarme a escuchar más y he continuado hasta llegar al cuarto trastero. Como yo esperaba, las armas seguían en su sitio y ni siquiera nadie las había tocado. Cogí el rifle semi-automático, llené la mochila con toda la munición que pude y me marché camino a la salida del edificio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando he abierto la puerta, he visto una silueta prácticamente encima mía que me ha sobresaltado y me ha hecho encañonar mi arma rápidamente. Menos mal que no hice caso a mi instinto y no abrí fuego. Se trataba de Eugenia, la famosa chica que no hablaba. Ésta, al verme apuntándole se ha sobresaltado y ha puesto cara de espanto. Rápidamente he bajado el arma y la he comenzado a tranquilizar. Ésta se ha alejado de mi y se ha acurrucado en una esquina, como si temiera que le hiciese daño. Le he preguntado que hacía sola en el exterior del edificio a esas horas, que no había amanecido y que era peligroso. Obviamente, no contestó. Le dije que se metiera dentro del edificio y, antes de que acabará la frase, corrió hacia el interior. Sin tiempo que perder, me he dirigido hacía el que sería mi vehículo: la Harley-Davidson. Aún conservaba las llaves que me dio Iván antes de su partida. Sabía que poner en marcha la moto en el mismo aparcamiento iba a ser una locura, ya que si las Harleys son conocidas por ser unas motocicletas preciosas, también lo son por su inconfundible y ruidoso rugido, por eso me he alejado del lugar llevando la moto apagada. La he puesto en marcha cuando he calculado estar lo suficientemente alejado. Habría andado un poco más, pero andar este camino en plena oscuridad me ponía cada vez más nervioso. No he parado de pensar que enfrente de mi podía haber un merodeador y no lo iba a ver hasta que lo tuviera mordiéndome el cuello. Cuando metí la llave y la giré, esta arrancó sin problema. Una vez encima, he comprobado que el depositó estaba prácticamente lleno, he acelerado y me he alejado a toda velocidad. Con el viento acariciando mi cara, he recordado la última vez que cogí una motocicleta de este calibre. Como recordaréis, el desenlace no fue nada bueno y todo por mi exceso de confianza al manillar, por lo cual, hoy he conducido de forma prudente y sin excederme en la velocidad. En esta ocasión no me acompaña Thor para sacarme las castañas del fuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He permanecido toda la mañana conduciendo y mi primera parada ha sido la gasolinera en la cual Iván encontró la hebilla del Skull Korps. Si me he dirigido aquí ha sido con la esperanza de encontrar alguna pista que me conduzca a donde se ha dirigido Vladimir (por mucho que diga Iván, sigo sin creerme que este vivo) y sus hombres. Averiguando esto, me haría una idea de hacía donde se había dirigido Iván. Llegar a la gasolinera me ha costado varias horas, y por el camino me he encontrado con multitud de merodeadores vagando por la carretera y con alguna pequeña horda que me ha obligado a desviarme. Cuando he llegado a mi destino y después de comprobar que la zona estaba despejada, he comenzado a indagar. He comenzado por el exterior. La zona, aparentemente, estaba igual que el día que llegamos por primera vez. No parecía que nadie hubiese ido después. Me he fijado en todos los detalles y solo algo ha llamado mi atención. Había un charco de aceite de motor y unas pisadas de bota que habían chafado el charco, dejando varias huellas. En seguida he pensado en Iván y las botas que calza, pero luego he recordado que esa clase de botas y similares también las calzara el Skull Korps al completo, por lo tanto, no se si esas pisadas son recientes o posteriores a nuestra visita. Viendo que no encontraba nada, he entrado al comercio de la gasolinera. Aquí, el aire era prácticamente irrespirable. Un pútrido hedor envolvía la sala y era imposible permanecer aquí sin taparse la nariz. A varios metros de la entrada, cerca del mostrador, yacía el cuerpo inerte del merodeador al cual Iván le cogió la hebilla. Este ya era una masa pútrida y purulenta, embadurnada en líquidos pegajosos y de diversos colores parduzcos. Casi vomito cuando he visto que estaba completamente lleno de gusanos y tenía un brazo separado del cuerpo. Por lo visto, las alimañas se habían dado un festín con él. He inspeccionado la sala lo más rápido que he podido, pero no he encontrado nada que me llamé la atención. No, al menos, hasta que me he girado para salir. En la pared y escrito con spray de pintura negra, ponía: "ERIK, CABRONAZO, TE DIJE QUE NO ME BUSCASES. POR SI TE INTERESA, ESTOS PERROS SE FUERON HACIA EL NORTE, DIRECCIÓN TARRAGONA-REUS. NO ME PREGUNTES COMO LO SÉ. IVÁN 18/06/10". Al parecer, esto lo escribió a los siete días de irse. Y como no, sabía que iba a ir en su búsqueda. Mucho ha llovido desde entonces. Si al menos hubiese sido un escrito reciente, podría saber que sigue vivo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He perdido casi todo el día trazando nuevas rutas en los mapas. Esta pista me ha obligado a cambiar todas las rutas que pensaba tomar y que había trazado días anteriores. Al menos, ya se algo, y es que se ha dirigido en dirección norte, por lo tanto, me toca desandar todo lo andado. Aun me quedan horas de luz, pero creo que no voy a seguir por hoy con el camino. Quiero buscar algún lugar seguro para pasar la noche. Y creo que se donde me voy a dirigir. A la casa de los abuelos. Se que lo que ocurrió durante nuestra estancia allí hizo que se cabrearan bastante con nosotros, por lo cual nos echaron, pero quizás me dejan pasar solo una noche allí y, ya de paso, les informaré de la 'Iglesia del fin de los tiempos'. Quizás, cuando les hablé de que son religiosos como ellos y demás, accedan a ir. La verdad, dejar a esa pareja de ancianos allí, es una espinita que se me ha quedado clavada. Y más después de la metedura de pata que hicimos. Si no me dejan pasar noche en la casa, dormiré en su granero sin que ellos se enteren. Ya comprobamos que esa zona es segura, además, es la mejor opción, ya que tengo que pasar por esa zona de todas formas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, os mantendré informados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-2303477392433325981?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/2303477392433325981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=2303477392433325981' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2303477392433325981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/2303477392433325981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/07/05-07-10-partiendo-en-silencio.html' title='+ 05-07-10 + Partiendo en silencio'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-8171239054776546873</id><published>2010-06-29T22:32:00.000-07:00</published><updated>2010-11-26T18:43:40.720-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Iglesia del fin de los tiempos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 29-06-10 + Temores confirmados</title><content type='html'>No me he equivocado. Y no soy ni adivino, ni un profeta, ni un enviado de Dios. Todo lo que me temía y os comente en mi última entrada, se ha cumplido. Después del ataque del día 23 han habido varios acercamientos más de merodeadores. El día 24 fueron dos los que se adentraron en la zona. Aparecieron por la mañana rondando por la entrada del edificio. El día 25 fueron cinco y aparecieron en diferentes intervalos. Dos por la mañana, los cuales nos alertaron mientras desayunábamos, ya que comenzaron a golpear la puerta principal, otros dos al mediodía, mientras trabajábamos en el campo y el último bien entrada la noche. Este se coló por una ventana del vestíbulo y sorprendió a una chica de la comunidad. A Dios gracias, no hemos tenido que lamentar ninguna muerte. Entre el día 26 y 27 contamos al menos quince merodeadores que se acercaron. Viendo el peligro que suponía esto, Miguel suspendió las actividades al aire libre y pidió que toda la comunidad rezase e implorase a Dios que los ataques cesen. Toda la comunidad ha pasado estos días rezando prácticamente sin descanso mientras Miguel y varios miembros más no han parado, capturando a todos estos merodeadores y encerrandolos en la granja de podridos. Como es obvio, nosotros no hemos rezado. Todo lo contrario han hecho Juanca y Esther, los cuales, todo sea dicho, se han alejado de nosotros hasta tal punto que ni siquiera nos miran ni dirigen la palabra. Ayer, día 28, ha sido el peor de todos. Los días anteriores no han sido nada comparados con ayer...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día amaneció tranquilo. En el exterior no había ni rastro de merodeadores. Todo parecía seguro. Aun así, Miguel pidió que nadie saliese al exterior hasta que él y su séquito se cerciorase de que salir era seguro. Antes de que realizasen dicha tarea, Miguel nos dio una pequeña charla a toda la comunidad en el salón comedor. Resumiendo, lo que dijo fue:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Hermanos y hermanas, mis peores temores se han confirmado. Cuando sucedió el primer ataque, pensé que Dios había enviado a esos tres reanimados para llevarse a un hermano. Pensé que Dios lo arrebató de esta comunidad por alguna deuda pendiente, por alguna causa que desconozco, el altísimo decidió que no era digno de permanecer en esta comunidad. Pero no. No era así. Después de ese fatídico día, Dios ha seguido enviándonos a huestes de su ejercito divino. Él quiere castigarnos..."&lt;/i&gt; Al escuchar estas palabras, la comunidad se ha asombrado y ha comenzado a murmurar. Miguel ha continuado &lt;i&gt;"...quiere hacernos pagar algún error que hemos cometido. No esta de acuerdo de como están funcionando las cosas en la comunidad. No esta de acuerdo con algo. Y ese algo lo desconozco. ¿Por qué lo desconozco? Porque hace más de una semana que no me hace ninguna revelación. Ha dejado de comunicarse conmigo. No me hace entrar en ese trance en el cual él se pone en contacto conmigo. He rezado todo este tiempo, he pasado noches en vela implorándole que me haga una revelación, que me diga cual es el motivo de su enojo. Pero nada. Dios nos ha dado la espalda porque hemos hecho algo mal y, por lo cual, seguiré rogándole que me haga saber para poder enmendarlo. Mientras el altísimo siga castigándonos, os pido, os suplico que no abandonéis la fe. Quizás, todo esto sea una prueba más de las muchas que nos hace superar. Una definitiva para terminar de separar las malas hierbas de las flores puras. Hasta entonces, no temáis, mantener la fe y pedir en vuestras oraciones que el castigo cese y que todo vuelva a ser como antes..."&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando ha acabado el discurso, se ha dirigido a la puerta principal seguido de cuatro hombres más ataviados con túnicas. Toda la comunidad ha comenzado a cuchichear. Estaban totalmente horrorizados por la revelación de Miguel. Hasta pude ver a varias mujeres y algún que otro hombre llorar desesperados. Nosotros, alejados y ajenos al barullo, solo nos miramos y comprendimos que estas personas habían estado mucho tiempo alejadas del mundo real, ya que por lo que hoy se estaban alarmando, para nosotros, antes de llegar aquí, era el pan nuestro de cada día. Salimos del salón comedor cuando todos se pusieron de rodillas y comenzaron con uno de sus rezos en comuna. Al salir de la sala, distinguí a Esther entre el populacho, rezando como una más.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Miguel y sus cuatro acompañantes han tardado al menos unos 20 minutos en volver. Casi toda la comunidad estaba en el amplio recibidor en ese momento, los cuales, nada más acabar de rezar, se han concentrado aquí. Miguel, al cruzar la puerta, ha pronunciado en alto con una sonrisa en la boca: &lt;i&gt;"No hay rastro de reanimados. Dios ha perdonado lo que solo él sabe que hicimos mal. Salir en paz. Ya no hay nada que temer"&lt;/i&gt;. Al escuchar estas palabras, toda la comunidad comenzó a exclamar alabanzas y a abrazarse entre ellos. Nosotros asimilamos estas palabras con más recelo y desconfianza que otra cosa. Miguel cruzó la multitud, la cual comenzaba a salir al exterior, y comenzó a alejarse por el pasillo en dirección a su habitación. Yo me dirigí a mis compañeros, que aguardaban junto a mi. Les dije &lt;i&gt;"Voy a hablar con Miguel. Esta muy equivocado. Que no haya visto merodeadores ahora no quiere decir que no siga existiendo un peligro latente. Debo hablar con él. Quedaros por aquí y, si salís, hacerlo con mil ojos. No os fiéis de la calma que hay ahí fuera"&lt;/i&gt;. Eduardo asintió al oír mis palabras y, después de darle un beso a Belén, comencé a andar a paso ligero por el pasillo, dirección a la habitación de Miguel. Al llegar a esta, llamé insistente a la puerta hasta que Miguel abrió y me invito a pasar. Una vez dentro y contestando a su pregunta &lt;i&gt;"¿En que puedo ayudarte, Erik?"&lt;/i&gt;, le dije: &lt;i&gt;"Miguel, te estas equivocando. Que no hayáis visto merodeadores fuera, no quiere decir que no estén merodeando cerca o mucho peor, que se estén acercando hacía aquí. Deberías dar orden de que todos vuelvan al edificio y esperemos al menos un día..."&lt;/i&gt;. No me dejo acabar. Dijo &lt;i&gt;"Te agradecería que no pronuncies la palabra "ordenar". Aquí nadie ordena. Ni yo, ni tú... nadie. Solo Dios. No somos nadie para tomarnos la libertad de dar ordenes. Sobre lo que me pides, no, no hay ningún peligro. Dios lleva varios días mandándonos a sus huestes, los cuales nos han hostigado desde las primeras luces del alba hasta las últimos rayos de sol. Que esta mañana los reanimados brillen por su ausencia quiere decir que Dios ha cesado de castigarnos. No se que hemos hecho para enojarlo de esa forma, y no dudare en preguntárselo en cuanto se decida a darme una revelación, pero sea lo que sea, es una deuda que ha sido saldada y nos tenemos que tomar todo esto como un aviso. Un aviso para que midamos nuestros actos y aprendamos de que si no seguimos en la senda correcta, Dios nos dará el mismo trato que a cualquier infiel. Doy por zanjado este tema, Erik. Por cierto, quería hablarte de una cosa..."&lt;/i&gt;. Tras estas palabras, ha abierto un cajón de su escritorio, ha sacado algo y lo ha dejado en la mesa para que yo lo viera. Era una caja del famoso inyectable que cogí de su habitación. Una caja de "Replagal 1 mg/ml". Al ver que dejaba eso sobre la mesa y me preguntaba &lt;i&gt;"¿Sabes lo que es?"&lt;/i&gt;, el corazón me ha dado un vuelco. He contestado un &lt;i&gt;"No".&lt;/i&gt; Miguel ha continuado &lt;i&gt;"No suelo hablar de esto, pero contigo haré una excepción. Toda la comunidad sabe que estoy enfermo. Enfermo crónico. Desde hace muchos años, padezco una grave enfermedad, tan grave como rara. Mira..."&lt;/i&gt;. En ese momento, Miguel se arremango la túnica y me enseño su brazo. Este estaba lleno de puntos y manchas rojas que recorrían todo el antebrazo hasta donde tenía la túnica arremangada. Continuó &lt;i&gt;"...este solo es uno de los síntomas de mi enfermedad y el más leve. Padezco de fuertes dolores generales, mareos, problemas cardíacos y renales... Llevo años con esto y los médicos me dijeron que esta rara enfermedad la padecería hasta el día de mi muerte. Solo pudieron recetarme este medicamento junto a unas cuantas pastillas más. Todo esto solo consigue aliviarme un poco el dolor y alguno de los otros síntomas, pero nada más. ¿Pero sabes qué? Los médicos olvidaron recetarme el mejor medicamento y la única cura existente para cualquier mal. La fe. Desde que encontré a Dios y a mi mismo, mis síntomas han ido disminuyendo. Los dolores son más leves y, en ocasiones, inexistentes. A pesar de todo esto, sigo tomando el medicamento. Lo sigo haciendo por costumbre, son muchos años administrandome el medicamento, pero muy pronto voy a dejar de tomarlo. En cuanto me sienta preparado, lo haré. Dios me ayuda en todo momento..."&lt;/i&gt;. En cuanto tuve oportunidad, le pregunté &lt;i&gt;"¿Por qué me cuentas todo esto?"&lt;/i&gt;. Su respuesta fue &lt;i&gt;"La pregunta es, ¿por qué no debo contártelo? No tengo nada que ocultar. Soy transparente y limpio, como el agua que corre por los ríos. Y tú y los tuyos, aunque no creyentes, mis hermanos, así que me siento obligación de contarte todo esto"&lt;/i&gt;. Cuando acabo de decirme eso y algo confuso, le dije que me marchaba a realizar mis tareas diarias. Miguel, sonriendo, me dijo que fuera tranquilo, que no había nada más que temer ahí fuera. Ande hacía la puerta, abrí esta y cuando estaba a puto de salir, me dijo &lt;i&gt;"¡Ah! ¡Por cierto! Si encuentras por el edificio una cajetilla de este medicamento, no olvides traérmela. Es que la he perdido"&lt;/i&gt;. Sorprendido por estas palabras, me giré y lo miré. Seguía con su sonrisa, aun más acentuada. Se había enterado de que yo le había sustraído una caja del inyectable hace unos días y esa era su forma de hacérmelo saber. Nervioso, conteste un &lt;i&gt;"Por supuesto"&lt;/i&gt; y salí de la habitación. ¿Como ha podido averiguar que le falta una caja de medicamento? Puede tenerlas contadas, pero, ¿como ha averiguado que soy yo el culpable? ¿Acaso me vio? Imposible. Estaba al otro lado de la puerta en ese momento. Quizás... quizás... Esther ha sido quién se lo ha chivado. Esta opción me cuesta mucho de creer, pero viendo en el estado que estaba después de discutir conmigo y sabiendo que a ella le dije que había cogido ese medicamento de la habitación de Miguel, sin olvidar su reacción, por mucho que me cueste de creer, debo considerarlo como la opción con más peso, al menos, por el momento. Si confirmo que ha sido ella quién ha ido corriendo a Miguel para delatarme, me sentiré muy decepcionado y muy difícilmente serán con ella las cosas como lo han sido hasta ahora. Es más, yo mismo la dejaré atrás cuando llegue el momento de marcharnos de aquí. Espero que me este equivocando. Por el momento voy a seguir sin contar mis sospechas a los demás miembros del grupo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien. El plato fuerte viene ahora. No había llegado al final del pasillo cuando un grito procedente del exterior me sobresalto. Alarmado, me aupé en el ventanal de la pared y miré que ocurría. Desde esta perspectiva podía ver todo el campo y los alrededores. Y no era lo único que podía ver. Ya en el primer campo y cubriendo toda mi perspectiva del horizonte, había una inmensa horda de merodeadores, una colosal muchedumbre de incontables andantes desmembrados marchando hacía un objetivo: los miembros de la comunidad que permanecía allí, atónitos y asustados. Algunos corrían hacía el edificio aunque la gran mayoría estaba allí petrificada. No perdí más tiempo y corrí por el pasillo hacía la puerta de salida. Cuando llegué a esta, la abrí prácticamente de un golpeé y de un salto me planté en el exterior. Desde aquí, la visión fue más aterradora aun. Muchos miembros de la comunidad se habían postrado de rodillas y habían comenzado a realizar su inútil acto de rezar. Lo que me hizo reaccionar fue cuando vi que cuatro merodeadores se abalanzaron sobre un hombre que estaba de rodillas y, entre gritos y chorretones de sangre, comenzaron a devorarlo. Esto me hizo correr hacía la gente e instigarlos a entrar al edificio. Eduardo y Belén salieron a mi encuentro. Ambos estaban exhaustos. Sin tiempo que perder, les pedí que fueran a por las armas mientras yo convencía a la gente de que entrara al edificio y mantenía a raya a los merodeadores. En ese momento no pensé que eso último era prácticamente imposible, porque eran tantos como hacía tiempo que no veía. Un centenar al menos. Mientras levantaba a estirones a dos mujeres y les gritaba que se escondieran, vi como varios merodeadores se abalanzaban sobre dos hombres y otros tres andantes fijaban sus ojos en mi. Cogí una azada del suelo y se la incruste en el pecho al que tenía más cerca. Este, con la azada clavada en el pecho, vacilo unos pasos pero siguió en pie. Retrocedí corriendo y seguí levantando a los ignorantes que allí permanecían. Algunos, al escucharme, reaccionaban y huían hacía el edificio, otros volvían a clavar sus rodillas en el suelo y me ignoraban. Hasta uno me empujó y me dijo &lt;i&gt;"¡Déjame, infiel!"&lt;/i&gt; momentos antes de ser devorado por cinco merodeadores. Mientras estos lo desmembraban, él gritaba &lt;i&gt;"¡Dios! ¡Dios! ¡Apiádate de mi! ¡Apiádate!"&lt;/i&gt;. Siento pena por él... Su fanatismo lo ha llevado a la tumba. Eduardo y Belén no tardaron en volver a aparecer, ¡pero sin las armas!. Cuando les dije que donde estaban las armas, una voz a mi espalda me respondió: &lt;i&gt;"No lo he permitido yo. No vais a utilizar las armas. Ir al edificio. ¡Que todos se refugien en el edificio! Yo soy el único en la tierra que puede frenarlos"&lt;/i&gt;. Era Miguel. Ver a ese regordete entrado en años decir eso fue casi gracioso. No perdimos tiempo y corrimos hacia el edificio. No fuimos los únicos, todos los miembros de la comunidad que habían escapado de los merodeadores y antes rezaban, ahora obedecían a Miguel. Cuando nosotros tres llegamos a la puerta fuimos quienes dirigimos ordenadamente a la marea de personas al interior. A lo lejos, entre la horda, pude ver a Miguel. Este, invisible a los ojos de los merodeadores, como siempre, los cogía y a empujones lo movía en dirección a la granja de podridos. En ese instante pensé que si él solo tenía que cogerlos uno a uno y meterlos allí, iba a tardar todo el día. Y así fue. Pasaron varias horas y mientras toda la horda se agolpaba en la puerta, Miguel los cogía de dos en dos y se los iba llevando. Mientras, toda la comunidad y nosotros permanecíamos en el recibidor del edificio, viendo a los merodeadores agolpando sus podridos cuerpos contra el gordo cristal de las puertas. Por suerte, el cristal de las puertas, las cuales habíamos cerrado con llave y parapetado con sillas y muebles, parecía aguantar. No podía quedarme de brazos cruzados, y si no nos estaba permitido acabar con los merodeadores, alguna forma habría de ayudar. Le pregunté a un hombre de túnica que había a mi lado que donde estaban los palos de lazo que utilizaban para inmovilizar a los merodeadores. Este me dijo que lo siguiera, que me llevaba a la habitación donde se guardaban. Belén intento detenerme, ya que en seguida se imagino que se me estaba pasando por la cabeza. Le dije que estuviera tranquila, que sabía lo que me hacía y que no me iba a pasar nada. Me dejo ir, pero se quedo bastante preocupada y enfadada por mi decisión. Eduardo insistió en acompañarme. Era de esperar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la habitación, nos hicimos con dos palos de estos y Eduardo y yo salimos al exterior por una ventana que daba al patio trasero. Cuando llegamos a donde se concentraba la horda, estos no se percataron de nuestra presencia. Estaban demasiado obcecados con entrar al interior del edificio. Algunos de la última fila si que repararon en nosotros, pero en seguida los lazamos por el cuello y comenzamos a arrastrarlos camino a la jaula. Miguel, al vernos, nos dijo que nos marcháramos al edificio. No le hicimos caso y continuamos ayudandole. Se le notaba exhausto. Solo pudimos ayudarle durante poco más de media hora, ya que cada vez eran más los que reparaban en nuestra presencia y la cosa comenzó a ponerse fea. A pesar de que llevamos a bastantes a la jaula, aun seguían quedando un gran número. Miguel terminó la tarea al anochecer. Por esa hora, ya había encarcelado a todos los merodeadores y no quedaba ninguno. Ahora, la granja contenía una verdadera horda que había duplicado su número en cuestión de horas. Miguel, antes de marcharse a su habitación, pronunció unas palabras a toda la comunidad, la cual permanecía a la espera de que su líder hablase. Este dijo con voz entrecortada por el cansancio &lt;i&gt;"Me he equivocado. Dios sigue enojado con nosotros. Y cada día parece estarlo más. O averiguo el motivo de porque nos castiga o su ejército terminara acabando con nosotros. Lo de estos días solo ha sido un aviso. Pedir en vuestras oraciones que todo esto acabe"&lt;/i&gt;. Acto seguido, se alejo lentamente por el pasillo mientras toda la comunidad murmuraba horrorizada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal como predije, los ataques anteriores fueron un aviso de lo que hoy ha ocurrido. Y no descarto que en próximos días se vuelvan a repetir nuevos y peores ataques. Así que las cosas se están poniendo bastante feas. Los días tranquilos han terminado, ya que por cualquier razón, los merodeadores comienzan a saber que aquí se esconde una gran cantidad de "comida" fácil. He hablado con Eduardo y hemos llegado a la conclusión que permanecer aquí comienza a ser arriesgado, ya que el lugar ha dejado de ser seguro. Pero por el contrario, no nos podemos marchar, ya que Iván sigue sin volver. Así que solo hay una solución. En contra de lo que le dije a Iván, voy a salir a buscarlo en los próximos días. Se que sigue vivo y no nos podemos marchar sin antes localizarlo y hacerle saber nuestra intención de retomar el camino a Reus. Estos días voy a comenzar a trazar en el mapa las rutas que voy a tomar y donde lo voy a buscar. En el caso que no lo encuentre, volveré y comenzaremos los preparativos para marcharnos de aquí. Y pienso ir a buscar a Iván solo. No voy a arrastrar a nadie conmigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-8171239054776546873?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/8171239054776546873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=8171239054776546873' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/8171239054776546873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/8171239054776546873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/06/29-06-10-temores-confirmados.html' title='+ 29-06-10 + Temores confirmados'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-1662073574168499135</id><published>2010-06-23T22:50:00.000-07:00</published><updated>2010-11-07T11:17:22.803-08:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 23-06-10 + Un mal augurio</title><content type='html'>La mañana de hoy, como todas, ha amanecido tranquila, al menos, aparentemente. Todos los miembros de la comunidad arriba y abajo, ignorándonos, Miguel con su habitual amabilidad, la cual me empieza a mosquear, la ya común jornada de trabajo en el campo e Iván brillando por su ausencia. 12 días van desde su partida. Bueno, como os voy diciendo, esta mañana pintaba como otra cualquiera. Aburrida y tediosa en un mar en calma. Pero hoy ha sido día de acontecimientos. El primero ha sido una discusión, de la cual he sido uno de los dos protagonistas. Eran las 11 de la mañana y me encontraba recolectando patatas en el campo junto a Esther y Juanca. En este campo habríamos unos diez realizando la misma tarea, ya que el campo es bastante grande. Eduardo y Hans se encontraban trabajando en la obra de ampliación del edificio. Si se han ido allí ha sido porque Miguel se lo ha pedido a ambos, alegando que hay pocas personas ocupando esta tarea y les sería de gran ayuda si ambos trabajasen allí durante nuestra estancia. Belén, Elena y María se encontraban en el taller de costura, remendando ropas y túnicas. Si no me equivoco, Miguel y varios miembros de la comunidad estaban recolectando cítricos en los campos de los alrededores.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras Juanca y yo sacábamos las patatas de la tierra y se las pasábamos a Esther, la cual las amontonaba en el capazo, estábamos charlando sobre lo lentos que pasaban los días aquí. Cuando he dicho &lt;i&gt;"Tenemos que aprovechar esta tranquilidad. Dentro de poco, cuando tengamos que retomar el viaje hacía Reus, se nos habrá acabado el chollo"&lt;/i&gt;. Esther, totalmente indignada, me ha replicado &lt;i&gt;"Erik, creo que ya os lo he dejado claro. Yo no me voy a marchar. Mi sitio esta aquí, junto al hermano Miguel. Quítate esa idea de la cabeza"&lt;/i&gt;. Como es costumbre, no me he podido morder la lengua y he intentado hacerla entrar en razón, una vez másm contestándole &lt;i&gt;"Mira, se que han ocurrido muchas cosas desagradables y que hemos sufrido mucho. Pero eso, como ya te he dicho muchas veces, no es motivo para que busques consuelo en la religión. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;Nunca has sido religiosa y por los acontecimientos que hemos vivido te estas volcando tanto hacía esa fe que promulga Miguel. &lt;/i&gt;&lt;i&gt;Tú sitio esta junto a nosotros. Tú eres una de los nuestros. A pesar de que vistas esa túnica, no eres una de ellos. Estas equivocada y debes replantearte las cosas"&lt;/i&gt;. Ella me ha lanzado una mirada que parecía cargada de odio y me ha gritado &lt;i&gt;"¡Basta de juzgarme! ¡Basta! ¿Quién te crees para hacerlo? Soy libre de escoger mi fe y de decidir si quiero continuar junto a vosotros o no. No voy a ir. No ahora que he encontrado la paz espiritual"&lt;/i&gt;. Nunca hasta ese momento he visto gritar a Esther de esa manera. Parecía que iba a dar un salto sobre mi y empezar a pegarme. Sin levantar la voz, he comenzado a decirle &lt;i&gt;"No conoces a Miguel más allá de la imagen que nos ha dado. No sabemos nada de él. ¿Quién te dice que no es un perturbado más como los que nos hemos encontrado en nuestro camino? No podemos confiar tan fácilmente. Eso es algo que tenemos que haber aprendido a estas alturas. Sinceramente, no me creo eso de que habla con Dios. Antes de que comenzara todo esto, él sería un charlatán más, como el Carlos Jesús ese que salía en la tele y todos se reían de él. Pero ahora, con el fin de la humanidad encima de nosotros, se le da credibilidad a cualquier individuo disfrazado de elegido. Te voy a demostrar de que no conoces de nada a Miguel. ¿Recuerdas la medicación que te enseñe hace unos días? La encontré en su habitación, junto a unos diagnósticos médicos que no pude leer. ¿Como sabemos que esa medicina no es para algún tipo de trastorno mental? ¿O alguna droga que le hace creer que habla con Dios? Esther, por lo que más quieras, a toda esta gente le han vendido la burra, no caigas en el mismo error y razona por ti misma"&lt;/i&gt;. Esther ha permanecido en silencio y después, ha dicho &lt;i&gt;"¿Has robado a Miguel?"&lt;/i&gt;. No he sabido que contestarle. De mi boca ha salido un &lt;i&gt;"Robar... robar, no..."&lt;/i&gt;. Rápidamente, se ha levantado del suelo del campo en el cual se encontraba sentada y cogiendo el capazo de patatas con la mano, me ha dicho &lt;i&gt;"O sea, el hermano Miguel nos abre las puertas de su casa, nos acepta e integra en su comunidad, comparte sus alimentos con nosotros, nos da techo... y tú... y tú... se lo pagas ¿robandole? Es un acto repugnante. Él no tiene culpa de que seas un puto desconfiado. Te estas volviendo un enfermo como tu amigo Iván. Siento pena por Belén por estar con un tipo como tú. Te voy a juzgar como tú me has estado juzgando. ¿Sabes que es lo que pienso de ti? Que eres un hijo de puta"&lt;/i&gt;. Después de estas palabras, me ha lanzado el capazo, el cual ha caído al suelo esparciendo las patatas del interior por todas partes y se ha marchado camino al edificio. Cuando he mirado a Juanca, este me ha devuelto la mirada y acto seguido se ha agachado, comenzando a recoger las patatas una a una y devolviéndolas al capazo. Yo, sin decir nada, he comenzado a hacer lo mismo. Juanca, sin dejar de recoger las patatas, ha comenzado a decir:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Yo no soy quién para opinar sobre esto. Cada uno de los que estamos aquí, tenemos nuestros motivos y razones para creer en las palabras de Miguel. Unos por simple fe, otros por la necesidad de creer en algo en estos momentos, otros porque este es un lugar seguro y una forma de permanecer vivo. Yo tengo mis motivos. He pasado una vida difícil. Muy difícil diría yo. Mi padre murió cuando yo tenía 2 años. Mi madre cuando yo tenía 6. La causa fueron las drogas. Mi padre estaba enfermo de sida y paso sus últimos días en la cárcel. Mi madre se paso con su dosis diaria de caballo. Con 6 años me tuvo que acoger mi abuelo en su casa. Y digo mi abuelo, porque mi abuela hacía años que estaba enterrada. Con él solo pase 3 años, los cuales transcurrieron con sus continuas borracheras y los azotes que me daba con su cinturón. El motivo era que ya no tenía a su mujer para maltratar y con alguien lo tenía que pagar. A los 3 años de estar con él, murió. Entonces, sin familia que se quisiera hacer cargo de mi, acabé en un orfanato. En esté, pase unos años y, la verdad, mis compañeros no fueron un buen ejemplo para mi. Cuando me encontraron una familia de adopción dispuesta a darme todo lo que me tenían que haber dado tiempo atrás, yo ya estaba echado a perder. Solo les dí que problemas y noches en vela. Con 15 años caí en las drogas. Empecé con los porros, los cuales me los fumaba a pares en un parque con la crème de la crème de mi barrio. A los 17 le comencé a pegar a las pastillas. A los 20, a la cocaína. A los 22, no tenía suficiente con esto y me metí en el caballo. Caí en el mismo error que mis padres. Al principio, conseguía mi dosis con el dinero que me daban mis padrastros. Más tarde, no era suficiente y comencé a robarles dinero. Cuando se percataron y escondían el dinero por las noches, comencé a vender cualquier cosa de valor que había en casa. La gota que colmó el vaso fue cuando le levanté la mano a mi padrastro. Aquí fue cuando me echaron de casa y me vi obligado a vivir en la calle. He hecho cosas de las que no me siento orgulloso. Me he prostituido para sacar mi dosis, he dado tirones de bolso a ancianas, he atracado comercios a punta de navaja... ¿Te acuerdas el día que nos encontramos por primera vez con el hermano Miguel? ¿Recuerdas que acudimos las chicas y yo en vuestro rescate empuñando las armas? En ese momento, yo temblaba como un flan porque con ese arma en la mano me estaba viniendo a la mente todo mi pasado. Recordé aquellas ocasiones en las que atracaba a personas inocentes para obtener mi dosis. Yo me rehabilite a los 25 años, gracias a una clínica de rehabilitación. Salí de la calle, obtuve un trabajo, me alquile una casa... remonte mi vida. Pero volvía recaer un día antes de que comenzara todo esto. El motivo fue porque me quede sin trabajo y me sentí deprimido. Pensé que por un chute no iba a pasar nada. Me chuté y cuando desperté del viaje, me encontré con todo esto. Las calles eran un caos, personas ensangrentadas atacan y mataban a otras personas. En ese momento solo podía pensar que ese chute me había sentado muy mal para que viera todo eso. Pronto comprendí que no, que era real. Salí de mi casa cuando me quedé sin comida y corrí lo más rápido que pude. Le robé la moto a un hombre que lo acababan de alcanzar un grupo de reanimados. Durante un tiempo estuve vagando sin rumbo y huyendo de esas cosas. Entonces fue cuando aquellos caníbales me apresaron y al poco aparecisteis vosotros, liberándome. Te estarás preguntando el porque te he soltado todo este rollo, que no viene al caso de tu pregunta. Pues es fácil y tiene mucho que ver. A los días de que esto empezó, comencé a pensar que todo esto era culpa de haber recaído en las drogas, por haber desaprovechado mi segunda oportunidad. Es decir, un castigo por no aprender de mis errores. Cuando conocí al hermano Miguel y me contó la historia de su vida llena de excesos, la revelación que le hizo Dios y el comienzo de todo esto, me sentí identificado. Entonces caí en la cuenta de que todo esto no era solo un castigo, sino la última oportunidad que nos daba Dios para la salvación. Cuando vi a Miguel andar entre los reanimados, ya no tuve más dudas. Yo, al igual que Esther, creemos en ese hombre. Creemos que nos trae la salvación, que es el mensajero de Dios, un mesías. Jamás en mi vida, antes de que comenzara esto ni después, he sentido tanta paz. Este sitio es perfecto. Un verdadero Edén. Aquí es donde me he encontrado a mi mismo. Y a todos los demás les ocurre lo mismo. A Esther también, por lo cual, comprendo que se haya puesto así. Vamos a seguir a Miguel hasta donde haga falta. Vamos a seguir su palabra sea cual sea. Así que es mejor que no pierdas el tiempo intentando convencernos de que cambiemos de opinión. No insistas. Tú y los demás no-creyentes os podéis marchar cuando os de la gana. Pero dejarnos en paz a los demás"&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otra ocasión no le habría contestado. Pero no me he podido contener: &lt;i&gt;"Lamento mucho que hayas sufrido una vida tan difícil. Y me alegro de que por fin hayas encontrado tu paz aquí. Pero he de decirte una cosa al respecto. Tu haz lo que te plazca. Como si ahora mismo quieres abrir la verja de los podridos y meterte dentro para imitar a tu mesías. Pero a lo que respecta a mi y al antiguo grupo, abstente de dar tu opinión. Tu eres un recién llegado en el grupo mientras que la mayoría de nosotros llevamos juntos desde que todo esto empezó, sufriendo y padeciendo. Nos unen lazos muy fuertes para que un simple charlatán venga y nos desuna. Y tampoco voy a permitir que vengas tú a decirme lo que debo hacer o ha hablar con mis compañeros. Un consejo, guárdate tus jodidas opiniones para cuando te las pida. Lo que tengo claro es que no voy a dejar a Esther aquí cuando llegue el momento de marcharnos. Tu haz lo que te plazca, por mi, te puedes quedar aquí a adorar a tu líder"&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ahora en frío pienso que me he excedido un poco en mis palabras. Un poco bastante. Pero no puedo permitir que uno de los últimos en el grupo me censure lo que tengo que hablar con mis compañeros, los cuales los considero una familia. Y en realidad, es la única familia que me queda. Juanca, cuando ha oído mis palabras, las cuales mientras escuchaba ni siquiera me miraba, a seguido actuando normal, sin dirigirme la palabra y como si no hubiera escuchado nada. Cuando ha llenado el capazo, se ha dirigido al almacén, ha vaciado este y se ha dirigido a unos diez metros de donde yo estaba. Allí habían tres miembros de la comunidad realizando la misma tarea que nosotros. Juanca se ha unido a ellos y ha seguido recolectando patatas mientras reía y hablaba con ellos. Yo me he quedado solo. Tampoco me ha importado. He cogido un nuevo capazo y he seguido recolectando patatas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando he terminado mi jornada, he pasado por las obras a ver como les iba a Eduardo y Hans. Estos estaban subidos a un andamio junto a otro personaje de túnica. Los tres estaban terminando de enlucir el muro. Ambos se han puesto contentos al verme y han empezado a gastarme bromas y a reírse. Hasta el hombre de la túnica se reía por cada chascarrillo que soltaba la pareja. Al verlos así, no he podido evitar contagiarme de esa felicidad que compartían en ese momento. Hacía tiempo que no los veía así. Y eso es bueno. He preferido no contar mi enfrentamiento con Esther. Después de hacerles esta visita y de que me hayan pringado de yeso con sus bromas, he jugado con Thor a tirarle una pelota y cuando he terminado me he dirigido al taller de costura, donde estaba Belén, Elena y María, junto a más mujeres y hombres, todos ellos remendando ropas. Cuando he entrado, Belén y María estaban algo alteradas, hablando entre ellas. Cuando les he preguntado, no han tardado en contestarme. Esther había ido a hablar con Belén después de discutir conmigo. Según me han dicho, ha entrado hecho un basilisco y me ha puesto de vuelta y media. Ha dicho que soy un manipulador, que me creo líder y que no merezco que Belén sea mi pareja. A Belén le ha dicho que no sea tonta y que me mande a hacer puñetas, que solo voy a conseguir conducirla a una muerte segura. Parece ser que Belén no ha tolerado que dijese todo eso de mi y le ha terminado gritando, diciendo que ella me debe estar agradecida por permanecer viva hasta ahora, que sin mi, el grupo no habría sobrevivido tanto. Su respuesta ha sido que no me tiene nada que agradecer y que por mi culpa, su hermano Manuel murió en el hospital de Valencia, porque según dice, esta segura de que lo abandone y lo dejé tirado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabía que en sus adentros, me culpa por la muerte de su hermano. Y eso me hace sentirme muy fatal...&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cambio de tema. Lo necesito, porque revivir viejos fantasmas solo va a conseguir que me hunda aun más. Como iba diciendo. Después de eso, cuando Belén ha terminado en el taller de costura, hemos salido al exterior del edificio y nos hemos sentado en las escaleras. Allí hemos estado disfrutando del sol veraniego mientras charlábamos. Me habría fumado un cigarro, pero hace tiempo que nos quedamos sin tabaco para intoxicarnos. Hablaba con Belén sobre la reacción de Esther, cuando algo me ha llamado la atención. En los campos habían miembros de la comunidad trabajando. Arando, recolectando, sembrando... En el campo más cercano al edificio, el cual hay plantadas lechugas, estaba la chica muda que rescatamos del campamento de los caníbales, ¿recordáis? Esta estaba de rodillas, cortando lechugas. Tras de ella habían tres personas que se le estaban acercando. En principio, no me ha parecido que esto tuviese nada de raro, sin embargo, estas tres personas caminaban con un estilo inconfundible. Eran merodeadores. La chica no se había percatado de esto y los tenía prácticamente encima. He dado un salto, poniéndome en pie, y he salido corriendo. Belén, que no se había percatado de lo que yo acababa de ver, me ha comenzado a chillar que a donde me dirigía. No he contestado. Solo corría y le gritaba a la chica que corriera. Esta, cuando se ha percatado de lo que tenía detrás, se ha quedado paralizada y en vez de correr, se ha puesto de rodillas y... ¡se ha puesto a rezar frente a ellos!&lt;br /&gt;Me ha dado tiempo a llegar hasta donde estaba ella y he podido soltar un placaje al merodeador que ya se estaba abalanzando sobre ella. Este, en avanzado estado de podredumbre, ha caído desplomado. Al ver esto, varios miembros de la comunidad han acudido corriendo, algunos armados con azadas. Los dos merodeadores que quedaban en pie han centrado su atención en mi. El primero, una adolescente que le faltaba maxilar inferior, se ha lanzado sobre mi y de una patada la he conseguido repeler. El otro, un hombre anciano y que le faltaba un brazo, ha sido inmovilizado por tres miembros de la comunidad. Estos lo han derribado y en el suelo, sujetado. Cuando he cogido una azada y me dispuesto a golpear a los otros dos que se estaban levantado, un hombre de túnica con ribetes rojos me ha detenido y ha mandado a dos chicos a coger los lazos. La chica que no habla, Eugenia se llama si no recuerdo mal, seguía de rodillas, con los ojos cerrados y en posición de rezo. Entre todos, han inmovilizado a los otros dos merodeadores y cuando ya estaban llegando los chicos con los lazos, uno de los hombres que sujetaba al anciano merodeador, ha pegado un grito. Este le había mordido, en un descuido, le había mordido un brazo. Todas las personas allí presentes nos hemos horrorizado al ver esto. El hombre se ha cogido el brazo inmediatamente mientras de este brotaba sangre a chorros. Mientras, el merodeador mascaba el trozo de carne que le había arrancado al tiempo que los tres chicos de los lazos han capturado a los merodeadores y se los han llevado de camino a la granja de podridos. El hombre que había sufrido el ataque no paraba de lamentarse y gritar mientras se apretaba la herida. Allí hemos permanecido todos hasta que ha aparecido Miguel y sus acompañantes. Estos venían portando sacos repletos de frutas, y que, al ver lo que allí había ocurrido, los han soltado y han comenzado a preguntar que ha ocurrido. Cuando todos le han contado lo que ha pasado, lo primero que ha preguntado ha sido que habíamos hecho con los merodeadores. Al enterarse de que los habían llevado a la granja, se ha preocupado por el herido mientras le decía &lt;i&gt;"Tranquilízate, hermano, tranquilízate... Dios te ha llamado a sus filas"&lt;/i&gt;. Pero este había olvidado su fe y estaba desesperado. Era consciente de cual era su destino. Por orden de Miguel lo han llevado a su dormitorio y allí lo han encerrado, hasta que se ha convertido. Es la segunda transformación más rápida que he visto desde que todo esto empezó. Lo han encerrado a la 1:00 PM y a las 4:30 PM ya estaba golpeando la puerta de su dormitorio convertido en un reanimado. No han tardado en llevarlo a la granja junto a los demás podridos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hoy no se habla de otra cosa. En el ataque de esos tres merodeadores. A pesar de lo creyentes que son aquí, hay una gran mayoría que están asustados. La gente dice que desde que el edificio fue convertido en "La iglesia del fin de los tiempos", jamás se han acercado tanto unos merodeadores a la zona. Miguel ha dicho que si esto ha ocurrido es porque Dios los ha enviado por uno de dos motivos: o bien porque el hombre al que han mordido era una persona carente de fe y, por lo tanto, un impío, o porque Dios no esta de acuerdo de como están funcionando las cosas en la comunidad.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;¿Queréis saber mi opinión? Que Miguel esta obcecado en su religión y no quiere o no le interesa ver la realidad: los merodeadores, si atacan en grupo, nunca lo hacen aleatoriamente o por casualidad. Estos tres solo han sido la punta del iceberg. Estoy seguro que detrás de ellos hay una gran cantidad de merodeadores acercándose hacía nuestra posición que han averiguado que aquí hay carne fresca. Esto lo digo por experiencia propia. Y sino, tiempo al tiempo. Espero equivocarme. Solo digo que tenemos que estar preparados para la que se nos viene encima.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-1662073574168499135?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/1662073574168499135/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=1662073574168499135' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/1662073574168499135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/1662073574168499135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/06/23-06-10-un-mal-augurio.html' title='+ 23-06-10 + Un mal augurio'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-3505406543067782849</id><published>2010-06-18T19:49:00.000-07:00</published><updated>2010-11-03T20:13:12.274-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='infectados'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='ataques'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='caos'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='holocausto'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='diario de la resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='enfermedad'/><title type='text'>+ 18-06-10 + Desterrado</title><content type='html'>Han pasado 7 días desde la marcha de Iván y todavía no ha vuelto. Quizás es demasiado pronto para que vuelva. No tengo ni idea de a donde se habrá dirigido, hacía donde piensa él que se esconde el Skull Korps. La verdad, no me comentó nada de que rumbo pretendía tomar. Posiblemente, su primera parada ha sido la gasolinera donde descubrió la hebilla. Allí puede encontrar alguna pista de que rumbo han tomado esos hijos de mala madre. Al menos, ese sitio sería al primero que me dirigiría yo en su lugar. La marcha de Iván se ha tomado con más recelo que esperanza. Yo confío plenamente en Iván, pero se que algunos de mis compañeros no. Por ejemplo, hace unos días hablé con Esther y me dio su opinión sobre Iván. Según ella, a pesar de que Iván ha hecho muchas cosas buenas por el grupo, piensa que su repentina marcha en busca del Skull Korps no tiene un trasfondo transparente. Según su teoría, la cual no comparto en ninguno de sus aspectos, es posible que Iván nos venda al Skull Korps y les revele nuestra actual posición. Para ella, si Iván ha pertenecido a ese grupo, algún tipo de lazo o sentimiento lo sigue uniendo a ellos. Según ella dice, palabras textuales, &lt;i&gt;"un lobo no se convierte en cordero sin la ayuda de Dios"&lt;/i&gt;. Mi opinión sobre su teoría es que no tiene validez y lo que le ocurre es que esta muy influenciada por Miguel, el cual, a pesar que no lo ha dado a entender en sus varios enfrentamientos con Iván, no guarda muchas simpatías por este. Y a las pruebas me remito con lo que os voy a contar a continuación.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esta mañana, cuando Belén y yo nos hemos levantado, nos hemos dirigido al salón comedor para desayunar, como todas las mañanas. En la mesa más alejada, situada en una esquina de la sala y en la cual siempre nos sentamos todo el grupo, hemos encontrado a Hans y Eduardo, ambos charlando tranquilamente. Allí nos hemos sentado y al poco han venido María, Esther y Elena. Aprovecho para decir que esta última no esta, al menos aparentemente, apenada por la marcha de Iván. No ha dado ni una sola muestra de tristeza o preocupación. Bueno, mientras desayunábamos tranquilamente, un miembro de la comunidad, el cual iba ataviado con túnica y cubre cabezas, se ha acercado a la mesa, y de forma tímida y sin mirarnos a los ojos, se me ha dirigido a mi. Me ha dicho que Miguel quería que fuera a verlo en cuanto terminase de desayunar. No he entendido que podía querer de mi. He mirado en la mesa "presidencial", pero allí no he visto a Miguel. Su asiento estaba vació. En ese momento he pensado: ¿Donde narices estaba? Desde que estamos aquí, nunca ha faltado a una comida de la comunidad. Cuando le iba a preguntar al hombre del disfraz (así los llama Belén. No puedo evitar una carcajada siempre que los llama así) donde podía encontrar a Miguel, este ya se había alejado de la mesa. Como ya os comente hace poco, los demás miembros de la comunidad nos rehuyen como si fuésemos apestados. Mis compañeros se han extrañado de que Miguel quisiera verme y Eduardo se ha ofrecido acompañarme a dicha cita, pero le he dicho que no hace falta. Eduardo no se fía nada de Miguel. Aunque desde que estamos aquí, esta tranquilo, Eduardo no baja la guardia por si Miguel y su comunidad nos da alguna ingrata sorpresa. Bueno, eso le ocurre a Eduardo y a la mayoría de nosotros, obviando a los dos conversos, Esther y Juanca. Este último pasa más tiempo con su nueva hermandad que con nosotros.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de recibir la noticia de que Miguel quería verme, apenas he seguido desayunando y no he tardado en levantarme de la silla y dirigirme a buscar a Miguel. Lo he buscado en la iglesia y viendo que aquí no estaba, he decidido ir a su dormitorio a ver si allí se encontraba. No he encontrado a nadie de camino a este. Por lo visto, toda la comunidad se encontraba en el salón comedor. Nada más llegar a la puerta de su habitación, he dado unos golpes en esta en señal de llamada. No ha tardado en dejarse oír la voz de Miguel con un &lt;i&gt;"Adelante"&lt;/i&gt;. Nada más abrir la puerta, lo que me ha llamado la atención ha sido la tenue y anaranjada luz de varias velas que iluminaban la habitación. A pesar que era de día, las persianas de la habitación estaban bajadas. Casi al fondo de la habitación, sentado tras un escritorio de madera, cerca de la cama, estaba Miguel. Su rostro era el mismo que el día que se enteró de que alguien había acabado con el cadáver reanimado de Fede. La siempre sonrisa de su cara no se encontraba por ningún lado. Después de saludarlo, he andado hacía donde estaba él. Mientras he avanzado, me he fijado en todos los detalles de su habitación. Nunca había entrado aquí y he de decir que hasta he sentido escalofríos de ver la gran cantidad de símbolos religiosos que adornaban la sala. Ojo, no he sentido escalofríos porque sean objetos religiosos, sino porque esa sala me ha recordado a un cementerio en toda regla. Nada más llegar a donde se encontraba Miguel, este ha cerrado una Biblia, la cual y por lo visto, estaba leyendo mientras me esperaba. Después me ha invitado a tomar asiento en una silla frente a su escritorio. Acto seguido, ha clavado sus ojos en mi y me ha preguntado que tal me encontraba. Después de oír mi respuesta, ha comenzado a hablar, diciendo &lt;i&gt;"No me voy a andar con rodeos. Si te he hecho llamar es porque debo deciros algo a ti y a tu grupo. Si te he elegido a ti para hablar esto es porque se que eres el portavoz de tus compañeros y una persona comprensible y con la cual se puede mantener una conversación afablemente. Una pena que no sea así con todos tus compañeros, los cuales parece que el maligno les ha cubierto los ojos y los oídos con un manto. Lo que quiero haceros saber es lo siguiente..."&lt;/i&gt;. En ese momento, alguien ha llamado a la puerta, interrumpiendo sus palabras. Miguel ha guardado silencio y mientras mantenía sus ojos clavados en los míos, se ha levantado y se ha dirigido hacía la puerta. Después de abrir esta, he oído a un hombre que decía &lt;i&gt;"Hermano Miguel, siento interrumpirle, pero debo hablar con usted sobre una asunto. Es importante"&lt;/i&gt;. Yo he seguido sin girarme, a pesar de que Miguel le ha dicho &lt;i&gt;"Claro"&lt;/i&gt; y después, dirigiéndose a mi, me ha dicho &lt;i&gt;"Erik, disculpame un minuto. En seguida estoy contigo"&lt;/i&gt;. Nada más decir esto, ha entrecerrado la puerta y tras ella he escuchado al desconocido hombre hablar con Miguel. He intentado captar algo de lo que le estaba contando, pero me ha sido imposible. Solo he podido cazar palabras sueltas. Mientras seguía intentando enterarme de que era eso tan importante de lo que le tenía que contar, me ha venido a la mente algo que me dijo Iván antes de marcharse: &lt;i&gt;"...las llaves de la Harley las he encontrado en un cajón de la habitación de Miguel, junto a más llaves y demás cosas interesantes que te recomiendo que les eches un vistazo"&lt;/i&gt;. En ese momento, mis ojos se han puesto a buscar por toda la habitación cual podía ser el famoso cajón el cual Iván me había recomendado que le echara un vistazo. Los cajones de la mesa de noche, los del armario, los del escritorio... a esos últimos se debía de referir Iván. Si había algo interesante, tenía que estar en ese cajón. Al menos eso he pensado en ese momento. Pero era arriesgarse mucho el levantarme de la silla y ponerme a escudriñar estando Miguel al otro lado de la puerta, el cual podía entrar en cualquier momento... pero pensándolo bien, ¿cuando iba a volver a tener una oportunidad tan buena como esa? No lo he dudado más y después de asegurarme que ese hombre y Miguel seguían hablando, me he levantado de la silla y he ido directo a los cajones del escritorio. Sin perder de vista la puerta, he abierto el primero lo más silenciosamente que he podido. Este estaba prácticamente vacío. En él solo había un pequeño rosario de madera. Lo he cerrado cuidadosamente y he abierto el segundo. Este estaba lleno de llaves. Llaves de todo tipo: pequeñas, grandes, llaveros hasta arriba de llaves, llaves de vehículos... buscar aquí una llave especifica sería como buscar una aguja en un pajar. En ese momento, las voces tras la puerta han cesado y mi corazón ha sufrido un vuelco. Por momentos esperaba que la puerta se abriera de golpe y me pillara con las manos en la masa, pero no ha sido así. La voz de ese hombre ha vuelto a sonar. Ahora, de forma más rápida que cuidadosa, he abierto el tercer y último cajón, esperando encontrar lo que Iván quería que viera. Pero no ha sido así. Este estaba vacío. Iván había dicho que lo que tenía que ver estaba junto a muchas llaves, pero en el segundo cajón no había nada. Lo único que se me ha ocurrido en ese momento ha sido mirar en los dos cajones de la mesa de noche. Para ello he tenido que andar hacía la cama, bastante cerca de puerta. Me estaba arriesgando demasiado y me he puesto bastante nervioso. Al abrir el primer cajón, lo primero que he visto ha sido varias llaves sobre un fardo de papeles y varias cajetillas de medicamentos. He abierto el segundo cajón y he descubierto que este estaba hasta arriba de cajetillas de medicamentos. Lo primero que me ha venido a la mente ha sido &lt;i&gt;"¿Para que tantas cajas de medicina?"&lt;/i&gt;. Las cajas eran casi todas de la misma marca, salvo un par de cajas diferentes que también se repetían. He cogido una de las cajas y me la he guardado en el bolsillo, con la intención de averiguar más tarde de que clase de medicación se trataba. He cerrado este cajón y cuando iba a hacer lo mismo con el primero, me ha llamado la atención el fardo de papeles que allí había. Los he cogido y he comenzado a ojearlos. Habían al menos 20 folios y todos procedían del mismo sitio. Todos estaban encabezados con las palabras "Hospital de las Mercedes" y un sello de dicho hospital. Estaban a nombre de &lt;b&gt;Miguel Díaz Escudero&lt;/b&gt; y tenían diferentes fechas. La fecha más reciente era del 10 de Febrero de 2008. He comenzado a leer y rápidamente he comprendido que se trataban de diagnósticos y tratamientos médicos. Lo único que he podido leer ha sido "...presentando en la piel unas fuertes angioqueratomas. El paciente también ha tenido que ser tratado de fuertes dolores abdominales y lumbares, los cuales son producidos a causa de...". Hasta ahí he podido leer, ya que en ese mismo instante, he oído a Miguel decir &lt;i&gt;"No te preocupes, hermano Marcos. Lo solucionare lo antes posible. Ahora debo volver a atender cierto asunto. Te veo después de misa..."&lt;/i&gt;. Mis ojos se han clavado en la puerta mientras esta se comenzaba a abrir. He lanzado los papeles al cajón y lo he cerrado lo más rápido que he podido. Pero me ha sido imposible volver a mi asiento a tiempo y he permanecido allí de pie. Miguel, al verme, me ha dicho &lt;i&gt;"¿Que haces ahí, Erik?"&lt;/i&gt;. En ese momento, lo he mirado y su cara de sorpresa me ha puesto más nervioso aún. Después he dirigido la mirada a la mesa de noche y he visto la escusa que me podía hacer salir airoso. He cogido de la mesa una figura de un Cristo de metal y le he dicho &lt;i&gt;"Estaba mirando las imágenes religiosas que tiene en la habitación. No soy muy religioso, pero me parecen muy interesantes y laboriosas"&lt;/i&gt;. Laboriosas... pfff, no se ni porque me ha salido esa palabra. En ese momento, el rostro de Miguel ha cambiado de expresión y me ha dedicado una sonrisa. Entonces es cuando he podido respirar tranquilo. Después, me ha invitado a tomar asiento otra vez. A continuación, ha comenzado a hablar y la sonrisa se ha desvanecido de su rostro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"Como iba diciendo antes de que el hermano Marcos nos interrumpiera, tengo que tratar un asunto contigo y con los tuyos. Uno de tus compañeros, el que ha marchado, no puede volver a esta comunidad. Por su bien y por el nuestro, no puede volver"&lt;/i&gt; No he podido evitar preguntar cual era el motivo. Miguel, sin reparos, ha contestado tajantemente. &lt;i&gt;"Me he enterado recientemente que quién se saltó la norma de no matar reanimados fue él. Él fue quién entró en la verja donde están todos los reanimados y acabo con el que antaño fue vuestro compañero, el cual Dios se llevo tan repentinamente hace unos días. Se que si él hizo eso, el desobedecer una norma, fue un mensaje de Dios. El altísimo lo permitió para hacerme ver que esa persona no es trigo limpio, que es un impío qué, con el maligno de su lado, ha sobrevivido todo este tiempo evadiendo el castigo divino. Un impío que se muestra reacio a todo lo que tenga que ver con esta congregación religiosa y que nos ha faltado el respeto en numerosas ocasiones, la última, desobedeciendo una ley divina. A conseguido evadir el castigo divino, pero nadie escapa de la ira de Dios y sé que su destino no tardara en llegar. Quizás, no vuelva de su misión con vida. Esa extraña misión de ir a encontrar a ese otro grupo de impíos. Pero por si acaso el maligno sigue de su parte, ayudándolo a sobrevivir, él no entrara aquí..."&lt;/i&gt;. En ese momento, me han sorprendido dos cosas: ¿Como sabe que fue Iván quién acabo con el cadáver reanimado de Fede? (no lo sabemos a ciencia cierta, pero ninguno de los del grupo que habemos aquí en estos momentos fuimos quién realizó dicha tarea. Esto es algo que hemos hablado solo entre nosotros) y ¿como sabe que Iván se ha marchado en busca del Skull Korps?. Eso mismo le he preguntado a Miguel. Este se ha quedado pensativo por unos segundos y ha respondido &lt;i&gt;"Dejemoslo en que Dios ha querido que me entere"&lt;/i&gt;. ¿Quién narices ha podido decirle toda esa información a Miguel? ¿Alguien de la comunidad nos habrá escuchado hablarlo y se ha chivado? No tengo ni idea, pero me mosquea bastante. Aquí hay gato encerrado. Después de esas palabras, ha zanjado el tema diciéndome &lt;i&gt;"Espero que esto sirva de ejemplo para todos los de tu grupo. Solo existen dos normas, las cuales hay que respetar a rajatabla. No os pido más, ni siquiera que creáis en Dios. Ese es vuestro problema y por el cual os arrepentiréis llegada vuestra hora. Solo que cumpláis las dos normas que imperan en la comunidad si queréis seguir bajo el techo de esta iglesia. Si no lo hacéis, os tendréis que marchar. Y ahora, si me disculpas, voy a preparar la misa de hoy..."&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de esto y despidiéndome de Miguel cuanto apenas, he salido de su habitación y me he dirigido al salón comedor. De camino allí, he ido pensando en la pequeña charla que me ha soltado Miguel y en su decisión de no dejar volver a Iván a la comunidad. Se que a este se la trae floja y lo que quiere es irse de aquí cuanto antes. Pero con esto, pone al grupo en un aprieto. Si no deja volver a Iván, esto acelerará la marcha de todos nosotros. No pensábamos quedarnos mucho más tiempo después del retorno de Iván, pero si el suficiente como para planear enfrentarnos al Skull Korps o, al menos, esquivarlos. Esta es la idea que están barajando mis compañeros y que yo no comparto y que Iván tampoco compartirá cuando conozca. Así que en cuanto regrese, nos marcharemos de aquí. No voy a permitir dejar tirado a Iván. Aquí hemos llegado todos juntos y nos marcharemos todos juntos. Quizás, con un poco de tiempo, consigo que Miguel cambie de opinión y lo permita quedarse el tiempo que necesitemos, aunque lo dudo mucho. Mientras andaba por los pasillos, he tenido tiempo para curiosear la cajetilla de medicina que he cogido del cajón. La cajetilla es de tamaño medio y tiene unas letras grandes y azules, en las cuales pone &lt;b&gt;"REPLAGAL 1mg/ml"&lt;/b&gt;. Nunca he visto esta clase de medicamento en ningún otro sitio. Es más, antes de abrirlo, pensaba que eran pastillas, pero cuando he abierto la caja he podido descubrir que no era así. Era un pequeño botellin y el cual he deducido que se trataba de un inyectable. He husmeado la caja por dentro, pero no estaba el prospecto, algo que me ha resultado extraño. ¿Que medicamento no lleva prospecto? Quizás esta caja ya había sido abierta y han sacado el folleto. Ni idea. Cuando he llegado al salón comedor, he visto que estaba casi vacío. En una mesa alejada y solos, charlando, estaban Esther y Juanca. Cuando los he visto, me he dirigido hacía ellos. Nada más llegar, ambos me han mirado. Esther me ha dedicado una sonrisa a la cual le he respondido. Ella me ha dicho &lt;i&gt;"¿Que quería el hermano Miguel?"&lt;/i&gt;. Mi respuesta ha sido &lt;i&gt;"Nada, quería comentarme cierta cosilla, un asunto sin importancia. Te quiero consultar una cosa, ¿conoces este medicamento?"&lt;/i&gt;. Le he lanzado la caja del medicamento sobre la mesa y Esther la ha cogido con cara de extrañada. Esta ha mirado la caja y la ha abierto sacando el botellin del interior. Después de darle vueltas, me ha preguntado &lt;i&gt;"¿Y el prospecto?"&lt;/i&gt;. Después de decirle que no lo llevaba, me ha contestado &lt;i&gt;"Para serte sincera, no tengo ni la más remota idea. No lo he visto en mi vida. Sin leer el prospecto solo te puedo decir que es un inyectable. ¿Para qué se administra? Pues ni idea. ¿De donde lo has sacado? ¿Te lo ha dado Miguel?"&lt;/i&gt;. Nada más oír el nombre Miguel, Juanca ha girado la cabeza y se me ha quedado mirando. He dudado en que contestar y es obvio que la verdad no la iba a decir. No quiero que se me tache de ladrón. He contestado &lt;i&gt;"Em... No, no me la ha dado Miguel. Lo he encontrado en el cajón de mi dormitorio y he pensado que puede ser útil para nuestro botiquín, ya sabes, Belén sufre de dolores de cabeza y he pensado que podía ser Paracetamol o Ibuprofeno..."&lt;/i&gt;. Esther se ha reído y me ha dicho &lt;i&gt;"Pues no, no creo que sea Paracetamol inyectable. Aunque quizás su antiguo dueño prefería chutarse cuando le dolía la cabeza antes que tomarse una pastilla"&lt;/i&gt;. Me he reído yo también, más que nada por disimular. Después de esto, he cogido la caja del medicamento y me he dirigido al dormitorio, donde se encontraba Belén, leyendo un libro. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Debí haberme guardado los papeles que habían en ese cajón. Quizás ahí pone algo sobre este medicamento y el porque Miguel toma esto (de esto último no tengo pruebas, pero no creo que Miguel guarde tal cantidad de medicamentos de este tipo por capricho). Esos papeles hablaban de alguna dolencia que Miguel padece. Sospechaba algo, ya que en varias ocasiones lo he visto tomar pastillas después de las comidas. Siento curiosidad sobre que le ocurre. En próximos días creo que intentare hacerme con esos papeles que descansan en ese cajón, aunque viendo lo estricto que es para ciertas cosas, no quiero ni pensar que ocurriría si me pillase en su habitación hurtándole archivos personales. Es arriesgado, pero quiero conocer todo sobre el hombre que ha levantado esta comunidad y nos da techo. Necesito saber si es trigo limpio, si estamos seguros permaneciendo aquí. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sobre la decisión de Miguel, ya se la he dado a conocer a Eduardo y Belén. A los demás todavía no. Ambos no se han sorprendido por esta decisión, la cual dicen que era de esperar. Comparten mi idea de abandonar la comunidad en cuanto vuelva Iván. Mañana le comentare a todos los demás la decisión de Miguel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cambiando ligeramente de tema, todo esta transcurriendo con mucha normalidad salvo la ausencia de Iván. Estamos trabajando en el campo, recolectando patatas, boniatos y demás hortalizas. También recolectamos algunos tipos de frutas: manzanas, naranjas, mandarinas... Belén y las chicas también trabajan junto a varios miembros de la comunidad confeccionando ropajes y túnicas. También estamos colaborando en las limpiezas de las zonas comunes. El tiempo libre lo solemos matar leyendo, dando paseos en los que nos acompaña Thor y repasando los mapas, en los cuales hemos trazado varias posibles rutas que podemos seguir cuando partamos camino a Reus. En respecto a las misas de Miguel, no asistimos a ninguna. En horas de misa, Eduardo, Hans y yo nos dirigimos al salón comedor, que a esas horas esta completamente vacío, y nos tiramos un buen rato charlando y riendo, recordando cosas del pasado y bebiendo lingotazos de whisky, el cual guarda Eduardo en su habitación como si se tratase de un tesoro.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sobre Iván, nunca pensé que echaría a faltar sus chascarrillos ofensivos y su mala leche. Comienzo a pensar que lo estoy echando más en falta que cualquier otro, incluso que Elena, la cual ya os he comentado que ni lo nombra. Espero que este bien y vuelva pronto. Se que sabe valerse por si solo, pero con solo pensar lo trastornado que esta y las mil imprudencias que es capaz de hacer, temo por que no vuelva. Por mucho que diga Esther, Iván es completamente de fiar, un tío reformado y legal. Es más, lo necesitamos entre nosotros. Aunque es un imprudente, un temerario y un engreído, ha demostrado que sabe actuar bien en momentos decisivos y sacar las castañas del fuego al grupo. Y no hablemos de su manejo con las armas en combate. Esta claro que si no vuelve, tendremos que apañarnoslas solos, como lo hemos hecho hasta antes de conocerlo. Pero el querer que vuelva sano y salvo no se limita solo por el interés del grupo, sino también porque lo aprecio como aprecio a Eduardo o a María o a cualquier otro miembro del grupo. Es un compañero más. Y si no vuelve, romperé mi palabra de no ir a buscarlo y saldré en su busca. No voy a permitir dejar atrás a ningún otro compañero más. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Erik -&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6268606621349327633-3505406543067782849?l=diariodelaresistencia.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/feeds/3505406543067782849/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=6268606621349327633&amp;postID=3505406543067782849' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3505406543067782849'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6268606621349327633/posts/default/3505406543067782849'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodelaresistencia.blogspot.com/2010/06/18-06-10-desterrado.html' title='+ 18-06-10 + Desterrado'/><author><name>Miembro de la resistencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04873945785440367974</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='20' src='http://4.bp.blogspot.com/-PXtVZRCkBok/TXgdVNyVTAI/AAAAAAAAADU/3hmcOiAtiuc/s220/bannerrigorcopia.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6268606621349327633.post-7475315081085901601</id><published>2010-06-11T19:58:00.000-07:00</published><updated>2010-09-06T12:51:40.464-07:00</updated><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='Resistencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos andan'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='virus'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='pandemia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombi'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='apocalipsis'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='supervivencia'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='muertos vivientes'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='zombies'/><category scheme='http://www.blogger.com/atom/ns#' term='merodeadores'/><title type='text'>+ 11-06-10 + Viejos fantasmas</title><content type='html'>El pasado siempre vuelve, o al menos, eso dicen. Más bien, decían.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No hemos vuelto a ser los mismos desde la perdida de Fede. Quizás es demasiado pronto, ya que solo ha pasado un día y tenemos la experiencia de Alicia y demás compañeros que han perdido la vida desde que todo esto empezó. Tal vez sea por esto que nos cueste tanto superar una nueva perdida. Ya son muchas a nuestras espaldas y cada una duele más que la anterior. Cada vez que un compañero cae, somos más conscientes de que el siguiente puede ser servidor o
